sábado 01 de junio de 2024
Luca Prodan
A 70 AÑOS DE SU NACIMIENTO

La noche más rockera de La Plata: la vez que Luca Prodan tocó con Los Redondos

El talentoso cantante pasó varias veces por la ciudad, donde tocó en el Polideportivo y en Amadeus, entre otros. Dejó huella de su enorme poder escénico.

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El martes 21 de septiembre de 1982 en el estadio Polideportivo de Gimnasia Esgrima de La Plata, Luca Prodan pisó por primera vez un escenario platense. En el marco de un festival, en donde Riff encabezaba la grilla de atracciones y Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota aparecía como el gran crédito local, un desconocido cantante calvo probó una vez más su destino azaroso y escribió otra pequeña epopeya dentro de un fabuloso guion imposible. Los Redondos aún no tenían un disco editado pero ya eran un nombre importante dentro de la escena under del rock argentino que tuvo su primera ola expansiva durante la temporada post Guerra de Malvinas. Bajo esas coordenadas, el romano criado en Escocia fue el cantante que designó el viador Patricio Rey para reemplazar al cantante original del grupo multidisciplinario.

Carlos Indio Solari se negó a asistir a la reunión de bandas aduciendo un viejo lema ricotero: tocar “solos y de noche”. La Negra Poli, manager de la banda, decidió invitar a Luca, el cantante de una banda oriunda de Hurlingham llamada Sumo. Poli y Skay Beilinson, guitarrista y compositor ricotero, conocieron al cantante italiano en el Café Einstein, espacio fundacional del under porteño. La pareja tenía un especial afecto por el tano que cantaba raro y que de a poco estaba imponiendo nuevos modos para el rol de frontman, puro desparpajo y mucha energía para encarar un repertorio cercano al punk-rock. Hubo un par de ensayos previos en la casa de Rocambole, diseñador y responsable de la imagen de los Redondos. En la vieja casona de Diagonal 74 casi 48, Luca empezó a interactuar con la banda platense, y trajo al nuevo integrante de Sumo. Se trataba de Roberto Pettinato, un espigado periodista y saxofonista que por aquellos días ocupaba el cargo de secretario de redacción  de la mítica revista Expreso Imaginario, refugio de cultura joven en los horribles años de la dictadura cívico-militar. Otra vez el azar: Pettinato realizó una entrevista y cuando Luca se enteró que tocaba el saxo, sin más protocolo, lo invitó a sumarse a los ensayos.  

Poli y Skay Beilinson, guitarrista y compositor ricotero, conocieron al cantante italiano en el Café Einstein, espacio fundacional del under porteño. La pareja tenía un especial afecto por el tano que cantaba raro

Además de Riff y Los Redondos, el festival incluía a varios grupos locales (La Banda del Bao y Charlie Coll), y también leyendas subterráneas como Charly El Suburbano u otras propuestas más ignotas (Dr Rock). “Cuando tocaron Los Redonditos en el Poli con Luca como cantante y fue: ‘Ah, qué bueno… Cómo cambió esto, nada que ver…’. Yo ya había visto a Los Redonditos y Luca les dio otra polenta. Ese día Luca no se movía mucho, hacía gestos con la mano, pero le alcanzaba con eso. Ahora lo escucho y no me parece que tuviera una gran voz, pero en esa época me parecía muy bueno. Creía que era el mejor cantante que había acá”, dice el músico platense Flavio Casanova.

La tercera formación de Sumo durante el cambiante 1982: Alejandro Sokol, Germán Daffunchio, Roberto Pettinato, Luca Prodan y Diego Arnedo (Foto Claudina Pugliese).

