La noche del viernes 7 de octubre, P. (42) manejaba desde Villa Elisa hasta La Plata por la Autopista cuando notó que un automóvil gris la seguía muy pegado y le hacía luces. Ella venía pensando en la jornada nocturna de trabajo que le esperaba, con dos decenas de pacientes de cuidados paliativos en el hospital San Martín de la capital provincial. Pero intentó descender la marcha y correrse al carril derecho para no ofuscar al conductor de atrás. "Se me pegó tanto que no podía disminuir la marcha ni correrme, y cuando llegamos a los carteles de velocidad decía 100 de máxima. Empecé a bajar, pero el auto seguía haciéndome luces desde atrás, como si tuviera la rueda pinchada o algo así" cuenta, semanas más tarde, a 0221.com.ar.
En el trayecto pasó por la garita policial cercana a la rotonda y tocó bocina, temiendo que de manejar tan pegado, el conductor de atrás pudiera impactar contra su auto. "Pero la policía no salió... No se habrán dado cuenta, imagino, fue todo muy rápido. Cuando llegué a la rotonda pensé que todo había pasado, solo pensaba en llegar en horario al trabajo. Esto fue tipo 23.30, 23.45. Cuando estuve en la rotonda, se me pegaron y salió una mujer por la ventana que me rompió el espejito retrovisor. Entonces me tiré a la orilla", relata P., que prefiere reservar su identidad por miedo a represalias de los atacantes.
Así, con el auto en marcha, la mujer que iba de acompañante en el automóvil gris se asomó y le rompió el espejo retrovisor. "Estaban muy pegados, era como si me quisieran chocar. Por eso bajé la marcha y me tiré a un costado. Me bajé y les pedía basta, que paren, les pregunté por qué me estaban haciendo esto. Ahí (el hombre que conducía) agarró el auto y me embistió. Caí al piso, se puso todo negro y ya no me acuerdo nada. Cuando reaccioné de nuevo, miré abajo de las ruedas del auto y él aceleró... Pensé, 'bueno, por ahí abajo no paso, hasta acá llegué'. Pero cuando quedó bien cerca mío, frenó. Yo había cerrado los ojos. Le gritó a la chica que estaba pateando mi auto para que se suba, ella se subió y se fueron marcha atrás", relata la enfermera.
Una vez que se fueron, P. trató de incorporarse para ver la patente, que luego pudo consignar en la denuncia policial. El conductor la había atropellado y arrastrado por media cuadra, aunque frenó antes de pasarla por encima. "Me habían atropellado y pateado todo el auto y yo no entendía por qué. No entendí nada hasta que llegué al hospital y ahora me sigue costando entender. El auto se trabó automáticamente cuando yo salí y ella (la acompañante) intentaba abrirlo, hacía fuerza, pero no podía por la traba... De ahí que sospecho que lo hayan querido robar", esboza como teoría, aunque nada es certero aún, a dos meses de ocurrido el ataque.
Esa misma noche hizo la denuncia en la Comisaría Sexta de nuestra ciudad, ubicada en calle 1 entre 528 y 529, y la causa quedó en manos de la UFI 9 de Autores Ignorados (fiscal Mariana Ruffino) por los delitos de daños y lesiones. Luego se dirigió al hospital, donde recibió los primeros cuidados y atención. Pero más allá de seguir camino en la vía judicial, P. no logró volver a trabajar por un fuerte dolor en su columna, el brazo y el "dedo en gatillo" que le quedó como consecuencia del choque. "Estoy con lesiones permanentes. Ellos me hicieron un daño no solo económico y emocional sino físico", asegura P., que como enfermera especializada se dedica al cuidado de pacientes paliativos.
"Yo he salido a trabajar gratis, he puesto plata de mi bolsillo para cuidar a los pacientes. Y ahora me siento tan limitada, porque con este dolor de espalda el seguro de la ART no me está dando la atención que necesito. Estoy muy triste con eso, porque justo es la espalda, donde uno cuelga el cuerpo para poner una sonda... Desde que pasó lo que pasó no puedo estar de pie más de tres horas. Y parada, quince minutos es un montón. Sentada puedo estar, pero muy poco... me cuesta estar hasta acostada. No duermo, no tengo vida por el dolor. Mi vida era la enfermería y atender a los pacientes; de noche trabajaba en el hospital y de día particular. Hoy en día los domicilios los estoy perdiendo y solo estoy haciendo internaciones domiciliarias", revela la profesional en diálogo con este medio, a casi dos meses de lo ocurrido.

Si bien su ART le resalizó estudios y resonancias por todas las lesiones, hasta ahora solo le garantizó el tratamiento de la zona lumbar; no aún la parte cervical ni la mano. "Tengo algo en la columna que me pincha y no me permite realizar mi trabajo. En Provincia ART recién ahora me autorizaron la tomografía para ver la zona lumbar, porque uno de los discos está tocando la médula. Las cosas cambiaron gracias a las notas que se hicieron en los medios, pero a dos meses sigo esperando que me cubran la rehabilitación del brazo, la mano y la zona cervical de la espalda. Yo estoy luchando, pero realmente estoy cansada, muy dolorida, agotada física y mentalmente", dice P. con desazón.
La mujer de 42 años es enfermera desde hace veinte y trabaja en el Hospital San Martín desde el 2020. Hace casi 60 días que viene sufriendo las lesiones que el choque le produjo; mientras sigue en tratativas con ART para que le cubra estudios y tratamientos para las lesiones en su zona cervical y dorsal, además de rehabilitación para su brazo y mano, donde quedó con problemas en el tendón: no puede estirar el dedo índice porque lo tiene "en gatillo". Además "mi columna está tomando una posición viciosa, es decir que cuando sane va a quedar mal, me lo dijeron varios médicos", advierte la enfermera. Según explica, tiene lesiones en los discos intervertebrales lumbares L1-L2, L2-L3, L5-S1 y en los cervicales C3-C4, C4-C5.
Hasta el momento no tuvo novedades de la causa judicial que se originó por "daños y lesiones" y desconoce si los autores del ataque fueron siquiera identificados. Mientras tanto sigue pidiendo que la ART la ayude a tratar sus lesiones en la espalda y la específica en la mano, que le impide trabajar. En los próximos días deberá acercarse otra vez al cuerpo médico para acreditar el tenor de sus lesiones, y sigue esperando que su seguro de trabajo le cubra las consultas y prácticas correspondientes para, de una vez, tratarse su mano y espalda completa y disminuir el dolor.