domingo 05 de abril de 2026

Así pasan sus días en La Plata los ocho rugbiers presos acusados de matar a Fernando Báez

El asesinato del chico de 18 años fue en enero en Villa Gesell, a la salida de un boliche. Los detenidos permanecen en la Alcaidía 3 de Melchor Romero.

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Los rugbiers acusados de asesinar a Fernando Báez en enero en Villa Gesell permanecen detenidos en La Plata. Están aislados porque el resto de los presos los tienen marcados. "No son como nosotros, son logis", dijo otro de los que hace tiempo está en la misma cárcel privado de su libertad.

En una nota publicada por Infobae se detalla cómo están atravesando el encierro estos ocho jóvenes que el 18 de enero atacaron a golpes a otro chico de 18 años hasta causarle la muerte, a la salida de un boliche. "Cuando salen al patio de la Alcaldía Departamental N°3, tres horas por día, lo hacen como si siguieran siendo parte de un equipo de rugby: los ocho juntos, hablando en voz baja o al oído, como si planearan una jugada estratégica", describen.

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Siguen aislados, porque los demás presos no le perdonan el delito que se les imputa. Son Máximo Thomsen (20), Ciro Pertosi (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21). Todos alojados en el pabellón 6 de Romero, adonde llegaron tras ser trasladados del penal de Dolores, con sus prisiones preventivas confirmadas por la Cámara de la jurisdicción.

En la causa investigada por la fiscal Verónica Zamboni bajo la firma del juez David Mancinelli hay otros dos acusados como partícipes necesarios: Juan Guarino (19) y Alejo Milanesi (19), que fueron excarcelados y están con sus familias en Zárate. Están imputados como coautores del delito de homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas. Zamboni se encuentra todavía en el plazo que establece la ley para que eleve su causa a juicio. La acusación contempla una pena de cadena perpetua.

Seis meses después, los acusados están aislados del resto de los detenidos. Se los mantiene distribuidos en cuatro celdas contiguas con capacidad de dos cada una. Todos los días, de lunes a viernes, como el resto de los detenidos, pueden salir tres horas del pabellón. Lo hacen solos, sin otros internos alrededor, una vida tumbera aparte.

“En las primeras salidas al patio del pabellón 6, detenidos de sectores cercanos los insultaban, pero a medida que pasaron los días y con el advenimiento de la crisis sanitaria por el COVID-19, cesó cualquier tipo de hostigamiento y ya son uno más. No han registrado incidente alguno”, contó una fuente penitenciaria.

Durante la pandemia, la Justicia permitió a los detenidos tener celulares registrados para comunicarse por WhatsApp, sin permiso para tener redes sociales. Sin embargo, para comunicarse con sus familiares usan el teléfono público del pabellón, hasta el momento no tienen teléfonos propios. Cuentan una hora diaria para comunicarse, según relata aquel portal.

En esta cárcel hay acusados por violencia de género, dealers, jóvenes ladrones de celulares o carteras. Las peleas son comunes, arrebatos, ataques en banda por un par de zapatillas. Los detenidos pasan el día engomados, como se dice en la jerga carcelaria a los presos que pasan la mayor parte del tiempo encerrados, allí en las celdas. “Hay muchos rastreros ahí. Muchos están empastillados. Te tienen encerrado ahí y después te definen un traslado definitivo a un penal”, contó un joven que estuvo detenido en esa alcaidía.

En la cárcel hasta los más inescrupulosos y temibles enarbolan una especie de regla moral carcelaria según la cual los femicidas, los violadores y los narcos no son bienvenidos. Otros rechazados son los detenidos que pertenecen a fuerzas de seguridad. Por eso están en pabellones aislados o protegidos del resto de la población carcelaria.

“Pero ahora a los violines, los matamujeres o los transas se le sumó una nueva categoría despreciable: la de los patoteros”, le dijo a Infobae Juan Manuel Zalloechevarría, desde la Unidad 23 de Florencio Varela, detenido por narcotráfico e hijo de uno de los integrantes de la banda del Robo del Siglo.

En este contexto, a los rugbiers no se les perdona "que actuaron en patota y golpearon hasta la muerte a un chico inocente e indefenso. Es una cobardía. Un ensañamiento. Encima se burlaban. Eso el que está preso no lo perdona. Sabe lo que es que una patota policial o penitenciaria te agarre y te muela a palos", dijo el entrevistado y agregó: "Si los sueltan a los otros pabellones, van a ser presa fácil".

"Creo que ni saben lo que hicieron y parece que todavía no tomaron conciencia de que nunca más se van a ir a la calle. Da bronca lo que hicieron porque fue cobarde. Todos contra uno, indefenso. Hasta cuando pasa eso acá, que todos le pegan a uno, hay represalias. En los códigos nuestros está muy mal lo que hicieron. Caranchearon a un pobre pibe y lo mataron peor que una rata. Por eso a estos pibes si llegan a población les van a sacar el mayor crédito posible. No son como nosotros. Son logis. Y aunque no sean chetos, nunca podrán ser de los nuestros. Hubo casos en que estando en otro penal, compañeros se comunicaban con familiares de la víctima para ser sicario. Pedían pocas cosas. Dos lucas de tarjeta de teléfono. O a veces nada. Pero acá no pasó nada de esto", cerró.

 

 

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