"Cierro porque me da vergüenza realmente el esfuerzo que tienen que hacer mis clientes para comprarnos una mila", así sostiene Javier Zamudio, el dueño de Monstermila, en el posteo cargado de angustia y emoción que escribió en la cuenta oficial de la firma. El joven se hizo conocido en la ciudad por impulsar, desde su local, un sinfín de propuestas solidarias y ese trabajo desinteresado le valió una declaración de "Vecino Destacado" en el Concejo Deliberante de La Plata.
Sin embargo, la pandemia y la dura situación económica que atraviesa el país pudieron más y finalmente decidieron cerrar sus puertas. "Se preguntarán por qué vendemos en un momento donde el flujo de ventas es bastante alto, incluso muy superior al de otras épocas, pese a estar en este contexto", escribió Zamudio y agregó: "Vendemos porque para mí Monstermila siempre fue un cable a tierra, fue la magia de atender a los clientes y volverlos locos con jodas, chistes, sacarles una sonrisa y ustedes a mí. Pero eso hoy cuesta cada vez más, me cuesta juntar ganas para ir al local y volver amargado de escuchar lo mal que la están pasando".
A pesar del anuncio explicó que seguirá al frente del local "hasta que aparezca la persona indicada". "Monstermileros, aun no me despido, pero ya casi sin lágrimas en los ojos, luego de empezar a cerrar esta etapa, les digo gracias y, mientras tanto, ¡nos vemos mañana!", cerró.
Zamudio y su local fueron artífices de una gran cantidad de campañas solidarias en la ciudad. El joven siempre demostró sus ganas de colaborar y una de las últimas y más resonantes propuestas fue la de regalarle una milanesa a todo aquel que se acercara hasta Monstermila con un certificado que comprobara que había donado plasma tras haber padecido y superado el COVID-19. La campaña se viralizó en las redes y él mismo contó que fue un éxito rotundo, feliz de haber promovido esta medida, que ayudó a salvar la vida de cientos de personas infectadas en todo el país.