La mujer dijo que advirtió que algo extraño estaba sucediendo y tomó su teléfono celular. En lugar de salir a recorrer la casa, aseguró que se encerró en uno de los baños. Primero intentó comunicarse con su hijo Gonzalo, pero no obtuvo respuesta. Después llamó al 911 para pedir ayuda. Finalmente se comunicó con su hermano.
Pantoja relató que a los pocos minutos llegaron dos patrulleros y que ella se dio cuenta de la presencia policial por el sonido de los handies.
Sobre los días posteriores al crimen, recordó: "Me pasé toda la semana llorando abrazada a mi perro".
Su relato estuvo atravesado por el dolor y la insistencia en que no sabe quién asesinó a Pereyra. "Estuve casi ocho años presa pagando por algo que no hice, quiero saber quién fue", sostuvo.
El vecino que habría visto entrar a alguien
Uno de los puntos que Pantoja incorporó durante su declaración fue el relato de un vecino llamado Raúl. Según afirmó, ese hombre habría visto que alguien ingresó a la vivienda alrededor de las 22 del día del crimen.
El dato ya había sido aportado durante la investigación, pero ese testigo no pudo declarar en el juicio. La explicación es que actualmente se encuentra internado en un geriátrico y, según se informó durante el debate, su hijo se negó a proporcionar la dirección del establecimiento para que pudiera ser citado.
La declaración de Pantoja buscó así reforzar uno de los principales argumentos de su defensa: la posibilidad de que una tercera persona haya ingresado a la vivienda y cometido el asesinato.
Los abogados Julio Beley y Bruno Strassera vienen sosteniendo desde el inicio del debate que la investigación se concentró exclusivamente sobre Pantoja y que nunca existió una hipótesis alternativa desarrollada con la misma intensidad.
También remarcan que no hay testigos presenciales del crimen, que no existe ADN de Pantoja que la vincule con el ataque y que no se realizaron determinadas medidas investigativas que, a criterio de la defensa, podrían haber permitido reconstruir los movimientos de otras personas.
La escena del crimen hoy es habitada por una de las hijas de la acusada y la víctima.
AGLP
"Tuve la posibilidad de despojarlo de todo"
Pantoja también se refirió a la relación que mantenía con Pereyra y al proceso de separación. Contó que ella había iniciado el divorcio, pero que su marido no concurrió a ninguna de las citaciones judiciales. Según su versión, Pereyra quería conservar sus bienes. "Él quería quedarse con todo, no quería dejar nada", afirmó.
La acusada sostuvo que, pese a esa situación, tuvo la posibilidad de quedarse con los bienes pero decidió buscar una salida consensuada. "Tuve la posibilidad de despojarlo de todo, pero quería que el acuerdo sea amigable", declaró.
La afirmación tiene especial relevancia dentro de un juicio en el que la acusación sostiene que el crimen estuvo motivado, entre otras circunstancias, por la codicia. Pantoja rechazó así la idea de que tuviera un interés económico que pudiera llevarla a matar a Pereyra.
Sus problemas de salud y la discusión sobre su fuerza física
Otro tramo importante de su declaración estuvo relacionado con su estado de salud. Pantoja aseguró que tiene serias dificultades de movilidad en los brazos. "No tengo movilidad en los brazos, no puedo levantar un balde con agua", sostuvo.
También afirmó que padece diabetes y que durante sus años de trabajo fue fumadora pasiva, lo que le provocó problemas pulmonares.
La cuestión de la capacidad física de la acusada fue uno de los temas que atravesaron varias declaraciones durante el juicio. Una médica legista que examinó a Pantoja el día del crimen había constatado dificultades para movilizarse. También se incorporaron referencias a problemas previos en sus manos.
Una amiga declaró que Pantoja padecía artrosis y que se había sometido a una operación en una mano que no había tenido buenos resultados. Otra testigo habló de problemas en las manos y en el manguito rotador.
La defensa pretende utilizar esos elementos para sostener que Pantoja no tenía la fuerza física necesaria para realizar el ataque que terminó con la muerte de Pereyra.
La vida después de la detención
Pantoja también habló de lo que ocurrió con sus hijos después de quedar detenida. Contó que, luego de su arresto, transfirió una propiedad a su hija Jésica y le dio dinero a Romina. Después de eso, según su relato, sus hijas dejaron de visitarla en prisión.
El único que permaneció a su lado fue Gonzalo. Su hijo, quien durante el juicio declaró en favor de la inocencia de su madre, es actualmente quien la asiste y permanece cerca de ella.
