jueves 04 de abril de 2024
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Danza en La Plata

Marta Sarasola, la profesora que hizo bailar a toda la ciudad

Perfil de una de las referentes de la danza en la ciudad, amada por sus talleristas. Alma mater de peñas, fiestas, clases y viajes. El espíritu comunitario y apasionado de Marta Sarasola sigue cautivando a cientos de personas que se animan a bailar folklore.

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Hay algo singular en Marta Sarasola que nadie que la conozca puede obviar: su amor no sólo por la docencia sino por el derecho a la danza. Especie de tótem colectivo, a dónde ella va se arma ronda y todo el mundo comienza a bailar. Nadie que haya querido bailar folklore en nuestra región eludió los talleres que Marta realiza todos los martes y jueves, desde hace más de tres décadas, y que sostiene incansablemente integrando a generaciones de niños, adultos y personas con capacidades diferentes en una sola masa danzante. Es así que la figura de Marta tiene para la cultura de la región un significado amoroso, político y humano que trasciende todo lo perceptible.

Marta Sarasola nació en Ensenada. Es maestra jubilada y bailarina. Su padre, Don Manuel Alcalde, era obrero en la destilería de YPF y durante el resto del día se abrazaba a su bandoneón Doble A. Cuenta Marta que para Don Manuel la música lo era todo: “Mi papá hacía la música y yo me movía al compás. En realidad no sabía lo que estaba haciendo, pero algo de la métrica estaba en mí: dónde dar vueltas enteras, los giros…”.

Su madre, Doña María Encarnación Haramboure, era maestra normal. Falleció luego de cumplir 107 años y hasta sus últimos momentos acompañó a Marta a varios de sus talleres. Con ese entorno familiar era inevitable que Marta no eligiese como sus dos pasiones a la danza y a la docencia.

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Marta estudió en el Normal 1, colegio bastante elitista para su época, donde no era bien visto que alguien sea hija de un obrero y encima bailara folklore. Ahí, en 1958, obtuvo el título de maestra. Un año después ingresó al recientemente creado Instituto de Orientación Estética Infantil del Teatro Argentino, y obtuvo el título de Profesora de Orientación Estética. Esta formación sería vital en su desarrollo como docente ya que ahí aprendería historia del teatro, juego dramático, danzas folklóricas, expresión corporal, entre otras disciplinas artísticas. “ Esa formación me abrió la cabeza. Aprendí a aceptar lo que cada uno hace”, afirmó Marta.

POLLERAS LARGAS Y SUELTAS

La idea de Marta de hacer bailar y de compartir lo que tanto le apasiona, comenzó hace muchos años. Cuando era maestra hacía bailar a toda la escuela. Empezó a dar clases a los 21 años, en la Primaria n° 1 de Florencio Varela. Luego recorrería varias instituciones de la región hasta que, en 1969, se establecería definitivamente en la escuela 19 de La Plata. Allí ejerció hasta 1991, año en que se jubiló.

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Marta se abrió paso con la danza ya desde sus primeros pasos como docente escolar.

Marta se abrió paso con la danza ya desde sus primeros pasos como docente escolar.

Son cientos, quizás miles, los alumnos que recuerdan a esa maestra con polleras largas y sueltas, o de poncho cuando hacía frío, que siempre estaba atenta a todo y que los hacía bailar. Una de esas niñas era Cecilia Macías, quien recuerda con mucho cariño a su maestra de 6° y 7° grado: “Siempre estaba en la organización de los actos y por ahí se escapaba y miraba las clases de folklore que nos daba una maestra muy conservadora y tradicional. Entonces, nosotros la amábamos. Ella era todo lo contrario a lo que era la profesora que habían designado para darnos folklore. Recuerdo que, cuando yo estaba en séptimo grado, había quedado una hora libre y ella propuso usarla para hablar de las problemáticas del salón”.

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En los patios de tierra de Santiago del Estero, uno de los epicentros del folklore.

En los patios de tierra de Santiago del Estero, uno de los epicentros del folklore.

El vínculo que Marta establecía con sus estudiantes, ya desde entonces, era a partir de la danza y del juego. En ese sentido, Cecilia recuerda que “Marta era la maestra que impulsaba el amor a la libertad, a que no te pasen por arriba los directivos o los mismos maestros ¡Imaginate!, te estoy hablando de hace 40 años atrás. Siempre fue así. Ella nunca fue conservadora y siembre se rebelaba”.

