0221
0221

Acompañar sin juzgar a personas en situación de calle: la experiencia de una organización

Funciona en La Plata hace 3 años y cada semana visita a cerca de 60 personas. Entregan viandas, pero también ayudan con trámites de pensiones, DNI y escuelas. 
Acompañar sin juzgar a personas en situación de calle: la experiencia de una organización

La problemática de personas en situación de calle no es nueva en La Plata, y tampoco lo son las intervenciones de personas aisladas o que reunidas en un colectivo deciden actuar. Callejeros Nocturnos es una de esas organizaciones que acompaña niños/as, adolescentes, adultos/as y adultos/as mayores que pasan sus días y sus noches en las calles del centro, trabajando, pidiendo, durmiendo o simplemente haciendo uso del espacio público. Desde hace tres años, cada martes a las 18 en 7 y 49 salen a callejear y, con la "excusa" de entregar viandas, van conociéndose con las personas que encuentran.

"A la mayoría de la gente la conocemos, y cuando son grupos, ellos mismos nos presentan a los nuevos que van llegando. Por ejemplo plaza San Martín que siempre era un grupo grande, conocíamos a algunos hace bastante y nos terminaron relacionando con los demás. Nos sentábamos a conversar un poco, por ejemplo las personas mayores siempre nos decían si necesitaban un trámite, o el DNI; algunos chicos que querían ir a la escuela... Otros nos decían que volvamos, que nos tomemos un mate con ellos, que no importaba si traíamos vianda pero que vayamos a charlar. Ese es el vínculo que se va creando. No es solo la vianda, va más allá", asegura a este medio Susan Vargas, fundadora y referente de Callejeros.

La voluntaria asegura que la mayoría de las personas en situación de calle "sienten que no tienen acceso, muchas veces ignoran los derechos que tienen, van a hacer un trámite y no tienen ni idea. El chico que vive en la calle, rudo, que le grita a otros o que roba, ahí, cuando de verdad te sentás y lo conocés, ahí esta el chico que 'no valía'. Te dice acompañame a hacerme el DNI, o incluso una les comenta que se pueden anotar en la escuela, que pueden ir de noche. Preguntan a dónde ir, dónde inscribirse. Muchas veces no tienen ni idea. Y no tienen una guía. Estar ahí al lado de ellos les da, a veces, el empujoncito que necesitan. Se habla de cosas muy personales, se piden consejos y se escucha también", describe.

Susan ya había participado anteriormente en una organización similar. "Estuve un año con ellos, aprendí un montón sobre cómo abordar a la gente, los recorridos, etcétera. Pero estaba buscando justo un lugar para hacer algo un poco diferente, profundizar más en el tema de las visitas con mayor libertad. Esta es una organización grande, había que pedir autorización para todo y es normal, en organizaciones así hay reglas. Para no perjudicar a nadie dije 'voy a buscar otro espacio donde pueda seguir haciendo las visitas', porque vimos que con eso se avanzaba en el objetivo de acompañar a la gente a salir de la situación de calle", explica.

EL COMIENZO

En 2018, mientras cursaba una maestría en Relaciones Internacionales, conoció a un compañero y hablando del tema él le contó que el año anterior había salido con amigos a repartir viandas en invierno. "Estaba queriendo activar y muy solo, sus amigos no se prendían. Siempre digo que el universo conspiró para que nos encontráramos en la misma búsqueda. La charla la tuvimos un viernes y el lunes salimos los dos. Fuimos a su casa, preparamos 8 vianditas, 2 termos de té y salimos. A la segunda o tercera salida se sumó mi sobrina, que también estaba en la fundación anterior y hoy es referente de Callejeros. Así se fue sumando gente, así fuimos comenzando", cuenta Susan.

Ahora se juntan cada martes a las 18 en 7 y 49, pleno centro de La Plata. Previo a eso, como les prestaron un espacio en un centro cultural, preparan ahí los sánguches y viandas. "Durante un tiempo  comprábamos la supersopa de la Universidad de Quilmes, un proyecto hermoso de la facultad de Ingeniería de Alimentos. Ahora seguimos saliendo desde esa esquina y dependiendo de cuántos voluntarios somos tenemos diagramadas las zonas y los recorridos. Si tenemos auto, vamos a las zonas más alejadas como parque San Martín o el Hospital de Gonnet, y si no caminando, por el centro, la Terminal", enumera.

PRIMER ACERCAMIENTO

"¿Cómo estás? ¿Querés una vianda?", suelen ser las primeras palabras de los y las voluntarias de Callejeros Nocturnos cuando conocen o ubican a una persona que vive o se encuentra en situación de calle. "Si no, vamos con alguien que parece que lo o la conoce. En todo esto juega mucho el lenguaje no verbal, uno tiene que ser muy observador. La persona puede que esté abierta, por ahí en todo el día no habló con nadie y caés vos con una sonrisa, con un vasito de sopa... Y la persona se abre, comienza a hablar y hablar y hablar, y nada más con escucharlo, con ponerle el oido, ya hiciste un montón por ella. Por ahí nos quedamos hablando, o tomando mates. Hay otros que se niegan, que dicen 'no gracias'. Y si quieren, les dejás la viandita y te vas. Chau. Siempre hay que respetar la decisión de las personas, de si quieren conocerte o no", aclara Susan.

Con el tiempo sus interlocutores van abriéndose un poco más."Siempre digo que esto es como un rompecabezas: en cada recorrida agarrás una fichita y vas armando de a poco, porque una semana te cuentan un poquito de historia, la siguiente un montón, a la siguiente no te cuentan nada... Entonces una se entera que hay muchas personas que viven en la calle y otras de la calle, muchos trapitos por ejemplo viven en Punta Lara, Olmos, y otros no nos dicen dónde duermen por su seguridad, si es que duermen en la calle", explica.

Pero lo importante no es solo 'paliar' la contingencia, sino abordar la situación de vulnerabilidad de base, que es económica, estructural y fundamentalmente humana, de vínculos. "Por ejemplo nos pasó con las chicas que piden en los cajeros, donde vimos que había una necesidad y era el tema de los anticonceptivos. Una chica que conocimos era muy cerrada, no daba espacio para hablar; la conocimos y tenía 5 hijos, el último tenía 4 mesees y ella tenía 26. Yo soy madre, tengo dos hijas y me hice la ligadura de trompas. Le conté cómo era el proceso y ahí empezó a sentir confianza. Me decía: "¿De verdad? No sabia que era asi de sencillo, pensé que era una operación dolorosa, que tenía que dejar a mis hijos". Le dije que no, que para nada. Dos años meta hablar y hablar y empezó a contarnos un montón de cosas que por ahí ni a la familia le contaba. Después tuvo su sexto hijo, y tenía tan metida la idea que cuando fue a cesárea le preguntaron si quería ligarse las trompas y ella dijo 'dónde firmo'. Y su hermana también se las ligó. A una chiquita de 16 que tiene su hija de 2 la acompañamos para que se pusiera el chip de anticonceptivos. Después de todo eso van confiando en vos. Ahí es que dicen 'ah, no vienen por política, o porque quieren un voto'", sonríe Susan.

Es que, según ella, es lo primero que suelen pensar: "O que los querés llevar a la iglesa o que buscás que te voten. Ya cuando te ven en esos otros ambientes fuera de la recorrida -por ejemplo nos vemos en el hospital para acompañarlas/os a una cita con el médico- ahí dicen 'ah, claro, no es por un voto'". En ese camino de acompañar a las personas por fuera del círculo céntrico e involucrarse en sus vidas, Callejeros empezó a vincularse con distintos organismos, entidades y operadores/as del Estado. Por ejemplo con la dirección de Adicciones de la Municipalidad de La Plata, distintos profesionales de hospitales públicos y hasta la facultad de Trabajo Social de la UNLP, junto a la cual coordinó un relevamiento que relevó entre 80 y 90 personas en esta situación en la ciudad

"Hemos estado haciendo redes muy útiles, porque no termina ahí. No hay una sola persona para una sola necesidad. Lo de Adicciones nos ha servido para varias personas, y los contactos en hospitales también", apunta Susan. Durante la pandemia, si bien la situación de las personas que viven o duermen en el espacio público cambió poco y nada, los lazos entre organizaciones pudieron crecer. "Ya nos veníamos cruzando grupos en la calle que llevábamos vianditas, de iglesias, agrupaciones, grupos de amigos, pero no pensábamos que eran tantos. Cuando comenzó la pandemia por coronavirus se hizo un grupo de WhatsApp donde se reunieron los referentes de las diferentes organizaciones y nos pudimos organizar para cada día salir uno y garantizarle la cena a estas personas. Más en cuarentena, cuando no tenían dónde ir a pedir", explica. Armaron un cronograma y entre las 7 u 8 organizaciones se reparten los días para entregar viandas, visitando aproximadamente a 60 personas por tarde/noche

SOBRE 'ELEGIR' DÓNDE VIVIR

Las personas en situación de calle lo están por diversos motivos, no todos con la misma raíz ni la misma posibilidad de "solucionarse". En ese sentido, desde la organización explican que la enorme cantidad de personas que transita las calles del centro se niega a vivir en el Parador Municipal y que directamente prefiere quedarse en la calle. "Cuentan que hay peleas y robos; hay un momento en la madrugada en el que se quedan sin un operador y ahí se da todo esto.
Lo que ellos dicen es, 'si yo tengo una pelea en la calle corro, me escondo, me pierdo, pero si tengo una pelea en el parador ¿qué voy a hacer si estoy encerrado?'".

