Doctor Cerebro: "La pandemia expuso el riesgo y desprotección que sufrimos los artistas" | 0221
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Doctor Cerebro: "La pandemia expuso el riesgo y desprotección que sufrimos los artistas"

Federico Marotta lleva 25 años encabezando un exitoso show para grandes y chicos al aire libre en nuestra ciudad, que ahora hace por Zoom.

"La pandemia expuso el grado de desprotección y el riesgo que sufrimos los artistas", reflexiona Federico Marotta cuando casi vamos entrando al quinto mes de cuarentena en Argentina. El platense de 45 años lleva más de la mitad de su vida encarnando al Doctor Cerebro, su espectáculo unipersonal que grandes y chicos disfrutaban hasta antes del 19 de marzo todos los fines de semana en plaza Italia y en otros lugares de nuestra ciudad y alrededores. Hoy, como a tantos otros artistas, el freno de mano en el mundo por culpa del coronavirus le dio un cachetazo que lo hizo reacomodarse para sobrevivir. Cómo es brindar un show para una cámara y qué imagina para el futuro, ese tan incierto para todo el mundo de la cultura.

Hace un cuarto de siglo que miles de chicos y chicas se maravillan viéndolo pedalear frenéticamente de un lado a otro sobre una bicicleta de una sola rueda, haciendo malabares con pelotas de todos los colores y trepándose como el hombre araña a cualquier tipo de estructura que luego le sirven de impulso para volar por los aires, provocando los aplausos y las exclamaciones de todos. Hoy eso murió, o al menos mutó a otra cosa que todavía está descubriendo.

"La experiencia en lo virtual ahora puedo decir que es buena, pero al principio fue difícil, con muchas dudas y hasta incluso resistido", analiza con seriedad. "Me tomé mi tiempo para investigarlo, probarlo y ver de qué se trataba, porque era un mundo totalmente nuevo y lo sigo descubriendo. Cambia el paradigma de actuar para una masa de público a hacerlo para la cámara, un punto fijo que está adelante. Esto de tener retorno de un monitor y tratar de actuar ahí y ver cómo se va tomando sin tener mucha referencia de lo que pasa en el otro lado", describe.

Es que para los que necesitan casi fundamentalmente de la mirada cercana del público, estar haciendo lo mismo que antes pero ahora solo mirando a una notebook, es como quedar desconcertadamente colgado patas para arriba luego de una pirueta impresionante en dirección al cielo, valga la comparación. "El vivo era un ida y vuelta constante con el público, ahí estás esperando que suceda algo en la calle, cualquier evento especial del momento, como un perro que se cruza, el borracho de la plaza, el nene que se pierde... todo eso desapareció. Ahora tengo dudas de lo que está pasando del otro lado", reflexiona.

"El efecto de la cuarentena con respecto al trabajo es completo. Es un parate total, el no poder hacer funciones, suspensiones de espectáculos -en nuestro caso se suspendió también un viaje y un proyecto laboral completo con festivales en Europa y hasta incluso las posibilidades de funciones. A todos los artistas nos ha pegado por completo. Los que hacemos arte callejero y circo ha sido de mayor impacto, incluso porque por ahí los que son docentes y dan talleres o clases han tenido otras posibilidades, pero los que netamente estamos trabajando en el escenario y haciendo funciones solamente, es un parate total", sentencia.

Pero al menos esta nueva normalidad, como le gusta decir al mundo, está funcionando -entendiendo las diferencias-: "La repercusión por suerte es buena", aunque bien, "una de las primeras cosas que me dijeron como consejo para hacer funciones fue que le pida a la gente una devolución cuando terminara la función y eso ayuda mucho. El problema que pasa ahora es que cuando se apaga la cámara quedo solo y falta toda esa vuelta del público. En un espectáculo siempre están los que te vienen a saludar, el técnico o alguien que se pone a hablar con vos y comentamos qué pasó. Acá se apaga la cámara y no sabés, no ves a la gente con qué ánimo se va de la función. Por eso sirve mucho que te den una devolución por alguna red social, algún mensaje, porque por más que la función ya estuvo hecha, eso te sirve para saber qué pasó".

