Los orígenes del feminismo platense | 0221
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Los orígenes del feminismo platense
HISTORIAS

Los orígenes del feminismo platense

En el ámbito educativo, la impronta de Mary Graham originó una corriente en favor de la lucha de género. En el periodismo sobresale la figura de María Abella

26 de septiembre de 2021

El rol de las mujeres en la ciudad fundada por Dardo Rocha en 1882 ocupa un capítulo poco relevado en la historia. Al considerar los aportes generados por La Plata en sus orígenes, suele destacarse su significación en el urbanismo, la arquitectura de los palacios que albergaron al poder público, la creación de un puerto artificial o el nacimiento de una Universidad con avanzados criterios científicos. Menos conocida es, sin embargo, la faceta que la tuvo como parte constitutiva del primer feminismo rioplatense; precursora, incluso, en el escenario latinoamericano.

Así, en las primeras décadas de vida de la llamada ciudad de las diagonales se gestó una corriente conformada por mujeres demandantes de derechos para sus congéneres.

A fines del siglo XIX, hombres y mujeres afirmaban sus roles a través de las funciones desempeñadas. Mientras que a los hombres le correspondía la actuación pública, las mujeres debían ceñirse a la esfera íntima de lo privado: su corazón, su familia, la casa. Salir a disputar lugares con el hombre implicaba tomar el riesgo de trascender los límites impuestos por un orden patriarcal: ir más allá de las funciones hogareñas y maternales, en efecto, se comprendía como un injustificable derroche de energías cuando no un extravío de carácter moral.

El nacimiento de La Plata añadió, inicialmente, otros elementos que contribuirían a clausurar aún más la presencia pública de las mujeres. Las propias tareas de ejecución de la ciudad originaron que un ejército de jornaleros, en su mayor parte provenientes del norte de Italia, poblaran todos aquellos lugares de los que la cámara del fotógrafo Tomás Bradley dejó notables registros fotográficos. Esa homogeneidad se reforzaba en la franja social opuesta, donde la condición de capital del principal Estado provincial recibía una extensa burocracia. Porque, en rigor, la función pública era cosa de hombres.   

ROLES EN DISCUSIÓN

La minoritaria población femenina asentada en la flamante capital bonaerense tenía acotados espacios de intervención fuera del hogar: Lavanderas, prostitutas y damas de honor. Por un lado, estaban aquellas mujeres que diariamente concurrían al brazo del arroyo El Gato que corría a la altura de la calle 18 para lavar la ropa de los sectores más acomodados. Por otro, y bajo una estricta reglamentación, estaban las que se desempeñaban en las llamadas "casas de tolerancia" distanciadas a más de cuatro cuadras de templos católicos y escuelas, satisfaciendo la demanda sexual de una gran masa de población constituida por hombres solos. Por último, las esposas de hombres públicos que cumplían funciones en la Sociedad de Beneficencia, replicando la institución que en Buenos Aires había creado Bernardino Rivadavia y cuya presidenta aquí había sido Dolores Vázquez, esposa de Pedro Benoit.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que comenzara a delinearse en La Plata un nuevo espacio para las mujeres en el ámbito de la educación.

El plan fundacional emprendido por el gobernador Rocha y su ministro de Gobierno, Carlos D´Amico, se articuló con un programa formulado por Domingo Faustino Sarmiento, tras conocer en los Estados Unidos escuelas de enseñanza mixta. Allí Sarmiento se vinculó con el pedagogo Horace Mann y con su esposa, Mary Peabody Mann, acordando literalmente trasladar a la Argentina los adelantos educativos norteamericanos.

Las maestras recomendadas por los Mann serían contratadas para desempeñarse en las nacientes escuelas normales del pais. Y entre las 61 maestras que llegaron al país, Sarmiento previó un rol particular para una de ellas: Mary Olstine Graham. Nacida en Saint Louis el 13 de agosto de 1842, llegó al país en 1879 y tras un breve paso por la Escuela Normal de Paraná, donde perfeccionó el idioma, fue enviada a San Juan con la misión de formar un cuerpo docente.

MARY GRAHAM EN LA PLATA

El 13 de agosto de 1888, en el marco de las obras fundacionales para la naciente ciudad de La Plata, surgió la Escuela Normal, ubicada originalmente en diagonal 77 entre 5 y 47, donde hoy funciona el Liceo Víctor Mercante. Mary Graham, que ese día cumplia 46 años, fue trasladada desde San Juan y se le asignó la dirección con amplias potestades. En ese colegio, construido por el arquitecto Carlos Altgelt, empezaron a cursar 293 alumnos. Y en 1891 egresaron las primeras ocho maestras, a las cuales se les destinó el fin de formar formadores en educación.

