Cuidar la salud de manera integral implica, claro, las pautas que ya conocemos: hacer actividad física, mantener una alimentación adecuada, tener las vacunas al día y realizar controles frecuentes. Pero también significa habilitar el espacio para hablar de nuestras emociones y de lo que nos pasa, sabiendo que podemos pedir ayuda profesional cuando la carga se vuelve pesada.
El bienestar, además, no se da en el vacío: está íntimamente ligado al acceso a la educación, a un empleo formal, a una vivienda digna, al desarrollo de un proyecto de vida y a la posibilidad de construir vínculos libres de violencias.
En este entramado, el trato digno es un derecho humano básico y esencial. Sin embargo, los relevamientos llevados a cabo en las últimas décadas exponen una realidad: la persistencia de situaciones de marginación, exclusión y vulneración de derechos que gran parte de la población sigue atravesando al momento de buscar atención. Esto implica equipos de salud desactualizados en los protocolos de atención y normativas; incumplimiento de las leyes vigentes -como la de Discapacidad- y falta de información para el cumplimiento de los derechos, entre otros aspectos.
El trato digno es un derecho humano básico y esencial
El incumplimiento de las leyes profundiza la desigualdad y sostiene una deuda histórica que restringe el acceso real y autónomo a la salud
Para que la igualdad deje de ser una utopía teórica, el sistema de salud -público y privado- necesita reconocer y abrazar las distintas realidades que habitan nuestra comunidad:
Las tramas de la diversidad
- Diversidad corporal: el cuerpo es una construcción social y política dinámica. Existen miradas estandarizadas que intentan encasillarnos en un único molde. Hablar de diversidad corporal es asumir que los cuerpos tienen distintos tamaños, formas, tonos de piel y expresiones de género y que todos son válidos.
- Personas con discapacidad: son titulares plenas de derechos. La ley garantiza su derecho a acceder a información comprensible, a contar con sistemas de apoyo y a que los espacios físicos se adapten para eliminar barreras. La falta de cumplimiento efectivo de la ley profundiza la desigualdad y sostiene una deuda histórica que restringe el acceso real y autónomo a la salud.
- Diversidad cultural: en Argentina hay más de dos mil comunidades indígenas. El respeto por sus identidades y cosmovisiones en torno a la salud es indispensable. Los equipos de atención deben reconocer esta diversidad para desplegar estrategias que garanticen el acceso en igualdad de condiciones.
- Niñeces y adolescencias travestis y trans: el respeto por el cuerpo, la orientación sexual, la identidad y los pronombres debe garantizarse en todas las etapas de la vida. Bajo los principios de autonomía progresiva, niños, niñas y adolescentes tienen derecho a que su opinión sea escuchada y tenida en cuenta en las consultas de salud, según su edad y madurez.
- Personas mayores: el derecho a la salud física, neurológica y emocional no vence con los años. Se debe respetar la autonomía de las personas adultas mayores, tanto en la toma de decisiones como en su independencia. La atención integral debe acompañarlas en cada etapa, promoviendo el bienestar y garantizando su consentimiento libre e informado ante cualquier tratamiento.
Hablar de diversidad corporal es asumir que los cuerpos tienen distintos tamaños, formas, tonos de piel y expresiones de género, y que todos son válidos
¿Cómo debe ser el contacto con el sistema de salud?
El acceso a la información clara es la llave para garantizar un trato digno y de calidad. Cuando nos vinculamos con un espacio de salud, sea público o privado, existen pautas innegociables:
- Confidencialidad y escucha: se debe resguardar la intimidad y priorizar la autonomía. La información sobre riesgos, beneficios o alternativas terapéuticas debe ser clara y comprensible.
- Acompañamiento: las personas tienen derecho a estar acompañadas por alguien de tu confianza. A partir de los 13 años no es obligatoria la presencia de un adulto.
- Respeto a la identidad: el nombre de pila, los pronombres y la identidad de género deben respetarse en cada registro, se haya realizado o no el cambio en el DNI.
- Límites a la indagación: ningún profesional tiene derecho a interrogar sobre la identidad de género, orientación sexual o corporalidad si la consulta no lo requiere. Las creencias personales del personal de salud no pueden transformarse en opiniones o juicios de valor.
Cada persona que se acerca a un centro de salud -consultorio, hospital u otros- merece ser recibida por un equipo, desde el personal administrativo hasta los profesionales, que respete sus necesidades. Sacarse las dudas, pedir una copia de la historia clínica o exigir una derivación oportuna y acompañada, son derechos fundamentales. Cuidar la salud es cuidar la dignidad y el derecho a ser quienes somos.