En julio de 1986 cuando encaró en la película su primer papel, el actor y actual director del teatro Coliseo Podestá, Alejo García Pintos, tenía 19 años. Lo hizo poniéndose en la piel de Pablo Díaz, una de las víctimas de aquellas luctuosas jornadas. “Como platense, como argentino en realidad, significó muchísimo para mí protagonizar la película. Conocía la historia en ese momento porque tengo una familia muy involucrada con la política, así que esos temas se hablaban, se sabían”, recordó a 0221.com.ar para luego afirmar que esa situación se potenció “al ahondar un poco más en los detalles” junto a Díaz.
La Noche de los Lápices retrató las reivindicaciones de un numeroso colectivo de militantes estudiantiles –de orientaciones ideológicas diversas–, conformado por adolescentes de varias escuelas secundarias de La Plata que ingresaban a la política de la mano de múltiples reclamos sectoriales. Entre ellos, claro, la vigencia del boleto secundario de carácter gratuito para trasladarse en el sistema público de transporte.
Pablo Díaz, el sobreviviente que aportó un testimonio clave, junto a Alejo García Pintos, el actor que lo interpretó
La versión cinematográfica de La noche de los lápices
Quizás el punto más recordado de su trama es el que recrea una masiva movilización hacia el entonces Ministerio de Obras Públicas, el 5 de septiembre de 1975. Al año siguiente, ya con la dictadura instaurada a partir del 24 de marzo, se desató una cacería de militantes por parte de grupos de tareas de la dictadura, que focalizaron su crueldad en la militancias estudiantil.
La película avanza en la descripción de las situaciones en las que las víctimas fueron secuestradas y detenidas ilegalmente en distintos centros clandestinos de detención, refleja los padecimientos de las torturas a las que fueron sometidas y las formas de comunicación que mantenían desde sus tenebrosos calabozos, hasta el desenlace de la desaparición forzada de seis de ellas, cuyos cuerpos siguen, 50 años después, sin poder ser recuperados por sus familiares.
Un momento del rodaje de La Noche de los Lápices, en el Ministerio de Obras Públicas
Un material dirigido a docentes publicado por la Comisión Provincial de la Memoria (CPM), sintetiza de manera directa lo acontecido en aquella jornada: "Lo que hoy se conoce como la noche de los lápices fue parte del plan represivo puesto en marcha durante la dictadura. El 16 de septiembre de 1976, grupos de tareas conducidos por el general Ramón Camps secuestraron a seis estudiantes secundarios de La Plata: Claudia Falcone (16 años), Francisco López Muntaner (16 años), María Clara Ciocchini (18 años), Horacio Ungaro (17 años), Daniel Racero (18 años) y Claudio de Acha (18 años). Pero no fueron ni los primeros ni los últimos: Gustavo Calotti fue llevado el 8 de septiembre, y el 17 de septiembre fueron secuestradas Emilce Molery Patricia Miranda. Lo mismo le sucedió a Pablo Díaz el 21 de septiembre. Hubo otros: la extensa lista está integrada por alrededor de 340 adolescentes de todo el país. Los primeros seis continúan desaparecidos”.
Los seis estudiantes secuestrados que siguen desaparecidos. Otros cuatro sobrevivieron y pudieron dar su testimonio
Un mismo hecho histórico y distinta miradas
Sandra Raggio, quien es profesora en Historia, magister en Ciencias Sociales (UNLP) y se desempeña como directora general de Áreas de la CPM, realizó su tesis doctoral a partir del análisis de la película, que posteriormente publicó como libro con el título de “Memorias de la Noche de los Lápices: Tensiones, variaciones y conflictos en los modos de narrar el pasado reciente”.
Para la docente de diversas universidades públicas, “la película expresa la narrativa de la víctima inocente, es decir, busca generar rechazo ante la violencia del Estado construyendo empatía con quienes fueron los destinatarios de esa violencia. Lo problemático es que al poner acento en la inocencia de las víctimas, implícitamente admite la existencia de ‘víctimas culpables’ que de algún modo justifica la acción de los victimarios”, enfatizó.
La película expresa la narrativa de la víctima inocente, es decir, busca generar rechazo ante la violencia del Estado construyendo empatía con quienes fueron los destinatarios de esa violencia La película expresa la narrativa de la víctima inocente, es decir, busca generar rechazo ante la violencia del Estado construyendo empatía con quienes fueron los destinatarios de esa violencia
De este modo, considera que de cierta manera se romantizó el perfil de chicos y chicas en lugar de destacar su rol como militantes políticos comprometidos, independientemente de su edad. “La película enfatiza en el carácter de adolescentes, casi niños, de las víctimas y por tanto su inocencia como sinónimo también de pureza. En ese sentido, atenúa sus elecciones y convicciones políticas propias de las personas adultas”, sostuvo Raggio, y añadió que “esa fue una narrativa muy efectiva en los años ‘80 en tanto contradecía el discurso de guerra antisubversiva de la dictadura, ¿porque qué guerra libraban contra niños y niñas desarmados que sólo luchaban por el boleto escolar? Y en relación a la teoría de los dos demonios ¿cuál era el segundo demonio al que el Estado enfrentó con tanta violencia?”.