Aquella noche de primavera en un Polideportivo sin tanta gente en las tribunas, y con las plateas bastante cargadas de público adolescente fascinado por la nueva encarnación de Pappo como semidiós heavy-metal, Luca cantó “Nene nena”, “Criminal mambo” y “Mejor no hablar de ciertas cosas”. Este último tema pasó a formar parte del setlist de Sumo; los Redonditos nunca más volvieron a tocarlo. Casi un pago silencioso ante el gesto generoso de Luca que se plantó frente a un público desconocido y muy ansioso por ver a Pappo al frente de Riff, el número fuerte del encuentro primaveral platense. Casualmente, Luca y Pappo ya habían compartido otro festival pocos meses antes cuando en el Club Estudiantes de Buenos Aires se realizó el Festival del Sol A La Luna en donde el cantante nacido en Roma dejó al público metalero boquiabierto cuando reclamaban por la presencia en el escenario de El Carpo: “¿Quién es Pappo?”, preguntó Luca para luego rematar: “Yo le juego una carrera tomando vodka hasta Rosario a ver quién gana”.

Sumó se adueñó de “Mejor no hablar de ciertas cosas” y lo registró en el cassette Corpiños en la madrugada (1984), primera producción independiente del grupo. De la versión original sólo sobrevivió la letra escrita por Solari, la banda aceleró el tiempo y le impuso un pulso after-punk con un bajo dominante y cámara de eco incluida. El tema se convirtió en un clásico del repertorio Sumo y también en el vínculo más artístico entre Los Redondos y el sexteto de Hurlingham. Años más tarde, más precisamente el 23 de mayo de 1987, Los Redondos se presentaron en Cemento e invitaron a cantar nuevamente a Luca, quien junto con el Indio interpretó el clásico "Criminal Mambo".   

Antes de llegar por primera vez a La Plata, el músico que consolidó un recorrido artístico en nuestro país en tan sólo cinco años ya cargaba una historia de fugas y desamor. Luca George Prodan nació en Roma, el 17 de mayo de 1953, pero podría haber nacido en Estambul, Londres o Pekín porque el destino familiar estaba signado por un nomadismo ancestral, algo parecido a un guion imposible escrito por Emilio Salgari: el padre de Luca, Mario Prodan, nació en Estambul y vivió en China en donde conoció a su futura esposa, Cecilia Pollock, allí también nacieron las primeras hijas del matrimonio, Michela y Claudia, en plena Segunda Guerra Mundial mientras las tropas japonesas ocupaban la región de Manchuria en donde la familia permaneció durante tres años como prisioneros de un campo de concentración.

Buda en vivo, teatro Astros, diciembre de 1987 (Foto de Albi Alvarez).

Innumerables peripecias determinaron los pasaportes de los Prodan, Luca era uno más y no contradijo la esencia itinerante, pero su llegada a Argentina respondió a una lógica de fuga: gracias a la generosidad de un amigo argentino, Timmy Mackern, con quien había compartido años escolares en Gordonstoun, un sofisticado colegio escocés dominado por hijos de la realeza y la clase dirigente de Gran Bretaña, encontró un refugio para vencer su adicción a la heroína. La infancia de Luca no fue nada fácil, un niño romano obligado a estudiar en un colegio ajeno a sus costumbres. De allí se fugó pocos meses antes de graduarse para iniciar un periplo que incluyó tres meses en la cárcel de Rebibbia por vender hachís y convertirse, más tarde, en desertor del ejército italiano por evadir el servicio militar. Luego, una nueva fuga, siete años en Londres, entre 1973 y 1980, período formativo atravesado por trabajos casuales y los mejores conciertos del planeta rock: fue un observador comprometido del cénit y caída del rock progresivo, un amante de las nuevas tendencias con David Bowie, Roxy Music y Lou Reed como faros a seguir en materia de actitud e innovación, y también asistió con desconfianza al nacimiento del punk-rock aunque siempre se sintió más cercano del grito libertario del reggae o la evolución after-punk que sostenían bandas como Joy Division, Magazine o Wire, de todas ellas el clamor oscuro del grupo liderado por Ian Curtis alumbró con luces y sombras el camino a seguir.   

