La diferencia entre una tormenta ordinaria y otra como la que azotó a La Plata y buena parte del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) a lo largo de los últimos martes y miércoles es notoria a la vista, pero los motivos por los que suelen aparecer con frecuencia estos fenómenos extremos no son tan conocidos. Este último punto es, precisamente, el campo de estudio de la licenciada en Meteorología y Ciencias de la Atmósfera por la Facultad de Ciencias Astronómicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Florencia Solari, y sus hallazgos son reveladores.
Solari se encuentra realizando su doctorado con una beca financiada por el CONICET y realizó su tesis en 2021 estudiando la relación entre los sistemas frontales y las precipitaciones extremas en Sudamérica. Su trabajo buscaba identificar qué caracteriza a los fenómenos que causan precipitaciones extremas, para distinguirlos de aquellos que generan una lluvia de intensidad "normal" o promedio.
De acuerdo con la especialista, determinar esas cualidades es la clave para avanzar en una potencial herramienta que permita pronosticar eventos extremos, como el que se vivió en la región en la noche del martes y la mañana del miércoles y vienen incrementándose tanto en frecuencia como en intensidad.
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El último temporal de lluvia y viento generó serios problemas en buena parte de La Plata, Berisso y Ensenada.
Foto: AGLP
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos como crecidas, inundaciones, ciclones tropicales, temperaturas extremas, incendios y sequías tuvieron repercusiones socioeconómicas graves en todo el mundo a lo largo del 2023 y es por eso que urge desarrollar sistemas eficaces de alerta temprana.
¿Cómo se produce una tormenta de gran magnitud?
"Un frente es la frontera entre dos masas de aires de distintas características", explicó Solari y continuó: "Por ejemplo, si una masa de aire cálido y húmedo se encuentra con otra de aire frío y seco, el lugar donde se junten será el frente". La especialista explicó, en ese sentido, que dicho frente puede desplazarse o incluso desaparecer, cuando las características del aire a uno u otro lado sean iguales y ya se pueda distinguir una masa de aire de la otra.
La meteoróloga de la UNLP añadió además que los frentes tienen en particular dos características principales. "Por un lado, un gradiente de temperatura que en el caso de los frentes es muy intenso y sería como el degradé que ocurre en pocos kilómetros, entre la temperatura de una y otra masa de aire. Y por el otro, la vorticidad con la diferencia entre la circulación del viento a un lado y al otro del frente", que hace que el frente gire (como en el centro de un tornado).
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El vórtice de un tornado, por ejemplo, es el centro de la masa de aire que ira y da lugar los característicos tubos que unen el frente de las tormentas y la superficie terrestre.
Para realizar este estudio, Solari dividió el sur de Sudamérica en pequeñas celdas y ordenó cada uno de los evento en los que hubieron precipitaciones (es decir, lluvia, nieve o granizo) según la cantidad de agua caída allí registrada en pluviómetros.
Este primer paso le permitió a la especialista identificar aquellos días en los que la precipitación fue más abundante que el 95% del resto de los casos. Esas precipitaciones que quedaron en el 5% restante son las que consideró "extremas" para ese lugar y sobre ellas concentró el trabajo de las condiciones atmosféricas de los frentes, a partir de bases de datos que incluyen información satelital.
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El trabajo de la experta de la UNLP podría ayudar a desarrollar una herramienta capaz de predecir cuándo habrá fenómenos climáticos extremos.
Foto: AGLP
Gracias a las investigaciones de esta "cazadora de tormentas", ahora se sabe que en nuestra parte del mundo los frentes que producen precipitación extrema son similares a los otros en el comportamiento de la temperatura, pero tienen en cambio una vorticidad ciclónica más intensa, es decir, una velocidad de giro es más elevada.
Además, Solari encontró que los frentes causantes de lluvias extremas están asociados con una mayor humedad. "No es la humedad relativa, que estamos acostumbrados a escuchar por la radio y se expresa en porcentajes -aclaró la experta-, sino que es la humedad específica: la cantidad de vapor de agua. Podemos decir que los frentes que generan precipitaciones extremas tienen más del ingrediente principal, el vapor de agua; que es el factor que al condensar permite la formación de las nubes y forma la precipitación".
