Suele repetirse entre investigadores y divulgadores de la historia que la fundación de la ciudad de La Plata fue la prenda que posibilitó la unidad nacional. Una verdadera epopeya cívica que sirvió para terminar con los cruentos enfrentamientos que desde la época de la independencia frenaban la posibilidad de construir un país moderno. En ese proceso, el gobernador bonaerense Dardo Rocha, tuvo un protagonismo que nadie cuestiona dando vida a una verdadera gesta que cristalizó uno de los proyectos urbanos más ambiciosos y avanzados de su época. Sin embargo, la figura de ese hacedor multifacético que fue político, militar, abogado, periodista, diplomático y cabal representante de la llamada generación del 80, parece no hacer pie en las páginas de la historia y queda reducido a una figura de menor escala.
En el espectro de la enseñanza la pronunciación de su nombre ha quedado reducida a las escuelas primarias del distrito donde el fundador de La Plata logra colarse en la currícula educativa aunque circunscrito únicamente a cuarto grado y, claro está, al entusiasmo individual de docentes que consideran relevante que sus alumnos conozcan algo sobre el fundador del lugar en el que viven.
Pese a ser la única persona nacida en La Plata que llegó a la presidencia y haber concurrido a la escuela primaria N° 102 llamada Dardo Rocha, no hay registro de que durante sus dos mandatos al frente de la primera magistratura, Cristina Fernández de Kirchner, le haya dedicado alguna línea al prohombre de la ciudad.
En la producción de esta nota ofrecen su testimonio seis especialistas conocedores de la historia bonaerense. Con la intención de ampliar la perspectiva de análisis se consultó también a otros historiadores de reconocida trayectoria académica y profusa exposición mediática a nivel nacional. El denominador común fue que se excusaron de opinar: Algunos acusaron falta de tiempo para pensar sobre el personaje y otros, sencillamente, admitieron no tener elementos para brindar su opinión.
Silencio, que hablen los que saben.
“No hay ninguna duda que la mayor contribución de Rocha a la historia argentina es la planificación y construcción de La Plata, la ciudad que dio una capital a la provincia de Buenos Aires, pacificó el país y permitió avanzar en el desarrollo”, sostiene el historiador y doctor en Comunicación César Díaz. Actual director de la Biblioteca de la Legislatura y tenaz investigador de la vida platense, sus hechos y personajes, Díaz considera que el enfrentamiento con Julio Argentino Roca selló la suerte de Rocha y condicionó su lugar en la historiografía. “Es un claro ejemplo del lugar en que quedan los perdedores”, resume.
En la misma línea de pensamiento, el investigador de la Universidad Nacional de La Plata Jorge Troisi Melean, autor de la biografía “Rocha, el último porteño” (editado por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires en 2006.) considera que “Rocha no aparece entre los nombres más importantes ni figura en los libros de historia porque su mayor proyecto, la creación de La Plata, tampoco figura. Pese a haber sido la mayor iniciativa de obra pública de la Argentina ha sido siempre opacada por el polo de poder concentrado en la Ciudad de Buenos Aires”.
Troisi pone el ojo en la causa que, a su criterio, impacta en la imagen que proyectará el fundador de La Plata: la resignación de su candidatura presidencial ante Juarez Celman, que era apoyado por Roca. “Hasta ese momendo -dice Troisi- Rocha era una figura en ascenso, pero a partir de entonces, se va retirando de la escena y empieza a dejar de estar en los primeros planos de la política nacional”.
Pero, según el biógrafo hay algo más: “Rocha no llega a convencerse del todo de su propio proyecto; no termina de atraer a los porteños para lograr equilibrar el poder de la provincia con el de la Nación así la ciudad no logra ser lo que se esperaba”. Para el autor ocurre que “en el fondo, los problemas del siglo XIX no han podido terminar de resolverse y, entre otras cosas, han impedido el desarrollo de una identidad bonaerense que sirva de plataforma para pelear por el lugar que le corresponde a la provincia. De la mano de todo eso también se explica la ausencia de Dardo Rocha en la historia argentina”.
“Es increíble pero a Rocha no se lo tiene en cuenta, no es valorado y casi no se lo nombra en las escuelas cuando se enseña la historia, ni siquiera en las de La Plata”, se queja la directora del Museo y Archivo Dardo Rocha, Susana Scorians, ferviente defensora de una figura que, según su visión “fue realmente responsable de la unificación del país”. “La creación de La Plata condensa una cantidad de cuestiones relacionadas con el país moderno, pacificado, abierto al mundo que otorgan al personaje su verdadera dimensión que muchas veces no solo no es valorada sino que no alcanza a comprenderse”, afirma. Para la funcionaria municipal “no se observa un sentimiento en reconocer los verdaderos pergaminos de Rocha”. Según Scorians son pocos los platenses interesados en la historia del fundador de su propia ciudad. En ese sentido revela que la mayoría de los visitantes del museo son turistas interesados en la parte urbanística pero no en el rol ni la figura de Rocha. Y agrega: “La falta de interés alimenta la circulación de infinidad de mitos sobre la ciudad que en buena medida son leyendas o fábulas sin fundamento ni fuentes que las validen”.
