Ocho personas (confirmadas) heridas, una represión brutal y acusaciones cruzadas por "sobreventas", además de la muerte de César "Lolo" Regueiro, son el saldo de una de las jornadas más trágicas de los últimos tiempos en La Plata, y más específicamente en el fútbol. El partido entre Boca y Gimnasia que arrancó a las 21.30 solo duró nueve minutos: el resto fueron gases lacrimógenos, balas de goma y familias aterradas por haber quedado encerradas dentro de la cancha, a la vera de los gases y la intoxicación.
Los y las hinchas de Gimnasia fueron los más perjudicados por la represión, que no tuvo miramientos con niños, personas con discapacidad o adultos mayores. Y también la prensa resultó agredida, en lo que constituye una triste costumbre policial, siendo el camarógrafo de TyC, Fernando Rivero, el exponente más claro de esa situación. El fotógrafo Ignacio Amiconi, reportero gráfico de la agencia AGLP (que brinda servicios a 0221.com.ar) capturó con su cámara el momento en que un nene era "rescatado" por los hinchas y trasladado, por encima de un alambrado, hacia adentro del campo de juego.
En diálogo con este medio, Amiconi aseguró que la jornada del jueves "fue muy distinta" a lo que acostumbra a ver: "Al principio, cuando llegué, noté muchísima gente, más de lo común. Al rato (de empezado el partido) se escucharon algunas detonaciones, pensé que eran las motos o la gente afuera tirando petardos o bombas. Pero después empezaron a sonar mucho más seguido, y el viento trajo el gas lacrimógeno. Ahí empezamos a ahogarnos, y a hacer fotos de los jugadores yéndose, de la gente escapando", contó.
"Cuando empezamos a oír más detonaciones nos dimos cuenta que afuera estaban reprimiendo, y nosotros estábamos encerrados en el estadio, no podíamos salir. Tampoco podíamos ir a un lugar a salvo porque estaba todo lleno de gas. Tratábamos de no ahogarnos y a la vez de hacer fotos de lo que pasaba", agregó. Y contó que si bien los y las fotógrafas "nos habíamos puesto abajo de la tribuna para resguardarnos, adentro había mucho más gas porque entraba de la calle. Por eso volví a salir al campo de juego para tomar un poco de aire. Cuando trabajo en la cancha suelo usar lentes teleobjetivo, pero con todo esto los había guardado en la mochila para trabajar más cómodo y resguardarme. No sabía si me iban a robar o a hacer algo. Por suerte la gente estuvo muy tranquila y ayudando".
En medio de la represión, Amiconi empezó a caminar el campo de juego. "Había muchísimas familias, muchísimos nenes muy asustados. Los escuchaba decir "mami, ¿ya nos podemos ir?" o "¿qué está pasando?". Eso me asustó bastante. La gente empezó a romper el alambrado de la tribuna de discapacitados de Gimnasia y empezaron a salir las familias de ahí, y justo vi cuando estaban sacando al nene de la foto, que estaba muy asustado. Hice esa foto (que acompaña la portada de esta nota), y después seguí haciendo de las distintas situaciones que veía. Hubo muchos niños y niñas atrapados, y tarde o temprano iban a entrar al campo de juego porque la gente empezaba a romper el alambrado para salir. Los pasillos estaban llenos, no había espacio para correr, para irse; la gente se vio obligada a romper los alambrados. Y además de niños había mucha gente mayor y muchas familias", relató el fotógrafo.
Amiconi cubre partidos locales desde hace más de seis años, pero reconoce que nunca imaginó que "iba a escuchar la cantidad de detonaciones que hubo, era algo que no terminaba nunca. Violencia siempre hay, ya se han suspendido partidos. Pero a este nivel... no. Nunca viví algo así, tan intenso. Jamás imaginé cubrir algo así. Me quedo con la imagen de las familias entrando a la cancha, y todos ayudándose entre sí. De recorrer los pasillos del estadio y ver a la gente ocultándose, tratando de respirar; me quedo con la imagen de los niños y niñas preguntándole a sus padres qué estaba pasando, si ya se podían ir. Eso me marcó".
"Traté de ser lo más profesional posible dentro de una situación como la que se vivió; y de mantener la calma. Dentro del caos que fue y de cómo se vivió, de la presión y de tener el teléfono a mil (porque me llamaban mis amigos, mi familia, mis colegas, que estaban viéndolo por la tele), creo que pude hacer un trabajo correcto y que mostró lo que se vivió. Más no pude hacer porque no podíamos salir del estadio, y fue resolver ahí mismo, como me enseñaron y como hacemos los fotógrafos: resolver con lo que tenemos a mano", cerró el fotoperiodista. La "foto" que quedó en su interior, asegura, fue la iamgen de "las familias tratando de escapar de la policía, rompiendo el alambrado desesperadas porque no podían respirar".