Luca volvió varias veces a La Plata y a su zona de influencia. Entre los shows más recordados aparece el fechado el 21 de diciembre de 1985 en el Teatro Ciudad de La Lata (43 entre 7 y 8)  

Arribó a Buenos Aires a fines de marzo de 1980 con un one-way ticket, no había pasaje de regreso y la razón fundamental del viaje de ida respondía a dejar a tras el consumo de heroína. El aterrizaje de Luca en suelo argentino es lo más parecido al filme “The Man Who Fell to Earth”, la película en donde David Bowie interpreta a Thomas Jerome Newton, un extraterrestre del planeta Anthea que llega a la Tierra para buscar un modo de transportar agua a su planeta, devastado por una terrible sequía. No es necesario seguir al pie de la letra la trama del film de ciencia ficción para encontrar semejanzas y descifrar los efectos que provocó la súbita llegada. Nada volvió a ser igual en la vida de todos aquellos que establecieron un mínimo contacto con aquel tipo tan ajeno a la realidad de un país en dictadura, repleto de exiliados internos y con el miedo adherido como un virus incurable. En 1980, la Argentina era un país derrotado. El plan cívico-militar avanzaba sobre las bases de la represión, las desapariciones forzadas y una devastadora política económica de corte liberal. El gobierno del general Videla cumplió cuatro años en el poder casi al mismo tiempo que Luca arribaba al aeropuerto de Ezeiza. Por aquellos días los diarios hablaban de una apertura en el diálogo político, pero no era más que otra farsa para disimular una feroz interna por la sucesión presidencial entre los cuadros superiores del ejército y la marina. Luca venía preparado, había leído a Borges y también a Bruce Chatwin, guías para ingresar al laberinto mientras se despertaba del último pico de heroína justo antes de subir al avión. 

Su primera residencia no estaba tan alejada del paisaje suburbano de Londres. En la amplia y arbolada casona ubicada en la calle Canning (hoy Crucero General Belgrano), a metros de la estación de Hurlingham, comenzó la historia de Sumo signada por tantos imponderables como pequeñas gestas libertarias. Quizá el estilo inglés de la casa de los Mackern volvió menos bruscos esos primeros días de adaptación y abstinencia. Allí empezaron a caer algunos amigos de Timmy, entre ellos su cuñado y hermano de su mujer Inés: Germán Daffunchio. Germán llevó a su amigo Alejandro Sokol para que conociera al tano que dormía todo el día en la habitación roja, ubicada en el altillo de la casa de Hurlingham. Lo interesante sucedía cuando se despertaba y solía abrazarse a una acústica para frenar el tiempo propio y el de sus observadores.

Una postal de Luca en La Plata, con el público acechando el escenario

Timmy Mackern cumplió el ritual del reencuentro con el amigo en problemas. El destino final era el Valle de Traslasierra, en Córdoba, ahí vivía con su esposa e hijas, y era el lugar elegido por Luca para desarrollar futuros emprendimientos agropecuarios que nunca llegaron a concretaron. Entre Hurlingham y Traslasierra, Luca empezó a fantasear con la idea de hacer una banda: de la nada misma y aún más abajo, Sumo emergió en los tempranos ’80 como un geiser que cambió para siempre los cimientos del rock argentino. La mirada de Luca Prodan puso en tela de juicio desde su llegada al país las ideas vetustas de una escena que en su mayoría despreciaba las nuevas olas y sólo encontraba la santidad en las estructuras complejas del jazz-rock o los últimos estertores del rock progresivo.

El período Hurlingham en la vida de Luca recorre los tiempos formativos de Sumo con Alejandro Sokol y Germán Daffunchio como nobles escuderos de un plan irremontable: el primer concierto de la banda tuvo lugar en los jardines de la casa Mackern, destinado a amigos, novias y dos directivos de una discográfica en busca de nuevos talentos. En la formación aparece Stephanie Nuttall, la baterista inglesa amiga de Luca que sólo permaneció unos meses debido a la sicosis que rodeó a la guerra de Malvinas, una acontecimiento bisagra para la historia argentina y también para el futuro de la naciente formación que cantaba rock en el idioma de Shakespeare y ostentaba un nombre corto y contundente.

