Daniel Fermani y Laura Galdamez son un matrimonio platense que el pasado 3 de agosto llegó a Alaska luego de un viaje en moto de casi tres meses. Desde hace alrededor de 18 años, viven en la localidad chubutense de Gualjaina, a 40 kilómetros de Piedra Parada, y junto a sus dos hijos y su nieto Vicente, tienen una hostería, cabañas, un viñedo y se dedican al excursionismo.
Daniel tiene 56 años, es ingeniero en sistema, graduado de la UNLP, y Laura, su fiel compañera de aventuras, es profesora de inglés -también recibida en la casa de altos estudios-. Empezaron su noviazgo a los 17 y, años más tarde, se casaron y su auto nupcial fue una casa rodante, con una canoa arriba del techo. De luna de miel, emprendieron su viaje a Ushuaia.
Este 2023, en una travesía que duró casi tres meses, Daniel y Laura partieron el 8 de mayo de Gualjaina, recorrieron el continente americano a bordo de una Yamaha Tenere 1.200, para cumplir "el sueño de tocar Alaska", tal como lo define Daniel. Aunque todavía le quedan kilómetros por recorrer antes de emprender la vuelta, el matrimonio motoquero ya tiene pactada su vuelta, en la que harán una parada en Miami para regresar al territorio argentino en avión en el mes de septiembre, para empezar la temporada en la hostería.
En diálogo con 0221.com.ar, Julián Fermini, hijo menor de la pareja, contó que la aventura y los viajes son parte del ADN de esta familia. "Mi abuelo, Felix 'Cacho' Fermani, dio la vuelta al mundo en un barco a los 18 años", contó el profesor de educación física y diplomado en Ciencias del Ejercicio y Lesiones Deportivas.
Además, contó que a los 20 años su abuelo materno y su abuela llegaron de España a tierras argentinas a bordo de un barco, en medio de la guerra. "Toda la vida en viajes", remarcó y recordó: "Mi primer viaje fue a los diez días haber nacido, estaba embarcado arriba una lancha. El de mi hermano, a los tres meses".
Consultado sobre el viaje de sus padres, el menor de los Fermini explicó: "La idea de Alaska siempre estuvo presente. Ellos tienen más de 300.000 kilómetros, han viajado mucho por la Patagonia, Perú y Europa con casa rodante alquilada. Pero este es el viaje más extenso".

Por su parte, y luego del arribo, Daniel contó: "La idea es hacer cuatro o cinco fronteras de Alaska. El otro día fue la primera entrada, ahí está como cumplido el viaje y el sueño, pero la idea es ir al punto más norte de Alaska, después dar una vuelta y bajar por Wyoming, Nueva York, quedar en Miami y de Miami volar de regreso".
"Si bien hemos cumplido el sueño de tocar Alaska, ahora nos falta la parte difícil, hay que subir. Canadá es gigante. Hoy empezamos un viaje de retorno y ahí emprendemos viaje al noroeste, tenemos casi 2.000 kilómetros para salir de Canadá y llegar al estado de Alaska, pero hacia el noroeste. Queremos ir a Anchorage, Valdez, dar una vuelta por Alaska y volver a salir por Canadá y bajar a Miami, ese sería el fin de nuestro viaje", agregó.
El último domingo, la pareja de aventureros hizo su segunda entrada. "Estamos a 30 kilómetros de entrar a Alaska", fueron las palabras del ingeniero en sistemas a través de un audio de WhatsApp enviado en la noche del sábado.
Sobre la idea de iniciar una nueva vida en un lugar completamente alejado del bullicio de la ciudad y con increíbles paisajes que parecen fotografías, su hijo Julián contó que en el 2003 sus papás compraron un camión y toda la familia puso manos a la obra para armar una casa rodante que después fue utilizada para llevar contingentes extranjeros a recorrer la Patagonia.

Durante una sobre mesa en el año 2004, Daniel y Laura les comunicaron a sus hijos el inicio del proyecto Hostería Mirador Huncache, que hoy comprende un montón de otras aristas como lo son las cabañas, un viñedo sustentable y excursionismo con escalada, trekking, ciclismo, recorridos en 4x4, kayak y hasta pesca deportiva, en la localidad de Gualjaina, que cuenta con 2.500 habitantes y se encuentra en un valle verde con presencia de álamos y sauces surcada por los ríos Lepá, Gualjaina y Chubut, que facilitan la actividad agropecuaria y ganadera.
Al llegar, las tres hectáreas de arboledas, praderas y río, los enamoró. La familia trabajó muy duro para para levantar un enclave que poseía una incomparable belleza aunque era ignorado por muchos. Actualmente, en ese mismo lugar se ofrece un servicio integral con habitaciones para múltiples huéspedes y cabañas. Servicio de desayuno y comidas caseras que permiten la recarga energética después de las excursiones.