viernes 24 de abril de 2026

La otra cara del cáncer: cómo es atravesar la enfermedad más allá de la quimioterapia

En la Clínica de la Ribera, en Ensenada, un grupo de profesionales asiste a los pacientes trabajando en todos los aspectos de la recuperación.

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En una sala amplia del primer piso del Hospital de Día Oncológico de la Clínica de la Ribera, en Ensenada, un grupo de pacientes enfermos de cáncer que se encuentran atravesando los distintos tratamientos espera a 0221.com.ar con el acompañamiento del equipo de enfermería y dos médicas oncólogas que están en todo momento pendientes de ellos. En esta oportunidad, la sala está ocupada por cuatro mujeres y un hombre, dispuestos a dar su testimonio acerca de cómo transitan la enfermedad y cómo se sienten al recibir un servicio que los atiende de manera integral.

Se trata de una unidad de tratamiento ambulatorio que brinda un servicio médico personalizado en un espacio que está equipado y preparado para que estos pacientes atraviesen de la mejor manera posible sus momentos. "El objetivo de este Hospital de Día es que los pacientes puedan realizar sus sesiones de quimioterapia monitoreados por profesionales especializados y brindarles un espacio donde puedan contar con la asistencia de nutricionistas, kinesiólogos y psicooncólogos", explica una de las especialistas y agrega: "Nos enfocamos en atender tanto las necesidades físicas y de dolor del paciente como también el aspecto psicosocial, porque un diagnóstico de cáncer siempre atraviesa la integridad del paciente y la de su familia".

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El servicio nació en el año 2019, con el respaldo del Equipo de Cuidados Continuos Oncológicos (Ecco Salud) que cuenta con una vasta experiencia en tratar a los pacientes con una mirada holística a través de tratamientos con cuidados paliativos para pacientes oncológicos y no oncológicos. "Nos parecía que sumar esta mirada más integral a nuestra sala de tratamientos ambulatorios beneficiaba mucho a nuestros pacientes para que su tránsito por la enfermedad fuera con la mayor calidad de vida posible y atendiendo otros aspectos que no siempre son tan visibles como el dolor o los síntomas", explican en la Clínica de la Ribera.

Con esta premisa comenzaron a tratar a pacientes que llegan para realizarse quimioterapia, pero el servicio se amplió para recibir a quienes necesitan tratamientos oncohematológicos, hematológicos (como transfusiones de sangre), reumatológicos y nefrológicos cubriendo la mayoría de las obras sociales. Todos ellos, además, cuentan con el respaldode las instalaciones de la Clínica de La Ribera, disponiendo del sector de terapia intensiva e internación en caso de ser necesario, el apoyo de un excelente grupo de clínica médica en internación y una unidad de terapia intensiva de excelencia. Así, con solo una derivación del médico de cabecera, cualquier paciente que requiera de una práctica ambulatoria puede acercarse a este Hospital de Día que funciona de lunes a viernes de 8 a 12, en el centro de la ciudad de Ensenada.

HABLAR DE CÁNCER

Hablar de cáncer sigue siendo un tabú en la sociedad. Para mucha gente, mencionar la palabra es sinónimo de un miedo indescriptible al que se lo evita con el silencio. Y esto es algo con lo que también conviven quienes intentan vencer a la enfermedad y también a los prejuicios y la discriminación que a veces sienten en la calle. "A mí me costó muchísimo al principio. Después ya solo camino y no pienso en qué me pasó ni en qué me va a pasar. Yo aprendí también a que si se me cae el pelo ¿Por qué tengo que sufrir con el pañuelo atado si hace calor?", se pregunta Margarita, una señora de 54 años operada de cáncer de mama que aprovecha el rato para abrir su corazón y contar con mucha emoción cómo se siente.

"A veces la gente te mira. Yo pienso que dicen 'está vieja para andar así'. Mayormente las chicas jóvenes se pelan a propósito, entonces yo digo por qué nosotros no podemos o tenemos que ponernos una peluca, es un sufrimiento. Yo me he comprado pelucas, pañuelos, y cuando hace mucho calor eso te quema. ¿Por qué tenemos que sufrir así? Entonces agarro, me saco todo y camino así por la calle, no me importa nada. El que me mira, es su problema, yo no tengo que sufrir por el otro. Nosotros tenemos que soltarnos, no ocultarnos. Si nos ocultamos es peor y el mensaje no llega", dice ante la aprobación del resto. "Lo más importante es la aceptación. Yo mi pelo lo uso así desde 2011. Me ha pasado de caminar por la calle con el pelo así y que me digan 'uy, te entiendo, el tratamiento...', y yo me quedo mirando y digo 'no, me corté el pelo así porque me gusta'. Cuando uno sea más natural en todas las cosas de la vida, más lo va a aceptar y más lo va a aceptar el otro", agrega Claudia.

