A partir de aquel 4 de octubre, en que una elección con concurrencia récord de socios se impuso la lista “11 ADN Estudiantes” que postulaba a Juan Sebastián Verón por sobre la lista “Uno y 57”, que llevaba como candidatos a Enrique Lombardi y Carlos Bilardo las urnas quedaron guardadas. En el 2017 no hubo lista alternativa y ahora la historia se repite.
Llama la atención porque al hablar con socios y sectores de la vida política de la institución, o simplemente leer redes sociales, aparecen críticas y posturas de disconformismo con la actual conducción y al camino que transita el club en estos años. Pero claro eso no se ve reflejado a la hora de ir a una compulsa electoral.
¿Está bueno que no haya elecciones? Definitivamente no. ¿Es saludable quejarse, despotricar, criticar fuera de los ámbitos institucionales? Definitivamente no. ¿Es saludable para la vida de un club que haya voces contrarias a las que gobiernan? Definitivamente sí.
Esta vez hubo charlas y reuniones hasta último momento para presentar una lista alternativa pero finalmente se decidió dejarle el camino allanado al oficialismo. Al consultar sobre esta decisión se argumentó “no hubo tiempo”, “por la pandemia es imposible hacer reuniones con los socios”, y otras definiciones preocupantes: “Para que vamos a presentarnos, si de una otra manera perdemos”.
Realmente es grave. En este caso pasa en una institución pero la opinión vale para cualquier estamento de la sociedad. Está claro que aún en la política partidaria se compite para ganar pero el participar marca precedentes, sienta posturas y permite en un futuro, si las cosas no van por el camino deseado, poder decir “yo propuse esto, dimos un toque de alerta y los socios eligieron otra cosa”. No es saludable quejarse afuera. Los debates y las diferencias como siempre dice el expresidente Edgardo Valente, hay que plantearlas en 53 Nº 620. Los zapatos no se ensucian si uno no se mete en el barro. El juego de las escondidas no sirve.
Algo que no se puede hacer desde el ostracismo. De nada sirve no participar y ponerse en un rol opositor en una ronda de café en los bares de la ciudad o en confortables quinchos degustando un buen asado. Los partidos se ganan o se pierden en la cancha y las elecciones en las urnas.
No está bueno quejarse y ver pasar el tren si hacer nada. El socio una vez más no tendrá una opción para elegir, por más que el resultado pueda palparse de antemano. No está bueno que no aparezcan alternativas. Ojalá el oficialismo no se confunda. Ojalá “los opositores” entiendan que no hay peor batalla que la que no se da.