La impronta de Mary Graham recorre el libro Las señoritas (Lumen, 2021) de Laura Ramos, donde se traza una semblanza de aquel grupo de mujeres reclutadas por Sarmiento: letradas, inteligentes, independientes y capaces de autoabastecerse con su trabajo desafiando un sistema que les ofrecía sólo el espacio del hogar. Dice Ramos: “Militaban enseñandoLas alumnas decían ‘ella (por Mary Graham) nos enseñaba a vivir’. Mary Graham decía ‘no quiero celadores. Eso es para los estúpidos, para los delincuentes’”, apunta la autora en una reciente entrevista en el suplemento Radar del diario Página/12. Entre los preceptos aplicados por Graham sobresalía la disciplina y el “hacer sobre el decir”.

Revolucionaria para la época, la docente trajo las ideas de una enseñanza universal, libre y no sectaria que, instaladas en la ciudad, llegaron a desbordar ampliamente los límites de su cargo. El gimnasio y los patios le permitirían desarrollar deportes de conjunto y juegos como el croquet o el tenis, que fueron practicados antes de que en la Argentina se conocieran masivamente. A la vez se creó un precursor jardín de infantes de orientación “froebeliana” a cargo de Martha Graham de Dudley, hermana de Mary. Pero aun así, el edificio reforzaba en sus formas internas criterios distintos a los seguidos por la maestra norteamericana. Como las otras escuelas realizadas por Altgelt en La Plata estaba dividida para que se educaran de un lado los varones y del otro las mujeres.   

Para trascender esos espacios fragmentarios Graham organizaba paseos en los que los estudiantes visitaban la costa de Ensenada, el Puerto o el Bosque, donde la norteamericana convertía su pasión por las Ciencias Naturales en un recurso pedagógico para promover el aprendizaje en el contacto directo con la naturaleza. Así, configuró un programa tan innovador que llegó tensar al límite la burocracia educativa provincial. Aun con la permanencia en su cargo amenazada, Miss Mary -como la llamaban sus alumnas- nunca dejó de considerar a la enseñanza para una liberación de las mujeres de una vida de encierro.

En la Escuela Normal también se dio vida al Círculo Literario, una institución filial del Consejo Nacional de Mujeres que Graham instaló para generar conferencias y comentarios de libros que estimularan el hábito de la lectura en el alumnado. Para ello, también recibió la colaboración del catalán Luis Fors de Casamayor, responsable de la Biblioteca Pública que, en el torreón esquinero de la Legislatura provincial, ubicado en Avenida 51 y 8, instaló una natural prolongación de la escuela.  

Todo lo hecho por Miss Mary redundó en una experiencia inolvidable en discípulas que trascendieron con una impronta que ponía a la mujer en un lugar diferente del preestablecido. Cuando en 1902 y en pleno desarrollo de su obra, Graham falleció, la educación normalista en La Plata había producido una siembra invaluable en el horizonte de lo que sería la lucha por la ampliación de derechos de las mujeres.

Hoy, la figura de la maestra norteamericana sigue marcando el norte en la escuela. "Sus principios de compromiso y esfuerzo y, naturalmente, su trabajo por la igualdad de género son una guía y un legado que sigue vigente", aseguró Rubén Izquierdo, director del ciclo Secundario de la vieja escuela Normal, que en los papeles de la Dirección General de Escuelas aparece como Escuela N° 32.

MUJERES DEL NORMAL

Hay muchos ejemplos. Una figura clave surgida de allí fue Raquel Camaña, una educadora que impulsó con perseverancia la introducción de la educación sexual en la currícula de la enseñanza nacional. Por sus trabajos en la materia participó de varios cónclaves internacionales. En agosto de 1909 fue delegada argentina en el Congreso de Higiene Pedagógica en París. Allí expuso el método pedagógico implementado por Mary O´ Graham en la Escuela Normal en la que se formó, ante un auditorio que consideró lo relatado como un utópico ideal educativo de futuro cuando, se trataba de lo que para ella había sido una muy fecunda realidad ya vivida. Insistiría luego en recordar la importancia de su formación junto a Graham en la actividad desarrollada.

Luego de su paso por París, brindó conferencias en Bélgica y España. Al año siguiente se desempeñó como relatora sobre educación sexual ante el Congreso de Medicina e Higiene del Centenario Argentino.