Cecilia retrata con otra anécdota cómo eran los actos escolares cuando Marta se ponía al frente: “En un acto de fin de año, yo estaría en quinto grado, y tenía que actuar de lluvia. Mi mamá me había hecho un traje con bolsas cortadas en tiritas y con elásticos que me molestaban muchísimo y me hacían doler. Hacía mucho calor y yo envuelta en bolsas. Marta me sacó todo y me dejó solamente para que agarre una de las bolsas con las manos en vez de tenerlas en el cuerpo y recuerdo que bailé toda libre porque no me dolía nada. Marta me había liberado. Así era ella: siempre pensando en liberarnos. Eso es lo que más agradezco de ella”.

Marta convertía el patio de la escuela en un gran espacio al aire libre, donde impartía sus clases de, por ejemplo, matemáticas, pero en los recreos ponía folklore por los altoparlantes y hacía que todos bailen, generando así una gran actividad integradora.

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Ya desde joven, Marta apostó a la pedagogía de los juegos ligados a la danza.

Ya desde joven, Marta apostó a la pedagogía de los juegos ligados a la danza.

Al día de hoy Cecilia, como tantos otros, continúa ligada a Marta y a sus talleres, e incluso lleva a sus hijos que, como dice, son hijos del taller. A ellos les dice: “Conozcan esto, es parte de su historia”.

Al momento de jubilarse, luego de cumplir 50 años, le hicieron un acto protocolar en la escuela para despedirla. Marta se escapó de todas las formalidades, apareció vestida de paisana y se despidió bailando y armando un gran baile en el salón de actos.

BAILAN, TODOS BAILAN

Poco tiempo antes de jubilarse, en 1991, Marta inició su taller en la Facultad de Agronomía, patrocinada por el Centro de Estudiantes y del cual formaba parte su hijo Mauro. Cada martes y jueves Marta emprendía su caminata hacia la facultad con un aparato para pasar casetes en su mochila. El taller duró un año, hasta que el Centro de Estudiantes cambió la conducción y no se le permitió seguir en ese sitio, entonces, en 1992, se mudó a la Casa Amarilla de calle 38 y 121. A pesar de la distancia que había entre la nueva sede y la facultad, cada vez se sumaban más asistentes a los talleres. En ese mismo espacio se hicieron grandes peñas con diversos artistas. A la del día del maestro, por ejemplo, fue Raúl Carnota.

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Su sonrisa y las polleras al viento son una fija en su personalidad.

Su sonrisa y las polleras al viento son una fija en su personalidad.

Un día apareció en el taller Germán Martínez, quien iba a la escuela que estaba a la vuelta de la Casa Amarilla. Era una “escuela especial”. Cuando Marta se enteró de su existencia, se acercó e invitó a todos los chicos y sus madres al taller. Germán sigue ligado a todas las actividades de Marta hasta el día de hoy.

Desde su época de maestra, en rigor, que está ligada a la actividad integradora. Durante veinte años realizó el taller en ADRE (Asociación de Deportes e Integración Especial), a partir de ahí la convocaron para formar parte del proyecto Integración por el Arte, patrocinado por la provincia. Desde ese proyecto se convocaba a participar a escuelas comunes, especiales, centros de día y de salud mental y también pacientes del hospital de Romero.

Al momento de jubilarse, Marta apareció vestida de paisana y se despidió armando un gran baile en el salón de actos.

El taller de Marta fue siempre ad honorem, o se pasaba una gorra que se utilizaba para sostener los gastos del lugar o recaudar para alguna causa con la que se decidía colaborar.

Hasta el día de hoy, muchísimas personas en La Plata han asistido a los talleres de Marta, tal es el caso de Silvia Coria, quien asiste desde hace más de 30 años, y así lo recuerda: “La conocí hace casi 35 años en una peña del Centro de Residentes Santiagueños. Como buena hija de santiagueños yo sabía bailar el gato, la chacarera o el escondido, pero nunca había ido a un taller. Mi tío, Eulogio Coria, un reconocido bailarín de la región, me insistía con que vaya al taller de Marta. En esa peña, en el Centro Santiagueño, ella me pone a bailar una zamba con Roberto Polero, ya fallecido, quien es uno de los iniciadores del taller con Marta. Yo no sabía bailar zamba y ella me dijo: vos guiate por Roberto; y así fue que aprendí”.

Don Héctor Coria, padre de Silvia y un reconocido autor, escribió la chacarera “La émula”, que musicalizó Nadia Jerbes, y que describe en cuerpo y alma a la gran bailarina.