El historiador y docente Guillermo Clarke, director del recientemente creado Archivo Provincial de la Memoria dice: “Dardo Rocha encarna a la provincia de Buenos Aires moderna, no aquella nacida en 1820 sino la que conocemos nosotros y que surgió de la organización nacional de la década de 1880. La que inaugura Rocha es una provincia separada políticamente del gobierno nacional y separada de la ciudad que le dio entidad, es una campaña recién arrebatada a sus pobladores originarios y a los gauchos libres, que se transforma por la llegada de colonos y millares de estaciones ferroviarias” indica Clarke para quien “Rocha es el gobernador de la campaña bonaerense convertida en provincia de Buenos Aires y a la vez un modernizador de esa provincia fronteriza, según sus parámetros de hombre de fines del siglo XIX. Además al fundar otros pueblos y ciudades reflejó de la consolidación de los límites hacia el sur y la integración del litoral atlántico bonaerense al territorio provincial, característicos de la moderna provincia de Buenos Aires”.
El funcionario bonaerense coincide en que al “ser derrotado y convertirse en un enemigo político" Roca borra a Rocha del escenario. “Además -completa-, el propio Roca establece una alianza con las provincias mientras que Rocha queda en una Buenos Aires debilitada y ni siquiera puede sostener la continuidad de su línea en el gobierno bonaerense”. Clarke agrega otro elemento no mencionado hasta ahora: “su actividad en la Liga Patriótica, una agrupación nacionalista y violenta de la que fue fundador y que oscurece su memoria y lo convierte en un personaje incómodo”, concluye.
Por su parte, el investigador del CONICET, Gustavo Vallejo, considera que “Rocha imaginó una capital para la Nación que pretendía gobernar. La hegemonía del unicato roquista y la emergencia de Buenos Aires como la gran ciudad nación, dio por tierra con los planes de Rocha y también ayudan a entender el lugar poco considerado que terminó ocupando en la historia”.
Es necesario pedir a Vallejo que se explaye en este punto. Y entonces agrega: “Rocha tomó la creación de una ciudad ideal como el motor de su propia carrera política. El proyecto completo de Rocha era convertirse en presidente de una Nación que tuviera su Capital en La Plata. Planteadas en esos términos sus ambiciones políticas, no podía menos que resultar poco aceptable por la élite política que consolidaba su poder desde la hegemonía de Buenos Aires. Aunque compartía las ideas generales de esa élite en términos ideológicos, la cuestión urbana y las ambiciones particulares lo distanciaron de Roca y de aquellos con quienes afianzó el rol central de Buenos Aires en el Estado nación organizado a fines del siglo XIX”.
De acuerdo con Vallejo, “la proximidad de La Plata a Buenos Aires hizo que el plan inicial resultara fácilmente contrarrestado. En 1887 el cambio de gobierno provincial fue el principio del fin de la aventura de Rocha: contribuyendo a acrecentar los intereses de Buenos Aires, Máximo Paz le cedió las tierras de la provincia con las que Buenos Aires se convirtió en una de las metrópolis con una superficie mayor en el mundo y la relación de La Plata que hasta entonces pudo ser de competencia pasó a ser de subsidiariedad. Cuando Rocha llegó por primera vez a Mar del Plata, donde construyó una casa para su esposa, en tono de lamento diría que ese hubiera sido el lugar más adecuado para crear la nueva Capital por su distancia de Buenos Aires”.
Para Eduardo Lazzari, presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre, Rocha fue un “un apóstol de la generación del 80, humanista, protagonista central de un país en expansión, una verdadera perla de la historia argentina que, lamentablemente, por una discrepancia con Julio Argentino Roca su proyección quedó en el camino”. Según el especialista, es importante tener en cuenta que “llevo adelante la monumental gesta de la fundación de La Plata, que constituye el mejor plan de gobierno que tuvo la Argentina tanto por su planificación como por su concreción”. la que, de algún modo, “le quitó protagonismo al personaje y lo dejó en un pelotón de segundo plano respecto de otros prohombres”
“Lamentablemente -agrega Lazzari- su vida política quedó trunca demasiado pronto. Así y todo es uno de los nombres fundamentales. Me atrevo a decir que sin él la vida argentina habría estado empobrecida. Ocupa el primer lugar de los grandes olvidados de la historia”. “Es preciso, en ese sentido, recuperar el sueño que estaba atrás de La Plata que viene a consolida en la transformación de un país moderno y que encuentra sus cimientos en la idea del progreso”, indica. Para este apasionado custodio del patrimonio histórico y cultural, hay tres motivos que explican por qué la figura de Rocha queda ensombrecida: A su pelea con Roca hay que sumar, la prolongación de las disputas que enfrentaron a Buenos Aires con el interior y la relevancia de los representantes de la generación del 80 de la que formaba parte junto a personalidades como Roca, Wilde, Pellegrini o Sarmiento.
“Si la historiografía logra trascender la disputa entre revisionistas y liberales quizás nos permita sacar a Rocha del ostracismo”, se entusiasma Lazzari para quien “recuperar a Dardo Rocha no es solo recuperar al fundador de La Plata sino al fundador de otras tantas ciudades de la provincia como Necochea, Coronel Vidal,Tres Arroyos, Pehuajó, a la que bautizó con el nombre de la primera batalla en la que peleó en la guerra contra el Paraguay. Se trata de un personaje extraordinario que es preciso valorar con una perspectiva más amplia porque, sin duda, es uno de los grandes argentinos de la historia”.