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Se reaviva el enigma que vincula a los Benoit con la corona francesa

Familiares de Pierre Benoit, padre del proyectista de La Plata, buscan reactivar estudios para que sea reconocido como legítimo heredero de la corona francesa

Pese a que para mucha gente se trata solo de una leyenda o un tema ya cerrado, la increíble y larga historia que considera a Pierre Benoit, el padre de Pedro Benoit, como heredero de la corona francesa promete tener aún episodios abiertos: sus descendientes argentinos adelantaron a 0221.com.ar que buscan hacer nuevos estudios genéticos para reactivar su reclamo por un efectivo reconocimiento.

El pasado se sigue escribiendo en el presente. La figura de Pierre Benoit, el padre del funcionario que en 1882 tuvo a su cargo el diseño y construcción de La Plata, ha quedado envuelta durante largas décadas en una encendida disputa agigantada por el misterio alrededor de su presunta filiación con el linaje de los reyes de Francia, una pretensión que, a lo largo de dos siglos, ha tenido más de medio centenar de aspirantes que, hasta ahora, no han logrado probar la legitimidad de su vínculo. Se han derramado sobre el asunto ríos de tinta en la prensa en todo el mundo y según los cálculos de conocedores ya se escribieron por lo menos mil libros al respecto, entre investigaciones históricas, novelas y guiones cinematográficos.

Todo empezó allá lejos y hace tiempo. Luis Carlos de Borbón nació el 27 de marzo de 1785 en el Palacio de Versalles. Fue duque de Normandía hasta que la muerte de su hermano mayor Luis Joseph Xavier, lo convirtió en el Delfín, es decir el heredero natural de la corona.

Cuatro años más tarde, al producirse la revolución francesa el niño resultó encarcelado junto a sus padres, los reyes Luis XVI y María Antonieta, que luego fueron decapitados. El pequeño Luis Carlos se convirtió, para los leales de la monarquía, en Luis XVII, un rey sin trono. Según la historia oficial, el chico murió el 8 de junio de 1795 en su celda de la prisión de Temple a causa de tuberculosis.

Pero el paso del tiempo fue cobrando fuerza una versión diferente sobre el destino del heredero de la corona que indicaba que el Delfín había sido rescatado y llevado a vivir con una familia de nobles en Calais, al norte del país, donde recibió una educación privilegiada. Tras años de permanecer oculto, zarpó del puerto de Havre de Grace con destino a Sudamérica. Según este relato, al que se aferran sus descendientes, el hombre que el 1° de julio de 1818 llegó a Buenos Aires a bordo de la goleta La Chiffone y se presentó como Pierre Benoit era nada menos que Luis XVII.

UN DELFÍN EN BUENOS AIRES

Lo cierto es que al llegar aquí Benoit dijo haber servido a Francia como marino entre 1808 y 1814, y haber participado en la batalla de Waterloo donde habría sido tomado prisionero por los ingleses hasta que logró fugarse hacia el Río de La Plata. De acuerdo con esa versión de los hechos, primero había hecho una escala en Colombia donde, escoltado por un grupo de masones intentó sin suerte entregar una carta de recomendación firmada por Napoleón Bonaparte -quien se habría ocupado en asegurar su seguridad y educación- y dirigida a Simón Bolívar. Al no poder establecerse allí, el barco zarpó hacia el Río de La Plata.

A lo largo de su vida Benoit mantuvo un gran hermetismo de su pasado en Francia. Nunca quedó claro quienes eran sus padres, ya que la respuesta nunca era la misma; a veces decía que había nacido “en cuna de oro”, otras veces que era “hijo de una lavandera” o “de un pescador del puerto de Calais”. Lo mismo sucedía cuando se le preguntaba por su fecha de nacimiento o de bautismo.

De su matrimonio con María Josefa de las Mercedes Leyes, nacieron Petrona Mercedes y Pedro, el artífice de los planos de La Plata. Pierre siempre tuvo una actitud de negación hacia todo lo francés e incluso se negó a que sus hijos aprendieran el idioma. Sólo a su familia, especialmente a Petrona, su gran confidente, Pierre habría contado, sin demasiados detalles, algunos trazos de la historia de su infancia atravesada por la tragedia y el sufrimiento.  

Pierre logró insertarse rápidamente en el aristocrático mundo de las familias patricias rioplatenses. Sus notables conocimientos de arquitectura y dibujo hicieron que en 1821 fuera contratado por el gobierno de Martín Rodriguez. Trabajó a las órdenes del arquitecto francés Próspero Catelin, en la construcción de la Catedral porteña. Entre sus realizaciones que aún perduran también figura el ordenamiento del cementerio de la Recoleta. En 1828 el coronel Manuel Dorrego lo nombró director de dibujo del Departamento Topográfico.

Durante años recibió la protección del caudillo bonaerense Juan Manuel de Rosas. Sufría de una dolencia que afectaba la movilidad de sus piernas y vivió postrado durante el último tramo de su vida.

