domingo 07 de abril de 2024

La constructora e inmobiliaria Building cumplió 30 años edificando la ciudad

Building, la tradicional empresa platense, lleva tres décadas de continuo crecimiento, bajo el mando de una dupla conformada por padre arquitecto e hijo martillero.

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La historia se remonta a la década menemista, y puntualmente al año en que el Gobierno Nacional privatizó más de 60 empresas productivas y de servicios, entre ellas YPF (en ese momento Sociedad del Estado). En YPF La Plata trabajaba Julio Chaparro, quien fue despedido junto a otros miles de trabajadores.

Chaparro era arquitecto y tenía una empresa de venta de membranas, algo que le permitía tener un segundo ingreso, además de algunos trabajos que hacía por entonces de reparación y reformas de dúplex y PH. Despedido de la empresa a la que había servido por décadas, debió reconvertirse y su carrera le posibilitó hacerlo rápidamente.

Con ahorros propios y de la familia, construiría su primer edificio en La Plata en 1994. Ese fue sólo el punto de partida de largas décadas dedicadas, desde entonces, a hacer lo que más le apasionaba: construcciones distintas, inéditas para la ciudad, que llegaron para romper el esquema de lo que se conocía hasta el momento. Chaparro creía que los edificios que se construían entonces tenían todos un formato muy estándar y que hacía falta proponer un concepto novedoso en el aspecto edilicio: balcones redondos, con presencia de bronce, ladrillo a la vista. Estructuralmente no había grandes diferencias con los antiguos edificios pero desde lo estético, los “Building” eran sin duda disruptivos y singulares.

Su propuesta hizo que Building se posicionara rápidamente en el mercado. En poco tiempo Chaparro “edificó” una empresa que comenzó a funcionar de manera exitosa, y que no se detuvo hasta el presente. El arquitecto apostó por el cambio y decidió hacerlo solo, con la confianza puesta en su carrera profesional y su experiencia previa con los trabajos que había concretado de manera independiente, previo a ser despedido de la petrolera. Por supuesto, también supo tejer los vínculos y encontrar los asociados correctos para cada obra proyectada.

La incorporación de su pata inmobiliaria llegaría una década después, cuando el número de edificios ya construidos era considerable y muchos de sus clientes comenzaron a hacer movimientos de compraventa. “Era una época en que la gente migraba de sus casas a departamentos, y volvían a la constructora en demanda de un departamento. Claro, la constructora al principio los refería con una inmobiliaria, pero empezamos a entender que una vez que se iba ese cliente lo perdíamos”, relata el martillero Ezequiel Chaparro, hijo de Julio y hoy a cargo de Building Inmobiliaria.

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Así fue como la inmobiliaria surgió como una necesidad, de la que, sin embargo, Chaparro (padre) no podía ocuparse a tiempo completo, estando como cabeza de la constructora. Esto motivó la decisión de Ezequiel de ponerse al hombro la inmobiliaria -ya matriculado como martillero y corredor público- y ocuparse enteramente de las ventas y alquileres.

Treinta años después -los cumplió el 1º de diciembre de 2023- constructora e inmobiliaria trabajan en conjunto. De modo que si bien Ezequiel Chaparro quedó inevitablemente asociado a la inmobiliaria, su tiempo se divide entre la misma y la constructora de su padre.

“Si bien la constructora es la que se ocupa de los procesos preliminares, como la obtención del terreno, algunos de los edificios fueron producto prácticamente de mi trabajo, otros de mi viejo, e incluso tenemos diferenciados los que administra él de los que me ocupo yo. Es un trabajo coordinado en el que siempre nos manejamos así, para que no haya una suerte de “doble comando”, que haría más complejo todo”, explica el martillero.

Su incorporación a la empresa -trece años atrás- fue, según lo describe, un proceso que se inició “desde abajo”, con tareas menores, bajo las directivas de gerentes de área y con el fin de comenzar a entender y habituarse a la dinámica de la inmobiliaria. “Pero fui respondiendo y tomando más responsabilidades; me puse al hombro las tareas y traté de demostrar capacidad y resolución, que implica básicamente no trasladar los problemas que van surgiendo, sino llevar soluciones. Hoy soy el gerente de la empresa e intento transmitir esta actitud a todos los que forman parte del equipo”, cuenta.

En ese contexto, la relación laboral padre-hijo nunca fue un escollo, y para Ezequiel tuvo mucha incidencia el hecho de que las áreas de las que cada uno es responsable están divididas; siempre primó, además, el respeto por las decisiones de uno u otro en el área que le compete. “Es lindo trabajar con mi viejo. Por supuesto discutimos por cosas menores, por formas de pensar o de manejar las cosas, pero los dos tratamos siempre de respetar el espacio del otro y de no meternos en lo que el otro resuelve; esa fue la clave para una relación laboral sana y muy estrecha, justamente, por tratarse de padre e hijo”, apunta Chaparro.

