lunes 27 de mayo de 2024

La historia del Club José Hernández, una vida marcada por el fútbol

En 1927 nació con una cancha propia. A partir de los '60 estalló con baby fútbol. Formó cracks y ahora le dijo sí a las Sociedades Anónimas Deportivas.

Toda la riqueza de un club de barrio está en la filosofía de sus fundadores. De vecinos como don Antonio Zambano, quien cedió las tierras para la instalación de una cancha y una casilla que dio origen a todo en 1927, año en que el acta fundacional del día 17 de agosto establecía los colores verde y blanco. Desde entonces los cambios fueron muchos, pero el eje se conservó en torno a los pilares de sus actividades culturales, sociales y deportivas. Hoy el Club José Hernández cuentan con veinte disciplinas en su infraestructura.

En 1953 esa sede del Centro de Fomento Social y Deportivo José Hernández albergó a la Escuela Primaria 107. El fútbol dentro de un club chico siempre asomó de la mano de los más chicos. En la década del ‘60 aparecen registros de los primeros equipos, cuando en la ciudad no existía liga de infantiles y la pasión se podía ver organizada en con los desafíos interbarriales de equipos, los “Baby Fútbol”, como se anunciaba en los periódicos para la inscripción de competidores en categoría Pulguita (para nacidos en determinado año (la clase 1959, por ejemplo) con 1,45 de estatura como máximo, o la categoría Mosquito con máximo de 1,50. Se jugaba en escuelas primarias, como la Número 66 en barrio Hipódromo y en gimnasios de básquet con piso de baldosas.

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Tres personas quedarán como pioneros: José Osmar “Gringo” Marchan, Carlos “Tito” Gallardo y Alfredo “Cacho” Marascio. Hace poco, en agosto de 2022, la Comisión Directiva de Hernández homenajeó en vida a “Cacho”, en un acto que incluyó placa y bautismo con su nombre a la Escuela Recreativa de Fútbol.

Debut para el mundo

En 1975 se vivió la primera fiesta con la disputa de un “torneo Internacional para las categorías 61, 62 y 63, en 510 y 31, donde estaba la primera cancha de Hernández, muy chica, ubicada en el fondo del terreno. Por entonces La Plata organizaba LIFIPA, la primera liga platense, donde las ganas de los padres de Hernández rebotaron ante el órgano directivo que no aceptó la participación precisamente por las dimensiones de aquel campo de juego.

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La 72. De pie: Marini, Molinari, Resiga, Ferreyra, Pablo Amato. En cuclillas: Arrizabalaga, Serrano, Saffores, Cicora, Mestre

La 72. De pie: Marini, Molinari, Resiga, Ferreyra, Pablo Amato. En cuclillas: Arrizabalaga, Serrano, Saffores, Cicora, Mestre

Siguieron participando en campeonatos relámpagos, como el Torneo “Víctor Nethol”, que se jugaba en el predio de Gimnasia y Esgrima La Plata, en una desaparecida cancha donde hoy está el estacionamiento de 60 y 118.

Marcelo Scafati a sus 57 años recuerda sus días de camiseta albiverde y el hecho particular de que su papá fuese el hombre que “consiguió el baldío que está al lado y pasamos a tener la cancha que es la actual”.

La liga LISFI

El destino le dará otra oportunidad al grupo de papás cuando en 1981 se gestó la segunda experiencia de una liga, que fue llamada Liga Sur de Fútbol Infantil (LISFI) y en cuya cúpula quedaron los nombres de Dardo De Cristofaro, Néstor Resiga, Alberto Casiano y Julio Scafati, todos involucrados en el CF José Hernández.