Claudia, de 53 años, que está sentada en la punta, tiene cáncer de endometrio. La operaron pero no pudieron sacarlo del todo, por eso lo está tratando. "Esta es mi quimio número doce", cuenta y agradece el servicio que le brindan en este lugar: "Es una maravilla cómo nos tratan". Con mucha paz, detalla cómo está viviendo el proceso desde que se enteró de su enfermedad hasta estos días, en los que atraviesa una montaña rusa de emociones que la desafía todo el tiempo: "Mi profesión de toda la vida fue ser terapeuta, acompañar al otro, entonces para mí fue un cambio total, esto de que todo lo que siempre trabajé con el otro ahora trabajarlo conmigo. Eso es un gran aprendizaje. Eso te lleva a pararte en otro lugar y a vivir el día a día, como decía ella (Natalia, que está a su lado). Antes por ejemplo estaba todo el tiempo mirando el celular, ahora ni lo miro: si estoy haciendo otra cosa, estoy haciendo otra cosa. Aprendí también a darme tiempos, incluso tiempo para descansar".

Con 41 años, Natalia es la más joven. También es la que tiene más experiencia, porque viene a la clínica desde 2015, tras su operación por cáncer de mama. "En vez de juntarnos a tomar mate nos juntamos a hacer esto", se ríe. Es una de las que se toma este proceso con buen humor e intenta contagiarlo a quienes aparecen por primera vez, como Juan, un hombre de 62 años que está sentado en la otra punta de la sala y como es nuevo en esto, observa y escucha en silencio con mucha atención. A él lo operaron del colon el 19 de noviembre del año pasado y desde ese momento es un paciente habitual de la clínica. "Estoy muy contento con la atención", remarca. A los elogios se suma Margarita: "Yo también estoy muy contenta con el servicio, con las médicas y enfermeras, son divinas, siempre nos hacen reír, siempre con chistes, no sacan adelante y nos ayudan". "Yo considero que nos miman, Guille (uno de los enfermeros) por ejemplo viene y me pone la vía en un lugar que no me impida continuar haciendo alguna actividad. Hay una atención permanente", cuenta Claudia, que trabajó durante 25 años como terapeuta y ahora tiene un negocio independiente de productos naturales.

Todos agradecen el trato de las médicas, los enfermeros y todos los profesionales que las asisten semana tras semana. Además del aspecto oncológico acá hacen foco en la alimentación, el ejercicio físico y en el resto de las tareas que los ayudan a recobrar fuerzas para compartir momentos de charlas y ocio. "Charlamos hasta por los codos. En este espacio compartimos todo, hasta la energía. Incluso los miedos: cada uno de nosotros vino por primera vez, no importa cuándo, y esa primera vez vos no sabes cómo es, no sabés lo que te va a pasar, cómo te vas a sentir, es todo una expectativa. No sé en los demás, pero a mí lo que me ha pasado es que yo tenía un desconocimiento total, porque tampoco es que he tenido casos cercanos. Uno no se interioriza en el tema, entonces esta historia de enfrentarse a algo nuevo es precisamente preguntarse '¿Cómo me enfrento?'. Entre nosotros nos vamos apoyando y le transmitimos al que empieza por primera vez un poco de paz y calma, le decimos que esté tranquilo, que todo va a estar bien", agrega la mujer que tiene a su lado un costurero con el que pasa las horas.

Cada una pasa el rato realizando distintas tareas recreativas y también se sorprenden ellas mismas. Natalia por ejemplo escribió un libro que tituló "Despertar después del cáncer". "Yo soy instrumentadora quirúrgica, pero me dediqué a mi familia. Me recibí pero no ejercí. Y después me enfermé, me dediqué a escribir. Empecé a hacerlo en función de mi enfermedad. Para mí fue un despertar y en el libro cuento mi experiencia", dice. A su lado, Margarita cuenta que es costurera y que había puesto un taller en donde trabajaba para la gente del barrio: "Trabajé durante dos años y vino el coronavirus. Y cerré. Tengo el tallercito ahí y me manejo haciendo cosas para mí, mis sobrinos". "Acá pasamos horas. Siempre nos reímos, vos ves por ejemplo que ella está bordando, entonces hablamos del bordado y las cosas que hacemos y nos gusta. Es así, tratamos de llevarla como podemos. Mayormente conversamos.

APRENDIZAJE

Todos coinciden en que esta etapa en sus vidas es un aprendizaje constante. Cuando hablan se miran y están de acuerdo en responder lo mismo: la clave para atravesar el tratamiento de la mejor manera es aceptar la enfermedad y entender que van a pasar algunos momentos más duros que otros, pero que siempre van a tener a alguien que con mucho amor estará pendiente de todo, siendo un sostén fundamental.

"Lo que aprendí fue a vivir el día a día. Mañana te puede pasar cualquier cosa", repite Natalia. Se toma un respiro y sigue: "Esto es sorprenderse día a día con uno mismo. A mí me pasó eso. Yo tomé esto como un aprendizaje. Estoy con esto desde 2015: pasé por cirugías, quimioterapias, estudios, controles y más. Es entrar a otro mundo y si bien te da miedo, yo traté de aprender mucho. Saqué fuerzas de todo esto. A mí me tocó estar sola en mi habitación. Por ahí estaba internada con una abuelita sin saber qué me iba a pasar. No es lo mismo tener un paciente como acá que te habla y te dice que está desde hace tiempo, a tener una abuelita o una embarazada, no es lo mismo. Yo la pasé distinto y esto para mí es súper valorable". "A mí me parece que tener un servicio así nos da un sostén, una contención y un lugar", agrega Claudia.

