domingo 21 de junio de 2026

El libro inconseguible de un exintendente de La Plata con chistes desopilantes y secretos de los vecinos

Antes de morir, Miguel Szelagowski publicó El humor de los platenses, una serie de anécdotas que describe la idiosincrasia de las diagonales en el siglo XX.

Hace 60 años, La Plata tuvo un intendente que dejó escritos varios libros en los que detalló cuestiones relacionadas con el día a día de la ciudad, los vecinos, las anécdotas que se contaban de boca en boca y que no aparecían en crónicas ni en manuales de historia, y que describían de manera precisa la idiosincrasia platense.

Varias de sus publicaciones son clásicos entre los investigadores e historiadores de la capital bonaerense. Pero hay una que a mí me llamó la atención por sobre las demás, primero por su título y segundo porque es prácticamente inconseguible. Se llama El humor de los platenses y fue su último escrito, hoy resguardado prolijamente en la Sala La Plata de la Biblioteceta de la UNLP.

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Sus cuarenta páginas fueron distribuidas como suplemento en el diario El Día en 1992 y hoy son un viaje en el tiempo con pinceladas de varias épocas de La Plata, desde comienzos del siglo XX hasta la década del '80, en donde sus calles, sus plazas, los bares, restaurantes y los puntos de encuentro de las distintas capas sociales de la ciudad en el Jockey Club, en los clubes de barrio y en el Bosque, son retratados de manera pintoresca con picardía, ironía y mucho humor.

El humor de los platenses se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El humor de los platenses se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Así como Woody Allen imaginó en Medianoche en París las reuniones y charlas de Zelda y Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Jean Cocteau, Pablo Picasso, Salvador Dalí y Toulouse-Lautrec, entre otros, en bares de la Belle Époque y los años 20 en la capital francesa, y así como Roberto Arlt escribió en sus Aguafuertes porteñas la vida diaria en las calles de Buenos Aires de comienzos de la década del 30, en este texto nacido entre las diagonales se descubre la estampa platense de aquellos años.

Así reveló Miguel Blas Szelagowski los secretos de los vecinos de La Plata del siglo pasado.

Un anecdotario platense

"Contaré, vaciando en lo posible todos los recovecos de mis bolsillos de recuerdos, como vayan saliendo, las anécdotas que he podido conocer en mi vida, ya fuere por propia experiencia o tradición oral recibida. No he querido recurrir a textos o artículos periodísticos que contengan episodios de la vida ciudadana platense sino que he pretendido relatar aquellas anécdotas que no las he visto escritas; que sean, en ese sentido, originales sin perjuicio de que hayan sido contadas cientos de veces", escribió Szelagowski en sus reflexiones preliminares del texto.

"No he inventado ninguno de los hechos relatados; forman parte del anecdotario platense y si algún episodio pudo originariamente haber sido adjudicado gratuitamente escapa a mi responsabilidad. De lo que estoy seguro es que La Plata ha sido escenario de actuación de un elenco de hombres de excepción, que desfilaron por sus calles, por sus clubes, sus poderes públicos, sus cafés, exhibiendo un humor y un ingenio no fácil de alcanzar", cerró.

No he inventado ninguno de los hechos relatados; forman parte del anecdotario platense y si algún episodio pudo originariamente haber sido adjudicado gratuitamente escapa a mi responsabilidad No he inventado ninguno de los hechos relatados; forman parte del anecdotario platense y si algún episodio pudo originariamente haber sido adjudicado gratuitamente escapa a mi responsabilidad

Y lo que sigue a continuación es una serie de pequeños capítulos que ya de por sí llevan títulos peculiares, algunos de ellos imposibles en los tiempos que corren: "Política y petardos", "Zafadurías", "Personajes inolvidables", "Distraidos", "Viajeros", "Armas varias" y "Señoras gordas".

El dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR) que gobernó nuestra ciudad entre 1963 y 1966 –hasta el golpe de Estado encabezado por Juan Carlos Onganía– comienza su última obra literaria contando detalles de la llegada cada 19 de noviembre a la estación del Ferrocarril del Sud (actual Pasaje Dardo Rocha) del fundador de La Plata con sus hijos Carlitos, María Celia y "Pampa". Entre los vecinos que recibían a Dardo Rocha se encontraba su abuelo Michal, el primero de los Szelagowski en pisar suelo platense desde Polonia. Algunas infidencias fueron contadas por la hija del creador de la ciudad, en el Tedeum de 1965.

La estación de trenes de La Plata, cuando funcionaba en el actual Pasaje Dardo Rocha, fue escenario de varias anécdotas.

La estación de trenes de La Plata, cuando funcionaba en el actual Pasaje Dardo Rocha, fue escenario de varias anécdotas.