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Building en la Comunidad de Negocios

Ya al frente de la inmobiliaria, y cerca de cumplir sus 10 años en la empresa, Chaparro se reunió con varios martilleros amigos con el proyecto de formar un “club de colegas”. La Comunidad de Negocios Inmobiliarios se conformó en plena pandemia, y en parte como respuesta a una necesidad del rubro que muchos martilleros supieron ver. Se observaba muy claramente la relevancia que tomaban las franquicias, a partir de un estilo nuevo de trabajo y de formación de sus equipos comerciales.

Junto a Andrés Zarasola, Diego Berrueta, Jorge Gibert, Hernán Tomeo y Lucas Requena, tomaron la decisión de hacer algo: romper ese mercado “acartonado” que debía imperiosamente aggiornarse. “Existía cierto recelo con respecto a las franquicias y durante muchos años se militó el NO a su llegada. Y la Comunidad venía a proponer una modalidad de trabajo que finalmente se naturalizó, porque se entendió que era necesario”, aclara Chaparro. “En Buenos Aires ya existía este club de colegas y decidimos traerlo. Fuimos al Colegio de Martilleros y les explicamos nuestro proyecto, queríamos que entendieran que esto no era otra franquicia que maneja sus propios agentes, sino un grupo en el que todos los miembros son martilleros”.

Según relata, los primeros encuentros after office que la Comunidad proponía generaron resultados realmente favorables, porque externamente podía parecer que sólo eran encuentros distendidos para tomarse una copa entre colegas pero la cuestión iba más allá.

Esas reuniones fuera de lo estrictamente laboral lograban reunir a todas las inmobiliarias, desde las tradicionales hasta las nuevas, y ponía cara a cara a personas que tal vez sólo se conocían por teléfono. “Ese tipo de encuentro terminó siendo muy positivo para el después. Porque está claro que el ver y conocer a alguien en persona te transmite una impresión de ella que de otro modo no se da; se puede generar una empatía que para nuestra profesión es muy beneficiosa, a la hora de sentarte a compartir temas y hasta concertar negocios”, apunta Chaparro.

Además, otra ventaja de esos encuentros era la posibilidad de mantenerse informados de lo que sucede en el mercado actual, escuchar opiniones o experiencias de pares, con lo cual se podían generar soluciones de manera más rápida y en un ámbito de confianza. En el nuevo presente del mundo inmobiliario, un 60 o 70 por ciento de las operaciones se concretan en conjunto con otras inmobiliarias. “Y esto hay que alimentarlo”, apunta Chaparro. “La empresa puede hacer individualmente sus operaciones, a partir de un porcentaje de clientes que la buscan por referidos o por su trayectoria, pero hay otro tanto que debe ser alimentado justamente a partir de ese espacio compartido con otros martilleros, porque es muy probable que eso le genere operaciones que no estaban en sus planes. Los beneficios son directos”.

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“Al momento de pensar en formar la Comunidad, nunca proyectamos hacer un negocio de esto. Queríamos cambiar la forma de trabajar, porque sabíamos que a largo plazo nos iba a beneficiar a todos”, agrega además, y no pierde de vista la situación de los martilleros que salen al mercado recientemente matriculados. Para Chaparro, si ese joven no tiene el respaldo de una familia de tradición inmobiliaria, tiene un camino cuesta arriba que de pronto se le ve allanado al existir un espacio que le brinda la contención que necesita.

Tres años después de estar constituida la Comunidad, en 2023, los equipos comerciales se habían consolidado incluso más de lo esperado; se evidenciaba ya la experiencia en el tiempo que habían alcanzado los agentes de venta, y todo funcionaba de manera aceitada, por lo que se cerró un año excelente, y con expectativas de un 2024 al mismo nivel. Los aguarda, asimismo, una mudanza de edificio: la Comunidad comenzará a funcionar muy próximamente en la esquina de 14 y 44 de La Plata, justo enfrente de Building, que paralelamente mudará sus oficinas al edificio donde funciona la constructora (la misma esquina, de la mano opuesta).

Así, constructora e inmobiliaria por primera vez compartirán espacio físico, lo cual será una gran apuesta a la operatividad y la eficacia para trabajar. Por supuesto, no es menor también el detalle de la proximidad con la Comunidad de Negocios, y Chaparro lo resume muy claramente. “El mercado nunca es constante, por eso es central estar informados. En tiempos de crisis como los que venimos viviendo, es fácil caer en la sensación de que todo va mal porque el contexto está mal. Pero no hay que perder de vista que en cualquier momento del país siempre alguien necesita comprar y alguien necesita vender. Así que la clave es conocer y manejar bien los valores, y al mismo tiempo estar en contacto con los vaivenes del mercado, de ahí la importancia de trabajar en Comunidad”, concluye

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