En los últimos días la imagen de un perro callejero pintado como si fuera un tigre de Bengala provocó una fuerte conmoción entre los activistas protectores de animales y desató una firme búsqueda para castigar a los responsables.
En los últimos días la imagen de un perro callejero pintado como si fuera un tigre de Bengala provocó una fuerte conmoción entre los activistas protectores de animales y desató una firme búsqueda para castigar a los responsables.
A través de las redes sociales se viralizó este repudiable hecho, y también varias fotografías que muestran al animal cubierto de pintura naranja y con rayas negras, simulando ser un felino, caminando por las calles de Malasia.

Amnistía Internacional denuncia que el Protocolo Antipiquetes impulsó una escalada represiva y reclaman su inconstitucionalidad.
Un comunicado de ANMAT advirtió sobre un riesgo microbiológico en un queso de La Serenísima y activó medidas preventivas.
“No es gracioso, es maltrato animal”, exclamó la Asociación de Protección de Animales de dicho país en su cuenta de Facebook. “Necesitamos ayuda para identificar a quién pertenece este animal. Ofrecemos una recompensa a quienes se presenten con detalles completos que cuenten el incidente”, agregó la organización en su posteo, que sumó cientos de comentarios de indignación y apoyo para investigar lo ocurrido.
Esta condena de los activistas se debe al peligro que representa teñir el pelo de los animales porque las pinturas pueden ser tóxicas. Y es una reacción cada vez más frecuente ya que pintar perros se ha convertido en una lamentable moda en estos tiempos.
Todavía no está claro si las autoridades locales de Malasia también están tratando de localizar al culpable. Pero la creciente presión en redes sociales se mantiene como la principal herramienta para buscar justicia. “Ahora el perro tiene que ser bañado y afeitado para deshacer todos los productos químicos”, explicó un usuario de Facebook. “Por la cara se ve que el perro está triste, es una lástima”, señaló otro comentario.
Lamentablemente este no es el primer caso en el que animales domésticos o de trabajo son pintados para aparentar cierto exotismos. Otro ejemplo es cuando en 2019 dos burros fueron pintados como cebras para participar de una boda en España ambientada como si se tratara de un safari africano.