En el apartado con anécdotas políticas a nivel local y provincial se habla de cómo Carlitos –hijo de Dardo Rocha– protagonizó un papelón en un acto cuando fue comisionado municipal; de cuando al exgobernador Luis Monteverde un vecino le pedía todas las mañanas que lo hiciera ganar en la lotería; de cómo otro mandatario bonaerense –Valentín Vergara– protagonizó una humorada con dos tartamudos; y del perro disfrazado de león con el que el exdirector del zoológico, Alfredo Plot, asustaba a los visitantes.

Szelagowski cuenta con picardía lo que ocurría en los pasillos de Tribunales y en las aulas del Colegio Nacional, y hasta de lo que hacían los albañiles que construyeron el histórico edificio de 1 y 49; también relata cómo su papá hacía experimentos de hipnosis en bares y teatros de aquellos años; y las desventuras de un empleado del Registro de la Propiedad que sufría de amnesia. Enumera las palabras y expresiones inventadas por familias platenses; y rememora los duelos a punta de pistolas y espadas protagonizados por un exdirector del diario El Día y hasta por un joven Ricardo Balbín.

"Miguel realmente era una gran persona, con muchos valores humanos; en sus cargos políticos siempre priorizó a la gente y cuando fue intendente trabajó todo el tiempo por la ciudad", lo define alguien que lo frecuentó en su gestión como jefe comunal. Por otra parte, su hija Cecilia se alegra cuando le preguntan cómo era su papá: "Está mal que lo diga yo, pero era un verdadero tipazo; él nunca se sintió importante, siempre estuvo al servicio de los demás, siempre recordaba a su familia, a sus amigos, siempre rescataba las cosas cotidianas y era muy querido". "Iba caminando a la Municipalidad y yo le llevaba las galletitas Lincoln que las comía cuando tomaba té y se las alcanzábamos con mi mamá por una ventana de su despacho que daba a calle 12", cuenta orgullosa y repite un rasgo que queda más que claro en esta publicación de 1992: "Tenía un enorme sentido del humor".

Miguel Szelagowski era un apasionado de la lectura

Miguel Szelagowski era un apasionado de la lectura

En su familia no relacionan directamente a Szelagowski con Arlt pero sí con Julio Cortázar, a quien leía con frecuencia, junto con G. K. Chesterton. Además, dibujaba: era un muy buen caricaturista y precisamente uno de sus dibujos ilustró la tapa de esta obra. Casi escondido entre una de las líneas se lee "Blas", el seudónimo con el que firmaba sus caricaturas.

Y como El humor de los platenses es casi inconseguible, también es muy difícil conocer los datos que lo engloban. Ni siquiera en la Biblioteca de la UNLP está el detalle exacto de su publicación, aunque en su familia se animan a asegurar que Miguel escribió estas páginas promediando 1992. Un ejemplar permanece en la casa de su hija y en la primera página hay una dedicatoria a un amigo fechada en la primavera de aquel año, semanas antes de su fallecimiento, en noviembre. Fue su última publicación.

Szelagowski fue Embajador argentino en Polonia, la tierra de su abuelo, en el Gobierno de Raúl Alfonsín

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El zoo, el Jockey Club y las señoras gordas

Se podrían destacar muchos pasajes de esta gran recopilación de anécdotas y escenas platenses. A continuación voy a citar los fragmentos que más me llamaron la atención, tal vez los más graciosos y ocurrentes, y los que quizás en esta época hasta estarían vedados. Pero todos, en definitiva, pintan una ciudad que solo existe a través de estas palabras, para la eternidad.

Alrededor de 1920 era Plot director del Jardín Zoológico quien hizo una serie de obras importantes en ese lugar. La concurrencia a ese paseo era enorme, sobre todo durante los domingos. Una mañana de poca actividad se paseaba don Francisco Artola con su hijo, de pocos años, Miguel, por los cuidados caminos que llevaban a las distintas jaulas cuando de pronto, frente a ellos apareció un león. No habían pasado minutos cuando ya habían atravesado las puertas y subido a su automóvil. Otra vez poco antes de empezar la función en el Teatro del Lago, cuando el público estaba entrando, también apareció el león y produjo el gran desbande. El "león" era un tremendo perro de Plot que éste hacía tusar dejándole una gran melena y un plumerillo en la punta del rabo.