En su tesis de graduación, presentada en 1910 y llamada La cuestión sexual, propuso incorporar el dictado de una asignatura específica en las aulas de colegios nacionales, liceos, escuelas normales e institutos superiores del profesorado. La idea fue recomendada por la Sociedad de Higiene Pública.

No sería caprichoso situar allí la onda capilar que inició el movimiento reflejado en la lucha y debates actuales sobre la Educación Sexual Integral (ESI).

La pedagoga alentaba la idea de que el Estado debía difundir la enseñanza en sexualidad como “una necesidad vital” aunque, en su trabajo “Pedagodía Social” escrito en 1916, previó un horizonte de dificultades: “Pasarán años, muchos quizás, antes que los padres vean en la educación sexual de los hijos el más importante y sagrado de sus deberes”, señaló.

También se graduó en la Escuela Normal de Miss Mary María Angélica Barreda, la primera mujer en recibir el título de abogada en la Argentina. Egresada de la Universidad Nacional de La Plata a finales de 1909, obtuvo su matrícula nacional en mayo del año siguiente. Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires, la Suprema Corte intentó impedir que ejerciera la profesión. Basándose en un dictamen del procurador Manuel Escobar el alto tribunal bonaerense alegó que tenía una capitis deminutio, es decir una disminución en la capacidad normal dada su condición de mujer. Después de un largo entredicho, en el que Barreda echó mano al precepto de la Constitución provincial que garantiza la liberad de aprendizaje sin discriminación por género, los jueces terminaron por permitir su habilitación profesional y accedieron a que jurara como abogada.

En una larga lista de egresadas el Normal, también se ubica la pedagoga y escritora Josefina Passadori, fundadora de la primera cooperativa escolar de consumo de América Latina y autora del tradicional Manual del Alumno con el que se educaron numerosas generaciones. Dictó conferencias en el país y en el extranjero, presidió la Sociedad de las Artes e incursionó en el periodismo. Más adelante en el tiempo, pero como efecto de la misma impronta, puede nombrarse las destacadas escritoras Martha Mercader y Aurora Venturini o la abogada y destacada dirigente de la Unión Cívica Radical, Florentina Gómez Miranda.

PRIMERA PERIODISTA PLATENSE

La estela de la maestra norteamericana también alcanzó a María Ramona Abella, la primera periodista mujer de la ciudad que instaló aquí el uso del término feminismo. Abella completó su formación normalista bajo el sello de Graham en La Plata donde en 1902 fundó la revista “Nosotras. Feminista, literaria y social, una innovadora expresión del feminismo latinoamericano, que tenía por lema “ayudémonos las unas a las otras: la unión hace la fuerza”. 

Era uruguaya y se había formado inicialmente como maestra en la Escuela Reformadora de José Pedro Varela. Su actuación la colocó en un círculo integrado por notables figuras como el gran pedagogo, Carlos Vaz Ferreira; la introductora de los derechos políticos en la otra orilla del Río de la Plata, Paulina Luisi; y, entre otros, José Batlle y Ordóñez, quien en sus dos presidencias gestó en Uruguay el primer estado de bienestar sudamericano.

Enviudo de su primer matrimonio con Leandro Jardi y, ya en La Plata, se casó con el escribano Antonio Ramírez y dio inicio a su actividad periodística, en la que exhibió una fuerte veta anticlerical oponiéndose al avance de la Iglesia sobre la escuela pública. 

Su obra fue tan intensa como prolífica. En 1905 creó la Liga Feminista Nacional, filial en Argentina de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer con sede en Berlín. Allí, además de Camaña, tuvo como compañeras de senda a Alicia Moreau y Julieta Lanteri, la primera mujer que sufragó en Iberoamérica. Asimismo, impulsó la fundación de una casa de expósitos y la creación de escuelas nocturnas para mujeres trabajadoras.

A esos espacios de acción se sumaron otros inmersos dentro del movimiento librepensador, desde donde buscó integrar el pensamiento científico y la función social, rompiendo restricciones como las establecidas por la Masonería, que impedía el ingreso a las mujeres. Fors de Casamayor había contribuido inicialmente a que su prédica feminista se hiciera un lugar dentro del Librepensamiento argentino y, de hecho, María Abella fundó el Subcomité mixto de Librepensamiento de La Plata.

