Una de las cepas del coronavirus que despertó más preocupación a la comunidad científica internacional es la Delta, detectada en India en octubre de 2020 y que se ha expandido hasta ahora al menos a 96 países. En algunos de ellos como Singapur, Reino Unido y Portugal se ha vuelto la variante dominante, desplazando incluso a otras variantes más contagiosas que el virus original.
Se sabe que la cepa es más transmisible que otras variantes, conlleva un mayor riesgo de hospitalización y reinfección, y genera un cuadro de síntomas ligeramente diferentes (más dolor de cabeza y menos tos, por ejemplo). Se estima que la variante delta es entre 30% y 60% más transmisible que otrlosas variantes del coronavirus. Y puede ser hasta un 80% más contagiosa que el virus surgido en Wuhan, China en diciembre de 2019.
La comunidad científica investiga la posibilidad que tiene la Delta de evadir la protección de las vacunas, pero aún no hay confirmación de esta hipótesis. Hasta ahora los estudios muestran que las vacunas siguen siendo eficaces contra la cepa. En términos generales, las causas de que sea contagiosa son un conjunto de “mejoras” genéticas que facilitan la propagación e invasión del cuerpo humano.
1. Invasión celular más eficiente
Una de las claves de estos cambios adquiridos al mutar, es la "llave" que tiene el virus para introducirse en las células humanas. Específicamente se trata del vínculo entre la espiga del virus (también conocida como proteína S) y el receptor ACE2, una enzima que se encuentra en la superficie de nuestras células. La espiga actúa como si fuera la llave que abre la cerradura de nuestras células y permite la invasión del coronavirus. Una vez dentro, utiliza la estructura celular para multiplicarse. En el caso de la variante delta, existen dos mutaciones relevantes en la espiga, que se conocen por los códigos L452R y T478K.
Las mutaciones no ocurren por ningún motivo específico y, a menudo, se pierden en el camino. Pero algunas de ellas se establecen y comienzan a aparecer a partir de la replicación del virus, como en este caso. Este es el caso de dos mutaciones delta clave: L452R y T478K. El cambio de L a R en la posición 452 y el cambio de T a K en la posición 478 resultaron ser “ventajosos” para el virus porque ayudaron al invasor a adherirse mejor en la puerta de entrada (la enzima ACE2). Esto explica por qué esta variante se ha vuelto más transmisible.

2. Activación más eficiente y teoría de la creación de coronavirus en el laboratorio
Cuando un virus busca invadir la célula humana, no es suficiente que encuentre una puerta de entrada y se adhiera a ella: primero debe activarse. En el caso de Sars-CoV-2, la activación ocurre a través de una enzima en el cuerpo humano (llamada furina), que corta la espiga del coronavirus en dos: S1 y S2. Después de este corte, llamado clivaje, una parte de la espiga (S1) se adhiere a la célula humana y la otra (S2) fusiona su membrana con la membrana de la célula humana, permitiendo la inserción de material genético e iniciando la producción de más virus.
Al cortar la espiga, la enzima hace que se abra y revele secuencias genéticas ocultas que lo ayudan a unirse más estrechamente a las células del tracto respiratorio humano, por ejemplo. Una mutación cercana a esta ubicación puede alterar aún más este comportamiento. Este es el caso de la variante delta, que porta una mutación (P681R) en esa región.

3. Escapar parcialmente de anticuerpos y vacunas
En el caso de la variante delta, las mutaciones vinculadas son la sustitución T19R y la deleción 157-158del. La sustitución del aminoácido T (treonina) por el R (arginina) en la posición 19 dificulta que el sistema de defensa del cuerpo identifique al invasor para combatirlo. Lo mismo ocurre con la “falta” de aminoácidos en las posiciones 157 y 158. En general, las proteínas tienen dos extremos, uno llamado N-terminal y el otro C-terminal.
En el caso de los coronavirus, la región N-terminal (DTN) se considera más antigénica o inmunogénica, es decir, el sistema de defensa humano “percibe” mejor y produce más anticuerpos en su contra. La espiga (proteína S) es la más antigénica de ellas, por lo que generalmente se producen vacunas dirigidas a esta estructura para enseñar al sistema de defensa del cuerpo a identificarla para combatir el coronavirus en su conjunto. Así la mutación funciona como una forma de obstaculizar la lucha contra el coronavirus.

Hay evidencia de que la variante delta puede escapar de los anticuerpos de personas que ya han sido infectadas con la variante beta (descubierta en Sudáfrica). Pero aún no hay evidencia de que sea capaz de escapar a la respuesta inmune generada por las vacunas.