Otra de las históricas asistentes a los talleres es la escritora Malena Martinic Magán. Ella recuerda que conoció a Marta en el 94: “Se hacía una peña para juntar fondos. Era en 122 y 38. En ese momento la veo otra vez a Marta -ya la había visto en una peña en Bellas Artes y había quedado flasheada con su manera de bailar- y me paro a hablar con ella. Ahí mismo me dice: si te gusta bailar venite, acá, a la Casa Amarilla, que nos juntamos a bailar los martes y jueves. Yo le conté que había intentado en la Escuela de Danzas Folclóricas de la Provincia, pero era muy rígido para mí; y Marta ya había construido un modo de bailar que era diferente. Ya te dabas cuenta cuando alguien bailaba con Marta o pertenecía a algún otro grupo de danzas”.

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Hoy sigue siendo la guía de los que se acercan buscando dar sus primeros pasos.

Hoy sigue siendo la guía de los que se acercan buscando dar sus primeros pasos.

Actualmente, el taller se sigue realizando todos los martes y jueves en el Centro de Ex Alumnos de Don Bosco, en el Colegio Sagrado Corazón, pero tuvo varias locaciones como la Casa de la Trova, el Club El Volcán, La casa del Pueblo, entre otros. Hasta el 2023 se realizó también en el Galpón de Fierro.

LA HERMANDAD DE LAS PEÑAS

Marta ha sido una inspiración para quienes la han conocido. Marcelo Tracaleu, un reconocido profesor de danzas tradicionales de nuestra región, quien falleció en 2022, vio en la bailarina un ejemplo a seguir. Marcelo, quien fue formador de generaciones de bailarines, y contó en alguna entrevista que fue Marta quien lo inspiró a convertirse en profe de danzas:

“Después de venir a La Plata a estudiar Veterinaria, que hice dos años, me encuentro en una fiesta de folklore en la plaza San Martín con un montón de gente que estaba activando folklore. Cuando me pongo a mirar, me encuentro con un ser extraordinario, una persona de luz, a la cuál respeto y quiero muchísimo, Marta Sarasola, quien me toma de la mano y me hace bailar una cueca. Era tan libre, y era tan linda esa sensación de bailar con el cuerpo, que ahí me empiezo a conectar con mi secundario. Había bailado en mi pueblo mucho tiempo, había hecho en una academia privada. Entonces, ahí es donde descubro la carrera de Folklore. Voy a la escuela de Folklore, subo las escaleras de 7 entre 59 y 60 con la expectativa de conocer el Profesorado".

Marta, además de hacer bailar en sus talleres, siempre se encargó de difundir la agenda cultural y del trabajo artístico, sobre todo de aquellos músicos emergentes que vieron en los talleres un espacio donde expresarse. Uno de esos artistas fue Bruno Arias.

A propósito, el cantautor jujeño recuerda lo siguiente: “A Marta la conocí en el 2002, en La Plata. Yo iba seguido a sus talleres. Venía a probar suerte a Buenos Aires y ahí es que comienzo a tocar en Peñas y en algunas movidas que hacían. Ahí fue nuestro primer contacto (…) Ella siempre ha sido alguien que amó la música, que le gustó la danza y pudo transmitir a la gente que no sabía bailar folklore lo que es amar nuestra música popular y cómo a través de eso crear un vínculo de hermandad con la danza y con la música. Siempre ha sido una defensora de nuestra cultura”.

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Conserva una sala de discos con objetos antiguos, como se escuchaba en su familia.

Conserva una sala de discos con objetos antiguos, como se escuchaba en su familia.

Como parte de su activismo cultural, Marta está atenta a lo que acontece con los artistas a su alrededor y en especial con aquellos que están comenzando a transitar un camino en la música. Bruno Arias se explaya sobre su poder de convocatoria:

“Siempre hacían movidas en diferentes lugares y Marta tenía esa particularidad de que también cuando un artista tocaba en algún lado ella difundía desde su taller la movida. Sobre todo a los músicos independientes y a los músicos por ahí que no eran tan conocidos. Si Marta agitaba para que vayan a ver a ese artista en la peña o el lugar donde se presentaba, se llenaba. Ella movía a mucha gente, entonces siempre ha sido importante para cualquier músico que tenga el apoyo de ella”.