PROGAMA DE REIVINDICACIONES

Su pluma era batalladora. Dentro de esa actividad quedó comprendida la redacción de polémicos artículos periodísticos, anticipatorios de los que sería una altisonante proclama lanzada en el Congreso Internacional de Librepensamiento que sesionó en 1906 en Buenos Aires y tuvo su cierre en el Teatro Argentino de La Plata. Allí dio a conocer su “Programa mínimo de reivindicaciones femeninas”, que puede entenderse como el manifiesto más importante del primer feminismo rioplatense. 

Tras aquella gesta, María Abella siguió adelante y en 1909 fundó la Liga Feminista Nacional con su órgano de difusión llamado “La nueva mujer”. Desde esa trinchera promovió el Primer Congreso Femenino Internacional que tuvo entre sus protagonistas a Cecilia Grierson -la primera médica argentina y cuyo nombre lleva la que será la primera vacuna nacional-, y fundó la Asociación Femenina Panamericana. En esta última entidad, también creó el Ateneo de Montevideo, constituido en la sección uruguaya adscripta al “Programa mínimo” elaborado en La Plata. 

No hubo espacio que Abella no quisiera ocupar. Con Raquel Camaña compartiría el interés por la protección de la infancia, reclamando la reglamentación del trabajo de los menores de edad. La educación sexual en las escuelas fue, además, otro tema instalado por las feministas platenses. 

María Abella murió en 1926. Su legado puede sintetizarse en el “Programa mínimo”, reproducido en el libro En pos de la justicia. Allí estaba el reclamo de que en todas las reparticiones públicas se desempeñaran las mujeres con el mismo sueldo y condiciones que los hombres, reclamo que las feministas no han abandonado.

Las siguientes exigencias apuntaban a un régimen de comunidad de bienes en el matrimonio, como las de liberar a la mujer de las obligaciones de fijar residencia donde lo estableciera su esposo, y de recurrir a un permiso marital para enseñar y aprender, entrar o salir del país, y dedicarse a la profesión que más le agradara. Todas estas cuestiones estuvieron vigentes hasta que una ley de 1968 modificatoria del Código Civil, mejoró las condiciones de autonomía de la mujer.

El Programa también exigía que la madre tuviera la patria potestad compartida. Ello fue implantado en 1949, derogado en 1955 y reimplantado por ley en 1985. A eso se sumaba el reclamo por la instauración del divorcio, bastando el pedido de una sola de las partes, como quedaría refrendado por Ley en 1987. Pedía, además, suprimir la prisión por adulterio a la mujer, algo que recién será establecido por Ley modificatoria del Código Penal en 1995. La igualdad de todos los hijos ante la ley era otra de las exigencias, la cual recién fue consagrada por ley en 1985. Además, pedía suprimir las cárceles del Buen Pastor, “en que se martiriza a la mujer por el delito de amar”, como la instalada en Córdoba que funcionó hasta el fin de la última dictadura militar, en 1983.

Tal era la impronta moderna de sus reclamos que no dejó de lado los derechos políticos para que la mujer pudiera votar y ser votada, como se establecería por ley en 1947. Y, finalmente, agregaba el anhelo de que la justicia eliminara la invocación a “dramas pasionales”, algo que recién sucedería con la introducción en el Código Penal de la noción de femicidio en 2012.

Con el correr del tiempo, La Plata se erigió así como un espacio cultural pionero del primer feminismo latinoamericano.

María Abella prolongó una tradición iniciada por Mary O´Graham quien sí tuvo su reconocimiento, aunque limitado al plano educativo. Sus nombres permanecieron grabados en la memoria de las instituciones. Al emerger el Normal Nacional N°1,  llevó el nombre de Mary O´Graham en el edificio inaugurado en 1932 en avenida 51 entre 14 y 15.  

Curiosamente, el nombre de María Abella carece de presencia relevante en La Plata. En cambio, sí la tiene en Montevideo, donde es recordada en una rambla de la costanera y a través de la reedición de sus escritos. Paradojas el destino, fue en la pandemia de Covid-19 que su nombre resurgió del olvido. Quien la trajo al presente fue la doctora Juliana Cassataro, miembro del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad de San Martín y de CONICET y directora del equipo que está desarrollando la vacuna argentina para Covid-19: la ARVAC Cecilia Grierson. Cassataro es hija de desaparecidos y fue recuperada por su abuelo de la Casa del Niño en La Plata, y supo hace poco tiempo que era tataranieta de María Abella. Al referirse con orgullo a una identidad a la que ese parentesco descubierto singularizó más, trazó un puente entre el pasado y el presente: “Lo que se genera con la vacuna es memoria, porque el cuerpo recuerda y es la respuesta de memoria la que te protege”, indicó.

