A Juan José Becerra, escritor y periodista nacido en Junín pero afincado en La Plata, la memoria le tambalea un poco. “La verdad es que no me acuerdo nada, pero puedo restaurar el momento componiendo el recuerdo, imaginando los hechos, para lo cual no hace falta mucha imaginación. Fue un desborde emocional, habré gritado el gol como una persona poseída, como casi todos lo que lo vimos”.
El gol de Diego Maradona, retratado en un mural en La Plata (131 y 58)
“Pero me parece que hay un detalle más importante, y que tiene que ver con estos 40 años que pasaron. Yo vi ese partido en la casa de un amigo en Junín, Marcelo Del Gesso, alias ‘El Polaco’, y esa casa de Sarmiento y Avenida Arias no existe más desde hace cuatro o cinco años”, recuerda Becerra.
“Y en la esquina donde estaba la casa ahora está lo que sería el solárium, el patio, lo no construido de la nueva mansión de alguien muy adinerado. La primera vez que pasé y vi eso dije ‘esa casa no está más’, y sin embargo el hecho que yo viví en esa casa sigue estando. Porque es cuestión de pasar por ahí y que se efectúe la reconstrucción perfecta de cada detalle de lo que sucedió en ese instante”, continúa el autor de más de una decena de libros.
“Pienso que el efecto después de 40 años es el efecto de lo que no se puede destruir, como el afecto llevado al extremo de la percepción y aun cuando en el recuerdo en el paso de los años las cosas se vayan perdiendo, yo conservo ese punto del espacio en el que en el tiempo en que sucedió eso se cruzaron los dos mundos. Y eso permanece en términos mitológicos como espectador de futbol”, concluye Becerra.
Las miradas de colegas de la profesión futbolística no evaden el asombro, la incredulidad ante la obra maestra. Es el caso de Pedro Troglio, actual director técnico de Banfield pero con valorado paso como jugador y entrenador de Gimnasia. “El ‘Gol del Siglo’, para todos los que pintamos canas, fue uno de los momentos más sublimes que hemos vivido. Ver ese maravilloso gol de Diego, con todo lo que significaba él para nosotros, fue algo inolvidable”, rememora.
Pedro Troglio junto a Diego Maradona
Troglio tenía 20 años e integraba el plantel de River: “Me agarró mirando el partido en familia, feliz, para después salir a festejar afuera. No sólo ese, sino también el gol con la mano, que lo festejamos totalmente por lo inolvidable. Va a pasar el tiempo y siempre va a ser difícil encontrar un gol de tamaña magnitud, teniendo en cuenta también el mal estado del campo que tenía el América de México en ese momento, donde la pelota picaba muy mal, y así y todo pudo hacer esa jugada”, cierra quien cuatro años después jugaría el mundial de Italia 90 y hasta marcaría un gol.
Del otro lado de la pasión futbolera platense, Julián Camino, ex jugador de Estudiantes, integrante del cuerpo técnico de Alejandro Sabella en el club y también de la selección nacional que disputó el Mundial de Brasil 2014, define que “lo de Diego fue algo espectacular, lo estaba mirando con mi familia y nos emocionamos todos cuando convirtió el gol. En 1986 jugaba en Estudiantes y fue algo impresionante que nos puso contento a todos”.
El exlateral derecho señala que fue “parte de ese equipo en las eliminatorias, y lamentablemente Carlos (Bilardo) no me llevó al mundial, pero llevó a varios chicos con los que jugué tres años, así que tenía muy buena relación con todos. Creo que después de 40 años todavía no se ha igualado un gol como ese en un mundial: agarrarla en la mitad de la cancha y empezar a eludir jugadores y después hacer el gol todavía nadie lo ha igualado, cada vez que pasan los años me parece el mejor gol”, cierra Camino.
Fútbol y arte, en perfecta comunión
Como paradoja temporal, este año también se cumplen cuatro décadas de la filmación de “La noche de los lápices”, película dirigida por Héctor Olivera que en el marco de la primavera democrática del gobierno de Raúl Alfonsín, testimonió desde el cine uno de los tantos crímenes aberrantes protagonizados por la última dictadura militar en nuestra ciudad.