Por eso desde Callejeros Nocturnos decidieron aportar de otras maneras: "A los jóvenes los ayudamos a hacer sus CV, buscamos en internet, en la facultad, miramos si hay cursos de oficios que les puedan interesar... aunque es muy difícil que se enganchen con eso principalmente por las adicciones, porque ya vienen hace mucho tiempo viviendo en la calle y se acostumbran a no tener un horario, a ir cuando quieren... A veces les va bien y otras mal pero se sienten libres. Así que cuesta. En cuanto a la gente grande, los acompañamos a hacer el trámite de pensión, discapacidad o jubilación, o los ayudamos a buscar habitación para alquilar que ellos puedan pagar. El caso más reciente es un señor de 62 años que él mismo había comenzado el trámite de pensión derivada por el fallecimiento de su madre, ya que es discapacitado. Estuvo un año y medio esperando que se moviera el trámite, empezamos a buscar contactos para que nos ayudaban porque el trámite estaba pero no se movía. Hace algunos fines de semana se mudó a un monoambiente, los chicos fueron y ayudaron a organizar, hacer las compras, todo lo que necesite. Y lo seguimos viendo.  Es que el problema de la calle no es solo habitacional, es más de vínculos, de contención, de apoyo. Y eso es lo que está fallando. En todo: la familia, la sociedad, el gobierno... no sembramos valores", asegura Susan.

En la organización participan actualmente 15 personas y cualquiera que lo desee puede acercarse. "Siempre quienes somos referentes vamos a la primera recorrida con ellos y les vamos explicando cómo abordamos, el trabajo que hacemos. Más o menos los tips, muy mínimos, como por ejemplo no sacar fotografías o no ir a la primera de cambio con un 'qué necesita'. Nuestra idea sería generar primero el vínculo y después preguntar si necesitan algo. Más que asistir es acompañar, y más que caridad -una palabra horrible- es solidaridad", resume. E ilustra la idea con el logo de la organización, que son dos manos ayudándose. "Nadie está arriba ni abajo: la solidaridad es ponerse a la misma altura que la persona y tratarlo como igual", advierte.

QUITANDO EL ESTIGMA 

El verano del 2019-2020, Callejeros Nocturnos empezó a hacer un taller con los y las jóvenes que paran en plaza San Martín, uno de los espacios públicos más marcados donde se registró -y registra- la presencia de múltiples niños, niñas y jóvenes, muchos de ellos con consumos problemáticos de sustancias y varios en conflicto con la ley penal. "Decidimos hacerlo ahí porque es un lugar muy visible y donde hay mucho prejuicio, por ver que son tantos y tan ruidosos. Y también asistiendo a este llamado de ellos de vengan a tomar mate, a sentarnos un rato a hablar", cuenta Susan.

"Les preguntamos qué les gustaría hacer o aprender, trabajo en vidrio, madera, dibujos... Nos sentamos con ellos con una de las referentes y comenzamos a hacer pulseritas con macramé, muchos de ellos se coparon, y como era diciembre también comenzamos a hacer memotest. En Callejeros tenemos gente de una agrupación de motociclistas llamada Legionarios de la Ruta, algunos de ellos asisten a comedores y en diciembre llevan regalitos. Así que ese diciembre quisimos mandar algo hecho por los chicos de la plaza. Comenzamos a hacer memotest y se coparon, no fue fácil al principio porque la primera vez que fuimos estaban alcoholizados, con el consumo, peleando. Uno comenzó a trabajar con nosotros y a la siguiente semana estuvieron todos... y a la siguiente no", aclara, consciente de lo difícil que es organizar una actividad así sin la contención de más personas y sin más recursos que los propios.

En ese grupo conocieron a un chico que desde los 14 años no tenía DNI. "Lo acompañamos a hacer el trámite, fuimos a por la partida de nacimiento y todo... y se inscribió en la escuela. Lamentablemente no se pudo dar por la pandemia, pero tenia todo para empezar. De 7 que participaron 1 se animó a empezar la escuela, a buscar su DNI. Eso ya es ganancia", asegura emocionada. Y recuerda cómo "pasaba la gente y nos veía así, en un plan sano, tomando tereré, ellos recortando sus memotest. La realidad es que se necesita bastante trabajo, muchas manos y bastante paciencia. Pero se puede".

