jueves 13 de agosto de 2026

Juicio por el crimen del zapatero en La Plata: una cerradura insegura y el misterioso "albañil umbanda"

Los testigos aportaron datos sobre la salud de la acusada, la relación con el zapatero y un vínculo con un albañil que hacía “trabajos” umbanda en La Plata.

El juicio por jurados en La Plata por el crimen del zapatero Jorge Vicente Pereyra llegó este jueves a su última jornada de producción de prueba con una serie de testimonios que volvieron a poner el foco sobre la personalidad de la acusada Sofía Magdalena Pantoja, su estado físico al momento del crimen, la relación que mantenía con su esposo y las condiciones de seguridad de la casa donde ocurrió el asesinato.

Este viernes 14 de agosto será el turno de los alegatos de cierre. Después de escuchar a las partes, el jurado ciudadano deberá deliberar y resolver si Pantoja es culpable o no culpable del homicidio que se le atribuye.

Lee además

Pantoja está acusada por el delito de homicidio triplemente calificado por el vínculo, alevosía y codicia, una imputación que contempla prisión perpetua en caso de una declaración de culpabilidad. La defensa está a cargo de los abogados Julio Beley y Bruno Strassera.

El debate se desarrolla ante el Tribunal Oral en lo Criminal I de La Plata y comenzó el lunes con la selección del jurado popular.

Una cerradura que podía abrirse sin llave

El primer testigo de la jornada fue Francisco Rodríguez, cerrajero y amigo del hermano de la acusada. Rodríguez confirmó que, después del crimen, concurrió a la vivienda de calle 48 entre 18 y 19 para realizar un trabajo en el portón de entrada. Su intervención fue concreta: cambió la cerradura.

El testigo describió ese acceso como inseguro, ya que si el portón permanecía sin llave podía abrirse debido al mal funcionamiento de la cerradura. El dato fue incorporado al debate a partir de las preguntas de las partes y quedó como un elemento más dentro de la discusión sobre las condiciones de acceso a la vivienda donde fue asesinado Pereyra.

La cuestión tiene importancia para la estrategia defensiva, que desde el comienzo del juicio viene cuestionando que la investigación haya trabajado sobre una única hipótesis y sostiene que no se investigó adecuadamente la posibilidad de que una tercera persona pudiera haber ingresado a la propiedad.

La casa de 48 entre 18 y 19, donde ocurrió el crimen

La casa de 48 entre 18 y 19, donde ocurrió el crimen

“Una muy buena mujer”

Después declaró María Gloria Sánchez, amiga de Pantoja. La mujer definió a la acusada como una “muy buena mujer, muy trabajadora” y aseguró que la vio muy afectada después de la muerte de Pereyra. “Ella estaba muy mal”, dijo al describir el estado de Pantoja luego del crimen.

También relató que en el barrio comenzó a circular rápidamente la versión de que la responsable había sido la propia mujer. “En el barrio decían que fue ella”, contó. Pero su descripción de la relación matrimonial fue diferente a la que habían realizado días atrás las hijas de la víctima. Según Sánchez, la relación entre Sofía y Jorge era muy buena.

La testigo sostuvo además que Pantoja trabajaba para mantener a sus hijos y nietos y que su vida estaba centrada en ellos. “Ella vivía para los hijos y los nietos”, afirmó.

Sofía Magdalena Pantoja, la mujer acusada de matar a Jorge Pereyra

Sofía Magdalena Pantoja, la mujer acusada de matar a Jorge Pereyra

La artrosis y una mano operada

Uno de los pasajes más relevantes de la declaración de Sánchez para la defensa estuvo relacionado con el estado físico de Pantoja. La mujer contó que la acusada padecía artrosis, que se había sometido a una operación en una de sus manos y que la intervención no había tenido un buen resultado. El dato se suma a otros testimonios escuchados durante el juicio sobre los problemas de movilidad y las dificultades físicas de Pantoja.

Una médica legista que la examinó el mismo día del crimen había declarado que constató dificultades para movilizarse. También había explicado que la acusada consumía pregabalina y clonazepam, medicamentos que pueden generar somnolencia.

En esta jornada, la referencia a la artrosis y a la operación en una mano volvió a ser utilizada por la defensa como parte de su planteo sobre la capacidad física de Pantoja para cometer el ataque que se le atribuye.