A Marotta le quedaron truncos muchos planes. Junto a su pareja Soledad creó Compañía Per Se, un dúo de artistas circenses que se paseaba con éxito por ciudades europeas realizando espectáculos callejeros que les habían dado la posibilidad de planificar a futuro muchas funciones y participaciones en reconocidos festivales. Hoy eso también quedó en stand by.

Como la crisis además de grave es generalizada, las charlas entre colegas se suceden semana tras semana para intentar encontrar una solución más que nada en un futuro. "Con colegas hablamos un montón e intercambiamos ideas respecto de qué siente cada uno. Algunos no están haciendo funciones virtuales porque no se encuentran cómodos en esto de que no haya vuelta, se sienten fríos. Por un lado lo es, para darle calidez tenés que encontrarle la vuelta y tirarle la onda a la gente", cuenta en ese sentido.

"Estamos todos cabizbajos. En una de las últimas reuniones que tuvimos con el colectivo de artistas que hacemos temporada en la costa estuvimos muy para abajo, con mucha incertidumbre de no saber qué va a pasar en el verano. Estamos viendo los protocolos para ver cómo volver, qué posibilidades hay, si hay becas, subsidios del Estado, qué formas hay de aunarnos y apoyarnos entre nosotros. Hay muchos que la están pasando muy mal", agrega.

"Ojalá que después de la cuarentena sigamos igual de unidos. Aunque ya veníamos trabajando así: en el circo estamos peleando por una ley de circo. Buscamos que se genere un centro del circo, así como hay institutos de la danza y del teatro. Estamos pidiendo más presencia del Estado en este tipo de situaciones, porque nos damos cuenta de la precariedad que tenemos todos nosotros. Nos gusta y nos da mucha libertad pero en estas situaciones nos exponen a una desprotección muy grande", comenta, revelando que hay cierta comunicación con las autoridades culturales, siempre dependiendo de la llegada que cada uno tiene, porque, como también reclaman músicos y actores, no hay una política clara que ampare a todos los artistas.

En Capital Federal, por ejemplo, hay un grupo a nivel nacional que se llama Circo Abierto y es desde allí que se está reclamando la ley de circo para que se apoyen con políticas estatales fuertes y perdurables en el tiempo a los diferentes formatos: carpa, calle, sala, semáforos, y demás. "Está clara la pasión que le ponemos. Todo artista si no es por pasión, no lo hace, porque el grado de desprotección que tenemos y el riesgo que sufrimos constantemente al ser artistas -esto de la pandemia lo expuso- es muy grande", repite una y otra vez el Doctor Cerebro, ya sin su característico traje verde.

"Está bueno remarcar también la importancia y necesidad de consumir arte, ahora que está toda la gente encerrada. El agradecimiento que hoy nos dan es mucho mayor a cuando lo hacíamos en vivo. Y tiene que ver con eso", destaca e intenta mirar el vaso medio lleno: "Esto nos ha servido como mensaje a todo el mundo cultural platense y argentino en general para juntarnos, ir por más y avanzar en cosas que demorábamos por cuestiones de tiempos. Los autogestivos nos autoexplotamos un montón; no tenemos la posibilidad de relajarnos y estar más tranquilos, trabajamos en nuestras vacaciones, en nuestro tiempo libre, y más que descansar estamos siempre viendo qué crear para hacer algo nuevo".

"Esta situación ha desnudado a los artistas. Postpandemia ya estamos viendo salas cerradas, artistas que tienen que salir a hacer otras cosas porque no les queda otra. Estamos perdiendo un capital cultural muy interesante. Yo creo que el saldo de la pandemia a nivel cultural es muy grande. Se habla de una crisis económica pero yo creo que va a haber una crisis cultural de pérdida de cosas que va a cobrar mucha fuerza. Se va a generar una ola gigante, después va a haber una necesidad muy grande de todo esto", concluye.

Atrás, aguardan pacientemente todos sus objetos de trabajo que lo acompañan fielmente desde hace 25 años y hoy ya no brillan bajo el sol, sino frente a una pantalla. Pese a la tormenta, la esencia y el amor por el arte callejero siguen siendo los mismos y al Doctor Cerebro se lo puede disfrutar todos los domingos a las 16 vía Zoom. Que siga la función.

