viernes 05 de junio de 2026
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En primera persona

Indio Solari y La Plata: recuerdos de la última misa ricotera en la ciudad donde nació la leyenda

La partida involuntaria del Indio Solari puso otra vez en el centro aquella histórica noche de 1990 en la que Los Redondos se despidieron de La Plata.

0221.com.ar | Martín Soler
Por Martín Soler Redactor Judiciales
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El sábado 12 de mayo de 1990 no fue uno más en la vida de miles de adolescentes de La Plata. Esa jornada de otoño marcó un antes y un después en nuestras vidas. Esa noche fue la última presentación en La Plata de la mejor banda argentina de todos los tiempos, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, bajo el liderazgo indiscutido del "Indio" que en su DNI llevaba impresa la identidad de Carlos Alberto Solari. Simplemente Indio Solari. Semblanza de una típica noche ricotera de los años 90 donde la represión policial formaba parte de un menú sorpresa.

Una barra pibes del barrio La Loma que promediábamos entre 15 y 18 años ahorramos con mucho esfuerzo, dedicación y felicidad Austral sobre Austral (la moneda nacional de la época) para adquirir uno de los tickets que nos llevara a una noche de rock llena de esperanza, pero que no terminó en tragedia solo porque el dios Patricio Rey lo evitó. Las entradas se adquirían en la disquería La Vitrola, que estaba ubicada en 6 entre 47 y 48, frente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Ese reducto de música era un punto de encuentro obligado para la comunidad ricotera platense que se expandía año tras año hasta llegar a formar parte del impresionante movimiento social en que se transformó cada "misa" de Patricio Rey. Sólo bastaban unos afiches caseros pegados en las paredes del centro de la capital bonaerense para acudir, de a miles, a la convocatoria del dios pagano.

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Ese sábado la ciudad amaneció con una energía diferente, positiva. Miles de adolescentes de distintas localidades platenses vivíamos con pocas monedas en los bolsillos, pero nada importaba: ese día, tocaba Patricio Rey. Ayudé a mi vieja, "La Clarita", como la conocen en el barrio, con algunos mandados para el abasto hogareño. Terminé unas tareas del colegio –cursaba tercer año en la ex Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET) N°4 "Juan Bautista Alberdi", de 7 y 526, en Tolosa, donde me recibí de Técnico Electromecánico–. Seguro almorcé un bife con ensalada, el menú familiar de la época. A la tarde fulbito con los pibes del barrio en Plaza Güemes (19 y 38), donde no se ahorraban patadas ni puteadas al rival de turno. También había insultos para algún compañero de equipo medio dormido. Comencé jugando de marcador de punta derecho y terminé en el arco, custodiando los tres palos para una casi segura victoria de mi equipo.

Dulce y tensa espera

Las horas eran eternas, no pasaban más. La calle era nuestro patio y las actividades interminables, pero la cabeza estaba puesta en el Estadio Atenas de 13 entre 58 y 59. La cita esperada desde hacía 5 años cuando por primera vez, Carmen, la niñera que me cuidada junto a mi hermana menor mientras mi vieja laburaba y paraba la olla, me hizo escuchar un tema de Los Redondos que sonaba en la radio. Promediaba 1985 y la Rock and Pop era la banda de sonido de los adolescentes de entonces y de los que vendríamos después. Tenía 10 años. Desde esa tierna edad, la fiebre ricotera se apoderó de mis venas. Mi primer casete, Gulp, me lo regaló mi tía y madrina que se enfrentó a mi vieja, pero a la tía Graciela le importó nada la opinión de su hermana, me llevó a la ya cerrada disquería Génesis (ubicada en una galería de 13 entre 37 y 38 –aproximadamente-) y me compró esa obra de arte que aun atesoro en alguna caja de zapatos junto a los más de 30 casetes piratas de conciertos ricoteros adquiridos en la vieja feria hippie que funcionaba en Plaza Italia.

Indio Solari Los Redondos Polideportivo Gimnasia
El Indio Solari y sus redondos en la previa de su mítico show en el Poliderportivo de Gimnasia

El Indio Solari y sus redondos en la previa de su mítico show en el Poliderportivo de Gimnasia

Luego del fútbol en la plaza volvimos a nuestras casas. En el regreso acordamos con los pibes juntarnos a la nochecita en la esquina de 15 y 35. En casa dijimos que "vamos a dar una vuelta con los pibes", pero nuestros padres nunca estuvieron al tanto de los planes. De la esquina partió esa banda incontrolable de perros sin folleto, caminado, cerveza en mano, rumbo al estadio de Atenas. Algunos teníamos entrada. La mayoría no. Pero el convite rockero era un plato muy sabroso para no intentar darle una probada.