Alejo García Pintos, actor, actual director del Teatro Municipal Coliseo Podestá y confeso hincha fanático de Gimnasia que en aquel film personificó a Pablo Díaz, evoca los hechos con sensaciones encontradas: “El día del ‘Gol del Siglo’ yo estaba en plena filmación de ‘La noche de los lápices’, y estábamos todos frente a un televisor y pude vivir el momento Maradona más extraordinario de la historia”.
Alejo García Pintos, en el Teatro Podestá
“40 años después lo sigo viendo, casi siempre con el relato de Víctor Hugo Morales, y no puedo dejar de pensar que en medio del dolor por la película que estábamos filmando, Diego una vez más nos regaló un mimo al alma. A cuatro décadas de aquel hecho futbolístico, también cuatro décadas del estreno del film que, a los argentinos, aún hoy, nos sigue conmoviendo. Por eso gloria y dolor, honra del 10”, reflexiona García Pintos.
En la misma vereda artística, la actoral, pero enfrentados en la cuestión futbolera, Federico D’Elía confiesa ser “un cuelgue” para retener sucesos pasados, “pero obviamente que vi el gol e imagino que fue en La Plata junto a Guillermo Menegaz, un tripero amigo con quien veía todos los partidos. Me acuerdo del momento, de la alegría, de lo que significaba jugar contra los ingleses en ese momento, toda esa mescolanza que teníamos entre las Malvinas, el fútbol, en mi caso Bilardo y todo lo que quería que pasara para que le fuera bien”.
“Recuerdo lo sufrido de ese partido y las dos maravillas: ese golazo y el otro golazo que no se vio que se hizo con la mano. 40 años después lo vivo con mucha alegría porque si alguien se merecía el mejor gol de todos los mundiales era Diego. O Messi, que creo que es otro también que lo merece”, dice D’Elía.
Federico D'Elía, una de las voces de La Plata
“Que hoy lo recordemos, después de todo lo que tuvo que atravesar Diego, me emociona mucho. Creo que en el momento no tomé conciencia de este gol por la vorágine en que estábamos por pasar de fase y ganar el mundial. Hoy a la distancia, uno ve ese gol y realmente fue mágico. Y hace poco me enteré de que lo hizo a los 10 minutos del segundo tiempo: el 10 hizo el gol a los 10 minutos. Y si hay alguien que se merece tener el mejor gol de todos los mundiales es el 10”, cierra el actor nacido en nuestra ciudad.
Santiago Barrionuevo, o mejor dicho, Santiago Motorizado para todos los que paran la oreja cada vez que la banda que lidera arremete con una nueva composición, era demasiado pequeño en aquel ’86 como para recordar el mundial y ese gol. “Mi primer mundial con conciencia fue el del ’90, y recuerdo que previo a ese mundial pasaban en la tele con bastante frecuencia la película Héroes, que era la película oficial de la FIFA dedicada al Mundial '86, que es una obra maestra absoluta para quien no la haya visto”.
Según su criterio estético, es “la mejor película que hizo la FIFA dedicada a cada mundial, porque un día las conseguí todas y me puse a verlas, y ninguna se acerca –pero ni un poco– a la épica de Héroes. Obviamente que no quiero sacarle méritos a quién la dirigió (el británico Tony Maylam), a cómo está filmada –que es brillante– pero la real diferencia es el actor protagónico, que nunca jamás en la historia de los mundiales se pudo igualar, ni antes ni después”.
Santi Motorizado, con un "look maradoneano" en el Bosque
“Lo que hizo Maradona en ese mundial no tiene comparación con ninguno”, explica el líder de Él Mató a un Policía Motorizado. “Así que 40 años después del gol a los ingleses, de aquella joya que fue la obra maestra de ese mundial –con todo el contexto político, ‘la mano de dios’ unos minutos antes que le mete épica al otro gol, que es una maravilla artística, la belleza y la fantasía de pasarse a todo el equipo rival, eludir al arquero y empujarla hacia la red contraria–, se le suma todo lo que hizo ese día Maradona en la cancha. 40 años después lo único que puedo entender es que cada mundial que sucedió sólo sirvió para reforzar, para dejar en claro lo grande que fue Maradona y lo que hizo aquel día. Y es algo que evidentemente parece que nunca más se va repetir en la historia”, recapitula el músico.
