sábado 01 de junio de 2024

Entre el placer y el estrés: la bioquímica que diagnostica coronavirus en La Plata

Es la coordinadora el laboratorio de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, donde procesan las muestras. La experiencia con la gripe H1N1 y el COVID-19.

“Decir diagnóstico es decir bioquímicos”. Rosana Toro repite la frase como un mantra. Entre el laboratorio del Hospital San Roque de Gonnet o el de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, son semanas frenéticas y de poco descanso, pero con la convicción de que se preparó para esta situación, al igual que los equipos que lidera: está al frente de uno de los grupos que procesa las muestras para detectar coronavirus en La Plata .

Nacida en Coronel Pringles, pero ya platense por adopción, lleva casi tres décadas de profesión. Desde 2007 es docente universitaria y desde 2009 lidera la cátedra de Virología Clínica de Exactas. Además, desde 2014 coordina el Centro de Asesoramiento, Prevención y Testeo de VIH, hepatitis y sífilis de la UNLP y en 2017 la designaron jefa del Servicio de Laboratorio del San Roque.

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La bioquímica dice que antes de 2019 no se sabía sobre el SARS-CoV-2. Pero gracias al desarrollo tecnológico se pudo identificar, secuenciar y comenzar a diagnosticar en cuestión de semanas, algo impensado hasta hace unos años. Sin embargo, Toro y algunos integrantes de su equipo contaban con una experiencia fundamental en otro virus respiratorio: el H1N1, popularmente conocido como gripe A.

Entre 2009 y 2010 hizo diagnósticos de Influenza por la técnica de PCR en la facultad. “Pasó más o menos lo mismo que este año. En principio el Malbrán hace los diagnósticos, porque cuando aparece un virus nuevo no hay técnicas disponibles en ningún lado. Entonces el Malbrán inicia el estudio con esas técnicas de PCR real time y después la empieza a transferir a otros laboratorios. En 2009 fue así y nosotros fuimos uno de los laboratorios que empezamos a sumarnos al diagnóstico de Influenza y este año fue similar”, detalla.

Como esta técnica de biología molecular no era nueva para quienes habían trabajado durante esa pandemia, tuvieron la misión de preparar a las y los profesionales que se sumaron en los últimos meses al grupo. Pero las capacitaciones y la formación -que se hacen habitualmente en el Instituto Malbrán, centro de referencia en virus respiratorios de Nación- continúan.

Desde que surgió la posibilidad de que la Facultad de Ciencias Exactas diagnosticara casos de COVID-19, contaron con el apoyo de las autoridades de la UNLP y de la unidad académica. “Nos convocaron, saben que venimos trabajando virus respiratorios hace tiempo y nos preguntaron cómo podíamos incorporarnos y colaborar en este momento. Lo que le pedimos era esto, montar el laboratorio, incorporar personas para poder garantizar la respuesta rápida y tuvimos el visto bueno, porque es fundamental que no sea solo voluntad. Súper apoyados desde el Rectorado de la UNLP, tanto con recursos como con personal, la verdad que eso es súper importante”, recapitula la docente.

EL ARMADO EN PLENA URGENCIA

Con el lanzamiento del LSP, la UNLP se sumó oficialmente a la Red Nacional de Diagnóstico de COVID-19. También fue el tercer centro de diagnóstico de la ciudad en incluirse a la Red Nacional que coordina el Instituto Malbrán y el Ministerio de Salud bonaerense.

“El laboratorio es un proyecto que empezamos desde la Secretaría de Extensión, es importante tenerlo en cuenta porque se han sumado voluntarios que nos ayudan a todo lo que es la recepción de muestras”, remarca la Doctora, que no deja de mencionar que se trata de un trabajo colectivo. Su equipo está integrado por otras 15 personas, en su gran mayoría mujeres. Son bioquímicas, bioquímicos y también del campo de la Biotecnología, egresados y egresadas de la misma facultad.

Toro cuenta que el espacio lo armaron desde cero y a contrarreloj. “Está funcionando muy bien, pensando que hace dos meses ese laboratorio no existía”, señala. Para eso fue fundamental el apoyo de los institutos de investigación de la facultad, que le cedieron sus equipos, además de prestarles pipetas y otros instrumentos fundamentales para poder montarlo. El lugar de recepción se levantó en 10 días. También se compraron heladeras, lugares para guardar las muestras. “Fue una conjunción de lo que son los profesionales del diagnóstico, de investigación y también pensar en más adelante, porque la idea es que esto no sea solo para la emergencia sino que quede para el lugar de la docencia, la investigación”, subraya.

Con las clases presenciales suspendidas por la pandemia, trabajan prácticamente en soledad en la facultad. A excepción de algunos grupos de investigación que no pueden abandonar sus tareas, general suelen estar solos en el edificio de 115 y 47. “A veces salimos a las 8 de la noche y es un desierto”, cuenta.

El centro cuenta con una capacidad para procesar de hasta 100 muestras diarias. Empezaron recibiendo entre 30 y 40 y en las últimas semanas el número se duplicó y hasta triplicó. “Cuando comenzamos dijimos que teníamos capacidad para analizar 100 muestras diarias, pensamos que nunca íbamos a llegar. Era lo que estábamos esperando, pero bueno, uno quiere responder rápido porque también hay gente del otro lado esperando el resultado. A veces son profesionales de la salud, que en caso de que sean positivos hay que aislar a los contactos. Entonces eso también es estresante porque todo el mundo nos llama y dice que eso tiene que salir más rápido. Nosotros tratamos de darle prioridad a todas las muestras”, recalca.

Comenzaron con los diagnósticos de la las muestras que le llegaban de la Región Sanitaria X -Mercedes, Suipacha, Navarro, Chivilcoy, Lobos, Roque Pérez, Saladillo, 25 de Mayo, Bragado y Alberti- y algunos centros de salud de la Región XI -La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena, Brandsen, Punta Indio, San Vicente, Cañuelas, Monte, General Paz, General Belgrano, Pila, Chascomús, Lezama, Castelli, Dolores, Tordillo-.

Toro asegura que la “explosión” se dio cuando empezaron a recibir de la Región VI, que integran distritos de alta densidad poblacional, como Quilmes, Berazategui, Florencio Varela, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Ezeiza, Lomas de Zamora, Lanús y Avellaneda. De hecho, recibieron muestras de los testeos en Villa Azul -ubicado en el límite entre Quilmes y Avellaneda-, como así también del barrio José Luis Cabezas -que comparten Berisso y Ensenada-, dos zonas aisladas para contener el foco de contagios.

LA RUTA DE LA MUESTRA

La recepción de muestras es de lunes a viernes de 9 a 14 y los sábados y feriados de 9 a 12. El recorrido hasta el diagnóstico es largo, que empieza con el transporte. “Es muy importante porque tiene que preservar a la muestra y a la persona que la transporta”, explica Toro. Va en lo que se denomina “triple envase”: en una caja de cartón rígido, que contiene un tubo de plástico y en el que adentro va la muestra.

La recibe el personal de la facultad bajo el estricto protocolo. Lo primero que hacen es pulverizar con alcohol y luego se guarda en una heladera. “La persona que reciba nunca está en contacto con la muestra”, aclara la coordinadora del espacio. Cuando sube al laboratorio, se abre en una cabina se seguridad biológica, para recién comenzar a procesarla. Ese es el momento de mayor riesgo. Sin embargo, al hacerlo en esa cabina especial la persona está protegida, y en este laboratorio cuentan con dos. