ver más

Mi viejo sigue yendo a declarar

Rubén, uno de los hijos de Julio López, reconstruye sensaciones y vivencias a 20 años de un testimonio fundamental en el proceso de memoria, verdad y justica.

Mi vieja no quería que papá fuera a declarar. Tenía miedo de que le pasara algo. Y, más allá de todo, tenía razón en tener ese miedo. Lo que ninguno de nosotros imaginó era que ese "algo" iba a ser una segunda desaparición.

Con mi hermano, mi primo y yo estábamos convencidos de que había que acompañarlo. Él estaba muy agradecido de que estuviéramos ahí. Sabía que ese día iba a cumplir con un compromiso que llevaba esperando durante décadas.

Toda su declaración fue una sorpresa para nosotros. Algunas cosas nos las había contado, pero nunca habló de lo más duro que había vivido durante su secuestro en la dictadura. Escuchar todo junto fue entender por qué había luchado tanto para que ese juicio finalmente se hiciera. Ahí comprendimos el peso de su silencio y la importancia que tenía que la Justicia, por fin, escuchara lo que había pasado.

Julio López termina de declarar y salud, en el auditorio se lo puede ver a Rubén López

Cuando terminó de declarar estaba nervioso, pero al mismo tiempo tranquilo. Era una sensación extraña. Había cumplido con sus compañeros, había cumplido con su deber ciudadano y con su obligación cívica. También había podido darle a las familias de Patricia Dell'Orto, Ambrosio de Marco y Norberto Rodas algo que durante años les habían negado: la posibilidad de saber qué había pasado con ellos.

Con el tiempo entendí que esa declaración no terminó aquel día. Sigue ocurriendo.

Cuando terminó de declarar estaba nervioso, pero al mismo tiempo tranquilo. Era una sensación extraña. Había cumplido con sus compañeros Cuando terminó de declarar estaba nervioso, pero al mismo tiempo tranquilo. Era una sensación extraña. Había cumplido con sus compañeros

La volví a escuchar en 2022, durante el juicio Arana II, una derivación de la causa contra Etchecolatz. Otra vez su voz ocupó la sala. Otra vez su relato fue parte de la prueba. Otra vez señaló a los responsables. En ese juicio volvieron a ser condenados represores por delitos cometidos en los centros clandestinos donde él estuvo secuestrado.

Y volvió a pasarme lo mismo que en 2006. Me sigue sorprendiendo la precisión con la que reconstruía cada día del cautiverio, los lugares, los nombres, las torturas, los traslados. Todo está ahí, registrado. Cada vez que escucho ese testimonio me impresiona la claridad con la que pudo reconstruir el horror después de tantos años.

Por eso digo que mi viejo sigue yendo a declarar.

Rubén López y un retrato de su padre: "Lo que ninguno de nosotros imaginó era que ese 'algo' iba a pasar era una segunda desaparición

Su testimonio quedó incorporado como una prueba fundamental. Está preservado por la Comisión Provincial por la Memoria y sigue proyectándose en los juicios por delitos de lesa humanidad. Cada vez que un tribunal vuelve a escuchar su voz, mi viejo vuelve a estar presente. Vuelve a señalar a los responsables. Vuelve a contar lo que pasó. Vuelve a cumplir con ese compromiso que asumió cuando decidió romper el silencio.

Eso, para mí, es una forma de vencer a quienes quisieron hacerlo desaparecer dos veces. En lo personal, aquella declaración también me cambió. Pero ese cambio llegó unos meses después. Todo cambió el 18 de septiembre de 2006.

Te puede interesar

Video