Para Susan, mucho de lo que implica estar en "situación" de calle tiene que ver con la ruptura o la falta de vínculos: "El pelearse con la familia, no sentirse apoyado, comenzar y aislarse por las adicciones... Porque así como salir de la calle es un proceso, entrar lo es también. Líos familiares, mucha soledad, falta de amor propio, falta de contención... Además uno hace con sus hijos lo que puede con lo que tiene. Si nunca recibiste amor, o una palabra de aliento, apoyo, contención, ¿cómo se la das a ese chico? Es difícil. Pero nos hemos dado cuenta que el amor, el cariño y la contención son la base de todo esto. Cuando comienzas a aplicarle eso a una persona es increíble cómo cambia, cómo florece. Pero son taaaantas personas, tantas problemáticas tan diferentes. Por ejemplo confían en vos, te cuentan un montón de cosas... y vos decís, ¿que hago con todo esto? Si lo convenzo de ir al psicólogo, va pero no le cuenta nada. Entonces ¿cómo hacemos para tener las herramientas y poder ayudar del todo? Porque llega un momento que decís 'hasta acá'".

UN PEDIDO AL MUNICIPIO

Si bien la Municipalidad cuenta con un Programa de Asistencia y Abordaje Integral para Personas en Situación de Calle y un WhatsApp de contacto (2216099407), es sabido que no son suficientes los recursos destinados a la problemática, más que nada teniendo en cuenta la reticencia de las personas a integrarse a los paradores temporarios. Para Callejeros es clave que haya personal formado que pueda a su vez formarlos a ellos, que son quienes semana a semana comparten momentos con las personas que viven o transitan las calles de La Plata. "No tenemos herramientas, y creo que esos grupos si deberían tener, más que un apoyo económico, un apoyo profesional, por ejemplo de trabajadores/as sociales o psicólogos/as. Necesitamos  que asesoren a los voluntarios que consiguen que la gente confíe en ellos. Ahí es donde entraría la guía de un profesional", apunta Susan.

"Necesitás pasar mucho tiempo para que la persona vea que puede confiar. En uno de esos casos logramos que un chico vaya a consultar a la dirección de Adicciones, por ejemplo. Costó muchísimo. Hablamos un viernes e íbamos a ir ese día, él prefirió ir al martes siguiente y el lunes lo detuvieron por peleas que había tenido en la vía pública. Ahora va a cumplir dos años en la cárcel. Estuvimos a nada", asegura. "Todo lo que habíamos avanzado lo retrocedimos, estamos en menos 10. Y lo seguimos acompañando pero es muy difícil. Avanzas un paso y retrocedes tres. Es un trabajo agotador, agota. Pero por otro lado ves casos que sí salen adelante... cada uno tiene sus tiempos. Cada vez que hay un logro así nosotros decimos: cobramos. Esa es sensación".

Cada semana Callejeros, así como tantas otras organizaciones que trabajan en la calle, visita a personas jóvenes (de 18 a 36 años es el rango etario más común), personas mayores (de hasta 70), adolescentes y niños/as. Con la pandemia fortalecieron su red de organizaciones y a través de un grupo WhatsApp lograron coordinar las visitas para grantizarle cenas a todas las personas que conocen. "No importa que algunos sean religiosos, otros políticos y otros grupos de amigos. En esta red podemos saber si una persona se movió de lugar, si apareció otra nueva y así pasar a verla. Se ha fortalecido la red entre agrupaciones y eso es muy, muy positivo", destaca Susan.

Aun así, insiste en la necesidad de recibir apoyo, contención y sobre todo formación de profesionales para poder continuar y profundizar la actividad que realizan. "A veces lo económico se consigue de alguna u otra manera, pero las manos para ayudar, los oidos, las voluntades... eso sí que cuesta. Por eso sería muy bueno que se pueda destinar una determinada cantidad de profesionales para asesorar a los grupos que desde hace tiempo estamos cerca de la gente", apunta. Es que ellos y ellas están ahí desde hace años, y para cambiar la realidad no solo necesitan comida o donaciones: el aporte va más lejos y alcanza al Estado en toda su complejidad. Y también tienen las puertas abiertas para recibir a voluntarios/as: quienes deseen colaborar, pueden escribir un mensaje al Facebook oficial de Callejeros Nocturnos.  

