miércoles 19 de junio de 2024

En el "Día de los Humedales", una experta la UNLP explica qué se pierde cuando desaparecen

La especialista de la casa de estudios platense detalló cuál es la importancia de los humedales y los beneficios ecosistémicos que trae conservarlos.

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Este 2 de febrero se celebra un nuevo "Día Mundial de los Humedales" con el objetivo de crear conciencia respecto de su preservación y una experta de la UNLP explicó qué se pierde cuando desaparecen. La especialista de la casa de estudios platense, Nora Gómez, detalló las principales características de los humedales, su importancia para el ecosistema y los beneficios que le trae a la sociedad su conservación.

En primer lugar, el trabajo compartido por la Secretaría de Ambiente y Conservación de los Recursos Naturales de la UNLP precisó que los humedales son áreas que permanecen inundadas o con suelo saturado con agua de manera permanente o semipermanente. Si bien este término engloba una amplia variedad de ecosistemas, todos los humedales comparten un rasgo esencial: el agua como un elemento clave que define sus características físicas, químicas, bióticas, incluidas sus relaciones.

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La gran extensión de la Argentina y la variedad de climas y relieves determinan la presencia de una importante cantidad y diversidad de humedales, los cuales pueden abarcar grandes extensiones (como el Delta del Paraná, los Esteros del Iberá, zonas costeras estuarinas y marinas, salares, etc.) que brindan numerosos beneficios ecosistémicos; también existen pequeños humedales (como mallines, vegas, barreales, bañados, etc.) de gran importancia local como proveedores de agua dulce y hábitat de una rica diversidad biológica. La desaparición de estos ambientes provoca una enorme pérdida de biodiversidad, la diversidad y la densidad poblacional de especies, y de los beneficios ecosistémicos que acarrean.

Argentina suscribió en 1992 a la convención RAMSAR, contando actualmente con 23 sitios designados como Humedales de Importancia Internacional (sitios Ramsar). Sin embargo, la superficie de humedales en el país se encuentra en retracción año tras años debido a las múltiples amenazas a la que están expuestos estos ambientes, entre las que se encuentran el avance de la agricultura, la megaminería, la expansión urbano‐industrial y el desarrollo de emprendimientos urbanos sobre planicies de inundación, sin tener en cuenta criterios de sustentabilidad ambiental, lo cual lleva a un proceso de degradación y en algunos casos a la pérdida irreparable de los humedales.

Este escenario conduce inexorablemente al deterioro de los beneficios ecosistémicos que brindan a la sociedad, entre los que se destacan:

  • Moderar los picos de creciente en ríos y arroyos (inundaciones), reteniendo o liberando el agua que fluye en superficie, facilitando la infiltración a los sistemas de agua subterránea

  • Contribuir a secuestrar sedimentos, nutrientes y otros contaminantes, mejorando así la calidad del agua

  • Proveer hábitats a una gran diversidad de organismos, suministrando refugio, alimento y zonas de reproducción y cría

  • Conformar corredores de biodiversidad para la dispersión y movimiento de las especies.

  • Contribuir a fijar carbono, moderando así las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico (gas de efecto invernadero)

  • Moderar el clima a nivel local

  • Proveer fuentes de alimento y materia prima para distintas actividades extractivas y productivas

  • Brindar beneficios educativos, recreativos y culturales

La provisión de los beneficios ecosistémicos por parte de los humedales depende de las características de estos (tamaño, cobertura vegetal, contexto del paisaje que los alberga, entre otros). Asimismo, la provisión de estos beneficios dependerá de la integridad del humedal y también del tipo, magnitud, intensidad y frecuencia de las perturbaciones que los afecten.

Se trata de ambientes que requieren para su existencia, estar conectados al agua superficial y subsuperficial. Por esta razón no se los puede evaluar de manera aislada, por lo contrario, debe ser abordada de forma integral, comprendiendo que la integridad ecológica de las cuencas es vital para la conservación de muchos humedales.

Para ello hay que atender cuatro dimensiones en las que éstas se organizan, lo cual permite a los humedales que dependen de ella cumplir con las múltiples funciones mencionadas precedentemente. Esta organización incluye una dimensión longitudinal (cabecera–desembocadura), una lateral (curso de agua–zona de ribera), otra vertical (agua superficial-agua subsuperficial) y una cuarta dimensión vinculada con la temporalidad, que es variable. Esta última es fundamental entendiendo que las características de los humedales se modifican durante periodos húmedos y secos.