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Cuando en los primeros años del siglo comenzó la construcción del "nuevo" Colegio Nacional, los albañiles que debían subir los baldes de mezcla contaban con la colaboración de "Quijote", un burrito que pertenecía a un niño, mi padre, que vivía enfrente, en calle 1 esquina diagonal 77. A esa casa, que tenía en su contorno la fábrica de hielo instalada por mi abuelo, un domingo llegó un joven, aparentemente extranjero, que pidió permiso para guardar su automóvil que se había descompuesto paseando por el Bosque. En uno de los galpones de la fábrica quedó guardado el coche que era llamativamente pequeño y de origen europeo. Pasaron meses y nadie fue a rescatarlo. en esa época, un automóvil en la ciudad era casi una pieza exótica y los jóvenes Szelagowski, que poseían cierta habilidad mecánica, decidieron repararlo. No les costó mucho tornear una pieza averiada y tuvieron su primer automóvil sin que nadie se los reclamara jamás. Lo llamaban "La Tortuga Reumática".

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En una familia se usaba una serie de palabras que conformaban un "argot" muy especial. Al que hoy diríamos que es un "punto" o un "grasa", le decían "pele". A un grandote colorado, algo así como un vasco lechero, lo nombraban como un "shurretú"; a alguien no muy despierto, tirando a opa, un "musún"; a un rústico lo calificaban de "gaitán"; entablar una charla o una relación circunstancial por simple gusto de hacerlo, era "hacer cumé"; etc. Este lunfardo familiar tendría su raíz, seguramente, en sus orígenes entrerrianos y orientales. Había que estar habituado para entender este singular idioma. Además de las palabras tradicionales, con el tiempo fueron recreando una serie de dichos y términos. Por ejemplo decían que alguien o algo era "bichológico". Se referían a personas o actitudes con dobleces, no del todo claros, que podían inclinarse o servir para una cosa u otra. Hablando de terminología de época, al principio de siglo, para lo que diríamos desde hace un tiempo "estoy seco", o un poco antes "estoy pato" o "estoy cortado", se decía "estoy águila". Como todo extranjero que gusta mechar en su conversación algo del argot local, mi abuela doña Marie Josefine Corne de Szelagowski también utilizaba esta norma de acercamiento popular pero por su idioma natal, condensaba en uno solo los verbos ser y estar. Así cuando alguno de sus hijos le pedía dinero y no podía dárselo, respondía: "Soy águila".

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Antes de 1930 se desempeñaba como Cónsul argentino en Potsdam el ingeniero Numa Tapia y recibió allá la visita de otro platense, mi padre, de paseo por Europa. Esa tarde fueron a presenciar un espectáculo. Tenían buena ubicación, pero delante se había sentado un matrimonio cuya señora era francamente voluminosa y usaba gran sombrero. Además se movía de manera tal que dificultaba la visión. Los dos amigos, bastante molestos, una y otra vez comentario: "A ver si se va en algún momento este elefante". El idioma –así creían– los resguardaba del agravio. Había pasado un rato durante el cual habían seguido quejándose del "elefante", cuando la pareja se levantó, dándose vuelta la señora que les dijo: "Señores, el elefante se retira". Era una señora platense de apellido L., a la que los amigos no habían reconocido.

El nombrado ingeniero Tapia fue también cónsul en Milán y estando en esa ciudad, cuando nació su hija, mandó una tarjeta a mi padre, ya de regreso en La Plata, que decía simplemente: "Tengo una milanesa".

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Honorio Szelagowski era también conocedor del Código del Honor y dirigió algunos lances; entre ellos, el único del que tengo conocimiento haya intervenido, como duelista, Ricardo Balbín, entonces un jovencito. También intervino Honorio en otro duelo, pero como retado. Fue a raíz de una polémica política y el que se consideró ofendido fue el doctor Rodolfo Moreno, mucho después gobernador de Buenos Aires, quien eligió la espada como arma. No obstante ser Moreno un eximio esgrimista y Honorio haber conocido los pocos movimientos que el día anterior le enseñaron en el Jockey Club, sus físicos fueron equilibrio de sus respectivas destrezas. El lance concluyó con un corte en el brazo del retador. La verdad fue que Honorio intervino gratuitamente en el lance porque el presunto ofensor fue Atencio, entonces director de El Día que se encontraba enfermo, asumiendo aquel su representación. Uno de sus padrinos fue el doctor Teófilo Arturo Gomila, su concuñado.

Eran días de escrutinio durante el primer peronismo; el siempre sacrificado y tenaz Juan Ángel Tinolo Arana iba lugar por lugar en la Legislatura, colocando jóvenes que fiscalizarían el acto. Tinolo daba las instrucciones y cada uno ocupaba el puesto que le adjudicaban. Lo rodeaba un grupo que iba atendiendo sus justas indicaciones. Llegaron a una sala con una gran mesa que presidía un empleado de la Cámara de Diputados que era marica. Tinolo dijo: "Esta es la mesa de cómputos". Alguien señaló, "no, es la mesa con p...s".