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"Pato" Fernández, en tiempos de DT del fútbol infantil. Hoy es el presidente

El “Nono” Resiga rescató todo un fenómeno, que Estudiantes y Gimnasia puedan jugar con los equipos de barrio, algo que no estaba permitido en la primera liga. Fue el mismo señor que, plasticola, foto carnet y ficha de cartulina, fichara a un par de crack con destino de Selección Argentina, Juan Sebastián Verón, y Mauro Airez, un flaco rapidísimo de Corcemar de Pipinas. Esa LISFI una década más tarde tuvo 70 clubes afiliados y la sede propia en calle 3 entre 38 y 39, donde continúa hoy.

Los jugadores de primera

Hernández tuvo a sus cracks. La 73 a Mauro Amato y Leonel Casiano, que debutaron en primera división de AFA para Estudiantes y luego siguieron la carrera en más clubes. “Hoy cuando paso por el club donde jugué, veo que creció, pero estoy en contra de privatizar, por todo lo que hicieron nuestros padres”, reflexiona Casiano.

La gente se enloquecía al ver jugar a la 72 que armó Norberto “Lito” Ferreyra y se quedó con los dos trofeos de primer puesto “en 1982 y 1983, siendo los primeros campeones de la historia del club, en esa canchita de tierra que mantenía tanta gente que venía después de laburar”, recuerda Daniel Resiga. Los goles eran de Federico Cicora, que “gambeteaba como Messi” y al que la vida lo llevó a elegir medicina cuando tenía para firmar profesionalmente en Estudiantes (hoy es nefrólogo destacado en el país, presidente de la Fundación Finaer) y de Damián Saffores que llegó a jugar en primera de Gimnasia. “El mismo día que debuté con 19 años ante Ferro se retiraba Garré, campeón del mundo en México 86)”, resaltó “El Oreja” Saffores, apodo que surgió en Hernández. Además, quedó en la historia tripera al ganar la Copa Centenario.

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1982, en el poli de Gimnasia. Hernández y uno de sus primeros dirigentes, Daniel Resiga (camisa blanca), que además fue fundador de la liga LISFI

1982, en el poli de Gimnasia. Hernández y uno de sus primeros dirigentes, Daniel Resiga (camisa blanca), que además fue fundador de la liga LISFI

El caudal de jugadores aumentó con los juveniles, con la marca de la sencillez y todo a pulmón. Un buffet sencillo y un quincho; los viajes aislados a Magdalena o a Coronel Brandsen, que se podían costear con el esfuerzo de las familias y de pibes muy queridos que se formaron al calor de ese paisaje barrial y luego fueron técnicos como Cristian Fernández, “El Pato”, arquero de la 75 y presidente actual, siempre acompañado por su madre. El mismo que hoy atraviesa un momento doloroso pero dice “seguir de pie”. El que rescató el legado de los mayores, que en algunos casos se leen en las paredes. Biblioteca popular José Leoncio Seoane, “él nos dejó un legado en el orden administrativo e institucional y su señora Alicia continúa trabajando como bibliotecaria y es parte de la Comisión Directiva”. Carlos “Tito” Gallardo lleva por nombre el salón de la tercera edad, y José “Gringo” Marchan es la señal de la canchita, que valora el pasado de un club que tiene vida de lunes a lunes, colmado, en planta baja o el reciente salón del primer piso. Pero son casi 150 jugadores que este fin de semana no salieron a jugar en la de once. “Nunca este club estuvo así, compitiendo en primera de una Liga y teníamos una ilusión cuando arrancó este año, pero nos pasa ésto”, se lamenta Fernando Rosso, un 9 que llegó a jugar en Villa San Carlos un partido, no firmó contrato y disfrutaba gritar un gol entre amigos.

La polémica de las SAD

La pelota está frenada por el polémico desembarco de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) en el fútbol, puntualmente en el Club José Hernández, que derivó en que la Mesa Directiva de la Liga Costera Río de la Plata anunciara la desafiliación del Centro de Fomento Social y Deportivo. Más allá de lo que defina la Justicia, ojalá que Hernández vuelva a brillar con el viejo amor del barrio.

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