Esta alternancia debe ser considerada al momento de tomar decisiones sobre la planificación del territorio. Por ejemplo, puede suceder que durante hidroperíodos de escasas precipitaciones o secos resulte una tentación avanzar sobre los humedales para destinarlos a usos incompatibles con el mismo, por ejemplo desarrollos inmobiliarios, sin considerar los riesgos en los que se incurre cuando el humedal atraviese por períodos lluviosos. Esto conduce en muchos casos a conflictos socioeconómicos que podrían evitarse, además de atentar con la existencia del humedal, perdiendo así los beneficios que brindan a la sociedad.

Localmente no se necesita ir muy lejos para reconocer humedales cercanos a nuestra ciudad. El clima húmedo de la región suele determinar la inundación temporaria del territorio conduciendo al anegamiento del suelo el cual se manifiesta a partir del desarrollo de cuerpos de agua someros, que están vinculados directa o indirectamente a los cursos de agua.

Este tipo de humedales en el partido de La Plata y sus alrededores, han sufrido procesos de retracción, cuyos orígenes se remontan con los primeros asentamientos de pequeños pueblos a partir del siglo XIX. Estos, poco a poco, fueron incrementando el tamaño poblacional y avanzando hacia zonas bajas, cercanas a los cursos de agua, para realizar prácticas agrícolas y progresar con la urbanización.

Como consecuencia de la modificación del uso de la tierra, canalizaciones, impermeabilización y la sobreexplotación del agua subterránea para diferentes usos, los bañados de desborde fluvial localizados actualmente en la zona periurbana de la ciudad de La Plata se encuentran seriamente amenazados. En estos humedales el agua que fluye en superficie es intermitente y se asocia principalmente a las precipitaciones o al vertido de aguas residuales. También por la excesiva extracción de agua subterránea los niveles freáticos descendieron notablemente, localizándose actualmente en algunas zonas a más de 8 metros de profundidad.

De esta manera, la importante profundización del nivel de las aguas subterráneas, causada por la sobreexplotación de los acuíferos en zonas periurbanas, así como la disminución de la calidad de las aguas superficiales afectaron a la riqueza de especies, la diversidad y la densidad poblacional de aves, tortugas, peces, invertebrados y algas, que fue acompañada por cambios en las adaptaciones de las plantas que habitan estos humedales. Se trata de uno de los síntomas más contundentes del deterioro ambiental, como es la pérdida de biodiversidad, que a su vez es acompañada por la pérdida de beneficios ecosistémicos. Entre estos últimos los científicos señalaron procesos de autodepuración del agua menos eficientes en los humedales más impactados, repercutiendo así en la capacidad de mejorar la calidad del agua.

La situación ambiental que se describió sobre estos humedales de desborde fluvial no es más que un ejemplo de otros tantos que se replican a lo largo y ancho del país en otros tipos de humedales y bajo los mismos u otros factores de estrés antropogénico. Sin lugar a duda lo que se requiere es identificarlos y protegerlos con una legislación que reconozca sus particularidades y los beneficios que prestan a la sociedad.

En este marco, la experta de la UNLP destacó la vital importancia de la sanción de la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Humedales en el país. Si bien en Argentina las provincias son titulares del dominio originario de los recursos naturales existentes en sus territorios, conforme a la Constitución Nacional, para lograr una protección uniforme del ambiente a lo largo de todo el país, las provincias le delegaron expresamente esta potestad al Estado Nacional; por lo tanto, en él recae la facultad de sancionar leyes de presupuestos mínimos ambientales.

Una ley que proteja los humedales resulta fundamental para disponer de una herramienta y principios de gestión ambiental específica para todo el país que sumen y fortalezcan el ordenamiento participativo de las áreas cubiertas por humedales, además de partidas presupuestarias para acciones de conservación, restauración y uso responsable y sostenible de estos ecosistemas, incluyendo su inventario.

Desafortunadamente, mientras no se sanciona esta ley de humedales, estos continúan desapareciendo y se profundiza las amenazas e impactos sobre los mismos, con las consecuentes afectaciones a su biodiversidad y comunidades que los habitan, muchas en situación de vulnerabilidad.

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