Poco más de 24 cuadras nos separaban del show. Junto con "El Pulga", "El Marciano", "El Negro" Pablo y "El Peña", entre otros, llegamos bastante temprano, terminamos las birras en un pasamanos circular, mientras algunos dábamos nuestras primeras pitadas apuradas a un cigarrillo. Los pocos que teníamos entradas pasamos los controles que en esa época se quedaban con los tickets completos. El resto se quedó cerca en busca de una oportunidad para colarse. Todo transcurría dentro de una tensa normalidad. La policía estaba nerviosa, mostraba los dientes, pero no daba señales de mordidas, aunque el fantasma de la represión estaba latente. Pocos meses antes, en 1989, la habían padecido quienes había concurrido al show en el Polideportivo de Gimnasia.

Una noche inolvidable de rock y represión en La Plata

Ese sábado fue el primero de los recitales ricoteros a los que asistí durante una década, hasta el último que presencié en el estadio de River Plate el 16 de abril del año 2000, pero eso es otra historia.

El 12 de mayo de 1990 Los Redondos tocaron por última vez en La Plata. Era la segunda fecha de una doble jornada que había comenzado la noche anterior, el viernes 11. Fueron dos noches calientes, cuando la banda del Indio y Skay empezaba a llenar cualquier lugar donde se presentara. La violencia se desató en la calle y estuvo a punto de desmadrarse adentro del gimnasio. En medio de ese caos, el guitarrista apeló a una melodía hipnótica y el recital llegó al final. Pero la banda ya nunca más pudo presentarse en la ciudad que los vio nacer.

La lista de temas del recital la abrió "Divina TV Führer", seguida de "Vamos las bandas", "Roto y mal parado", "Un pac-man en el Savoy" y "Susanita", que entonces era uno de los temas inéditos más esperados por la tribu de desangelados; le siguieron además "La Parabellum del buen psicópata", "Fusilados por la Cruz Roja", "Nuestro amo juega al esclavo", "Ella está tan linda", "Perdiendo el tiempo", "Maldición va a ser un día hermoso", "Blues del noticiero", "Nueva Roma" y "Ropa sucia", pero luego de este tema que le dedicó a Rocambole por su cumpleaños, se desató la represión.

Embed - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota - Teatro Atenas, La Plata (12/05/1990)

La batería y el bajo marcan el tiempo final para que guitarra y saxo diluyan Ropa Sucia hasta un silencio extraño, sin aplausos ni gritos. Algunos silbidos cortan la oscuridad y son el preludio de un cántico de guerra. El "milicos, hijos de puta..." llega atronador desde el fondo del gimnasio y el ambiente se enrarece inevitablemente. Corridas, empujones y el aire fresco de la noche otoñal que se cuela junto al olor a gas lacrimógeno que viene desde la rambla de la avenida 13 y llega hasta el fondo, donde casi todos los músicos dejaron el escenario ante la inminencia de los incidentes.

Muchos pibes de remeras y camperas de jeans se dispersan por las calles aledañas. Corren hacia Plaza Moreno o se refugian donde pueden. La plaza de 13 y 60 no es opción, a pocos metros de allí funcionaba la temible Brigada de Investigaciones de La Plata. Otros preferimos volver a entrar porque nos convoca el sonido hipnótico de la guitarra de Skay Beilinson, el único que no se había ido. Es un solo cadencioso con el que el músico de Tolosa parece aplacar a las fieras. Se prolonga durante cinco minutos hasta que el resto de la banda empieza a volver.

"No le den mierda a la mierda"

"Semilla" Bucciarelli marca un ritmo con el bajo para que se sume la batería de Walter Sidotti. "Volvamos, volvamos a los nuestro, no le den mierda a la mierda", dice el Indio Solari de nuevo parado en el centro. E insiste para que los pibes terminen de reingresar: "No le den mierda a la mierda, que terminamos todos enmierdados, vengan vamos". La zapada crece y el cantante improvisa unos versos en ingles dedicados a los uniformados que arrancaban una década marcada por el gatillo fácil.

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Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se convirtieron en la banda más convocante del rock nacional

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se convirtieron en la banda más convocante del rock nacional

La banda parece reencausar las cosas y llega hasta al final con dos temas más. Suenan "Rock para los dientes", canción que termina con Skay desencajado gritando a coro con Solari “nada ni nadie nos puede parar”, y “Música para pastillas”. El popurrí que incluía “Mariposa Pontiac”, “Rock del país”, “El gordo tramposo” y “Un tal Brigitte Bardot”, pudo haber sonado sobre el final, como había ocurrido la noche anterior, en el primero de los dos shows con que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota volvía a su ciudad después de cinco meses de no pisar escenarios.

Otros que también fueron testigos y protagonistas de aquella jornada podrán completar con sus recuerdos lo que ocurrió en Atenas. Podrán alimentar la leyenda o desmentirán esta crónica. Pero nadie nos quitará el privilegio de haber estado presente en un momento y en un lugar que con el tiempo transcurrido puede considerarse histórico para la cultura rockera de la ciudad.

