viernes 23 de octubre de 2026
Hermanos Guatemala Gimnasia Bosque
Un sueño

De Guatemala al Bosque: la emotiva historia de dos hermanos que cumplieron su sueño de ver a Gimnasia

Una historia familiar que nació en Guatemala hace más de 30 años y un amor por Gimnasia que cruzó fronteras hasta cumplir el sueño de conocer el Bosque.

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Una historia que comenzó en Guatemala en 1992, con un pequeño gesto de solidaridad de un hincha de Gimnasia, terminó convirtiéndose en un vínculo familiar que atravesó generaciones y fronteras. Más de tres décadas después, Dolmo y Rigoberto viajaron por primera vez a la Argentina y cumplieron el sueño de conocer el Estadio del Bosque, donde vivieron desde la tribuna su pasión por el Lobo.

Todo comenzó cuando Juan Carlos Nobile, conocido como "Coco", llegó a Guatemala por motivos laborales. Con su simpatía por Gimnasia, se instaló en aquel país sin imaginar que un encuentro cotidiano terminaría marcando su vida y la de una familia guatemalteca para siempre.

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En la esquina de su casa había una mujer llamada María, que trabajaba en un pequeño puesto de venta. Junto a ella pasaba sus días Dolmo, su bebé de apenas seis meses, que jugaba dentro de una cajita mientras su mamá atendía a los clientes. Cada vez que Coco pasaba por el lugar, se detenía para regalarle pan o galletitas.

Con el paso del tiempo, aquel gesto se transformó en una relación de afecto. Los compañeros de trabajo de Coco también comenzaron a encariñarse con el pequeño y, cuando llovía o hacía mal tiempo, lo llevaban al interior de la oficina para cuidarlo mientras María continuaba trabajando.

La llegada de Alicia, la esposa de Coco, terminó de fortalecer ese vínculo. La pareja se acercó cada vez más a María y a su hijo, hasta que la joven madre decidió elegirlos como padrinos de bautismo de Dolmo. Lo que había comenzado como una relación entre vecinos se convirtió, poco a poco, en una verdadera familia.

La historia de amor y solidaridad que unió a Gimnasia con una familia de Guatemala

Con los años, María tuvo más hijos y la familia creció. Primero llegó Rigoberto, quien también comenzó a pasar las tardes junto a Coco y Alicia, y después nacieron Juan Carlos, Tadeo y Eleonora Mariana. Algunos de sus nombres fueron elegidos como homenaje a quienes se habían convertido en personas fundamentales para la familia.

Alicia acompañó especialmente a María durante la crianza de sus hijos. La ayudaba en las tareas cotidianas, la aconsejaba y se ocupaba de que los chicos pudieran estudiar. Uno de los principales objetivos de la pareja era que todos asistieran a la escuela y tuvieran oportunidades para desarrollarse.

Dolmo y Rigoberto, de Guatemala al Bosque por Gimnasia.

Dolmo y Rigoberto, de Guatemala al Bosque por Gimnasia.

Los chicos comenzaron a concurrir a un establecimiento educativo cercano, pero las obras de construcción de una carretera o un puente complicaron los traslados. Ante esa situación, Coco y Alicia encontraron una solución: los hijos de María comenzaron a quedarse durante la semana en su casa.

Allí desayunaban, iban a la escuela, almorzaban y hacían sus tareas con la ayuda de Alicia. Los viernes, cuando María terminaba de trabajar, regresaban con su mamá para compartir el fin de semana. Así, el hogar de Coco y Alicia se convirtió también en el de aquellos chicos que habían visto crecer desde pequeños.

En medio de esa convivencia, hubo una pasión que comenzó a transmitirse de generación en generación: el amor por Gimnasia. A miles de kilómetros de La Plata, los partidos del Lobo se convirtieron en una cita obligada para la familia, que seguía cada presentación del equipo desde Guatemala.

Con el correr de los años, Dolmo y Rigoberto hicieron propio ese sentimiento. Aunque habían nacido lejos de la Argentina y nunca habían pisado una cancha del fútbol argentino, Gimnasia ya formaba parte de su identidad.

El sueño de conocer el Bosque y la emoción de ver a Nacho Fernández

Más de 30 años después de aquel primer encuentro entre Coco y Dolmo, la historia tuvo uno de sus capítulos más emotivos. Dolmo y Rigoberto viajaron por primera vez a la Argentina y pudieron conocer el Estadio Juan Carmelo Zerillo, donde presenciaron el empate 2 a 2 entre Gimnasia y Banfield por el Torneo Clausura.

Nacho Fernández, durante el empate de Gimnasia ante Banfield.

Nacho Fernández, durante el empate de Gimnasia ante Banfield.

Para los hermanos, no se trató simplemente de asistir a un partido de fútbol. Fue la oportunidad de conocer el lugar que habían imaginado durante años, después de seguir al Lobo desde Guatemala y escuchar tantas historias sobre la pasión de sus hinchas.

En diálogo con 0221.com.ar, Dolmo relató lo que significó vivir por primera vez un encuentro en el Bosque: "Realmente fue una experiencia muy linda porque yo sabía que en Argentina se vive el fútbol de otra manera, que la pasión, la alegría que se vive allá en muy pocos países se puede vivir. Acá en Guatemala he ido pocas veces a la cancha, pero eh no se vive el fútbol como se vive allá".

Pero hubo otro momento que terminó de convertir aquella visita en un recuerdo inolvidable: ver de cerca a Nacho Fernández, uno de sus grandes ídolos. Acostumbrado a seguirlo por televisión y a la distancia, Dolmo pudo tenerlo a pocos metros y alentarlo desde la tribuna.

"Pude ver a uno de mis ídolos tan cerca, una cosa es verlo por televisión, ver a los jugadores o en revistas. Es realmente impactante cómo puedes ver a tus ídolos ahí a unos metros. Realmente me sentía como un niño pequeño ahí gritándole, ‘Nacho’", recordó emocionado.

La experiencia resumió décadas de cariño, solidaridad y pertenencia. Aquellos chicos que crecieron acompañados por una pareja de argentinos encontraron en Gimnasia una parte de su historia personal, incluso estando a miles de kilómetros de La Plata. "Gimnasia es una parte de mí", expresó Dolmo, en una frase que sintetiza el sentimiento que lo acompañó desde Guatemala hasta las tribunas del Bosque.

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