Los rayos y las tormentas
La OMM considera a la actividad eléctrica atmosférica como una de las variables esenciales para monitorear el clima y sus cambios en relación, por ejemplo, al cambio climático y la UNLP es uno de los pocos lugares en los que se la investiga desde un abordaje meteorológico.
"En meteorología, cuando hablamos de tormentas, nos referimos a que hay actividad eléctrica, es decir, descargas eléctricas en la atmósfera. Aunque a veces haya precipitación, ráfagas de viento, granizo e incluso tornados, lo que define que se trate de una tormenta es la presencia de esas descargas eléctricas que llamamos rayos. Si llueve pero no hay actividad eléctrica entonces no hay tormenta", explica Solari, quien está actualmente abocada al estudio de estos fenómenos. Y ahondó: "No hace falta que sean entre la tierra y la nube sino que pueden ocurrir entre dos nubes o incluso entre dos partes de la misma nube. Conllevan grandes energías, generan altos voltajes, intensas corrientes y elevadísimas temperaturas".
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En meteorología, una tormenta es considerada como tal solo cuando presenta actividad eléctrica.
Foto: AGLP
Según relata la meteoróloga, las escalas a la que ocurren las descargas eléctricas atmosféricas son muy variadas. "Por un lado, está la escala microscópica en la que las gotitas de agua y cristalitos de hielo suspendidos en el aire, que forman las nubes; se van cargando eléctricamente con los procesos y movimientos que ocurren dentro de ellas. Cuando el desequilibrio eléctrico es muy grande, ocurren las descargas dentro de la propia nube, que restauran el equilibrio. Aquí la escala puede ser de metros o algunos pocos kilómetros. Luego están las tormentas, que pueden extenderse espacialmente y en algunos casos alcanzar cientos de kilómetros de extensión", indicó la científica.
Los datos, la clave del trabajo
Solari no lleva adelante sus investigaciones como se ve en las películas, atravesando el país con sofisticados instrumentos en busca de tormentas. Tampoco espera, como el Dr. Frankenstein, que caigan rayos para hacer ensayos en su laboratorio, ni trabaja con tormentas simuladas. La joven especialista trabaja con bases de datos que agrupan grandes cantidades de información reunidas por redes de antenas de radiofrecuencias como la World Wide Lightning Location Network y sensores satelitales como los que lleva el GOES16, que colectan los datos de modo automático y proveen además la ubicación y duración precisa de los eventos.
La investigación aún en curso y busca dilucidar el rol de la actividad eléctrica en los eventos de alto impacto para las personas, como las descargas que dañan el tendido eléctrico o los incendios provocados por rayos. "La caída de un rayo genera temperaturas de alrededor 30.000°C (como cinco o seis veces la temperatura de la superficie del Sol) y es un fenómeno muy peligroso", destaca Solari al respecto.
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Los radares reúnen información de manera automática, clave para todo tipo de investigaciones como la de Florencia Solari.
En relación a la prevención y protección contra los rayos, la investigadora coordina un Proyecto de Extensión de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas, que se ocupa de informar a la comunidad. Desde sus redes sociales (@prevencionrayos) comparten pautas de seguridad y distintos materiales de divulgación.
Si bien la ciencia pretende construir conocimiento que tenga validez universal, en meteorología las cosas son un poco diferentes. "Por ejemplo, los sistemas frontales no son exclusivos de Argentina sino que son comunes en toda la franja de latitudes medias, entre 30 y 60 grados de latitud, en ambos hemisferios. Sin embargo, cada lugar tiene sus particularidades. Aunque las herramientas para estudiarlos son las mismas, el condimento local cambia en cada caso y los resultados no pueden trasladarse automáticamente. Entonces para mejorar un modelo de atmósfera de esa región y mejorar el pronóstico, necesitamos incorporar esa información propia y única de cada lugar. Por ejemplo aquí debemos tener en cuenta la presencia de la Cordillera de los Andes, que es diferente de cualquier otra cadena de montañas", explica Solari. Esta característica local de las investigaciones realza el valor de tener en la UNLP investigadores y profesionales capaces de generar conocimiento meteorológico ajustado a la región.