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En el ámbito educativo, la impronta de Mary Graham originó una corriente en favor de la lucha de género. En el periodismo sobresale la figura de María Abella
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Los orígenes del feminismo platense

En el ámbito educativo, la impronta de Mary Graham originó una corriente en favor de la lucha de género. En el periodismo sobresale la figura de María Abella
Los orígenes del feminismo platense

El rol de las mujeres en la ciudad fundada por Dardo Rocha en 1882 ocupa un capítulo poco relevado en la historia. Al considerar los aportes generados por La Plata en sus orígenes, suele destacarse su significación en el urbanismo, la arquitectura de los palacios que albergaron al poder público, la creación de un puerto artificial o el nacimiento de una Universidad con avanzados criterios científicos. Menos conocida es, sin embargo, la faceta que la tuvo como parte constitutiva del primer feminismo rioplatense; precursora, incluso, en el escenario latinoamericano.

Así, en las primeras décadas de vida de la llamada ciudad de las diagonales se gestó una corriente conformada por mujeres demandantes de derechos para sus congéneres.

A fines del siglo XIX, hombres y mujeres afirmaban sus roles a través de las funciones desempeñadas. Mientras que a los hombres le correspondía la actuación pública, las mujeres debían ceñirse a la esfera íntima de lo privado: su corazón, su familia, la casa. Salir a disputar lugares con el hombre implicaba tomar el riesgo de trascender los límites impuestos por un orden patriarcal: ir más allá de las funciones hogareñas y maternales, en efecto, se comprendía como un injustificable derroche de energías cuando no un extravío de carácter moral.

El nacimiento de La Plata añadió, inicialmente, otros elementos que contribuirían a clausurar aún más la presencia pública de las mujeres. Las propias tareas de ejecución de la ciudad originaron que un ejército de jornaleros, en su mayor parte provenientes del norte de Italia, poblaran todos aquellos lugares de los que la cámara del fotógrafo Tomás Bradley dejó notables registros fotográficos. Esa homogeneidad se reforzaba en la franja social opuesta, donde la condición de capital del principal Estado provincial recibía una extensa burocracia. Porque, en rigor, la función pública era cosa de hombres.   

ROLES EN DISCUSIÓN

La minoritaria población femenina asentada en la flamante capital bonaerense tenía acotados espacios de intervención fuera del hogar: Lavanderas, prostitutas y damas de honor. Por un lado, estaban aquellas mujeres que diariamente concurrían al brazo del arroyo El Gato que corría a la altura de la calle 18 para lavar la ropa de los sectores más acomodados. Por otro, y bajo una estricta reglamentación, estaban las que se desempeñaban en las llamadas "casas de tolerancia" distanciadas a más de cuatro cuadras de templos católicos y escuelas, satisfaciendo la demanda sexual de una gran masa de población constituida por hombres solos. Por último, las esposas de hombres públicos que cumplían funciones en la Sociedad de Beneficencia, replicando la institución que en Buenos Aires había creado Bernardino Rivadavia y cuya presidenta aquí había sido Dolores Vázquez, esposa de Pedro Benoit.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que comenzara a delinearse en La Plata un nuevo espacio para las mujeres en el ámbito de la educación.

El plan fundacional emprendido por el gobernador Rocha y su ministro de Gobierno, Carlos D´Amico, se articuló con un programa formulado por Domingo Faustino Sarmiento, tras conocer en los Estados Unidos escuelas de enseñanza mixta. Allí Sarmiento se vinculó con el pedagogo Horace Mann y con su esposa, Mary Peabody Mann, acordando literalmente trasladar a la Argentina los adelantos educativos norteamericanos.

Las maestras recomendadas por los Mann serían contratadas para desempeñarse en las nacientes escuelas normales del pais. Y entre las 61 maestras que llegaron al país, Sarmiento previó un rol particular para una de ellas: Mary Olstine Graham. Nacida en Saint Louis el 13 de agosto de 1842, llegó al país en 1879 y tras un breve paso por la Escuela Normal de Paraná, donde perfeccionó el idioma, fue enviada a San Juan con la misión de formar un cuerpo docente.

MARY GRAHAM EN LA PLATA

El 13 de agosto de 1888, en el marco de las obras fundacionales para la naciente ciudad de La Plata, surgió la Escuela Normal, ubicada originalmente en diagonal 77 entre 5 y 47, donde hoy funciona el Liceo Víctor Mercante. Mary Graham, que ese día cumplia 46 años, fue trasladada desde San Juan y se le asignó la dirección con amplias potestades. En ese colegio, construido por el arquitecto Carlos Altgelt, empezaron a cursar 293 alumnos. Y en 1891 egresaron las primeras ocho maestras, a las cuales se les destinó el fin de formar formadores en educación.