Los abogados Beley y Strassera sostienen que la acusada no tenía la fuerza física necesaria para protagonizar un ataque como el investigado y provocar las lesiones que sufrió Pereyra. Ese planteo forma parte de la teoría defensiva y deberá ser valorado por el jurado junto con el resto de la prueba.

Los carteles de pedido de justicia por la víctima, en Tribunales

Los carteles de pedido de justicia por la víctima, en Tribunales

“Quería irse de la casa”

Sánchez también habló de la situación económica y familiar de Pantoja. Según contó, la mujer quería separarse y “quería irse de la casa”, pero no había podido hacerlo porque todavía no le había salido la jubilación y no tenía recursos suficientes. La testigo también describió a Jorge Pereyra como una persona muy cuidadosa con el dinero. “Jorge era muy pijotero”, afirmó.

Sánchez aseguró que nunca presenció agresiones ni discusiones entre Jorge y Sofía. Su testimonio contrastó así con el de las hijas de la pareja, quienes habían declarado que la relación entre sus padres era conflictiva y que existían situaciones de violencia.

Una expareja de Gonzalo y otra mirada sobre el matrimonio

La tercera testigo fue Silvina Melgarejo, expareja de Gonzalo Pereyra, uno de los hijos del matrimonio. Melgarejo es la madre del hijo de Gonzalo. Aunque la pareja está separada, mantiene una buena relación.

Su testimonio volvió a referir a la relación entre Jorge y Sofía. A diferencia de Sánchez, dijo que “la relación entre Jorge y Sofía era conflictiva”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que nunca vio agresiones físicas entre ellos.

Contó además que Pantoja ayudaba económicamente a la pareja y que eso generaba enojo en Jorge. “Sofía nos ayudaba mucho y Jorge se enojaba”, relató. Según su versión, Pantoja quería separarse, pero pretendía hacerlo “en buenos términos”. La testigo también aportó datos sobre las condiciones físicas de la acusada. Dijo que Sofía era “muy miedosa”, que no veía bien y que por ese motivo no manejaba de noche.

Los abogados Julio Beley y Bruno Strassera a cargo de la defensa de Sofía Pantoja

Los abogados Julio Beley y Bruno Strassera a cargo de la defensa de Sofía Pantoja

La vecina que la vio “en shock”

La última testigo de la jornada fue Daniela Carla Coretti, vecina de la zona de 48 entre 18 y 19. Coretti vivía frente a la casa de Pantoja y Pereyra y mantenía una buena relación con ambos, aunque tenía mayor trato con Sofía.

Después del crimen, dijo que vio a Pantoja “compungida, como en shock”. También aportó otro dato sobre el estado físico de la acusada. Afirmó que Pantoja tenía problemas en las manos y en el manguito rotador.

La declaración volvió a alimentar uno de los argumentos que la defensa viene construyendo desde el inicio del juicio: las limitaciones físicas de la mujer y la discusión sobre si estaba en condiciones de ejercer la fuerza necesaria para provocar el ataque que terminó con la vida de Pereyra.

El inesperado capítulo del “albañil umbanda”

Pero el testimonio de Coretti tuvo otro momento particular. A partir de preguntas del defensor Julio Beley, la testigo confirmó que había mantenido una relación “sexoafectiva” con un albañil que practicaba la religión umbanda y que realizaba “trabajos”. No se refería, aclaró, a trabajos de albañilería.

La mujer contó que el hombre había trabajado durante aproximadamente dos años en su vivienda, donde realizó distintas refacciones, y que en algunas ocasiones se quedaba a dormir. “Trabajó como dos años en casa y a veces se quedaba a dormir, yo estaba vulnerable y bueno tuve una relación con él, pero no quiero recordar ese mal momento”, expresó. El comentario provocó risas entre parte del público y los integrantes del jurado.

Pero el dato que buscaba incorporar la defensa apareció después. Coretti recordó que Pantoja se había contactado con ese albañil y que le había encargado un “trabajo energético” destinado a ayudar a un sobrino que, según el relato, atravesaba una situación en la que quería suicidarse.