Ninguno de los integrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota podía imaginar que aquellas dos noches del 11 y 12 de mayo de 1990 en el Club Atenas serían las últimas de la banda en La Plata, la ciudad donde había nacido su leyenda. Lo que entonces parecía una escala más dentro de una gira terminaría convirtiéndose en una despedida involuntaria de su público platense.

"Cuídense"

Las palabras pronunciadas por el Indio Solari al cierre de una de aquellas históricas presentaciones en Atenas quedaron grabadas como una advertencia anticipada de lo que estaba por venir. Cada show era precedido por palos y gases policiales. "No alimentemos la mierda que se nos viene encima. Estamos solos, no sé si se dieron cuenta, estamos solos. No sean boludos, estamos solos. Cuídense, cuídense", lanzó desde el escenario.

No alimentemos la mierda que se nos viene encima. Estamos solos, no sé si se dieron cuenta, estamos solos. No sean boludos, estamos solos. Cuídense, cuídense No alimentemos la mierda que se nos viene encima. Estamos solos, no sé si se dieron cuenta, estamos solos. No sean boludos, estamos solos. Cuídense, cuídense

La frase parecía reflejar también las tensiones que se habían vivido durante el recital de la noche anterior. Mientras sonaba "Susanita", varios seguidores lograron subir al escenario y, en medio de la euforia, desconectaron accidentalmente parte del equipamiento de la banda. Molesto, el cantante interrumpió el show para pedir orden. "Vamos a aclarar un poco esto. Suben acá y no nos dejan tocar más. Desenganchan todo, es un quilombo. Pongamos las cosas en claro y tratemos de que nosotros seamos la música de fondo de ustedes, porque así no podemos curtir", reclamó.

La gira de presentación de “Bang! ¡Bang!... Estás liquidado”, editado en 1989, incluía originalmente una nueva visita al gimnasio de avenida 13 para agosto de ese mismo año. Sin embargo, ese regreso jamás se concretó. Los incidentes registrados durante los recitales de mayo tuvieron un peso decisivo en la cancelación. Los registros de consola de ambas noches circularon poco después en casetes piratas que se conseguían en la tradicional feria artesanal de Plaza Italia. Décadas más tarde, esos mismos audios continúan disponibles en distintas cuentas de YouTube con una calidad sorprendentemente aceptable para la época.

Peregrinación nacional

Tras aquellos recitales, Los Redondos ofrecieron cerca de 60 conciertos más antes de su separación definitiva en 2001, pero nunca volvieron a tocar en La Plata. La ausencia resultó significativa porque la ciudad había sido durante años uno de los escenarios habituales de la banda. Desde las presentaciones en el Club Lozano de calle 11 hasta los recitales en el Polideportivo de Gimnasia, pasando por el Garaje Zárate de 10 entre 57 y 58, el Teatro Coliseo Podestá y otros espacios mucho más pequeños y hoy prácticamente olvidados.

La vuelta a La Plata recién llegaría en el nuevo siglo, aunque ya sin Patricio Rey. El primero en regresar fue Skay Beilinson, quien presentó su debut solista durante dos noches de junio de 2003 en el Teatro Bar. Dos años más tarde fue el turno del Indio Solari, que los días 12 y 13 de diciembre de 2005 protagonizó dos multitudinarios recitales en el Estadio Único. Aquellas jornadas dejaron en evidencia que el cantante se había convertido en el heredero natural del fenómeno de masas que alguna vez había construido junto a la banda.

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El Indio Solari dejó un impresionante legado musical y su partida generó un profundo dolor en la sociedad argentina

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Mayo de 1990. Club Atenas. Afuera, un operativo policial desmedido convertía las inmediaciones del estadio en un escenario de enfrentamientos entre efectivos y seguidores. Gases lacrimógenos de un lado, botellazos del otro. Adentro, desde el escenario, el Indio Solari observaba con preocupación el panorama y dejaba una advertencia que el tiempo transformaría en una de las frases más recordadas de la historia ricotera: "No sé si se dieron cuenta, pero estamos solos. No sean boludos. Cuídense".

Hay recuerdos que mienten un poco, siempre fue así. Pero esa noche es inolvidable para quienes estuvimos allí. Mientras tanto, que sigan sonando las canciones que "El Míster" nos regaló y nos advirtió que ya no podía cumplir hazañas que prometió. Sus intereses no fueron saludables. Ojalá haya marchado cantando al abrazo del ángel zonzo amateur. Gracias por tanto rock. Gracias por enseñarnos a cuidar nuestro estado de ánimo desde chicos. Desde hoy seguirás viendo el pogo más grande del mundo desde una nube.

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