Don Roberto Anastacio Vicente, jubilado, atendió el celular mientras su hijo Hernán compartía la tarde con unos mates. Sin saberlo, iba a atender a un periodista por última vez. Era el 8 de octubre de 2020, plena pandemia, y sin vacunas. Unos días antes se había enterado de la partida de su amigo Cacho Delmar, el presidente de Gimnasia que estuvo antes y después que él.
-¿Cómo llegó a integrar la Comisión Directiva?
-Fue en la unidad política de 1983, por un señor que vivía al lado de casa, muy conocido de Cacho Delmar. "Roberto, ¿no querés venir a las reuniones en el colegio Sagrado Corazón?". Apenas llego, me hicieron el ofrecimiento de la tesorería. No me conocían de antes. Yo me había recibido en 1973, llevaba diez años con mis actividades de contador. Estuve en Gimnasia de 1983 a 1986 (tesorero), del 86 al 89 (vicepresidente tercero) y 89 al 92 (presidente).
-¿Cómo era esa dirigencia?
-En esa Comisión no había intereses de sobresalir sobre nadie, cada uno iba cumpliendo una función. Había una amistad, nos juntábamos seguido, teníamos muy buena onda buena con el doctor Tejo, con el ingeniero Montalvo, con Cacho. Si le pones esfuerzo y cariño tiene que salir bien.
-¿Cuál fue su recorrido como dirigente?
-En la segunda presidencia de Cacho yo había sido vicepresidente, y ahí me volqué más al fútbol. Yo era muy futbolero, por eso me relacioné con Antonucci y Harari, que integraban esa subcomisión. Cuando Antonucci se retira, habitualmente lo continúa el vicepresidente primero. A partir de ahí, tomé mayor presencia. Me fueron llevando hasta ser presidente. Tengo una foto en un asado donde Cacho me pone una banda cuando largó mi candidatura.
-Fue usted muy amigo de Cacho, ¿cómo lo recuerda?
-Su paso ha sido muy importante en la historia de Gimnasia, cambiándolo mucho. Fue muy habilidoso. Siempre se rodeó de muchos amigos de confianza, dejaba hacer y en última instancia se metía él, que es como pienso que tiene que hacerse. Tenía experiencia de su negocio. Supo equilibrar las cosas, siendo calmo, por eso lo quería mucho la gente. Cuando soy presidente, él es el representante en AFA. Grondona sabía que era una persona seria que no venía a robar al club.

-En esa comisión presidía el Jurado de Honor el doctor René Favaloro...
-Me atendió y me operó en 1997, por el cambio de una válvula del corazón. Para el que lo trató, René era lo que todo el mundo cree que fue y un poco más también. De un trato fenomenal, un tipo muy especial.
Con usted el Lobo llegó al debut internacional (primera edición de la Copa Conmebol 1992)...
-Debutamos internacionalmente y no perdimos ningún partido. En ese momento ya llevaba nueve años trabajando. Gimnasia empezó a tener otro nivel como institución y en los resultados.
NACIMIENTO Y CRIANZA
Roberto nació el 4 de diciembre de 1942 en La Plata. Y en aquella nota recordó cuando pateaba una pelota pesada con los chicos de su barrio natal, en la zona del Cementerio. Y cómo se hizo Tripero. "Tenía dos tíos, uno de cada equipo… ganó el de Gimnasia. A mi padre no le gustaba el fútbol, pero yo era tan hincha y me tuvo que llevar. Esa primera vez fue a los 13 años, un Gimnasia-River, tribuna llena, el público iba de traje, y tengo tanta mala suerte que a papá le queman con un pucho la botamanga del pantalón, justo a él, al que no le gustaba ir a la cancha. Pero pude ver todo el Lobo del 62, con Ciaccia, Prado, Rojas, Diego Bayo, Gómez Sánchez. Iba a la tribuna que da espaldas a la calle 60, a la Chimenea. También me gustaron mucho los equipos del 70 y el del 96".

Se fue pisando los ochenta, rodeado del afecto de cuatro hijos, los dos varones que jugaron en Gimnasia en las categorías formativas, Hernán (nacido en 1971, también contador y hoy entrenador de fútbol en Argentino Juvenil de City Bell), Ariel (de 1975 (profesor de la facultad de Ciencias Agrarias) y las dos mujeres, Mariangeles (primogénita, 1970) y Evangelina (de 1979). De allí emanó la felicidad más linda que tuvo el abuelo Roberto con el equipo que más lo abrazó en el último tiempo hasta entregarse al descanso eterno: Matías, Gerónimo, Dolores, Franco, Santiago, Lucía, Joaquín, Mercedes y Emilia. Ellos fueron el corolario de su amor con Marta Juambelz, que había partido un tiempo antes.
Sus restos son velados en la casa de sepelios Betti (calle 46 entre 12 y 13), este viernes de 8 a 13.