Acompañar sin juzgar a personas en situación de calle: la experiencia de una organización
CALLEJEROS NOCTURNOS

Acompañar sin juzgar a personas en situación de calle: la experiencia de una organización

Funciona en La Plata hace 3 años y cada semana visita a cerca de 60 personas. Entregan viandas, pero también ayudan con trámites de pensiones, DNI y escuelas. 

19 de marzo de 2021

La problemática de personas en situación de calle no es nueva en La Plata, y tampoco lo son las intervenciones de personas aisladas o que reunidas en un colectivo deciden actuar. Callejeros Nocturnos es una de esas organizaciones que acompaña niños/as, adolescentes, adultos/as y adultos/as mayores que pasan sus días y sus noches en las calles del centro, trabajando, pidiendo, durmiendo o simplemente haciendo uso del espacio público. Desde hace tres años, cada martes a las 18 en 7 y 49 salen a callejear y, con la "excusa" de entregar viandas, van conociéndose con las personas que encuentran.

"A la mayoría de la gente la conocemos, y cuando son grupos, ellos mismos nos presentan a los nuevos que van llegando. Por ejemplo plaza San Martín que siempre era un grupo grande, conocíamos a algunos hace bastante y nos terminaron relacionando con los demás. Nos sentábamos a conversar un poco, por ejemplo las personas mayores siempre nos decían si necesitaban un trámite, o el DNI; algunos chicos que querían ir a la escuela... Otros nos decían que volvamos, que nos tomemos un mate con ellos, que no importaba si traíamos vianda pero que vayamos a charlar. Ese es el vínculo que se va creando. No es solo la vianda, va más allá", asegura a este medio Susan Vargas, fundadora y referente de Callejeros.

La voluntaria asegura que la mayoría de las personas en situación de calle "sienten que no tienen acceso, muchas veces ignoran los derechos que tienen, van a hacer un trámite y no tienen ni idea. El chico que vive en la calle, rudo, que le grita a otros o que roba, ahí, cuando de verdad te sentás y lo conocés, ahí esta el chico que 'no valía'. Te dice acompañame a hacerme el DNI, o incluso una les comenta que se pueden anotar en la escuela, que pueden ir de noche. Preguntan a dónde ir, dónde inscribirse. Muchas veces no tienen ni idea. Y no tienen una guía. Estar ahí al lado de ellos les da, a veces, el empujoncito que necesitan. Se habla de cosas muy personales, se piden consejos y se escucha también", describe.

Susan ya había participado anteriormente en una organización similar. "Estuve un año con ellos, aprendí un montón sobre cómo abordar a la gente, los recorridos, etcétera. Pero estaba buscando justo un lugar para hacer algo un poco diferente, profundizar más en el tema de las visitas con mayor libertad. Esta es una organización grande, había que pedir autorización para todo y es normal, en organizaciones así hay reglas. Para no perjudicar a nadie dije 'voy a buscar otro espacio donde pueda seguir haciendo las visitas', porque vimos que con eso se avanzaba en el objetivo de acompañar a la gente a salir de la situación de calle", explica.

EL COMIENZO

En 2018, mientras cursaba una maestría en Relaciones Internacionales, conoció a un compañero y hablando del tema él le contó que el año anterior había salido con amigos a repartir viandas en invierno. "Estaba queriendo activar y muy solo, sus amigos no se prendían. Siempre digo que el universo conspiró para que nos encontráramos en la misma búsqueda. La charla la tuvimos un viernes y el lunes salimos los dos. Fuimos a su casa, preparamos 8 vianditas, 2 termos de té y salimos. A la segunda o tercera salida se sumó mi sobrina, que también estaba en la fundación anterior y hoy es referente de Callejeros. Así se fue sumando gente, así fuimos comenzando", cuenta Susan.

Ahora se juntan cada martes a las 18 en 7 y 49, pleno centro de La Plata. Previo a eso, como les prestaron un espacio en un centro cultural, preparan ahí los sánguches y viandas. "Durante un tiempo  comprábamos la supersopa de la Universidad de Quilmes, un proyecto hermoso de la facultad de Ingeniería de Alimentos. Ahora seguimos saliendo desde esa esquina y dependiendo de cuántos voluntarios somos tenemos diagramadas las zonas y los recorridos. Si tenemos auto, vamos a las zonas más alejadas como parque San Martín o el Hospital de Gonnet, y si no caminando, por el centro, la Terminal", enumera.