Otros artistas cuentan lo siguiente:

“Marta dedica su vida para brindar a los demás su conocimiento, su amor también. Ella está en las peñas, la he visto en distintos ámbitos, siempre con esa humildad, siempre con esas ganas de ser feliz, con el baile, qué sé yo, ese tipo de cosas. Hacen de ella una hermosa persona”. (Peteco Carabajal)

“Más que nada es una gran mujer en todo sentido de la palabra, y la respeto muchísimo en todo lo que ha hecho por nosotros”. (Graciela Carabajal)

“Es prácticamente como una madre cultural. Una madre espontánea, una mujer que ha entregado todo, ha entregado su alma en pos y a favor de la alegría. Es un ejemplo para muchos”. (Demi Carabajal)

“Es muy importante, Marta, en lo que es el ambiente cultural en la región, porque a mí me ha pasado de verla por ahí, en una noche, en dos o tres lugares, siempre con la misma energía. Y siempre con eso de compartir la danza, de incorporar y de darle ganas a la gente de bailar”. (Julio Herrera)

Como parte de su activismo cultural, Marta da lugar a los músicos que recién empiezan. Bruno Arias fue uno de ellos.

Marta no sólo es una influencia para sus talleristas, sino también para su familia, quienes la acompañan en muchas de sus actividades. Una de ellas es su nieta Vicky Sarasola: “Marta estuvo en el arte y en mi vida artística desde chiquita, al igual que mi vieja, fueron como mis dos referentes desde chiquita. En la casa de Marta siempre sonó música, siempre hubo libros, juegos y arte en general, pero la música estuvo siempre presente. No solamente el folklore, la música en general, discos. En la casa de mi abuela te podes encontrar discos desde los Wawancó, María Elena Walsh, León Gieco, Raúl Carnota, lo que quieras. Ni hablar Los Carabajal, de lo que quieras podes encontrar discos, hay una habitación en la casa de mi abuela que particularmente me encanta porque está el equipo de música, que además tiene un tocadiscos, los dos bafles y una infinidad de discos en formato CD, en formato casete, en formato vinilo. Hay de todo y eso estuvo súper presente toda mi infancia”.

DESDE COSQUÍN A LA FIESTA DE LOS CARABAJAL

Marta viaja todos los años al festival de Cosquín. Allí alquila una casa con varios integrantes del taller y también con diversos artistas, entre ellos Bruno Arias: “Me acuerdo que yo andaba tocando mucho en los espectáculos callejeros y veníamos como dos días muy cansados, sin dormir. Ella me vio en el festival y me invitó a la casa, agarró y me hizo dormir en un lugar. Apagó todas las luces, cerró todo para que nadie me moleste y estuve durmiendo un día entero, descansando y Marta cuidándome ahí.”

Otro de los viajes importantes para Marta y su taller es en agosto, cuando asisten a la Fiesta de la Abuela Carabajal. De hecho, durante la última edición, la familia Carabajal le hizo un homenaje donde la reconocieron como la primera en organizar colectivos para viajar a La Banda, ciudad santiagueña donde se realiza la fiesta.

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Marta y Chufo Díaz, una postal que se repite año a año.

Marta y Chufo Díaz, una postal que se repite año a año.

“Tengo como un recuerdo de haber visto por primera vez entrar dos micros en la Fiesta de la Abuela. Eran dos micros de La Plata, y en uno de ellos venía Marta. Yo creo que hay que hacerle un monumento a ella, por lo que representa para esta celebración. Es una personalidad importantísima, cada vez que uno la ve es como una autoridad, es una reina”, recuerda Demi Carabajal.

Marta está ligada sentimentalmente a esta fiesta popular, ya que desde 1992, cuando fue por primera vez, a partir de allí sólo faltó en una sola edición y por causas de fuerza mayor. De hecho, su taller lleva el nombre “Ciudad de La Banda” reafirmando ese arraigo.

La primera vez que Marta viajó a La Banda fue en aquel año. Hacía poco se había jubilado y se enteró por la televisión que los Carabajal celebraban el cumpleaños de su abuela María Luisa Paz, y que se hacía una gran fiesta. Entonces organizó a un grupo de talleristas y se alistaron para asistir a la fiesta. Cuando llegaron no tenían ni siquiera donde alojarse y entonces, por intermedio de una tallerista, conoció a la familia Díaz que les brindó su patio para acampar. A partir de entonces, cada año, Marta y varios de sus talleristas acampan en el hoy emblemático Patio del Chufo Díaz.

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Era la animadora de cualquier celebración en los actos escolares.

Era la animadora de cualquier celebración en los actos escolares.