El dato volvió a exponer la fractura familiar que atraviesa el proceso. Jésica y Romina fueron aceptadas como particulares damnificadas y sostienen que su madre es responsable de la muerte de Jorge. Gonzalo, en cambio, declaró como testigo de la defensa y sostiene que Pantoja es inocente. La familia, dividida dentro de la sala
Los tres hijos estuvieron presentes durante la declaración de su madre. Gonzalo permaneció cerca de Pantoja. Sus hermanas, en cambio, se ubicaron más alejadas. Ambas lloraron durante el relato. La tensión entre las partes de la familia fue visible durante la audiencia y quedó reflejada especialmente en las miradas y gestos de Jésica hacia su madre. No hubo contacto entre ellas.
La escena condensó en una sala de audiencias la fractura familiar que apareció durante todo el juicio: dos hijas convencidas de que su madre mató a su padre y un hijo que sostiene que la mujer que está sentada en el banquillo es inocente.
Leila Aguilar, fiscal de juicio de La Plata
AGLP
El interrogatorio sobre su audición
Durante el interrogatorio, la fiscal Leila Aguilar puso el foco sobre otro aspecto de la declaración de Pantoja: su capacidad auditiva. La acusada sostiene que tiene problemas para escuchar y que esa dificultad explica por qué no oyó los sonidos relacionados con el ataque contra Pereyra.
Sin embargo, la fiscal contrapuso ese argumento con otro dato aportado por la propia Pantoja: aseguró que sí pudo escuchar, desde cierta distancia, los handies de los policías cuando llegaron a la vivienda.
La cuestión quedó planteada ante el jurado como un punto más para evaluar dentro de la reconstrucción de aquella noche.
Durante el juicio ya había declarado una médica que examinó a Pantoja el día del crimen y que describió distintos aspectos de su estado físico. También había señalado que consumía pregabalina y clonazepam, medicamentos que pueden provocar somnolencia.
Una declaración que llega después de ocho años
Pantoja llevaba más de siete años detenida en prisión preventiva hasta que recientemente obtuvo el arresto domiciliario. El crimen ocurrió en mayo de 2018, cuando Pereyra fue encontrado muerto en la vivienda de 48 entre 19 y 20, en el barrio La Loma.
Desde el inicio de la investigación las sospechas se concentraron sobre su esposa. Pantoja permaneció varios meses en libertad después del asesinato y, cuando se enteró de que existía una orden de detención en su contra, interrumpió un viaje a Salta que realizaba junto a su hija Romina, regresó a La Plata y se entregó en la DDI. Ahora, ocho años después, tuvo la oportunidad de contar ante los ciudadanos que integran el jurado su propia versión de lo ocurrido.
No fue una declaración breve ni fría. Fue un relato de casi dos horas, entre lágrimas, en el que negó haber matado a Pereyra, cuestionó la investigación, habló de sus problemas de salud, recordó su relación con el hombre con quien estuvo casada y pidió saber quién fue el verdadero autor del crimen.
"Soy incapaz de matar a una persona", dijo. Y cerró su relato con una frase que resume la posición de su defensa: pasó casi ocho años detenida por un crimen que, asegura, no cometió.
Hernán Decastlli, juez a cargo de la dirección del debate oral.
AGLP
Este viernes, los alegatos
Con la declaración de Pantoja terminó la etapa central de producción de prueba. Este viernes 14 de agosto a las 10 comenzarán los alegatos, según dispuso el juez Hernán Decastelli.
Fiscalía y defensa tendrán entonces la última oportunidad para hablar directamente ante el jurado y ordenar toda la prueba producida durante el debate. La acusación buscará demostrar que Pantoja es responsable del asesinato de Pereyra y que el crimen tuvo las agravantes que contempla la imputación.
Los defensores intentarán instalar las dudas que consideran que quedaron abiertas: la ausencia de una hipótesis alternativa investigada, la falta de testigos presenciales, la ausencia de ADN de Pantoja que la vincule al ataque, las características de la vivienda, sus limitaciones físicas y la posibilidad de que otra persona haya ingresado al lugar.
Después de los alegatos, el juez impartirá las instrucciones al jurado. Los ciudadanos deberán retirarse a deliberar y resolver si Pantoja es culpable o no culpable.
Será la última etapa de un juicio que, además de intentar determinar quién mató a Jorge Pereyra, dejó expuesta una familia definitivamente dividida por aquel crimen: dos hijas que acusan a su madre, un hijo que la defiende y una mujer que, después de casi ocho años privada de su libertad, asegura ante doce ciudadanos que es inocente.