La impronta de Mary Graham recorre el libro Las señoritas (Lumen, 2021) de Laura Ramos, donde se traza una semblanza de aquel grupo de mujeres reclutadas por Sarmiento: letradas, inteligentes, independientes y capaces de autoabastecerse con su trabajo desafiando un sistema que les ofrecía sólo el espacio del hogar. Dice Ramos: “Militaban enseñandoLas alumnas decían ‘ella (por Mary Graham) nos enseñaba a vivir’. Mary Graham decía ‘no quiero celadores. Eso es para los estúpidos, para los delincuentes’”, apunta la autora en una reciente entrevista en el suplemento Radar del diario Página/12. Entre los preceptos aplicados por Graham sobresalía la disciplina y el “hacer sobre el decir”.

Revolucionaria para la época, la docente trajo las ideas de una enseñanza universal, libre y no sectaria que, instaladas en la ciudad, llegaron a desbordar ampliamente los límites de su cargo. El gimnasio y los patios le permitirían desarrollar deportes de conjunto y juegos como el croquet o el tenis, que fueron practicados antes de que en la Argentina se conocieran masivamente. A la vez se creó un precursor jardín de infantes de orientación “froebeliana” a cargo de Martha Graham de Dudley, hermana de Mary. Pero aun así, el edificio reforzaba en sus formas internas criterios distintos a los seguidos por la maestra norteamericana. Como las otras escuelas realizadas por Altgelt en La Plata estaba dividida para que se educaran de un lado los varones y del otro las mujeres.   

Para trascender esos espacios fragmentarios Graham organizaba paseos en los que los estudiantes visitaban la costa de Ensenada, el Puerto o el Bosque, donde la norteamericana convertía su pasión por las Ciencias Naturales en un recurso pedagógico para promover el aprendizaje en el contacto directo con la naturaleza. Así, configuró un programa tan innovador que llegó tensar al límite la burocracia educativa provincial. Aun con la permanencia en su cargo amenazada, Miss Mary -como la llamaban sus alumnas- nunca dejó de considerar a la enseñanza para una liberación de las mujeres de una vida de encierro.

En la Escuela Normal también se dio vida al Círculo Literario, una institución filial del Consejo Nacional de Mujeres que Graham instaló para generar conferencias y comentarios de libros que estimularan el hábito de la lectura en el alumnado. Para ello, también recibió la colaboración del catalán Luis Fors de Casamayor, responsable de la Biblioteca Pública que, en el torreón esquinero de la Legislatura provincial, ubicado en Avenida 51 y 8, instaló una natural prolongación de la escuela.  

Todo lo hecho por Miss Mary redundó en una experiencia inolvidable en discípulas que trascendieron con una impronta que ponía a la mujer en un lugar diferente del preestablecido. Cuando en 1902 y en pleno desarrollo de su obra, Graham falleció, la educación normalista en La Plata había producido una siembra invaluable en el horizonte de lo que sería la lucha por la ampliación de derechos de las mujeres.

Hoy, la figura de la maestra norteamericana sigue marcando el norte en la escuela. "Sus principios de compromiso y esfuerzo y, naturalmente, su trabajo por la igualdad de género son una guía y un legado que sigue vigente", aseguró Rubén Izquierdo, director del ciclo Secundario de la vieja escuela Normal, que en los papeles de la Dirección General de Escuelas aparece como Escuela N° 32.

MUJERES DEL NORMAL

Hay muchos ejemplos. Una figura clave surgida de allí fue Raquel Camaña, una educadora que impulsó con perseverancia la introducción de la educación sexual en la currícula de la enseñanza nacional. Por sus trabajos en la materia participó de varios cónclaves internacionales. En agosto de 1909 fue delegada argentina en el Congreso de Higiene Pedagógica en París. Allí expuso el método pedagógico implementado por Mary O´ Graham en la Escuela Normal en la que se formó, ante un auditorio que consideró lo relatado como un utópico ideal educativo de futuro cuando, se trataba de lo que para ella había sido una muy fecunda realidad ya vivida. Insistiría luego en recordar la importancia de su formación junto a Graham en la actividad desarrollada.

Luego de su paso por París, brindó conferencias en Bélgica y España. Al año siguiente se desempeñó como relatora sobre educación sexual ante el Congreso de Medicina e Higiene del Centenario Argentino.

