El jueves finalizó la etapa de alegatos en el juicio que investiga el crimen de Fernando Báez Sosa, el adolescente que fue asesinado en las puertas de un boliche en Villa Gesell en enero de 2020. En ese marco, llamó la atención la presencia de una joven que acompaña en todo momento a los padres de la víctima, Graciela Sosa y Silvino Báez, en Dolores. Se trata de Delfina Burlando, la hija del reconocido abogado platense que se convirtió en un pilar fundamental para ellos.
Al igual que su papá, nació en La Plata, es abogada, tiene una hermana que se llama María y otra que acaba de nacer, Sarah, la hija que Burlando tuvo con Barby Franco.
Estudió en el Colegio Eucarístico y cuando finalizó el secundario arrancó la carrera de Derecho en la UNLP. También cursó una maestría y especialización en Derecho Penal en la Universidad de San Andrés. Una vez que se recibió, ingresó a trabajar al Estudio Burlando, con todo lo que eso significa. "En el estudio se trabaja y él, es mi jefe. Lógicamente que a veces se confunden los roles de jefe y padre, pero ahí adentro es mi jefe, aunque ahora estoy más relajada: ya tengo mis propios clientes", contó Delfina hace unos meses en una charla con Teleshow.
Ahora todo es trabajo, pero en su época de estudio Delfina se dio su espacio para la exploración y los intentos en la música y el teatro. En 2016 fue parte del musical Zoo Lógico, en la mismísima calle Corrientes. Además, mostró sus dotes como cantante. "Tuve dos bandas de cumbia pop cuando tenía 20 años: Los del Código y Grupo Corazones, se llamaban. Fue una etapa de mi vida muy linda y divertida. Me ayudó mucho a relacionarme y a perder el miedo en varios aspectos", recordaba en aquella entrevista.
"Mi infancia en La Plata fue lo mejor, es una ciudad que amo. Fue una etapa maravillosa, tuve una infancia muy sana y linda por suerte. Siempre digo que mis papás supieron educarnos muy bien, cada uno con su papel, siempre con mucho amor", había explicado Delfina.
Al ser consultada por la referencia "la hija de…", la joven aseguró que es algo que "lleva con orgullo" y agregó: "Lo molesto es que te censuren o te juzguen sin conocerte. En la época de la facultad lo sufrí muchísimo. A veces no es fácil que la gente entienda que somos dos personas diferentes. Será parte del crecimiento y aprendizaje, me servirá para ser mejor profesional".
En esa línea, resaltó: "Me ha pasado millones de veces que me han llamado por mi apellido, por ser 'la hija de...'. Siempre es gente que no conozco, que tampoco me conoce, pero no lo veo como algo malo. Hoy, con 27 años, veo la vida con otros ojos, y creo que hay cosas más importantes por las que uno se tiene que preocupar. No me estorba ni nada porque los que me conocen saben que yo hago mi propio camino: estudié, trabajo, tengo mis propios proyectos. De todas maneras, si no hiciera nada de mi vida, tampoco sería algo malo, aunque no es mi caso. No me molesta, como todo existen pros y contras. En definitiva, que me reconozcan por mi padre creo que es algo positivo. Para mí es un honor, eso no tendría que ser algo malo y no lo veo así", concluyó.