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La guerra por el estacionamiento: rige la Ley del Conito en el microcentro

Estacionar en el centro platense puede ser un verdadero desafío, pero mucho más cuando las avivadas están a la orden del día.

Es un problema tan viejo como la viveza criolla: en el centro de La Plata, donde conseguir un espacio para estacionar es una quimera, rige la Ley del Conito, que no es muy distinta a la ley del más fuerte.

Una mínima recorrida por las calles de la zona más caliente de la ciudad alcanza para entender el modus operandi que aplican, sobre todo, responsables de oficinas públicas que en algún momento, no hace tanto, gozaron del privilegio de contar con espacios reservados por ordenanza.

Botón de muestra: este viernes, a las 10.20, mandaban los conitos en tres puntos de una misma manzana:

En este último lugar, alguna vez este cronista se bajó del auto, puso los conitos sobre la vereda y estacionó. Inmediatamente salieron del interior del edificio un hombre y una mujer que lo increparon ásperamente, pero no pudieron responder, con argumentos sólidos, a la pregunta sobre por qué alguna autoridad de la dependencia para la que trabajan tenía derecho a reservarse ese espacio y no el autor de esta nota, que trabaja cruzando la avenida 7.

No es una inversión imposible hacerse de un par de conitos. En sitios de comercio electrónico se consigue uno de 75 centímetros de alto por $9.499 y uno de 50 centímetros por $6.295.

¿Qué pasaría si cada platense que conduce un auto y va al centro saliera con un par de conitos en el baúl para reservarse un espacio de estacionamiento? Ya no regiría la Ley del Conito, sino la Ley de la Selva.

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