Hoy, Marta y los Díaz son como una familia, y así lo refleja Marita Díaz, hija de Chufo: “Yo tenía 7 años cuando la conocí a Marta. Recuerdo que se había armado una guitarreada en casa, entre amigos, y en eso llega un grupo compuesto por Nadia Jerbes –que en aquel entonces tenía 8 años- con su familia, también estaba la tía Carmen Roldán y entre ellos estaba Marta junto a otros amigos. Mi papá estaba ahí guitarreando cuando vio que llegaron y no tenían donde quedarse, así que les ofreció el patio de nuestra casa para que acamparan. En aquel entonces el patio era muy chico y estaba el criadero de chanchos. Mi papá los recibió y desde entonces nunca dejaron de venir”.

El tercero de los viajes del taller de Marta es el que realizan todos los noviembres hacia Chascomús, donde se celebra el Patio Santiagueño, una fiesta multitudinaria que congrega a cientos de bailarines y músicos y que surgió a raíz de un grupo de talleristas folklóricos.

FOGÓN, NOCHE Y CAMINO

“Abriendo la noche, borrando fronteras, con su corazón de bombo camina la chacarera…”, dice, en una de sus estrofas, la famosa chacarera compuesta por Peteco Carabajal, la cual ofrendó a Marta el pasado agosto cuando él y su familia le organizaron un homenaje en La Banda, y que si bien no fue inspirada en la bailarina ensenadense describe su forma de caminar la chacarera.

“Marta dedica su vida para brindar a los demás su conocimiento, su amor también. Ella está en las peñas, siempre con esa humildad, siempre con esas ganas de ser feliz. Hacen de ella una hermosa persona” (Peteco Carabajal) “Marta dedica su vida para brindar a los demás su conocimiento, su amor también. Ella está en las peñas, siempre con esa humildad, siempre con esas ganas de ser feliz. Hacen de ella una hermosa persona” (Peteco Carabajal)

Marta genera eso en quienes la conocen, y muchas cosas más. Paula Amaya, quien compuso junto a Carlos Mancinelli la canción “Alegría en Danza”, dedicada a Marta, escribió para el prólogo del libro “Bailar con Marta, el derecho a la danza” que “hay situaciones tan bellas y profundas que no alcanza nuestra humanidad para comprenderlas y mucho menos para explicarlas”.

Este libro, inspirado en la bailarina, fue ideado y coordinado por Beatriz Horrac y Sergio Pérez, ambos también ligados a los talleres de Marta. En este material se recolectan un puñado de testimonios e imágenes que reconstruyen la vida, la obra y la trascendencia de Marta Sarasola. En el prólogo, ya citado anteriormente, Paula Amaya continúa diciendo, apelando a ese colectivo inmenso de almas danzantes que supo construir: “Nadie llega hasta tamaña profundidad nadando cómodamente, sin esfuerzo. Así, zigzagueando entre almas, con movimientos sencillos y acertados. Va hilando vidas mientras mira a los ojos… Marta danza, toma de la mano, invita y permanece junto al fogón toda la noche”.

Es que Marta, según sus alumnos, transforma para siempre la vida de quienes se cruzan en su camino. Los siguientes testimonios son de algunos de los asistentes históricos del taller:

“El taller funciona como grupo de pertenencia, o sea, todos somos el taller. Nosotros decimos va el taller y es que no importa si van dos personas o van 48. Todo el mundo baila en el taller, y todo eso que uno siente es como el aval de vos tener el derecho a disfrutar de la danza por el sólo hecho de tener ganas de bailar y nadie te lo puede impedir”. (Rina Valencia)

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Marta bailando con Sergio Pérez.

Marta bailando con Sergio Pérez.

“Siento mucha libertad, yo soy un poco más tradicionalista. No tengo tanta libertad como tiene Marta para bailar, pero bueno, me siento muy libre bailando con ella. Siento que vuelo, uno aprende a volar cuando baila”. (Silvia Coria)

“Bailar con Marta es un momento de felicidad colectiva, donde no hay preciosismo en el bailar, donde hay un despegue de la coreografía, donde hay una búsqueda del encuentro con los otros, donde la música es un ente que adquiere cuerpo, que te atraviesa y está a la mirada de Marta”. (Malena Martinic Magan)

“Marta es una maestra que danza y no sé si la palabra es enseñar a danzar. Ella te convoca, dice dos o tres cosas y todo el mundo termina siendo chacareras, zambas, escondidos, de una manera bellísima a mi parecer, porque surge de la espontaneidad. Para mí, Marta es una maestra de la danza que convoca a todos, no deja a nadie afuera”. (Sergio Pérez)

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