PRIMER ACERCAMIENTO

"¿Cómo estás? ¿Querés una vianda?", suelen ser las primeras palabras de los y las voluntarias de Callejeros Nocturnos cuando conocen o ubican a una persona que vive o se encuentra en situación de calle. "Si no, vamos con alguien que parece que lo o la conoce. En todo esto juega mucho el lenguaje no verbal, uno tiene que ser muy observador. La persona puede que esté abierta, por ahí en todo el día no habló con nadie y caés vos con una sonrisa, con un vasito de sopa... Y la persona se abre, comienza a hablar y hablar y hablar, y nada más con escucharlo, con ponerle el oido, ya hiciste un montón por ella. Por ahí nos quedamos hablando, o tomando mates. Hay otros que se niegan, que dicen 'no gracias'. Y si quieren, les dejás la viandita y te vas. Chau. Siempre hay que respetar la decisión de las personas, de si quieren conocerte o no", aclara Susan.

Con el tiempo sus interlocutores van abriéndose un poco más."Siempre digo que esto es como un rompecabezas: en cada recorrida agarrás una fichita y vas armando de a poco, porque una semana te cuentan un poquito de historia, la siguiente un montón, a la siguiente no te cuentan nada... Entonces una se entera que hay muchas personas que viven en la calle y otras de la calle, muchos trapitos por ejemplo viven en Punta Lara, Olmos, y otros no nos dicen dónde duermen por su seguridad, si es que duermen en la calle", explica.

Pero lo importante no es solo 'paliar' la contingencia, sino abordar la situación de vulnerabilidad de base, que es económica, estructural y fundamentalmente humana, de vínculos. "Por ejemplo nos pasó con las chicas que piden en los cajeros, donde vimos que había una necesidad y era el tema de los anticonceptivos. Una chica que conocimos era muy cerrada, no daba espacio para hablar; la conocimos y tenía 5 hijos, el último tenía 4 mesees y ella tenía 26. Yo soy madre, tengo dos hijas y me hice la ligadura de trompas. Le conté cómo era el proceso y ahí empezó a sentir confianza. Me decía: "¿De verdad? No sabia que era asi de sencillo, pensé que era una operación dolorosa, que tenía que dejar a mis hijos". Le dije que no, que para nada. Dos años meta hablar y hablar y empezó a contarnos un montón de cosas que por ahí ni a la familia le contaba. Después tuvo su sexto hijo, y tenía tan metida la idea que cuando fue a cesárea le preguntaron si quería ligarse las trompas y ella dijo 'dónde firmo'. Y su hermana también se las ligó. A una chiquita de 16 que tiene su hija de 2 la acompañamos para que se pusiera el chip de anticonceptivos. Después de todo eso van confiando en vos. Ahí es que dicen 'ah, no vienen por política, o porque quieren un voto'", sonríe Susan.

Es que, según ella, es lo primero que suelen pensar: "O que los querés llevar a la iglesa o que buscás que te voten. Ya cuando te ven en esos otros ambientes fuera de la recorrida -por ejemplo nos vemos en el hospital para acompañarlas/os a una cita con el médico- ahí dicen 'ah, claro, no es por un voto'". En ese camino de acompañar a las personas por fuera del círculo céntrico e involucrarse en sus vidas, Callejeros empezó a vincularse con distintos organismos, entidades y operadores/as del Estado. Por ejemplo con la dirección de Adicciones de la Municipalidad de La Plata, distintos profesionales de hospitales públicos y hasta la facultad de Trabajo Social de la UNLP, junto a la cual coordinó un relevamiento que relevó entre 80 y 90 personas en esta situación en la ciudad

"Hemos estado haciendo redes muy útiles, porque no termina ahí. No hay una sola persona para una sola necesidad. Lo de Adicciones nos ha servido para varias personas, y los contactos en hospitales también", apunta Susan. Durante la pandemia, si bien la situación de las personas que viven o duermen en el espacio público cambió poco y nada, los lazos entre organizaciones pudieron crecer. "Ya nos veníamos cruzando grupos en la calle que llevábamos vianditas, de iglesias, agrupaciones, grupos de amigos, pero no pensábamos que eran tantos. Cuando comenzó la pandemia por coronavirus se hizo un grupo de WhatsApp donde se reunieron los referentes de las diferentes organizaciones y nos pudimos organizar para cada día salir uno y garantizarle la cena a estas personas. Más en cuarentena, cuando no tenían dónde ir a pedir", explica. Armaron un cronograma y entre las 7 u 8 organizaciones se reparten los días para entregar viandas, visitando aproximadamente a 60 personas por tarde/noche

SOBRE 'ELEGIR' DÓNDE VIVIR

Las personas en situación de calle lo están por diversos motivos, no todos con la misma raíz ni la misma posibilidad de "solucionarse". En ese sentido, desde la organización explican que la enorme cantidad de personas que transita las calles del centro se niega a vivir en el Parador Municipal y que directamente prefiere quedarse en la calle. "Cuentan que hay peleas y robos; hay un momento en la madrugada en el que se quedan sin un operador y ahí se da todo esto.
Lo que ellos dicen es, 'si yo tengo una pelea en la calle corro, me escondo, me pierdo, pero si tengo una pelea en el parador ¿qué voy a hacer si estoy encerrado?'".