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En una típica reunión de dirigentes conservadores platenses en el Jockey Club, uno discutió violentamente con el Comisionado Municipal de entonces, don Luis María Berro, y al final de la tertulia desenfundó una pistola y le apuntó a la cabeza. "Bajá eso Domingo, tus balas me entran por un oído y me salen por el otro".

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En calle 6 entre 47 y 48 vivían las hermanas Pezoimburu, cuyas humanidades alcanzaron medidas excepcionales. Pero no tenían ningún complejo al respecto; por el contrario, en los años veintitantos se las podía ver bañándose en las desiertas playas de Punta Lara con mallas rojas. De lejos parecían un par de boyas. O para Carnaval circulaban por el corso sentadas en la capota de un auto descubierto disfrazadas de pelotaris con boinas rojas y camisetas rayadas. Tampoco tenían intención de efectuar algún régimen y se instalaban en las tardes de verano en el balcón del primer piso de su casa. Frecuentemente llegaba el camión de reparto de "La Platense" o de "La Perla"; el empleado subía un enorme paquete envuelto en papel blanco. Comenzaba la ceremonia del balcón que terminaba cuando una vacía bandeja de cartón era lanzada hacia la calle y planeaba cerca de la verja de la Universidad. En minutos se habían despachado dos kilos de masas.

También había otras señoras gordas, como M.S. que tenía un asiento reservado en el cine París, o mejor dicho, dos asientos, porque eran dos butacas a las que se les había suprimido el apoyabrazos divisorio. Otra señora de "proporciones", era la de apellido O. quien vivía en los departamentos recién construidos por el Banco Comercial en 7 esquina 49, hoy Banco Municipal. Bañándose de inmersión y estando sola en su casa, al sacar el tapón del agua de la bañadera, se produjo una suerte de ventosa que la dejó trabada dentro sin posibilidad de salir. Había pasado un rato cuando llegó el lechero, quien escuchó el llamado y pudo, con algún esfuerzo, sacarla del aprieto.

Entre las señoritas gordas no pasaba desapercibida la de C. Alguien que la vio sentada en un auto le pidió que bajara el vidrio y le dijo: "Perdón, quería saber si el vidrio era de aumento".

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Szelagowski fue intendente de La Plata entre 1963 y 1966

Szelagowski fue intendente de La Plata entre 1963 y 1966

"He tratado de rescatar el mayor número de episodios del anecdotario platense. Como lo había anticipado, las anécdotas no pueden ser objeto –máxime si pretenden ser inéditas– de una tarea de buceo en la bibliografía local, ya fueren libros, diarios o revistas del pasado. Son algo así como la música popular anónima que se transmite oralmente. Sus trozos pueden llegar hasta nuestros oídos o quedar en el camino para perderse para siempre. Infinidad de acontecimientos serios o graciosos han quedado atrás y seguramente nadie los desempolvará jamás. Convoco a quien me lea, a rellenar los numerosos huecos que he dejado en estos relatos, que pueden servir de una suerte de canavás para que alguien, con más chispa y oficio, pueda presentar un tapiz más completo de un período platense que ha pasado los cien años", se lee en la última página de El humor de los platenses.

De Polonia a Argentina, ida y vuelta

Miguel Blas Szelagowski nació el 11 de enero de 1920 en La Plata, continuando con la tradición de un apellido histórico en la ciudad, desde que su abuelo Michal llegó desde Polonia en los últimos momentos del siglo XIX. Se recibió de abogado en la UNLP y entre 1956 y 1957 se desempeñó como secretario de Obras Públicas en la Municipalidad. Militó en la UCR del Pueblo, apoyando en la interna a Ricardo Balbín. Apasionado del dibujo, fue también caricaturista en diversas publicaciones humorísticas. Entre sus escritos se destacan La Plata, los años veinte (1979) y Si yo fuera intendente (1982).

Fue electo intendente y gobernó La Plata entre el 12 de octubre de 1963 y el golpe de Estado que derrocó a Arturo Umberto Illia, el 28 de junio de 1966. Años más tarde, Raúl Alfonsín lo designó como embajador en Polonia, puesto que ocupó entre 1987 y 1989.

Miguel fue nieto de Michal, el primero de los polacos en instalarse en nuestra ciudad. Hoy, su hija Cecilia mantiene vivo el legado y lo recuerda con orgullo: "Michal es Miguel en polaco, así que se llamó igual que su abuelo. La historia es divertida porque cuando fue a Polonia como embajador, para aquel Gobierno la situación fue muy importante: le hicieron notas en varios diarios porque Michal había venido desde Polonia a la Argentina... y ahora Miguel iba a instalarse a Polonia para representar a la Argentina".

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