El episodio quedó incorporado al debate a partir de las preguntas de la defensa y será uno de los elementos que deberá ser valorado dentro del conjunto de testimonios producidos.

Una defensa que insiste en la falta de otra hipótesis

El testimonio de los cuatro testigos se sumó a una discusión que atraviesa todo el juicio. Beley y Strassera sostienen que no existe una evidencia concreta que ubique a Pantoja como autora del asesinato y cuestionan que la investigación haya desarrollado una hipótesis alternativa. Según la defensa, la única línea investigativa estuvo dirigida hacia Pantoja.

Entre los elementos que remarcan señalan que no existe ADN de la acusada que la vincule con el ataque, que los rastros y manchas de sangre quedaron circunscriptos a la habitación donde fue encontrado Pereyra, que no se solicitaron las aperturas de antenas de celulares, que no existen testigos presenciales del homicidio y que tampoco hay escuchas telefónicas que comprometan a Pantoja. La defensa intentará convertir esos puntos en dudas concretas frente al jurado.

Según la defensa la única línea investigativa estuvo dirigida hacia Pantoja pese a que, según sostiene, no existe una evidencia concreta

Lo que ya escuchó el jurado

Durante las jornadas anteriores declararon policías, una médica legista, las hijas de Pereyra y otros testigos vinculados con la familia y el entorno del matrimonio. Uno de los primeros policías que llegó a la vivienda después del llamado al 911 realizado por Pantoja explicó que inicialmente no le creyó cuando hablaba de su marido.

Dijo que pensó que la mujer estaba divagando y que llegó a creer que hablaba de un esposo muerto que estaba imaginando presente. “Yo creí que el marido estaba muerto y la señora lo recordaba”, declaró. Por esa razón, explicó, inicialmente sólo revisaron la planta baja y después subieron a la habitación donde encontraron a Pereyra.

Ese mismo efectivo también debió corregir durante su declaración una descripción sobre una supuesta reja que impedía ingresar o salir por la ventana de la habitación. Después de observar fotografías, reconoció que se había confundido y que se trataba de un elemento ornamental que no impedía el acceso.

Las hijas Jesica y Romina Pereyra, en tanto, describieron una relación matrimonial conflictiva y apuntaron contra su madre. Ambas lloraron al recordar a Jorge y sostuvieron que Pantoja fue responsable de su muerte. Gonzalo, el hermano de ambas, sostuvo una versión diferente y declaró a favor de su madre.

El juez Hernán Decastelli está a cargo de la dirección técnica del juicio por jurados que se desarrolla en La Plata

El juez Hernán Decastelli está a cargo de la dirección técnica del juicio por jurados que se desarrolla en La Plata

Ocho años después, llegó el momento de decidir

Pantoja fue detenida varios meses después del crimen, cuando se enteró de que pesaba una orden de arresto en su contra. En ese momento estaba de viaje en Salta con su hija Romina, interrumpió el viaje y regresó para entregarse en la DDI La Plata.

Pasó más de siete años en prisión preventiva hasta obtener recientemente el arresto domiciliario. Ahora enfrenta a un jurado popular integrado por ciudadanos, que deberá decidir si la acusación logró demostrar su responsabilidad más allá de toda duda razonable.

La producción de prueba quedó agotada este jueves. Después de cuatro jornadas de debate, testimonios enfrentados, recuerdos familiares, pericias, policías, médicos, vecinos y relatos sobre la relación matrimonial, este viernes 14 de agosto llegará el momento de los alegatos.

Fiscalía y defensa tendrán entonces la oportunidad de presentar ante el jurado su reconstrucción definitiva de lo ocurrido en aquella casa de La Loma.

Después hablará el juez técnico, que impartirá las instrucciones legales a los ciudadanos. Y finalmente llegará la deliberación. Para la acusación, el desafío será demostrar que Pantoja fue quien mató a Pereyra y que lo hizo bajo las circunstancias agravantes que se le imputan.

Para la defensa, la batalla será otra: convencer al jurado de que la investigación no logró probar quién mató al zapatero y que las dudas que quedaron abiertas impiden condenar a la mujer que lleva más de ocho años ligada al expediente. La respuesta quedará, desde mañana, en manos de los ciudadanos.

Dejá tu comentario

Las más leídas

Te puede interesar