Por eso desde Callejeros Nocturnos decidieron aportar de otras maneras: "A los jóvenes los ayudamos a hacer sus CV, buscamos en internet, en la facultad, miramos si hay cursos de oficios que les puedan interesar... aunque es muy difícil que se enganchen con eso principalmente por las adicciones, porque ya vienen hace mucho tiempo viviendo en la calle y se acostumbran a no tener un horario, a ir cuando quieren... A veces les va bien y otras mal pero se sienten libres. Así que cuesta. En cuanto a la gente grande, los acompañamos a hacer el trámite de pensión, discapacidad o jubilación, o los ayudamos a buscar habitación para alquilar que ellos puedan pagar. El caso más reciente es un señor de 62 años que él mismo había comenzado el trámite de pensión derivada por el fallecimiento de su madre, ya que es discapacitado. Estuvo un año y medio esperando que se moviera el trámite, empezamos a buscar contactos para que nos ayudaban porque el trámite estaba pero no se movía. Hace algunos fines de semana se mudó a un monoambiente, los chicos fueron y ayudaron a organizar, hacer las compras, todo lo que necesite. Y lo seguimos viendo.  Es que el problema de la calle no es solo habitacional, es más de vínculos, de contención, de apoyo. Y eso es lo que está fallando. En todo: la familia, la sociedad, el gobierno... no sembramos valores", asegura Susan.

En la organización participan actualmente 15 personas y cualquiera que lo desee puede acercarse. "Siempre quienes somos referentes vamos a la primera recorrida con ellos y les vamos explicando cómo abordamos, el trabajo que hacemos. Más o menos los tips, muy mínimos, como por ejemplo no sacar fotografías o no ir a la primera de cambio con un 'qué necesita'. Nuestra idea sería generar primero el vínculo y después preguntar si necesitan algo. Más que asistir es acompañar, y más que caridad -una palabra horrible- es solidaridad", resume. E ilustra la idea con el logo de la organización, que son dos manos ayudándose. "Nadie está arriba ni abajo: la solidaridad es ponerse a la misma altura que la persona y tratarlo como igual", advierte.

QUITANDO EL ESTIGMA 

El verano del 2019-2020, Callejeros Nocturnos empezó a hacer un taller con los y las jóvenes que paran en plaza San Martín, uno de los espacios públicos más marcados donde se registró -y registra- la presencia de múltiples niños, niñas y jóvenes, muchos de ellos con consumos problemáticos de sustancias y varios en conflicto con la ley penal. "Decidimos hacerlo ahí porque es un lugar muy visible y donde hay mucho prejuicio, por ver que son tantos y tan ruidosos. Y también asistiendo a este llamado de ellos de vengan a tomar mate, a sentarnos un rato a hablar", cuenta Susan.

"Les preguntamos qué les gustaría hacer o aprender, trabajo en vidrio, madera, dibujos... Nos sentamos con ellos con una de las referentes y comenzamos a hacer pulseritas con macramé, muchos de ellos se coparon, y como era diciembre también comenzamos a hacer memotest. En Callejeros tenemos gente de una agrupación de motociclistas llamada Legionarios de la Ruta, algunos de ellos asisten a comedores y en diciembre llevan regalitos. Así que ese diciembre quisimos mandar algo hecho por los chicos de la plaza. Comenzamos a hacer memotest y se coparon, no fue fácil al principio porque la primera vez que fuimos estaban alcoholizados, con el consumo, peleando. Uno comenzó a trabajar con nosotros y a la siguiente semana estuvieron todos... y a la siguiente no", aclara, consciente de lo difícil que es organizar una actividad así sin la contención de más personas y sin más recursos que los propios.

En ese grupo conocieron a un chico que desde los 14 años no tenía DNI. "Lo acompañamos a hacer el trámite, fuimos a por la partida de nacimiento y todo... y se inscribió en la escuela. Lamentablemente no se pudo dar por la pandemia, pero tenia todo para empezar. De 7 que participaron 1 se animó a empezar la escuela, a buscar su DNI. Eso ya es ganancia", asegura emocionada. Y recuerda cómo "pasaba la gente y nos veía así, en un plan sano, tomando tereré, ellos recortando sus memotest. La realidad es que se necesita bastante trabajo, muchas manos y bastante paciencia. Pero se puede".

