Se perfeccionó como cantante y percusionista. Se encantó con la plena uruguaya, un estilo heredado de la música puertorriqueña, entre cumbia y salsa. Hacía changas y tocaba con sus bandas. Allí, en Uruguay, se puso de novio y tuvo su primer hijo, hace 14 años.
Cuando se separó, volvió a Argentina. Siempre se la rebuscó para poder hacer música y cumplir con sus responsabilidades económicas. Trabajó en empresas de cableado, como seguridad privada; luego, formó una pareja con otra mujer, vino a a vivir a La Plata y, hace 7 años, tuvo a su segundo hijo. Se enamoró de la cultura de la ciudad. Encontró otra vida musical, con la salsa y la bachata.
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Otra vez separado, volvió a vivir en la casa de su mamá en Quilmes. Pero su rutina seguía estando en La Plata. Había formalizado con otra pareja. Hacía 40 kilómetros en moto, todos los días, para trabajar, para retirar a su hijo del jardín y para tocar con sus bandas.
Aquella noche de viernes, Walter nunca le contestó el mensaje a su mamá.
El dolor y la bronca de la familia
Alrededor de las 2, Walter cruzó en moto por 13 y 532 y un auto lo embistió a toda velocidad. Una ambulancia, que justo pasaba por la zona, lo llevó al hospital. A las 7 lo operaron y a las 10 se confirmó su fallecimiento. Su familia no supo nada de esto hasta el mediodía.
choque fatal en 13 y 32 de Felicitas Albite La Toretto platense.mp4
Al recibir la noticia, viajaron con prisa desde Hurlingham y Quilmes. Milton, el hermano mayor, se presentó ante la Policía Bonaerense y pidió reconocer el cuerpo. Le dijeron que no. Según cuenta, lo maltrataron. Dieron vueltas, desde el Hospital a la comisaría, desde la comisaría al cementerio. Estuvieron todo el sábado esperando para saber si efectivamente se trataba de Walter. Guardaban una esperanza mínima de que todo haya sido un error, un malentendido. Sin embargo, a la 1 del domingo les mostraron una foto del cuerpo y confirmaron lo que tanto temían.
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Walter Armand se dedicó a la música, fue cantante y percusionista.
Foto: JVOC Fotografía.
Los días posteriores fueron traumáticos. El caso se mediatizó. Antes de que se viralizaran los videos del accidente, se filtró un audio -aparentemente de la hermana de Felicitas-, en el que contaba la versión de Felicitas: "Estaban ahí, en un semáforo, y se pone en verde. Ella avanza normal y cuando está avanzando, una moto, que venía de atrás, o sea estaba en la misma calle que ella, no es que la moto venía cruzando o algo, venía de atrás y después se entera que la gente le decía que iba esquivando autos en zigzag la moto; se pone en verde y la moto como que quiere pasarle por adelante como para doblar o no se qué quiso hacer. Entonces ella acelera, el chabón justo pasa y se la dio contra el cordón. Y el pibe tenía puesto el casco, pero lo tenía desabrochado, como si nada. Cuando ella avanzó, el casco se le voló a la mierda y se pegó contra el cordón. Me dice mi hermana que está re mal, porque aunque toda la gente le diga que no fue su culpa, ella en su cabeza mató un flaco", se escuchaba decir en el relato.
Las imágenes captadas por el Centro de Operaciones y Monitoreo (COM) de la Comuna demostrarían luego una historia muy distinta: Alvite no solo pasó en rojo, sino que circulaba a toda velocidad cuando ocurrió el hecho y venía pasando semáforos en rojo junto a otro auto en lo que, según presume la Justicia, habría sido una picada.
Los momentos previos al choque de la Toretto
En medio de la conmoción, el diario La Nación difundió un mensaje que Alvite envió 7 días después del accidente, el 19 de abril, a un grupo de WhatsApp que compartía con sus amigos, en el que se encontraban Velázquez y un testigo. "Todas pongan sus Instagram en privado", "ustedes no saben nada", "finjan demencia" y "olvídense de todo", se leía en ese intercambio de palabras.
La toretto está próxima a cumplir un año detenida en la Alcaldía Roberto Pettinato de Melchor Romero, donde también se encuentran detenidos los rugbiers que asesinaron a Fernando Báez Sosa. La joven de 20 años comparte pabellón con otras quince mujeres y pasa sus días cocinando, limpiando y leyendo. Pese a que en diciembre la Justicia le concedió la prisión domiciliaria, la medida aún no se hizo efectiva y su defensa reclama por la demora.