Respecto a si la película fue efectiva como herramienta pedagógica para crear conciencia en las generaciones que no vivieron aquellos tiempos de militancia política y represión irracional, Raggio admitió no haber realizado una investigación al respecto, “pero por lo que puede observarse ha servido sí para construir un repudio a la dictadura, aunque eso no implique una real comprensión de todas sus dimensiones e implicancias en el presente. Es básicamente el rechazo a la extrema violencia desplegada, sin una comprensión acabada de sus objetivos, el contexto y su conexión con el conjunto de transformaciones que la dictadura produjo”.
Emilce Moler, una de las adolescentes “levantadas” al día siguiente de la marcha por el boleto estudiantil, no se sintió representada en la imagen que de ella devolvió la “pantalla grande”, y así lo dejó plasmado en su libro “La larga Noche de los Lápices - Relatos de una sobreviviente”, publicado por la editorial Marea a mediados de 2020, texto declarado de interés cultural por la gobernación bonaerense, las Cámaras de Diputados de la Nación y de la provincia, la Legislatura de CABA y varios concejos deliberantes.
La sobreviviente Emilce Moler, en una de las marchas por La Noche de los Lápices
“Fue un relato que realmente cumplió un objetivo en un momento determinado. Como era mi vida y yo no me sentía identificada con eso, me corrí”, evocó Moler. Y en una entrevista previa con este portal había dicho que no recordaba algunos aspectos que aparecen en el libro y en la película. “¿Qué canciones cantábamos? Lo hablamos tantas veces con varios ex compañeros de la UES de La Plata y ninguno se acuerda haber cantado ‘Tomala vos, dámela a mí por el boleto estudiantil”, responde.
Fue un relato que realmente cumplió un objetivo en un momento determinado. Como era mi vida y yo no me sentía identificada con eso, me corrí Fue un relato que realmente cumplió un objetivo en un momento determinado. Como era mi vida y yo no me sentía identificada con eso, me corrí
“Fue una historia muy fuerte y creo que hay una cuestión de los jóvenes que sienten empatía hacia aquellos otros jóvenes. Hasta el día de hoy se sigue pasando la película en las escuelas. Creo que el hecho de que un episodio esté acotado en tiempo, espacio, cantidad de gente, ayuda para las transmisiones orales de eso”, evaluó en otra nota con Infobae la mujer que hace 50 años estuvo detenida en centros clandestinos, sufrió torturas y permaneció con régimen de “libertad vigilada” hasta recuperar el gobierno de sus días.
Desde una postura opuesta, García Pintos defendió la obra al asegurar que “la película en una hora y media condensa no sólo historias personales, sino también hechos muy puntuales. Retrata exactamente los decorados de los centros clandestinos de detención, la estética de la época. Y todo lo que fue el movimiento estudiantil secundario que giraba en torno a determinadas luchas por conquistar derechos, como el boleto estudiantil”.
En una hora y media la película condensa no sólo historias personales, sino también hechos muy puntuales. Retrata exactamente los decorados de los centros clandestinos de detención, la estética de la época En una hora y media la película condensa no sólo historias personales, sino también hechos muy puntuales. Retrata exactamente los decorados de los centros clandestinos de detención, la estética de la época
“Todos estos chicos no solamente se preocupaban por eso, sino también por otras cosas que se muestran en la película”, como que se involucraban “en las villas dando clases de apoyo o llevando alimentos. Tenían una vocación por ayudar al prójimo de una manera muy concreta. Eran militantes y eso se reflejó exactamente”, completó el actor platense.
“La noche de los lápices”, en la grilla del FICBBA
“La película es la más significativa y la bandera de lo que ocurrió durante la dictadura cívico-militar entre 1976 y 1983. De lo que yo tengo conocimiento y creo no equivocarme, es la única que se sigue proyectando a 40 años de su estreno en distintos ámbitos: escolares, universitarios, sindicales, empresarios, festivales de cine, muestras y todo lo que tenga que ver con alguna actividad referente a los movimientos de derechos humanos a nivel local y mundial. Creo que es la única y lo seguirá siendo”, sostuvo categóricamente García Pintos.
Una foto actual de Pablo Díaz y Alejo García Pintos
Una prueba que acompaña ese argumento es que ahora fue incluida en la grilla del Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires 2026 (FICPBA) –se proyecta el domingo a las 18.30 en la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino– lanzado oficialmente el miércoles último. Florencia Saintout, titular del Instituto Cultural bonaerense –organizador del encuentro que se desarrollará hasta el día 9, con proyecciones en 60 ciudades de la provincia–, justificó la presencia del film ya que “va a estar accesible gratuitamente en este festival a generaciones que no lo han visto. La película ya es una pieza de la memoria, y la memoria no es un asunto del pasado sino que adquiere sentido en las preguntas y en las posiciones del presente, porque ninguna película como ningún texto se completa sin el lector o el espectador”.
La película ya es una pieza de la memoria, y la memoria no es un asunto del pasado sino que adquiere sentido en las preguntas y en las posiciones del presente La película ya es una pieza de la memoria, y la memoria no es un asunto del pasado sino que adquiere sentido en las preguntas y en las posiciones del presente
La funcionaria reconoció las “muchas discusiones” suscitadas en torno a la película, “pero justamente ahí está lo tan importante: que es que permite un debate hoy más abierto que nunca sobre la necesidad de justicia, de la impugnación del horror, de la comprensión histórica de las condiciones de posibilidad del horror para que no vuelva a ocurrir. Ese es el sentido absolutamente vigente de exhibirla en un festival”, completó Saintout.