En su tesis de graduación, presentada en 1910 y llamada La cuestión sexual, propuso incorporar el dictado de una asignatura específica en las aulas de colegios nacionales, liceos, escuelas normales e institutos superiores del profesorado. La idea fue recomendada por la Sociedad de Higiene Pública.

No sería caprichoso situar allí la onda capilar que inició el movimiento reflejado en la lucha y debates actuales sobre la Educación Sexual Integral (ESI).

La pedagoga alentaba la idea de que el Estado debía difundir la enseñanza en sexualidad como “una necesidad vital” aunque, en su trabajo “Pedagodía Social” escrito en 1916, previó un horizonte de dificultades: “Pasarán años, muchos quizás, antes que los padres vean en la educación sexual de los hijos el más importante y sagrado de sus deberes”, señaló.

También se graduó en la Escuela Normal de Miss Mary María Angélica Barreda, la primera mujer en recibir el título de abogada en la Argentina. Egresada de la Universidad Nacional de La Plata a finales de 1909, obtuvo su matrícula nacional en mayo del año siguiente. Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires, la Suprema Corte intentó impedir que ejerciera la profesión. Basándose en un dictamen del procurador Manuel Escobar el alto tribunal bonaerense alegó que tenía una capitis deminutio, es decir una disminución en la capacidad normal dada su condición de mujer. Después de un largo entredicho, en el que Barreda echó mano al precepto de la Constitución provincial que garantiza la liberad de aprendizaje sin discriminación por género, los jueces terminaron por permitir su habilitación profesional y accedieron a que jurara como abogada.

En una larga lista de egresadas el Normal, también se ubica la pedagoga y escritora Josefina Passadori, fundadora de la primera cooperativa escolar de consumo de América Latina y autora del tradicional Manual del Alumno con el que se educaron numerosas generaciones. Dictó conferencias en el país y en el extranjero, presidió la Sociedad de las Artes e incursionó en el periodismo. Más adelante en el tiempo, pero como efecto de la misma impronta, puede nombrarse las destacadas escritoras Martha Mercader y Aurora Venturini o la abogada y destacada dirigente de la Unión Cívica Radical, Florentina Gómez Miranda.

PRIMERA PERIODISTA PLATENSE

La estela de la maestra norteamericana también alcanzó a María Ramona Abella, la primera periodista mujer de la ciudad que instaló aquí el uso del término feminismo. Abella completó su formación normalista bajo el sello de Graham en La Plata donde en 1902 fundó la revista “Nosotras. Feminista, literaria y social, una innovadora expresión del feminismo latinoamericano, que tenía por lema “ayudémonos las unas a las otras: la unión hace la fuerza”. 

Era uruguaya y se había formado inicialmente como maestra en la Escuela Reformadora de José Pedro Varela. Su actuación la colocó en un círculo integrado por notables figuras como el gran pedagogo, Carlos Vaz Ferreira; la introductora de los derechos políticos en la otra orilla del Río de la Plata, Paulina Luisi; y, entre otros, José Batlle y Ordóñez, quien en sus dos presidencias gestó en Uruguay el primer estado de bienestar sudamericano.

Enviudo de su primer matrimonio con Leandro Jardi y, ya en La Plata, se casó con el escribano Antonio Ramírez y dio inicio a su actividad periodística, en la que exhibió una fuerte veta anticlerical oponiéndose al avance de la Iglesia sobre la escuela pública. 

Su obra fue tan intensa como prolífica. En 1905 creó la Liga Feminista Nacional, filial en Argentina de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer con sede en Berlín. Allí, además de Camaña, tuvo como compañeras de senda a Alicia Moreau y Julieta Lanteri, la primera mujer que sufragó en Iberoamérica. Asimismo, impulsó la fundación de una casa de expósitos y la creación de escuelas nocturnas para mujeres trabajadoras.

A esos espacios de acción se sumaron otros inmersos dentro del movimiento librepensador, desde donde buscó integrar el pensamiento científico y la función social, rompiendo restricciones como las establecidas por la Masonería, que impedía el ingreso a las mujeres. Fors de Casamayor había contribuido inicialmente a que su prédica feminista se hiciera un lugar dentro del Librepensamiento argentino y, de hecho, María Abella fundó el Subcomité mixto de Librepensamiento de La Plata.