Doctor Cerebro: "La pandemia expuso el riesgo y desprotección que sufrimos los artistas"
LA CULTURA EN LA PLATA

Doctor Cerebro: "La pandemia expuso el riesgo y desprotección que sufrimos los artistas"

Federico Marotta lleva 25 años encabezando un exitoso show para grandes y chicos al aire libre en nuestra ciudad, que ahora hace por Zoom.

02 de agosto de 2020

"La pandemia expuso el grado de desprotección y el riesgo que sufrimos los artistas", reflexiona Federico Marotta cuando casi vamos entrando al quinto mes de cuarentena en Argentina. El platense de 45 años lleva más de la mitad de su vida encarnando al Doctor Cerebro, su espectáculo unipersonal que grandes y chicos disfrutaban hasta antes del 19 de marzo todos los fines de semana en plaza Italia y en otros lugares de nuestra ciudad y alrededores. Hoy, como a tantos otros artistas, el freno de mano en el mundo por culpa del coronavirus le dio un cachetazo que lo hizo reacomodarse para sobrevivir. Cómo es brindar un show para una cámara y qué imagina para el futuro, ese tan incierto para todo el mundo de la cultura.

Hace un cuarto de siglo que miles de chicos y chicas se maravillan viéndolo pedalear frenéticamente de un lado a otro sobre una bicicleta de una sola rueda, haciendo malabares con pelotas de todos los colores y trepándose como el hombre araña a cualquier tipo de estructura que luego le sirven de impulso para volar por los aires, provocando los aplausos y las exclamaciones de todos. Hoy eso murió, o al menos mutó a otra cosa que todavía está descubriendo.

"La experiencia en lo virtual ahora puedo decir que es buena, pero al principio fue difícil, con muchas dudas y hasta incluso resistido", analiza con seriedad. "Me tomé mi tiempo para investigarlo, probarlo y ver de qué se trataba, porque era un mundo totalmente nuevo y lo sigo descubriendo. Cambia el paradigma de actuar para una masa de público a hacerlo para la cámara, un punto fijo que está adelante. Esto de tener retorno de un monitor y tratar de actuar ahí y ver cómo se va tomando sin tener mucha referencia de lo que pasa en el otro lado", describe.

Es que para los que necesitan casi fundamentalmente de la mirada cercana del público, estar haciendo lo mismo que antes pero ahora solo mirando a una notebook, es como quedar desconcertadamente colgado patas para arriba luego de una pirueta impresionante en dirección al cielo, valga la comparación. "El vivo era un ida y vuelta constante con el público, ahí estás esperando que suceda algo en la calle, cualquier evento especial del momento, como un perro que se cruza, el borracho de la plaza, el nene que se pierde... todo eso desapareció. Ahora tengo dudas de lo que está pasando del otro lado", reflexiona.

"El efecto de la cuarentena con respecto al trabajo es completo. Es un parate total, el no poder hacer funciones, suspensiones de espectáculos -en nuestro caso se suspendió también un viaje y un proyecto laboral completo con festivales en Europa y hasta incluso las posibilidades de funciones. A todos los artistas nos ha pegado por completo. Los que hacemos arte callejero y circo ha sido de mayor impacto, incluso porque por ahí los que son docentes y dan talleres o clases han tenido otras posibilidades, pero los que netamente estamos trabajando en el escenario y haciendo funciones solamente, es un parate total", sentencia.

Pero al menos esta nueva normalidad, como le gusta decir al mundo, está funcionando -entendiendo las diferencias-: "La repercusión por suerte es buena", aunque bien, "una de las primeras cosas que me dijeron como consejo para hacer funciones fue que le pida a la gente una devolución cuando terminara la función y eso ayuda mucho. El problema que pasa ahora es que cuando se apaga la cámara quedo solo y falta toda esa vuelta del público. En un espectáculo siempre están los que te vienen a saludar, el técnico o alguien que se pone a hablar con vos y comentamos qué pasó. Acá se apaga la cámara y no sabés, no ves a la gente con qué ánimo se va de la función. Por eso sirve mucho que te den una devolución por alguna red social, algún mensaje, porque por más que la función ya estuvo hecha, eso te sirve para saber qué pasó".