"Vos en vida creés que no te va a pasar. Eso es algo que todos pensamos. Yo en general siempre he sido una persona muy positiva, en mi filosofía yo considero que nada pasa por casualidad. En el momento en que algo llega, hay algo que vos tenés que tomar de eso y hay algo que aprender. Si lo tuyo fuese morirse simplemente, ya lo hubieras hecho. Cada uno de nosotros tiene una posibilidad, una oportunidad de hacer un cambio, de luchar con eso, porque uno tiene que estar también parado desde otro lugar", cuenta la mujer que atraviesa su doceava quimioterapia. "Cuando hablamos de miedo, obviamente hay muchos miedos que yo no te puedo transmitir, que no lo podemos manejar", intenta explicar y sigue: "En este camino van pasando muchas cosas que te hacen sentir desesperanzado. Más que desesperanza, lo que se siente es cansancio. Pero hay que seguir para adelante, y no solo es la finalidad, porque otra no te queda ¿Qué vas a hacer?".

"Yo aprendí muchas cosas", dice Margarita, previo a contar con mucho sentimiento cómo hace para continuar su lucha, en la que su marido también tiene un rol clave. "Me di cuenta de lo que las otras personas pueden hacer por uno. Tener a mi marido, que me apoya muchísimo en todo. Le agradezco a Dios por haberlo puesto en mi camino".

Atrás está parte del equipo de profesionales que permanentemente los asiste. Entre todos remarcan la importancia de la contención y de transitar la enfermedad acompañados por un equipo interdisciplinario. "Todos los pacientes tienen distintas personalidades, pero las mujeres, que estamos más acostumbradas a ser nosotras las que cuidamos y acompañamos a todo el resto, o los hombres ser el sostén y los que manejan la familia, el dejarse cuidar es una cosa que cuesta mucho cuando uno empieza a estar enfermo, además de los temores. Algunos pueden tener una vida plena y normal y otros pueden tener unas limitaciones físicas u otras cosas. Eso cuesta. Y también cuesta poner límites. La autonomía, que es una de las cosas que nosotros tratamos de que el paciente tenga, a veces por amor y por querer cuidarlo con buena intención, cuesta que puedan mantenerla. Eso es importante trabajar y poder decirlo", define una de las médicas oncológicas que son siempre elogiadas por las pacientes.

UN MENSAJE PARA EL RESTO

"A mí no me asusta la palabra cáncer. Tal vez en otro momento, pero en mi caso todavía no tengo eso", dice Gilda, que tiene 60 años y está operada del intestino porque le sacaron un tumor. Tiene que volver a operarse y comparte los días acá, siempre bajo la supervisión de los profesionales. "Hasta ahora la estoy sobrellevando muy bien". "A mí me pasaba, por mi profesión, que yo trabajaba también con personas con cáncer, su medicación y un montón de cosas, y después encontrarme yo en ese lugar, todo empieza a cambiar ¿Todo lo que yo le decía a fulano ahora cómo lo tomo? Es mucho más difícil. Es difícil ser objetivo con uno mismo. Ahí realmente te conocés y decís 'mirá de lo que soy capaz'", rememora Claudia.

"Yo vivo el momento. A mí una amiga me decía que su principal miedo es quedarse pelada. El pelo te crece, lo principal es curarse. Hay que luchar para sanarte de esta enfermedad, porque el pelo después te va a crecer", dice Margarita. Claudia está de acuerdo y remarca que "si vos te negás no hay forma de curarte. Lo único que hace la negación es complicar". Gilda, que viene desde diciembre, dice que tuvo que frenar con su trabajo en la inmobiliaria después de 38 años pero que es pasajero: "Sigo vigente, voy a volver cuando me recupere". "Yo hace poco que estoy con esto. Estoy bien, más no puedo pedir, parece que tengo un Dios aparte, porque con lo que me pasó, hasta hoy, bastante bien", reflexiona Juan, que trabaja en la Policía.

"Quiero agregar que tengan en cuenta este servicio, que lo valoren, por el amor, la comprensión, por cosas que se pueden ir armando y proponiendo con el tiempo", cierra Claudia. Al final, Margarita vuelve a tomarse un rato para dejar un mensaje que el resto en la sala también escucha con atención: "Yo a la gente le digo no tenga miedo, que luchen, que no es nada del otro mundo. Yo siempre digo que estoy mejor que otros, hay otros con algo peor. Cuando me veo vencida digo 'pucha, he visto cosas peores, yo todavía camino'. Puedo levantarme y seguir en la lucha. El mensaje para todos es que se acepten, espero que esto sirva para otras personas".

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