PROGAMA DE REIVINDICACIONES

Su pluma era batalladora. Dentro de esa actividad quedó comprendida la redacción de polémicos artículos periodísticos, anticipatorios de los que sería una altisonante proclama lanzada en el Congreso Internacional de Librepensamiento que sesionó en 1906 en Buenos Aires y tuvo su cierre en el Teatro Argentino de La Plata. Allí dio a conocer su “Programa mínimo de reivindicaciones femeninas”, que puede entenderse como el manifiesto más importante del primer feminismo rioplatense. 

Tras aquella gesta, María Abella siguió adelante y en 1909 fundó la Liga Feminista Nacional con su órgano de difusión llamado “La nueva mujer”. Desde esa trinchera promovió el Primer Congreso Femenino Internacional que tuvo entre sus protagonistas a Cecilia Grierson -la primera médica argentina y cuyo nombre lleva la que será la primera vacuna nacional-, y fundó la Asociación Femenina Panamericana. En esta última entidad, también creó el Ateneo de Montevideo, constituido en la sección uruguaya adscripta al “Programa mínimo” elaborado en La Plata. 

No hubo espacio que Abella no quisiera ocupar. Con Raquel Camaña compartiría el interés por la protección de la infancia, reclamando la reglamentación del trabajo de los menores de edad. La educación sexual en las escuelas fue, además, otro tema instalado por las feministas platenses. 

María Abella murió en 1926. Su legado puede sintetizarse en el “Programa mínimo”, reproducido en el libro En pos de la justicia. Allí estaba el reclamo de que en todas las reparticiones públicas se desempeñaran las mujeres con el mismo sueldo y condiciones que los hombres, reclamo que las feministas no han abandonado.

Las siguientes exigencias apuntaban a un régimen de comunidad de bienes en el matrimonio, como las de liberar a la mujer de las obligaciones de fijar residencia donde lo estableciera su esposo, y de recurrir a un permiso marital para enseñar y aprender, entrar o salir del país, y dedicarse a la profesión que más le agradara. Todas estas cuestiones estuvieron vigentes hasta que una ley de 1968 modificatoria del Código Civil, mejoró las condiciones de autonomía de la mujer.

El Programa también exigía que la madre tuviera la patria potestad compartida. Ello fue implantado en 1949, derogado en 1955 y reimplantado por ley en 1985. A eso se sumaba el reclamo por la instauración del divorcio, bastando el pedido de una sola de las partes, como quedaría refrendado por Ley en 1987. Pedía, además, suprimir la prisión por adulterio a la mujer, algo que recién será establecido por Ley modificatoria del Código Penal en 1995. La igualdad de todos los hijos ante la ley era otra de las exigencias, la cual recién fue consagrada por ley en 1985. Además, pedía suprimir las cárceles del Buen Pastor, “en que se martiriza a la mujer por el delito de amar”, como la instalada en Córdoba que funcionó hasta el fin de la última dictadura militar, en 1983.

Tal era la impronta moderna de sus reclamos que no dejó de lado los derechos políticos para que la mujer pudiera votar y ser votada, como se establecería por ley en 1947. Y, finalmente, agregaba el anhelo de que la justicia eliminara la invocación a “dramas pasionales”, algo que recién sucedería con la introducción en el Código Penal de la noción de femicidio en 2012.

Con el correr del tiempo, La Plata se erigió así como un espacio cultural pionero del primer feminismo latinoamericano.

María Abella prolongó una tradición iniciada por Mary O´Graham quien sí tuvo su reconocimiento, aunque limitado al plano educativo. Sus nombres permanecieron grabados en la memoria de las instituciones. Al emerger el Normal Nacional N°1,  llevó el nombre de Mary O´Graham en el edificio inaugurado en 1932 en avenida 51 entre 14 y 15.  

Curiosamente, el nombre de María Abella carece de presencia relevante en La Plata. En cambio, sí la tiene en Montevideo, donde es recordada en una rambla de la costanera y a través de la reedición de sus escritos. Paradojas el destino, fue en la pandemia de Covid-19 que su nombre resurgió del olvido. Quien la trajo al presente fue la doctora Juliana Cassataro, miembro del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad de San Martín y de CONICET y directora del equipo que está desarrollando la vacuna argentina para Covid-19: la ARVAC Cecilia Grierson. Cassataro es hija de desaparecidos y fue recuperada por su abuelo de la Casa del Niño en La Plata, y supo hace poco tiempo que era tataranieta de María Abella. Al referirse con orgullo a una identidad a la que ese parentesco descubierto singularizó más, trazó un puente entre el pasado y el presente: “Lo que se genera con la vacuna es memoria, porque el cuerpo recuerda y es la respuesta de memoria la que te protege”, indicó.