"Mirá, Germán, acá falta locura”, era la frase favorita de Luca por aquellos días. Pero el cantante no se refería a la agitada vida política del país, que puso a la banda en un lugar de beligerancia manifiesta frente a los acontecimientos de abril. Los padres de Stephanie Nuttall estaban desesperados, llamaban a la casa de Timmy, que en los primeros días del conflicto estaba custodiada por la policía al igual que todo el barrio en Hurlingham. La zona estaba habitada en su mayoría por tradicionales familias británicas y la protección se había activado ante el temor de algún ataque de corte ultramontano. El panorama se tornaba cada vez más confuso y, luego de algunas cavilaciones, la baterista decidió volver a Inglaterra. Antes, Sumo tocó en Mastropiero, un boliche de Olivos, integrado, por única vez, por dos bajistas. El nuevo integrante era una cara conocida en la zona, y un músico de probada destreza: Diego Arnedo era parte de la banda MAM de los hermanos Ricardo y Omar Mollo, un grupo reconocido en la Zona Oeste. El nuevo integrante ocuparía el lugar de Sokol, quien a su vez remplazaría a Steph en la batería.

En plena dictadura militar y con la guerra de Malvinas en ciernes, Sumo cantaba en inglés y empezó un largo peregrinar por el under porteño, inventando escenarios y tocando en cuanto lugar habilitara un enchufe para exponer su maridaje de funk blanco, after-punk y reggae.

La noche en la que tocó en Amadeus de Berisso

La invención de Luca tardó más de tres años en llegar al disco debut. La mayoría de los grupos que nacieron en la misma época, grabaron mucho antes: Los Twist, Soda Stereo o Los Violadores, entre otros, arrancaron su historia a la par de Sumo y, en su mayoría, todos admiraban la originalidad y la intensidad de Sumo. Cantar en inglés en plena apogeo del rock post Malvinas significó la autoexclusión de cualquier posibilidad de trascendencia. Pero Luca redobló la apuesta y se multiplicó en proyectos paralelos que animaron la escena under gracias a lo proliferación de nuevos escenarios: el Café Einstein, Stud Free Pub o el Zero Bar vieron a las diferentes encarnaciones que lideraba el italiano calvo cuando no existían pelados en el rock. Ojos de Terciopelo, La Hurlingham Reggae Band y Sumito permitieron ampliar la paleta de Sumo y un modo digno de ganarse la vida. La etapa previa a la grabación del primer disco es considerada como un momento de experimentación y enorme poder escénico. A fines de 1984, el ingreso de Ricardo Mollo en guitarra completó la formación definitiva. Unos meses antes, Superman Troglio había remplazado en la batería a Sokol y se sumaba a Roberto Pettinato, Daffunchio y Arnedo para establecer el concepto de experiencia colectiva, Luca decía que Sumo era una familia y así funcionó hasta el final.

Luca volvió varias veces a La Plata y a su zona de influencia. Entre los shows más recordados aparece el fechado el 21 de diciembre de 1985 en el Teatro Ciudad de La Lata (43 entre 7 y 8), el audio del recital se puede encontrar en YouTube, y al año siguiente los Sumo tocaron en Amadeus de Berisso.

“En un momento Luca se tira encima de la gente y le roban el cinturón. Vuelve a subir al escenario y empieza a reclamar que se lo devuelvan porque era un regalo muy valioso para él. Se lo devuelven pero sin la hebilla”, cuenta Rubén Kavanagh que por aquellos días trabajaba como DJ del lugar. Otro show importante sucedió en 1987 en el marco de la presentación de After Chabón, último disco de Sumo, en la esquina de 47 y 9, más precisamente en la disco Metrópolis: Luca se repuso de una borrachera infernal y ofreció un show digno que estuvo a punto de suspenderse.   

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Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.

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