Rusia inició una invasión a Ucrania con bombardeos y el despliegue de tropas en sitios estratégicos de ese país. Con esta intervención militar, el presidente ruso Vladimir Putin dio inicio a una nueva frase de la guerra que afecta a una de las regiones más pobres de Europa. Durante la jornada, los militares tomaron el control de Chernobyl y tienen todo preparado para hacer lo propio con la capital Kiev.
En medio de la desesperación, cerca de 100.000 ucranianos comenzaron la evacuación y se espera una oleada de refugiados en países limítrofes. De acuerdo a los últimos reportes, la cifra de víctimas fatales como consecuencia de los ataques rusos se confirmó la muerte de al menos 137 personas.
Todo comenzó con un discurso grabado, cuando Putin anunció una “operación especial militar” sobre Ucrania bajo pretexto de “proteger a las personas” que habitan en las República Popular de Donetsk y República Popular de Lugansk. “Las circunstancias requieren una acción decisiva de Rusia”, dijo y advirtió a quienes intervengan ya que “tendrán consecuencias que nunca han visto”.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) activó sus planes de defensa y realizará el viernes una cumbre virtual de emergencia a raíz de la ofensiva militar rusa. En tanto, otros países de Europa y Estados Unidos anunciaron que habrá severas sanciones económicas. “Putin es el agresor. Putin eligió esta guerra. Y ahora él y su país asumirán las consecuencias”, manifestó Biden en declaraciones desde la Casa Blanca.
Para entender el conflicto que tiene en vilo al mundo es necesario repasar algunas cuestiones desde la caída de la Unión Soviética hasta la actualidad. En 1991, Ucrania se proclamó independiente y aunque declaró como un "Estado neutral", estableció una asociación militar con Rusia primero y con la OTAN poco tiempo después. Desde entonces, sus relaciones entre estos países han alternado periodos de amistad, tensiones y hostilidades.
En 2014 hubo un quiebre luego de que el entonces Gobierno de Ucrania, afín a Rusia, fuera derrocado por una ola de protestas y sustituido por otro antirruso y prooccidental tras su decisión de no firmar un acuerdo de asociación y libre comercio con la Unión Europea (UE) que contaba con apoyo mayoritario en el Parlamento. El nuevo Gobierno relanzó planes de ingresar a la OTAN, algo que Rusia considera una amenaza.
En ese momento, regiones de Ucrania con grandes poblaciones rusoparlantes rechazaron el cambio de Gobierno, que consideraron un golpe de Estado, al igual que Rusia.
Los habitantes de la Península de Crimea aprobaron en un referéndum separarse de Ucrania e incorporarse a Rusia, que luego se anexionó el territorio, donde tiene su flota del Mar Negro y cuyo control le proporciona la única vía de salida al mar Mediterráneo.
En tanto, los habitantes de dos provincias rusoparlantes del este de Ucrania, Donetsk y Lugansk, a imitación de Crimea, celebraron sendos referendos de independencia, opción que fue aprobada. Convertidas en "Repúblicas populares", luego pidieron su incorporación a Rusia, pero Moscú no lo aceptó.
Sin embargo, los apoyó políticamente, mientras negaba acusaciones de Ucrania y Occidente de que también les daba armas y les enviaba combatientes.
Ambas provincias albergan una mayoría de población rusoparlante y desde hace ocho años mantienen una relación de permanente enfrentamiento con el Gobierno de Kiev, responsable de no haber cumplido con los Acuerdos de Minsk.
El mismo se firmó en 2014 con el patrocinio de Rusia y Ucrania, más Francia y Alemania como garantes, pero nunca se puso en marcha y en realidad dio paso a una guerra entre esas dos provincias y Ucrania. Es por que en febrero de 2015, los mismos actores suscribieron un segundo convenio que al menos logró poner fin a la guerra declarada, pero no a la situación de tensión.
Ante la falta de cumplimiento del acuerdo por parte de Ucrania, las dos autodenominadas repúblicas separatistas se armaron para enfrentar al ejército ucraniano, con apoyo financiero y militar de Rusia. El presidente de ese entonces, Petro Poroshenko, debía poner en práctica medidas concretas que establecía el acuerdo, como darle autonomía plena a las dos provincias para que pudieran elegir libremente a sus autoridades y la liberación de presos políticos e intercambio de prisioneros de guerra, pero chocó con la intransigencia del parlamento y de la ciudadanía: sólo 12% de los ucranianos y ucranianas apoyaban el acuerdo.
A partir de que Ucrania no cumplió con esos acuerdos, comenzó un largo período de constantes escaramuzas militares que causaron al menos 14.000 muertos de ambos bandos con acusaciones cruzadas: los separatistas protestaban por acciones del Estado ucraniano que consideraban una persecución criminal, y el Gobierno de Kiev aseguraba que la lucha de los rebeldes encubría una intención de Rusia de querer dominar en su territorio.
Para justificar su intervención militar, Putin argumento que es una forma de proteger a los habitantes civiles de las dos regiones separatistas. Además, el líder ruso acusó a Estados Unidos y sus aliados de haber rechazado exigencias suyas acerca de que Ucrania no ingrese a OTAN y otras garantías de seguridad, y agregó que su intención no era ocupar Ucrania sino "desmilitarizar" y "desnazificar" el país y llevar ante la Justicia a responsables de crímenes.
En medio de la intervención militar, el presidente Volodomir Zelenski, afirmó que intentó conversar directamente con Putin, sin éxito, mientras el Gobierno ucraniano denunció que el país sufrió un ciberataque "masivo" que afectó a organismos estatales y bancos. Por su parte, Occidente habla de un incremento de las sanciones económicas.
Paralelamente, Kiev reclamó a Moscú y a la comunidad internacional "garantías de seguridad" ante la amenaza de una invasión rusa y pidió una nueva reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU tras el reconocimiento del Kremlin de la soberanía de dos provincias ucranianas separatistas.
"Quien sea que trate de obstruirnos, y ni que hablar que cree amenazas contra nuestro país y nuestro pueblo, debe saber que la respuesta rusa será inmediata y provocará consecuencias que nunca han visto en la historia", advirtió Putin y agregó: "Nadie debería dudar de que un ataque directo a nuestro país acarreará la destrucción y horribles consecuencias para cualquier potencial agresor".