Nora Etchenique, la directora del Instituto de Hemoterapia bonaerense, falleció este viernes yendo desde su casa en el oeste del conurbano bonaerense a La Plata, un trayecto que realizaba cotidianamente durante más de una hora para ocupar su lugar en un puesto en la trinchera que había cobrado especial relevancia en los meses de pandemia, por la gestión de la donación de plasma de pacientes recuperados del coronavirus.
El desenlace fatal conmovió a todo el ambiente de la salud pública y llevó al Ministro de Salud Daniel Gollan que "murió luchando a destajo" o a sus compañeros del Ministerio de Salud a conmoverse y sostener que "murió como vivió, luchando. Arriba de un auto en camino a una nueva batalla como las que dio desde el primer día de la pandemia". Viajaba por lo menos tres veces por semana desde San Antonio de Padua hasta 15 y 66 de La Plata, donde funciona el Instituto de Hemoterapia.
"La guardiana del plasma" llegó a titular el diario Clarín una nota de reciente publicación. "Buscó soluciones que salvaran vidas y las encontró, porque el tratamiento con plasma para pacientes con coronavirus fue pionero en la provincia de Buenos Aires gracias a ella", dice el comunicado ministerial.
La prueba consiste en extraer sangre de recuperados para transfundirlo a enfermos en etapa de gravedad mediana. Desde el 14 de mayo, que se hizo la primera experiencia, se atendieron mas de 600 casos y en poco más de la mitad el resultado fue favorable.
VIDA DE LUCHADORA
Pero la lucha no era algo nuevo en la vida de la médica. Su militancia comenzó cuando era apenas una adolescente, a fines de la década del 60, motivada por la trayectoria de su padre, Horacio Alejandro Etchenique, un dirigente del PC del oeste del Gran Buenos Aires, donde ella se crió y residía. Sus primeras experiencias, más cercanas al peronismo, fueron en los barrios más humildes de Morón, cuando se integró a grupos de jóvenes seguidores del padre Carlos Mujica.
La dictadura la sorprendió inserta en la vida universitaria, primero en la carrera de Derecho y después en Medicina. Pero siguió militando en los barrios y eso la puso en el foco del aparato represivo. La opresión fue mayor cuando empezaron a desaparecer militantes cercanos y el 1° de abril de 1977 le tocó a ella: en un operativo de la Aeronáutica, la detuvieron junto a su padre.
Pasaron por la comisaría de Ramos Mejía, la Base Aérea de El Palomar y en una seccional policial de Morón, donde los separaron. A Nora la trasladaron a la “Mansión Seré”, el centro clandestino de detención por donde pasaron casi mil militantes y sólo sobrevivieron 80.
Las torturas, que incluyeron vejámenes sexuales, fueron la marca de aquella época en la vida de la profesional. Estuvo 15 días y la soltaron. Como sobreviviente declaró en el juicio contra militares que se hizo en el Tribunal Oral N 5 de San Martín, en 2014.
En 1979 se recibió de Médica y ya en los 80 empezó a trabar la especialidad de hemoterapia en el hospital Zubizarreta. Más adelante conseguiría una beca para perfeccionarse en Francia. En 1983 ingresó al hospital “Güemes” de Haedo donde estuvo 17 años y coordinó el Instituto provincial en la región sanitaria VII.
En 2000 comenzó a trabajar en el ministerio de Salud bonaerense, en el organismo encargado de administrar las donaciones de sangre. Fue directora asociada y en 2008 el ex gobernador Daniel Scioli –con quien había compartido clases de natación en Ramos Mejía cuando ambos eran jóvenes– la nombró como máxima autoridad.
En 2015, con María Eugenia Vidal como gobernadora, fue desplazada del cargo, volvió al Güemes de Haedo y se jubiló. Pero volvió a ser convocada cuando asumió Axel Kicillof. Su retiro estaba confirmado pero volvió y al poco tiempo se encontró en una trinchera clave de la pelea contra la pandemia cuando la provincia arrancó con el programa para aplicar plasma de recuperados. Fue camino a ese puesto de trabajo cuando este viernes se produjo su trágica muerte.