Mientras la curva del coronavirus continúa creciendo de manera sostenida en el país, Ómicron sigue preocupando a los expertos. Los especialistas continúan evaluando de cerca la evolución del COVID-19 y descubrieron que una persona que se contagió con esta variante puede reinfectarse con otro de sus sublinajes, lo que generó preocupación ya que ninguna otra cepa había tenido esa característica hasta ahora.
Ante esta situación, los científicos pidieron que la población acceda a las dosis de refuerzo y dieron cinco claves para comprender por qué Ómicron y su familia encendieron las alarmas. En primer lugar, el dato más desalentador fue el hallazgo reciente de que las personas se pueden volver a contagiar con las subvariantes de la cepa que fue detectada en noviembre del año pasado.
"La variante Ómicron del coronavirus es más contagiosa y más evasora de la respuesta inmunológica de la vacuna. Esto último se suple con la aplicación de las dosis de refuerzo. El segundo refuerzo mejora la prevención contra los cuadros graves, especialmente en la población adulta, según un estudio que se llevó a cabo en Israel", explicó a Infobae la doctora Daniela Hozbor, investigadora del Conicet en el Instituto de Bioquímica y Biología Molecular, dependiente del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y el CONICET.
Por otro lado, los expertos advirtieron que se está vigilando menos al COVID-19 y a la par están encontrando una increíble cantidad de diversidad en el coronavirus. Desde enero de 2020 se ha subido a la popular plataforma de datos GISAID la cifra récord de 11 millones de genomas del coronavirus SARS-CoV-2. En cambio, los investigadores han subido alrededor de 1,6 millones de secuencias del virus de la gripe a la base de datos EpiFlu de GISAID desde mayo de 2008.
En tercer orden, los especialistas alertaron que la variante Ómicron sigue estando en el punto de mira, ya que los miembros de su familia alimentan olas al evadir los anticuerpos que las personas han generado por infecciones y vacunas anteriores. Por ejemplo, la subvariante BA.2.12.1 de Ómicron está ganando terreno en América del Norte, y ahora representa alrededor del 26% de los genomas del coronavirus presentados a la iniciativa de datos GISAID, y BA.4 y BA.5 se están extendiendo rápidamente en Sudáfrica: se detecta en más del 90% de los genomas secuenciados.
El coronavirus SARS-CoV-2 adquiere mutaciones a medida que se replica en las células y, técnicamente, esto significa que probablemente surjan millones de variantes cada día. Pero la mayoría de las mutaciones no mejoran la capacidad del virus para sobrevivir y reproducirse, por lo cual esas variantes se pierden en el tiempo, superadas por versiones más aptas.
Sin embargo, una pequeña parte de las variantes sí gana terreno. Cuando esto ocurre, los investigadores que llevan a cabo la vigilancia genómica señalan las muestras que tienen todas el mismo conjunto de mutaciones distintas. Para averiguar si estas muestras constituyen una nueva rama en el árbol genealógico del coronavirus, se ponen en contacto con bioinformáticos que han establecido sistemas de nomenclatura para el virus.
En cuarto lugar, los científicos remarcaron la importancia de prestar atención al árbol genealógico de las variantes. Al nombrar una variante, se utiliza un sistema jerárquico que indica la historia evolutiva de la variante y cuándo se detectó en relación con otras. Las letras iniciales del nombre reflejan el momento en que Pango dio una etiqueta al linaje, siguiendo una secuencia de la A a la Z, luego de la AA a la AZ, de la BA a la BZ, y así sucesivamente.
Si una variante evade el sistema inmunitario de forma mucho más eficaz que otras en circulación, provoca una enfermedad más grave o es mucho más transmisible, la OMS podría determinar que es una "variante de preocupación" y cambiar su nombre por una letra griega.
Por último, indicaron la necesidad de acceder a las dosis de refuerzo para aumentar la protección contra las subvariantes de Ómicron. Según informó la OMS, se ha comprobado que la inmunidad inducida por haber tenido el COVID-19 daba una fuerte protección contra la enfermedad grave entre 9 y 12 meses después de la infección.
Pero esto pasaba antes de que predominara Ómicron y ahora, en cambio, ya se comprobó que la inmunidad protectora inducida por la infección contra la enfermedad y los resultados graves disminuye más rápidamente contra Ómicron. "Los datos actualmente disponibles de las vacunas COVID-19 incluidas en la lista de uso de emergencia muestran que las vacunas proporcionan mayores niveles de protección que la infección por el coronavirus SARS-CoV-2 contra los resultados graves de la enfermedad", explicaron.
Además, las vacunas siguen protegiendo contra la enfermedad grave, las hospitalizaciones y la muerte por Ómicron, aunque en menor grado en comparación con otras variantes. "El grado de disminución puede depender también del producto o productos de la vacuna que se utilicen y de la población a la que se destine (por ejemplo, adultos mayores o personas inmunodeprimidas). La protección inducida por la vacuna contra la enfermedad sintomática, incluida la enfermedad grave, aumenta con las dosis de refuerzo", concluyeron.