Para Susan, mucho de lo que implica estar en "situación" de calle tiene que ver con la ruptura o la falta de vínculos: "El pelearse con la familia, no sentirse apoyado, comenzar y aislarse por las adicciones... Porque así como salir de la calle es un proceso, entrar lo es también. Líos familiares, mucha soledad, falta de amor propio, falta de contención... Además uno hace con sus hijos lo que puede con lo que tiene. Si nunca recibiste amor, o una palabra de aliento, apoyo, contención, ¿cómo se la das a ese chico? Es difícil. Pero nos hemos dado cuenta que el amor, el cariño y la contención son la base de todo esto. Cuando comienzas a aplicarle eso a una persona es increíble cómo cambia, cómo florece. Pero son taaaantas personas, tantas problemáticas tan diferentes. Por ejemplo confían en vos, te cuentan un montón de cosas... y vos decís, ¿que hago con todo esto? Si lo convenzo de ir al psicólogo, va pero no le cuenta nada. Entonces ¿cómo hacemos para tener las herramientas y poder ayudar del todo? Porque llega un momento que decís 'hasta acá'".

UN PEDIDO AL MUNICIPIO

Si bien la Municipalidad cuenta con un Programa de Asistencia y Abordaje Integral para Personas en Situación de Calle y un WhatsApp de contacto (2216099407), es sabido que no son suficientes los recursos destinados a la problemática, más que nada teniendo en cuenta la reticencia de las personas a integrarse a los paradores temporarios. Para Callejeros es clave que haya personal formado que pueda a su vez formarlos a ellos, que son quienes semana a semana comparten momentos con las personas que viven o transitan las calles de La Plata. "No tenemos herramientas, y creo que esos grupos si deberían tener, más que un apoyo económico, un apoyo profesional, por ejemplo de trabajadores/as sociales o psicólogos/as. Necesitamos  que asesoren a los voluntarios que consiguen que la gente confíe en ellos. Ahí es donde entraría la guía de un profesional", apunta Susan.

"Necesitás pasar mucho tiempo para que la persona vea que puede confiar. En uno de esos casos logramos que un chico vaya a consultar a la dirección de Adicciones, por ejemplo. Costó muchísimo. Hablamos un viernes e íbamos a ir ese día, él prefirió ir al martes siguiente y el lunes lo detuvieron por peleas que había tenido en la vía pública. Ahora va a cumplir dos años en la cárcel. Estuvimos a nada", asegura. "Todo lo que habíamos avanzado lo retrocedimos, estamos en menos 10. Y lo seguimos acompañando pero es muy difícil. Avanzas un paso y retrocedes tres. Es un trabajo agotador, agota. Pero por otro lado ves casos que sí salen adelante... cada uno tiene sus tiempos. Cada vez que hay un logro así nosotros decimos: cobramos. Esa es sensación".

Cada semana Callejeros, así como tantas otras organizaciones que trabajan en la calle, visita a personas jóvenes (de 18 a 36 años es el rango etario más común), personas mayores (de hasta 70), adolescentes y niños/as. Con la pandemia fortalecieron su red de organizaciones y a través de un grupo WhatsApp lograron coordinar las visitas para grantizarle cenas a todas las personas que conocen. "No importa que algunos sean religiosos, otros políticos y otros grupos de amigos. En esta red podemos saber si una persona se movió de lugar, si apareció otra nueva y así pasar a verla. Se ha fortalecido la red entre agrupaciones y eso es muy, muy positivo", destaca Susan.

Aun así, insiste en la necesidad de recibir apoyo, contención y sobre todo formación de profesionales para poder continuar y profundizar la actividad que realizan. "A veces lo económico se consigue de alguna u otra manera, pero las manos para ayudar, los oidos, las voluntades... eso sí que cuesta. Por eso sería muy bueno que se pueda destinar una determinada cantidad de profesionales para asesorar a los grupos que desde hace tiempo estamos cerca de la gente", apunta. Es que ellos y ellas están ahí desde hace años, y para cambiar la realidad no solo necesitan comida o donaciones: el aporte va más lejos y alcanza al Estado en toda su complejidad. Y también tienen las puertas abiertas para recibir a voluntarios/as: quienes deseen colaborar, pueden escribir un mensaje al Facebook oficial de Callejeros Nocturnos.  

COMENTARIOS

Funciona en La Plata hace 3 años y cada semana visita a cerca de 60 personas. Entregan viandas, pero también ayudan con trámites de pensiones, DNI y escuelas.