Pasadas las tres de las tarde el ritmo del día paró en seco y el sábado pareció convertirse en un domingo a la hora de la siesta. Faltaba poco más de media hora para el inicio del partido de Argentina contra Australia y las calles se vaciaron. Muchos negocios empezaron a cerrar sus puertas, las paradas de los micros se llenaron de gente que querían volver a sus casas y los bares y restaurantes comenzaron a llenarse con todos los visitantes enfocando sus sillas hacia alguna de las pantallas que traían las imágenes de Qatar.
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