La declaración de Felicitas Alvite La Toretto (1).jpg
Milton Armand, que tiene 48 años -13 más que Walter-, era mucho más que su hermano, fue su gran compinche durante toda la vida y hoy pone el foco en las "mentiras" que dijo la familia Alvite: "Hasta que no habían salido las cámaras, no quedaba otra que creer todo eso. Nosotros no, porque conocíamos muy bien a Walter, lo precavido que era para andar con la moto", sostiene.
—¿Cómo han vivido el caso?
—Walter andaba con dos cascos siempre en la moto. Mismo en el video se ve. Pero bueno, al no tener nada, no podíamos hablar de nada. Así que cuando salieron las cámaras nos dimos cuenta de que fue un asesinato, porque no hay otra forma. El fiscal Padovan trabajó muy bien con la jueza y demás. Todo muy bien, como tenía que ser. Y de ahí en más empezamos a creer en la justicia, cuando cambiaron la carátula.
—¿Están conformes con la decisión de la Justicia?
—Hasta ahora sí estábamos conformes. No entendimos y no entendemos lo de la prisión domiciliaria. La verdad que no lo entendemos con todo lo que ha mentido, lo que querían cubrir antes de lo que las cámaras mostraban, todo lo que han inventado. Que mi hermano venía haciendo zigzag, que él se les cruzó… un montón de mentiras. Ni hablar de ella que dijo que cerraran las redes, que si le preguntaban algo finjan demencia. La verdad que el cinismo de esta persona es demasiado porque sabía que había matado una persona, y la cabeza todavía le daba para poder planear todo lo que no tenían que hacer los demás para ella estar, que no la culparan por nada.
Empezamos a creer en la justicia cuando cambiaron la carátula
—¿Tuvieron algún trato con la familia de Alvite?
—No, nunca. No, no. Había matado a una persona y parece que no pasaba nada. Nunca de la parte al menos de los padres hubo un llamado, una comunicación, un mensaje, por condolencias o lo que sea. Nada de nada. Un destrato total. Tanto de la policía, cuando yo fui a querer reconocer a Walter, que nunca pude; recién lo pudimos ver al otro día en el velatorio en Quilmes. Fueron muchas cosas. Pero bueno, se entiende que a veces cuando uno tiene un poquito de poder, de poder llamar a un par de contactos y poder tapar todo. Es más fácil.
—¿Qué esperan ahora?
—Justicia, como verás en todos lados... va a hacer un año y nunca nos vieron poner nada en las redes ni faltar el respeto a esta persona, porque es una asesina. Nunca nos tiramos con nada. Solamente fuimos a pedir justicia. No hicimos repudios. Fuimos con tranquilidad. Esperar, esperar que se haga justicia. Y ojalá que se haga justicia. No pedimos otra cosa.
—¿Qué sería la justicia para ustedes?
—Que, si hay una pena, tendría que estar presa. Que son 8 a 25 años. Me parece que tendría que cumplir algo de eso. Y no que se den vuelta las cosas para después no cumplir nada. Walter no vuelve. Ella está en una casa, con celular, con todo. Ahí está la diferencia. Ahí creo que hay una gran diferencia. Pero bueno, ojalá que haya justicia.
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Walter formó parte de distintas bandas de salsa en la región.
Foto: La bomba timbera.
—¿Cómo era Walter?
—De buen corazón. Siempre decíamos que era… lo decíamos todos acá, creo, era un loquito. Porque como digo: él no tenía capaz para él... viste cómo es, la changa, el hijo, esto y lo otro; lo ayudaba mi vieja y todo, pero así no tuviera te lo daba igual. Así era él. Era así. Nunca se fijaba en tener más que los demás. Siempre se manejaba con respeto para todo el mundo. Por eso tenía un montón de conocidos. Siempre marchaba bien. Era derecho. Si bien le costaba todo, nunca anduvo en nada raro. Nunca buscó lo fácil. Walter era buen tipo. Aparte tenía 35 años nada más... 35 años.
—¿Cómo quisieras recordarlo?
—Me gustaría que se lo recuerde como todo el mundo lo conoció: buena gente, sin maldad. Que ahora, en estos tiempos, es difícil de ver eso en personas. Pero él era así. Buena gente, sin maldad, buen cantante, buen músico, buen hermano, buen padre, buen hijo. Y ahora, a extrañarlo. Nada más.