martes 21 de abril de 2026
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Reviví la historia

Estudiantes: a 15 años de la cuarta Copa Libertadores y la gloria eterna

Un día como hoy, Estudiantes salía campeón de la Copa Libertadores en Brasil, alcanzando por cuarta vez la gloria eterna. Repasá la consagración, acá.

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Se cumplen 15 años de unos de los logros más importantes de la historia de Estudiantes, cuando aquella noche del 15 de julio en un Estadio Mineirao repleto, aquel equipo de gladiadores vestidos de rojo y blanco tocaron el cielo con las manos.

Carlos Chandía, vestido de amarillo, se llevó el silbato a la boca, extendió sus brazos y marcó el final. Juan Sebastián Verón se arrodilló y no paró de llorar hasta que llegó el abrazo con Enzo Pérez; Alejandro Sabella, bañado de lágrimas, se juntó con su cuerpo técnico y les dijo “somos la gloria”. Y claro que sí, ganar la Copa Libertadores es la gloria y nuevas generaciones pincharratas supieron en carne propia de qué se trataba.

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El propio Verón, devenido en presidente de Estudiantes, por ese entonces supo recordar: "Lo venía hablando al árbitro, le decía te regalo la camiseta si no das alargue y qué se yo cuántas cosas más. Me hablan de un montón de cosas pero no me acuerdo de nada. Sí del abrazo con Enzo que me levanta. Del pitazo no me acuerdo. Se me apagó la luz".

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El árbitro dejó su recuerdo sobre el triunfo de Estudiantes

Del otro lado de la cordillera, Carlos Chandía habló con 0221.com .ar y refrendó lo contado por la Brujita: “No fue un partido más, era la final de la edición 50 de la Copa más importante y me tocó dirigirla, todo un orgullo, era mi punto culmine en mi carrera de árbitro internacional. Recuerdo que Verón me habló todo el partido pero nunca una protesta, al contrario. Me decía: 'no seas cagón, no te podés ir, el fútbol te necesita', me agrandaba. Cada tanto volvemos a hablar y recordamos esa hermosa final. Le tengo que recordar que me prometió la camiseta y nunca me la dio”.

"Mi pensamiento estaba en lo que siempre le decía a los jugadores, la gloria. Yo quería y todos queríamos la gloria. Pensaba en los brazos del árbitro y en que pitara el final. Fue mi máxima alegría, como técnico se vive de otra manera, desgastante, estresante. Fue Chandía, el silbato y la gloria", decía Sabella, sobre el que el árbitro recordó: "No lo tuve que advertir nunca, un señor pero no habló con él ni siquiera después del partido. Fue un festejo muy especial de esos muchachos de Estudiantes y no había que invadirlos ni robarles protagonismo”.

“Al que si lo tuve que calmar fue a Rodrigo Braña, no recuerdo bien si con un cachetazo o con un empujón, porque se peleó con un jugador de Cruzeiro y así no la saqué de la escena”, dijo Chandía, mientras que el Chapu admitía en ese momento: “No paraba de hablarle y cuando estaba en el piso antes del cambio, un poco porque no daba más y otro para hacer tiempo y me sacan en camilla me dice: 'Sos un cagón, te vas'. Dirigió muy bien esa final, que no era fácil, que no fue nada fácil. Veníamos con varios cruces a lo largo de la Copa con Cruzeiro y del partido de ida que fue muy picante ”.

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Estudiantes fue noticia en Brasil y el mundo

El periodista Jaeci Carvalho del diario Estado de Minas de Belo Horizonte opinaba: “Estudiantes es el nuevo campeón de América, campeón de hecho y de derecho. Fue superior en los dos juegos y se llevó la Copa. Además tiene un crack, Verón, su gran maestro”. Diarios brasileños titularon “Tragedia mineira”, mientras que los argentinos le dedicaron varias páginas a la consagración del equipo de Sabella.

Olé con una foto de Verón levantando la Copa Libertadores tituló “Pinchame”, Diario Popular eligió “Leones de América”, Crónica publicó “Pincha campeón”, Clarín por su parte, “Estudiantes se consagró con fútbol y coraje”, y La Nación: “Ruge en América”. Mauro Boselli, el goleador de Estudiantes y de la Copa decía: “Es algo soñado y más allá de los atributos técnicos de cada jugador, tuvimos solidaridad, entrega y actitud para afrontar del mismo modo cada partido”.

Un gran emblema del club como lo es Carlos Bilardo, que estuvo como un hincha más aquella noche en el Estadio Mineirao, sostuvo en ese momento: “Los muchachos lograron un triunfo histórico y lo consiguieron de manera brillante. Les dije que se iban a dar cuenta de la importancia de lo que habían hecho cuando pisaran la Argentina. Y así fue, no podían creer el recibimiento que tuvieron”.

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La charla con Alejandro Sabella

Al cumplirse 10 años de la gran conquista en una charla inolvidable en su casa del barrio de Tolosa, Sabella manifestaba: "Estaba tranquilo pero tenía una preocupación que les había dicho a los jugadores y no me olvido que les dije que si nos hacían un gol eran vitales los 5 o 10 minutos que seguían. Di un ejemplo del partido de la fase de grupo, que el equipo se desordenó un poquito por ir a empatar y le hicieron dos más".

