El viaje a la Costa Atlántica resulta ser todo un clásico para muchos platenses y habitantes de la provincia de Buenos Aires, que emprenden camino por Ruta 2 en búsqueda de distenderse y disfrutar de las playas y tranquilidad del mar.
El viaje a la Costa Atlántica resulta ser todo un clásico para muchos platenses y habitantes de la provincia de Buenos Aires, que emprenden camino por Ruta 2 en búsqueda de distenderse y disfrutar de las playas y tranquilidad del mar.
Todo eso resulta extraño pensarlo en estos tiempos de pandemia, donde la imposibilidad de trasladarse por la cuarentena ha generado, entre tantas otras cosas, una fuerte crisis en comercios de diferentes zonas. Este es el caso del histórico parador Ama Gozua, ubicado en la localidad de Maipú y que desde hace más de 50 años era un punto de referencia y lugar de paso obligado para turistas.
El tradicional restaurante de la autovía 2, a la altura del kilómetro 274, anunció en sus redes sociales el cierre definitivo. La decisión causó una gran sorpresa y nostalgia en habitantes de la zona, y también en muchos viajeros que transformaron ese sitio en una “parada técnica”, para almorzar o cenar.
Abierto en 1968, sus propios dueños aseguraron no poder seguir con el negocio debido a la fuerte crisis ocasionada por la pandemia. “La especialidad de la casa eran los lomitos de cerdo y el chorizo o morcilla con papas fritas a caballo. Los embutidos se elaboraban en el lugar y también podrían comprarse para cocinar en los hogares. Los ravioles caseros y el flan eran otras de las opciones distinguidas”, recuerda la publicación.
Como muchos otros negocios gastronómicos, esta empresa familiar intentó sostener su actividad en estos meses de cuarentena con el delivery y la venta de productos chacinados. Sin embargo no logró su objetivo y puso en remate el mobiliario, como así también todos los elementos que componían este emblemático lugar.
Ama Gozua, que en idioma vasco significa “mamá dulce”, fue un emprendimiento familiar, llevado adelante por Manuel Ercoreca, un vasco que llegó a la Argentina en 1900. El restaurante, de uno de sus hijos, fue el primer paso y el éxito en la fabricación de chacinados le dio el impulso para consolidarse. Era un local que pudo conservar durante los años esa estructura de típico almacén, bodegón o pulpería clásica que tenían tantos en el interior de la provincia de Buenos Aires.
Con imposibilidad y falta de circulación de turistas, el negocio entró en una crisis profunda. La acumulación de deudas y la falta de un horizonte de apertura, empujó a los dueños a una posición difícil de superar. La decisión de cerrar sus puertas se venía evaluando hace varias semanas hasta que el sábado pasado que fue cuando decidieron publicar en las redes la venta del mobiliario para poder afrontar parte de las deudas.
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