Goles, geopolítica y valentía
Más que como un analista de la política internacional, Carlos Raimundi –un especialista en relaciones internaciones que fue varias veces diputado nacional y ex embajador argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA)–, se define como alguien apasionado “por la pelota, como hincha, como jugador de fútbol que todavía lo práctico, como maradoneano e hincha de un club maradoneano” como es Gimnasia.
Sabedor de su carácter de ciudadano político situado en su tiempo histórico, conoce la importancia que tienen los símbolos. “Y aquí más que una cuestión material hay una cuestión simbólica: la Argentina venía de cuatro años de la derrota en la guerra, que fue un hecho infausto, quizás el último de los hechos criminales de la dictadura y que nos hizo retroceder tanto en materia geopolítica respecto de Malvinas. Pero visto desde la perspectiva del pueblo argentino, de los sectores más humildes, más populares, fue una afrenta tremenda porque los cientos de vidas que se cobró esa guerra provinieron de los sectores más populares, y por lo tanto, de los sectores más maradoneanos”.
“Entonces Maradona pasa a ser una especie de representante diplomático, pero sin champagne ni canapés de las reuniones diplomáticas, sino vestido con ropa de fútbol, envuelto de la grandeza que éste encierra y también enchastrado en las miserias humanas que están alrededor del fútbol y que todos tenemos”, continúa Raimundi.
Carlos Raimundi dejó su recuerdo
Si algo destacó la carrera futbolística de Maradona fue el coraje con que sorteó obstáculos de toda naturaleza. Como el de los seis ingleses que salieron a su encuentro con hachazos asesinos cuando emprendió su mágica carrera desde la mitad del campo hasta dejar desparramado al arquero Peter Shilton, para de inmediato salir gritando por su obra maestra. ¿Puede un entrenador de fútbol inculcar ese arrojo a sus dirigidos?
La respuesta al interrogante la ofrece Troglio: “La valentía se lleva con uno, es muy difícil de transmitir. Desde las palabras pueden decirse un montón de cosas, pero la capacidad, la personalidad y la mentalidad van dentro de cada uno. Las copias son malas, acá cada uno tiene su personalidad y su mente, pero es claro que el ejemplo de Diego más que nada tiene que ver con sus orígenes y hasta dónde llegó, porque tenía una capacidad totalmente distinta al resto desde lo futbolístico y lo mental”.
Dos tantos contra el invasor inglés, cada uno revestido de su propia épica. “El pueblo toma la presencia de Diego y sus goles como un acto reivindicativo. Y los dos goles representan a la Argentina: el primero, el de la picardía de la que no me avergüenzo porque es una picardía que no fue vista por el árbitro y es una hendija por la cual hacer justicia frente a tanta injusticia del imperialismo británico. Simbólica, obviamente, pero como tal también muy valiosa. Y el otro es la de la belleza, la guapeza, el esplendor y el despliegue que también nos caracteriza a los argentinos. Así que recuerdo aquel gol con un gran cariño, desde el punto de vista geopolítico, simbólico, callejero y futbolero”, concluye Raimundi.
Determinados sucesos históricos quedan grabados en la memoria individual de las personas, pero también en el archivo sensorial colectivo. Hechos relevantes que cambiaron el natural devenir de las cosas, que generaron un golpe de efecto para transformar lo que venía siendo rutinario, para marcar a fuego las conciencias de mujeres y hombres. Por caso, la llegada del hombre a la luna o la caída de las Torres Gemelas.
Así fue lo sucedido aquel 22 de junio en la Ciudad de México, gesta que ingresó en la categoría de lo inmortal, lo permanente, lo que nos acompaña desde aquel instante y hasta que dejemos de respirar.
¿Reviste una condición patológica que ese gol, 40 años después, nos siga poniendo la piel de gallina y hasta nos haga soltar alguna lágrima aunque lo hayamos visto y escuchado miles de veces?
