Si bien la curva de la pandemia está en franco descenso y avanzan los operativos de vacunación alrededor del mundo, las consecuencias y las secuelas que provoca el virus siguen siendo tema de investigación. Recientemente se dio a conocer una investigación científica que brinda más detalles sobre qué les pasa a los pacientes que enfrentan síntomas como la "neblina mental" tras el COVID-19: los especialistas sostienen que en los Estados Unidos las tasas de disfunción cognitiva o niebla mental tiene un promedio de duración de 7,6 meses después de que los pacientes han tenido la enfermedad.
La niebla mental consiste en tener dificultad en la concentración, la memoria y falta de claridad en los pensamientos. Puede producirse por tomar algunos medicamentos o por el efecto del jet lag después de muchas horas de vuelos en avión. Pero la enfermedad de coronavirus también puede generar niebla mental con síntomas específicos.
Dicha investigación fue realizada por científicos de la Escuela de Medicina Icahn del Sistema de Salud del Monte Sinaí, en Nueva York, Estados Unidos; y publicada en la revista JAMA Network Open. Se encontró que casi una cuarta parte de los pacientes que tuvieron COVID-19 experimentaron algunos problemas de memoria. Aunque los pacientes que habían necesitado hospitalización eran más propensos a padecer la llamada “niebla mental” después de la infección, el estudio también identificó que hubo algunos pacientes ambulatorios que sufrieron el deterioro cognitivo.
Cabe resaltar que el problema de la "niebla mental" puede persistir durante meses en los pacientes de COVID-19, incluso en algunos que no fueron hospitalizados. "En este estudio, encontramos una frecuencia relativamente alta de deterioro cognitivo varios meses después de que los pacientes enfermaran por COVID-19. Las deficiencias en el funcionamiento ejecutivo, la velocidad de procesamiento, la fluidez de las categorías, la codificación de la memoria y el recuerdo fueron predominantes entre los pacientes hospitalizados", escribieron Jacqueline Becker y sus colegas en aquel país.
La edad media de los pacientes era de 49 años. Se evaluó el funcionamiento cognitivo de cada paciente y los investigadores analizaron la frecuencia del deterioro cognitivo entre ellos. Tras el análisis de los datos, los investigadores encontraron que el 15% de los pacientes mostraba déficits en la fluidez al hablar, el 16% en un conjunto de habilidades mentales llamado funcionamiento ejecutivo, el 18% mostraba déficits en la velocidad de procesamiento cognitivo, el 20% en la capacidad de procesar categorías o listas, el 23% en el recuerdo de la memoria y el 24% en la codificación de la memoria, entre otras deficiencias.
Cabe destacar que los autores reconocieron la posibilidad de un sesgo en la muestra, porque los pacientes habían acudido al Sistema de Salud del Monte Sinaí porque ya estaban experimentando síntomas. Pero igualmente destacaron el impacto que puede tener el síndrome del Post COVID-19 o COVID-19 Prolongado en la salud mental de las personas que tienen la infección.