En este sentido, agregaba: "Considero en líneas generales que los brasileños cuando te hacen un gol se entusiasman, levantan su autoestima, le gente empieza a gritar y antes que el segundo, te meten el tercero, los conozco bien porque yo había jugado en Brasil".

"Te empiezan a gritar ole, a bailar arriba la pelota y si pegas una patada te quedás con 10 y directamente olvidate del partido", completaba diciendo el Profesor, artífice de aquel gran equipo que tenía a Verón como emblema, y que en el mismo sentido, señalaba: "Lo que me acuerdo es que los equipos brasileros en sus canchas grandes te hacen un gol y te empiezan a mover la pelota y te desacomodan pero nosotros intercambiamos ataque por ataque y lo fundamental es que lo empatamos rápido. Ahí se dio vuelta el partido, porque la parte psicológica juega de una manera, ellos sintieron un cimbronazo tremendo, los empezamos a dominar y le hicimos el segundo”.

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El camino de América

El recorrido no fue nada sencillo. Fueron 16 partidos. Primero el repechaje con Sporting Cristal, con derrota en Perú y un triunfo que podía concretarse en 25 y 32 hasta que apareció la cabeza de Ramón Lentini a los 31 minutos de la parte final que significó el pasaje a la fase de grupos. El primer examen fue un desaprobado en Belo Horizonte, caída por 3 a 0 con Cruzeiro, triunfo 1 a 0 con Universitario de Sucre, derrota en Quito ante Deportivo por 1 a 0 y la renuncia del por entonces DT, Leonardo Astrada.

Ahí el presidente, Rubén Filipas, eligió a Alejandro Sabella. Debut con goleada ante los ecuatorianos por 4 a 0 con triplete de Boselli y uno de Enzo Pérez. Así volvió a ponerse de pie para luchar por la clasificación. Llegó otra goleada con Cruzeiro por 4 a 0 y empate en Perú para sellar la clasificación. Después desde octavos, en los mata mata fue implacable. Dejó en el camino a Libertad, Defensor Sporting, Nacional y la gran final una vez más con Cruzeiro, el equipo tan temido por el Profesor.

Como parte de ese camino, uno de los ayudantes de Sabella, Julián Camino, recordaba: "Nada fue fácil pero Alejandro los convenció. Todo se dio más rápido de lo que pensábamos. Primero tratamos en acomodar un equipo que estaba mal con la idea de llegar a mitad de año y rearmar todo pero se dieron los resultados, el equipo se convenció y llegamos a la gloria”.

El otro asistente, Claudio Gugnali, en la misma línea, sostuvo: "En el empate en La Plata que para muchos fue un mal resultado el grupo mostró que estaba muy fuerte y tuvieron unas palabras con nosotros porque Alejandro siempre elogiaba a Cruzeiro y decía la 'marea azul'. Le dijeron 'ellos serán una marea pero acá estamos nosotros y nos hicieron saber que querían más e iban por todo'. Otro síntoma fue el micro que nos trasladó del hotel al estadio. Se movía, vibraba, no paraban de cantar, de arengar. Era un clima ideal, te hacían creer que ellos sabían que ganaban”.

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La memoria de los héroes del Mineirao

“Del partido en si me acuerdo de todo. El gol, un poco accidental por el rebote en Desábato pero el equipo siempre fue protagonista. El empate con el desborde de Cellay y un centro perfecto. Eso nos hizo confiar en que éramos campeones. Después vino ese córner de Sebastián, ese salto hasta las nubes, hasta el cielo de nuestro querido Mauro Boselli. Luego llegó el delirio y el recuerdo hermoso, imborrable de un grupo que tuvo una gran pertenencia, un gran cariño que tuvo un enorme conductor, de los mejores que conocí y el orgullo de haber sido parte de ese cuerpo técnico del maestro, Alejandro Sabella”, reflexionaba Gugnali.

Leandro Benítez, titular de aquél equipo de Sabella, que marcó el gol de la revancha con Defensor Sporting en el Estadio Único, recordaba: "Me di cuenta que la Copa era nuestra en dos momentos. El primero cuando le ganamos en el Estadio Centenario a Nacional sin la Bruja y después cuando Kléber erró un gol imposible en el partido de ida de la final. En esas situaciones pensé que era imposible que no saliéramos campeones”.

“Es increíble que haya pasado ya tanto tiempo. En la noche previa a la final hubo otra señal. Vamos a hacer el reconocimiento al estadio y el cartel decía Cruzeiro 1 Estudiantes 2; después en la entrada en calor el Chapu se contracturó, casi se queda afuera y salió a jugar sin realizar el calentamiento. Y después recuerdo que al pobre de Chandía lo enloquecimos, no paramos de hablarle”, rememoraba el Chino.

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Las imágenes el campeón

Quedan mil imágenes de ese vestuario. El diálogo de Sabella con Bilardo, Verón fumando un habano, Schiavi y sus lágrimas como si hubiera jugando en el Pincha toda su vida, Andújar reprochándose haber firmado su contrato para irse a Europa antes de la final y perderse el Mundial de Clubes. Ese vestuario destilaba felicidad por todos los rincones.

Pasaron 15 años, siempre es bueno darse una vuelta por el pasado. Aquél equipo hizo historia y como dijo el Profesor Sabella aquellos leones miraron el cielo y bajaron una estrella que pusieron al lado del escudo para toda la vida. Estudiantes y la Libertadores, una relación que jamás terminará.

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