Arián González (25), procesado por “malos tratos y actos de crueldad a los animales” deberá ir a juicio oral en caso de prosperar la requisitoria solicitada por el fiscal Marcelo Romero. Se trata del acusado por el brutal ataque a una pequeña perra en el hall de un edificio de La Plata, que provocó un gran revuelvo tras la viralización de los videos que dejaron expuesto el brutal ataque al que sometió a la mascota de quien entonces era su pareja.
El fiscal dio por probado que en la mañana del 30 de mayo último, en el hall de ingreso del edificio ubicado en calle 47 esquina diagonal 76, González “con espíritu perverso, pateó en forma brutal, despiadada y en reiteradas oportunidades a la perra de nombre ‘Mía’, de raza caniche toy” que pertenece a su entonces pareja “hasta sacarla a la vereda, provocándole al animal daños y sufrimientos innecesarios”.
La mascota sufrió graves lesiones que fueron corroboradas por estudios e informes veterinarios que forman parte de la plataforma de evidencias que valoró el fiscal para que el acusado lleve su defensa ante un juzgado Correccional.
González quedó procesado por infligir los artículos 1 y 3 inciso 7 de la Ley 14.346 que establece: “Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”. En este caso en particular el fiscal Romero determinó como acto de crueldad “lastimar y arrollar animales intencionalmente, causarles torturas o sufrimientos innecesarios o matarlos por sólo espíritu de perversidad”, según se desprende de la documentación normativa a la que accedió este medio.
González quedó procesado por infligir los artículos 1 y 3 inciso 7 de la Ley 14.346 que establece: “Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”. Tras la indagatoria fue a dejar sus huellas dactilares en su ficha penal.
En este caso en particular el fiscal Romero determinó como acto de crueldad “lastimar y arrollar animales intencionalmente, causarles torturas o sufrimientos innecesarios o matarlos por sólo espíritu de perversidad”, según se desprende de la documentación normativa a la que accedió este medio.
Una vez que el agresor tuvo a la perrita cerca de la salida del hall, no dudó en pegarle nuevamente para sacarla definitivamente del edificio y dejarla sola en plena calle. Esta conducta agresiva le valió una denuncia penal.
El pedido de juicio oral será notificado a la defensa del joven y luego el juez Guillermo Atencio debe resolver.