El 22 de agosto de 1852, Pierre recibió la extraña visita de un hombre de origen francés, al parecer médico, que dijo haber llegado a Buenos Aires con el único propósito de entrevistarlo a solas. Poco después de que se retirara de la casa de San Telmo, los familiares descubrieron que, inexplicablemente, Benoit había muerto. Ese final rodeado de misterio comenzó a alimentar la grieta por la que se colaron todas las dudas. 

RASTROS OCULTOS

Tras su muerte, el silencio comenzó a quebrarse. Petrona confesó a su tía Dolores Candida Benoit -primogénita de Pedro y esposa de José Matías de Zapiola- que su padre le había contado sobre su noble origen. En sus memorias Dolores transcribió las revelaciones de Pierre a Petrona: "a fines de 1793, en la época del Terror, una mujer de cierta edad y un hombre me llevaron escondido debajo de una amplia capa, en una calesa, una noche oscura y me entregaron al matrimonio Benoit, en el Puerto de Calais. No me pidas Petrona hablar de antes de esa noche. Recibí educación esmerada y privada, estaba como escondido, pero muy bien tratado; con gran cariño", indicó.

Los miembros de la familia Zapiola se abocaron entonces a investigar sobre la vida de su ancestro y descubrieron lo que consideran signos dejados por Benoit que hablan de su historia. Entre otras cosas, dijeron haber descubierto que, bajo el marco de varios cuadros, había dibujado flores de lis, especie que se relaciona con la casa real francesa. Al hacer analizar sus pinturas por especialistas se habrían hallado inscripciones como “del fin” o “del Z”, que interpretan como “Delfín”; o “del is” (“de lis”). Además -afirman-, en las firmas de varios de sus planos parecen confundirse la “P” de Pierre con una “L” y una “C” entrelazadas (de Luis Carlos); y la “B” de Benoit también se asemeja a una “R” de rey. En otros trabajos aparecen semiocultas las letras “L C R F” que en la interpretación de los familiares deberían leerse “Luis Carlos Rey de Francia”.

En 1941, después de dar muchas vueltas al asunto, Federico Zapiola, descendiente directo de Pierre Benoit, escribió el libro “¿Luis XVII murió en Buenos Aires?”, en el que planteó formalmente las dudas alrededor del verdadero origen de su antepasado y defendió el planteo sobre su posible vínculo con la realeza.

En 1950, el escritor Manuel Mujica Láinez dedicó su relato "La escalera de mármol", incluido en su libro "Misteriosa Buenos Aires", a la hipótesis de  que Pierre Benoit era el nombre disimulado de Luis XVII. Suele sostenerse que fue a partir de entonces la hipótesis de los descendientes cobró mayor dimensión en la Argentina, sin embargo, las autoridades francesas siempre han sostenido su indiferencia para con esta historia. 

Pierre Benoit fue sepultado en la bóveda de la familia Fonseca del cementerio de la Recoleta. Años más tarde sus restos fueron redu­cidos y se mezclaron con cadáveres de otras personas. Asimismo, se fue instalando con fuerza la idea de que Pierre no había muerto en forma natural. 

Pero fue sólo en 1996, luego de pedir la exhumación del cuerpo y tras la realización de los estudios forenses correspondientes, que pudo constatarse que su deceso se había producido por envenenamiento con arsénico. Esto dio un gran impulso al reclamo por conseguir un reconocimiento. 

Sin embargo, poco después una nueva evidencia resultaría contrastante. En abril de 2000, luego de realizar el cotejo de muestras ADN de cabellos de María Antonieta y dos de sus descendientes y otras tomadas del corazón del cuerpo del niño hallado en Temple, los expertos de las universidades de Lovaina y Münster determinaron que, indubitablemente, éste era el heredero legítimo. Después de conocerse los resultados, en una discreta ceremonia, el corazón fue depositado en la cripta de la basílica de Saint Denis, donde yacen gran parte de los reyes franceses. 

La contundencia de aquel anuncio hizo prever que el diferendo había concluido. No obstante, los familiares argentinos de Benoit mantienen reparos sobre aquellos estudios por una supuesta falta de transparencia en el manejo de las muestras. También señalan que uno de los investigadores, el profesor Jean-Jacques Cassimann de la Universidad de Lovaina admitió en declaraciones periodísticas la posibilidad de que el corazón perteneciera a otro miembro de la familia real.

Según explicó Lucrecia Saravia Zapiola, nieta de José Zapiola -es decir, descendiente directa de Pierre-, una de las alternativas que barajan es contactar a los expertos de la Universidad de Leicester para realizar las pruebas. En 2013, un equipo de esa institución logró identificar los restos de Ricardo III de Inglaterra, que habían sido localizados en un estacionamiento luego de una excavación. 

El gran impedimento para avanzar había sido el costo de esos estudios. Pero Saravia Zapiola sostuvo que ahora están dispuestos a encargar nuevos cotejos de ADN apenas la pandemia le permita viajar a Europa. La mujer explicó que idea de los descendientes no apunta a una restitución o participación de la realeza, sino que, dijo, intenta contribuir a cubrir una página en blanco de la historia francesa. 

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