ver más

Adoptó a una beba abandonada aunque sabía que iba a morir: "Te amé como a nadie"

La enfermera tucumana conoció en 2014 a Zoe, que tenía un pronóstico de un año de vida. Hizo el trámite legal y la nena vivió más de lo que estimaban.

Nuria Pérez trabaja como enfermera de neonatología del hospital Eva Perón de la ciudad de Santa Lucía, en Tucumán. En mayo de 2014 llegó a cumplir su horario y conoció a Zoe. Una compañera le explicó que la nena tenía dos meses y una línea resaltada en su carpeta breve: “Causa social: abandono”. Su diagnóstico era “hidranencefalia”, es decir, en vez de hemisferios cerebrales tenía dos bolsitas con líquido, y su expectativa de vida era de aproximadamente un año.

La pequeña crecía, la estrecha cuna del centro de salud ya le quedaba chica. No podía ver, tampoco escuchar y no iba a caminar. “Si va a vivir tan poco mejor que sea con una familia”, pensó la mujer, por entonces de 28 años, separada y con un hijo de 9.

No era la primera vez que veía un bebé sin familia, pero presintió algo y les dijo a sus compañeras que ella iba a ser la madre. Lo habló con sus padres, con el papá de su hijo y también con el nene. Luego empezó los trámites para poder adoptarla. El 1 de agosto de 2014 fueron con la autorización judicial a buscarla al hospital.

Nuria aseguró que a Zoe se la vio mejor desde el día en que llegó a casa. La atendían un neurólogo, un fonoaudiólogo, un neurocirujano, un kinesiólogo, la llevaban a hidroterapia, se alimentaba por sonda y tenía una válvula para drenar el líquido cefalorraquídeo de su cabeza. Sin embargo, ella cree que no eran sólo los cuidados médicos lo que le hacía bien.

"Es claro que tuvimos miedos y más cuando se acercaba la fecha límite. Más allá de que sabíamos que en algún momento iba a suceder, nunca estás preparado para la muerte, y mucho menos la de un hijo”, contó la enfermera a Infobae.

A pesar de lo malo que era el panorama médico de Zoe, la beba vivió cuatro años más de lo que estimaban los médicos. Fueron años de alegría pero difíciles, porque tenía convulsiones a diario, usaba pañales, había que rotarla para evitar las escaras en su piel y solía tener crisis respiratorias que obligaban a su familia a internarla.

El 13 de agosto de 2019, Nuria llevó a la nena al hospital, luego de notarla “rara”. En el momento en que la acostó en la camilla, Zoe tuvo un paro cardiorrespiratorio. “El médico me ordenó que saliera y yo le dije que no iba a salir porque no la iba a dejar sola. Me trató mal, me agarró de un brazo y me empujó contra una mesada. Para mí fue terrible esa situación, le había prometido a Zoe que nunca la iba a dejar sola, ni siquiera en su peor momento”. La beba murió esa mañana, diez meses antes Nuria se había convertido legalmente en su mamá.

“Todavía estamos aprendiendo a vivir sin ella, pero no me arrepiento. Fueron los mejores cinco años de mi vida”, sostuvo la mujer quien publicó una emotiva carta en sus redes sociales para despedir a su hija.

LA CARTA COMPLETA

Solo Dios, la vida y el universo saben lo mucho que te quiero, pero sobre todo lo mucho que me diste.

Te amé desde siempre, quién sabe si de esta vida o de miles antes.

Me diste mucho, más de lo imaginado. Es por eso que sólo quiero decirte gracias mi eterna niña: gracias por dejarme ser tu mamá, gracias por enseñarme todos los días que hay que ir para adelante.

No hay vacío en mi corazón y eso solo te lo debo a vos. Hoy nos dejaste físicamente, pero siempre estarás en mí en todas las situaciones de mi vida.

Te amé como a nadie, te cuidé como pude.

Te puede interesar