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Las consecuencias del COVID-19: ¿cómo recuperar el olfato tras vencer al virus?

Se trata de un tipo de terapia utilizada por especialistas en desórdenes olfativos, que se realiza en base a cuatro olores fuertes y fácilmente identificables.

Se calcula que de las 144 millones de personas que contrajeron COVID-19 en el mundo, un 60% registró disfunciones en el olfato y en un 10% esos síntomas son persistentes: duran aún terminado el período de la enfermedad.

En esa línea, el entrenamiento olfativo viene destacándose como una buena herramienta para volver a percibir olores. La terapia es utilizada por especialistas en desórdenes olfativos, no provoca efectos secundarios ni tampoco necesita prescripción médica. 

En síntesis se realiza en base a cuatro olores: el limón, la rosa, el eucalipto y el clavo, aunque los pacientes pueden optar por otros aromas. Consiste en colocar una gota de aceite esencial en una tira de prueba y luego oler cada uno de los aromas durante treinta segundos. No conviene hacerlo más tiempo porque el olfato tiende a saturarse cuando se percibe el mismo olor durante más cantidad de tiempo.

El primer ciclo del tratamiento requiere tres sesiones diarias de cinco minutos cada una durante quince días. En el segundo ciclo, se hace dos veces por día, durante cuatro semanas.

En estos entrenamientos olfativos se suelen usar cáscaras de naranja y limón, la nuez moscada, la menta, el eucalipto, el café molido, el coco y la canela, con el objetivo de estimular la regeneración de las neuronas especializadas y recuperar la función olfativa.  

Cada doce semanas se debería variar la utilización de los cuatro olores, ya que esto permite un mayor grado de recuperación del olfato. Y otros estudios señalan además que los resultados son mejores cuantas más semanas se prolongue el tratamiento, por lo cual recomiendan avanzar incluso si no hay una mejora inmediata

Estiman que el proceso completo puede llevar de seis a ocho semanas: la duración depende de si la pérdida de olfato es total o parcial e incluso de la edad: los jóvenes tienden a recuperarlo más rápido.

En los casos de anosmia causada por COVID-19, la comunidad científica explicó que no afecta las neuronas que envían señales olfativas al cerebro, sino las células de soporte que las rodean: ésta secretan los odoríferos que estimulan las neuronas y que, en casos de contagio de coronavirus, tienen capacidad de regenerarse.

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