Este 17 de mayo se celebra un nuevo Día Mundial del Reciclaje y en ese marco varios investigadores de la UNLP y el CONICET realizaron un estudio sobre dos útiles reservorios y productores de energía que desde su invento han generado ciertos problemas a la hora de ser reciclados o desechados correctamente: las pilas y las baterías. La Secretaría de Ambiente y Conservación de Recursos Naturales de la UNLP compartió un detalle de la investigación encabezada por Jorge Sambeth, Franco Dubois y María Gallegos, integrantes del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencias Aplicadas de la Facultad de Exactas; y Miguel Peluso, que integra el Laboratorio Unidad PlaPiMu - Laiseisic; quienes dieron detalles sobre qué hacer con ellas una vez que se agotan.
Las baterías y pilas son utilizadas en juguetes, controles, remotos, alarmas, audífonos, notebooks, smartphones y entre otras decenas de dispositivos y el avance tecnológico provocó un consumo cada vez mayor de ellos, pero una vez cumplida su vida útil se consideran residuos peligrosos y su disposición final requiere tener en cuenta esos riesgos.
Todas contienen lo que se conoce como metales pesados. Se trata de níquel, manganeso, cobalto y trazas de mercurio que, si no se recuperan, pueden ser liberadas al ambiente generando serios problemas para la salud. En 2018, por ejemplo, fueron importadas al país 2,3 millones de pilas, lo que equivale a un ingreso de 26 kg de mercurio. Con el adecuado tratamiento varios de estos valiosos materiales pueden reutilizados, pero lo cierto es que las pilas y las baterías son considerados como residuos peligrosos universales. En Argentina, sin embargo, se encuentran en una zona gris de la legislación vigente, ya que son, a la vez, desechos peligrosos y domiciliarios, por lo que su tratamiento todavía no está del todo resuelto.
Si las pilas, por caso, son desechadas en basureros comunes existe el riesgo de derrame de los elecrolitos que están en su interior, los cuales disuelven y arrastran los metales pesados que las conforman hacia el suelo y los cursos de agua superficial o acuíferos, contaminando el ambiente en general.
¿CÓMO TIRAR UNA PILA?
Para evitar la contaminación en los domicilios y oficinas, las pilas deben ser cubiertas en una de las puntas con un adhesivo -siempre con la precaución que sea el mismo lado de la pila- y luego depositarlas en recipientes de plástico con arena y aserrín secos para evitar su oxidación.
"La disposición final de las pilas se realiza por medio de la inmovilización de los constituyentes peligrosos de las mismas, por la vitrificación, cementación y ceramización", explicaron los expertos y agregaron en tanto que "esta inmovilización actualmente se lleva a cabo dentro de tubos de PVC" que, una vez sellados, "son depositados como relleno en columnas de hormigón". La utilización de esos materiales o su destino, sin embargo, es otro de los problemas que todavía se siguen planteando.
EL RECICLADO
Para la recuperación de los metales hay hasta el momento dos procesos que se pueden llevar adelante: el hidrometalúrgico y el prometalúrgico. El primero consiste en la disolución parcial o total de metales en agua con ácidos o basas fuertes y la extracción selectiva de metales para su uso como materia prima en la industria metalúrgica. El segundo método transforma y separa los componentes a partir del tratamiento térmico del residuo.
El reciclaje de pilas y baterías tiene un triple beneficio ya que en primera instancia no se vierten al entrno evitando el daño ambiental, por otro lado su reciclado ahorra la energía y reduce la huella de carbono que se generaría con la extracción de estos materiales. Por último se disminuye la extracción de los recursos naturales y se evita el coste económico que eso implica.
¿QUÉ SE HACE EN LA PLATA?
En la localidad de Gonnet, la UNLP y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA), pusieron en marcha en 2012 la primera Planta Piloto de Tratamiento de Pilas. El espacio fue concebido, diseñado e instalado respetando los principios de ser ecocompatible y respetar el ambiente en todo el proceso.
En la actualidad la planta tiene una capacidad de tratamiento de 80 kg de pilas por mes, equivalente al consumo de unos 8.000 habitantes. El tipo de recuperación de metales que se desarrolla es hidrometalúrgico y, para su tratamiento, las pilas inicialmente se abren y se separan en sus componentes: películas platicas, desechos ferrosos y los metales que conforman los electrodos.