“No son patológicas para nada las sensaciones que suceden alrededor de ese gol, lo que pasa es que no es solamente la cuestión del recuerdo deportivo: se mezclan un montón de cosas que tienen que ver con la historia, con la identidad, la cuestión de la revancha simbólica en relación al rival, y todo condensado en ese gol tan bello”, explica Santiago Primerano, médico psiquiatra del servicio de Salud Mental del Hospital Rossi de La Plata, quien también trabaja en el ámbito privado, es docente universitario y psiquiatra deportivo.
El festejo de Maradona con los hinchas ingleses de fondo
“No nos quedó grabado solamente por su genialidad futbolística. Quedó fijado porque en pocos segundos confluyeron una enorme carga emocional y un contexto histórico colectivo”, dice. Y de inmediato incorpora una explicación desde al campo médico: “La estructura clave en algunos eventos como éste es la amígdala cerebral, vinculada a la detección de experiencias significativas. Ésta se activa y desencadena una cascada de neurotransmisores y hormonas: adrenalina, noradrenalina, dopamina, cortisol. Esa combinación no solo produce ‘éxtasis’, también le ordena al hipocampo, el centro de la memoria, que grabe eso con prioridad”, explica el profesional
Primerano intenta ser más didáctico al emplear términos más simples. “El cerebro entiende que algo extraordinario está pasando y hace todo lo posible para no perderlo. El recuerdo es multisensorial, el cerebro registró imágenes, sonidos, emociones y sensaciones físicas en simultáneo, y eso lo hace particularmente resistente al olvido. Por eso tanta gente no solo recuerda el gol: recuerda dónde estaba, con quién, qué sintió en el cuerpo. Pero lo neurobiológico no alcanza para explicarlo”.
“Ese gol acumuló tantos significados, históricos, políticos, deportivos, culturales, que dejó de pertenecer sólo a quienes lo vivieron. Se convirtió en memoria colectiva. Y eso le suma otra capa de permanencia: cada vez que alguien lo menciona, lo mira o lo oye, el recuerdo se reactualiza en todos y todas. Tal vez el gol de Maradona siga tan vivo porque el cerebro humano no archiva únicamente hechos: archiva aquello que nos conmueve, nos representa y nos une”, sintetiza el psiquiatra.
Tiempo atrás, en diálogo con este cronista, Víctor Hugo confesó sentirse “algo avergonzado” por el tono que le imprimió a su “relato del siglo” para el “Gol del Siglo”, una distinción otorgada por la FIFA a la obra de arte pergeñada por Diego Maradona, que sobre él estoy escribiendo, por si alguien no lo había advertido, tras una encuesta realizada en el sitio de Internet durante 2002.
Víctor Hugo fue declarado huésped de honor de La Plata
Marcos Gómez | AGLP
Resulta paradójico que, por su perfección inoxidable, aquel relato que con el paso de los años se materializó en remeras, banderas, libros, películas, audio de culto en plataformas, etc., haya avergonzado a su autor. “Es que por un instante perdí el rigor profesional al dejarme ganar por la emoción”, se justificó. Tranquilo Maestro, su narración radiofónica es tan inmortal como el propio Diego y se agiganta día a día.
“El relato de Víctor Hugo potencia todo, él pone en palabras una emoción colectiva. Tiene un montón de cuestiones que transmite, como lo de ‘barrilete cósmico’, y lo convierte en un mito. De ahí que nos emociona tanto. Hay algo no tan humano como ver un gol y de esa envergadura, y con Diego eso pasa mucho: es el símbolo emocional compartido en todo el pueblo”, concluye Primerano.
En la visión de Raimundi, especialista en relaciones internaciones que fue varias veces diputado nacional y exembajador argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA), aquella “corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos decorada por el relato de Víctor Hugo”, produce una diferencia sustancial con las expresiones de otros colegas en el mundial ’78, y así “pasa a ser un relator del pueblo y no del poder. Hay una cantidad de cuestiones simbólicas que están alrededor de ese gol y tienen que ver con Diego y su eterna ubicación en la vereda de enfrente de los poderosos y siempre del lado del pueblo”.