A Marotta le quedaron truncos muchos planes. Junto a su pareja Soledad creó Compañía Per Se, un dúo de artistas circenses que se paseaba con éxito por ciudades europeas realizando espectáculos callejeros que les habían dado la posibilidad de planificar a futuro muchas funciones y participaciones en reconocidos festivales. Hoy eso también quedó en stand by.

Como la crisis además de grave es generalizada, las charlas entre colegas se suceden semana tras semana para intentar encontrar una solución más que nada en un futuro. "Con colegas hablamos un montón e intercambiamos ideas respecto de qué siente cada uno. Algunos no están haciendo funciones virtuales porque no se encuentran cómodos en esto de que no haya vuelta, se sienten fríos. Por un lado lo es, para darle calidez tenés que encontrarle la vuelta y tirarle la onda a la gente", cuenta en ese sentido.

"Estamos todos cabizbajos. En una de las últimas reuniones que tuvimos con el colectivo de artistas que hacemos temporada en la costa estuvimos muy para abajo, con mucha incertidumbre de no saber qué va a pasar en el verano. Estamos viendo los protocolos para ver cómo volver, qué posibilidades hay, si hay becas, subsidios del Estado, qué formas hay de aunarnos y apoyarnos entre nosotros. Hay muchos que la están pasando muy mal", agrega.

"Ojalá que después de la cuarentena sigamos igual de unidos. Aunque ya veníamos trabajando así: en el circo estamos peleando por una ley de circo. Buscamos que se genere un centro del circo, así como hay institutos de la danza y del teatro. Estamos pidiendo más presencia del Estado en este tipo de situaciones, porque nos damos cuenta de la precariedad que tenemos todos nosotros. Nos gusta y nos da mucha libertad pero en estas situaciones nos exponen a una desprotección muy grande", comenta, revelando que hay cierta comunicación con las autoridades culturales, siempre dependiendo de la llegada que cada uno tiene, porque, como también reclaman músicos y actores, no hay una política clara que ampare a todos los artistas.

En Capital Federal, por ejemplo, hay un grupo a nivel nacional que se llama Circo Abierto y es desde allí que se está reclamando la ley de circo para que se apoyen con políticas estatales fuertes y perdurables en el tiempo a los diferentes formatos: carpa, calle, sala, semáforos, y demás. "Está clara la pasión que le ponemos. Todo artista si no es por pasión, no lo hace, porque el grado de desprotección que tenemos y el riesgo que sufrimos constantemente al ser artistas -esto de la pandemia lo expuso- es muy grande", repite una y otra vez el Doctor Cerebro, ya sin su característico traje verde.

"Está bueno remarcar también la importancia y necesidad de consumir arte, ahora que está toda la gente encerrada. El agradecimiento que hoy nos dan es mucho mayor a cuando lo hacíamos en vivo. Y tiene que ver con eso", destaca e intenta mirar el vaso medio lleno: "Esto nos ha servido como mensaje a todo el mundo cultural platense y argentino en general para juntarnos, ir por más y avanzar en cosas que demorábamos por cuestiones de tiempos. Los autogestivos nos autoexplotamos un montón; no tenemos la posibilidad de relajarnos y estar más tranquilos, trabajamos en nuestras vacaciones, en nuestro tiempo libre, y más que descansar estamos siempre viendo qué crear para hacer algo nuevo".

"Esta situación ha desnudado a los artistas. Postpandemia ya estamos viendo salas cerradas, artistas que tienen que salir a hacer otras cosas porque no les queda otra. Estamos perdiendo un capital cultural muy interesante. Yo creo que el saldo de la pandemia a nivel cultural es muy grande. Se habla de una crisis económica pero yo creo que va a haber una crisis cultural de pérdida de cosas que va a cobrar mucha fuerza. Se va a generar una ola gigante, después va a haber una necesidad muy grande de todo esto", concluye.

Atrás, aguardan pacientemente todos sus objetos de trabajo que lo acompañan fielmente desde hace 25 años y hoy ya no brillan bajo el sol, sino frente a una pantalla. Pese a la tormenta, la esencia y el amor por el arte callejero siguen siendo los mismos y al Doctor Cerebro se lo puede disfrutar todos los domingos a las 16 vía Zoom. Que siga la función.

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Federico Marotta lleva 25 años encabezando un exitoso show para grandes y chicos al aire libre en nuestra ciudad, que ahora hace por Zoom.