En La Plata crece la bronca por la muerte de Ayelén Arredondo, la estudiante de Derecho de 23 años que fue asesinada el sábado pasado en Altos de San Lorenzo. Por el homicidio hay un solo detenido y en las últimas horas habló el comerciante que lo capturó.
Como contó 0221.com.ar, todo comenzó en la mañana del 10 de abril, cuando un remisero -identificado como Marcelo Saleh (55)- trasladara a los padres de la chica hasta Florencio Varela, lugar donde planeaban visitar al hermano de la joven, quien se encuentra preso en la Unidad Nº 42.
Saleh -oriundo de Ensenada- trabajaba hasta hacía muy poco tiempo en una remisería de la zona, sin embargo fue despedido tras ser acusado de robo. La familia de "Yeye" -como llamaban a Ayelén - tenía su número personal y se comunicaba directamente con él. Ese sábado, aprovechando que los papás de la joven habían dejado en el vehículo todas las pertenencias que no le permitían ingresar al penal, el implicado realizó un viaje de vuelta a La Plata con la intención de utilizar las llaves de las víctimas para entrar a su casa, ubicada en 75 entre 21 y 22.
Emilio tiene su rotisería “Todo Rico” justo debajo del departamento de la familia Arredondo. Conoce a todo el barrio y esa mañana, alrededor de las 9.30, advirtió la presencia de un desconocido en la propiedad. Lo vio salir: el sospechoso cerró la puerta sin mirar y llevaba una mochila. Estaba seguro de que nunca lo había visto. Su esposa tampoco lo reconoció.
De inmediato, el comerciante empezó a tocar timbre en la casa pero no atendía nadie. Decidió abrir la puerta y subir, mientras su pareja no perdía de vista al sujeto que se alejaba. En ese momento por la ventana enrejada notaron “un bulto”, una persona sentada en una silla. Pensó que era Stella Maris, la madre de Ayelén, y gritó su nombre, aunque no contestó y creían que estaba dormida. Luego la mujer notó que había sangre en el rostro de la víctima.

Fue hasta su camioneta y salió a buscar al desconocido. Lo encontró: le preguntó qué hizo y el hombre lo evadió. Ahí vio que también tenía sangre en el ojo izquierdo. “Nunca me voy a olvidar la mirada”, le dijo Emilio a El Día. La persecución siguió y le pidió ayuda a empleados de un almacén de la esquina de 76 y 22. Lo arrinconaron contra la pared, mientras aseguraba que era inocente. Llegó la Policía e intervino.
Después regresó a la casa de los Arredondo e intentó abrir la puerta. Su esposa escuchó un “suspiro, una respiración de alguien que agonizaba”. Más tarde se enteraron en la comisaría los detalles de lo ocurrido. Ese mismo sábado llevaron a los padres de Yeye a la localidad de Abasto, porque la pareja “no quería estar en el mismo lugar en el que asesinaron a su hija”.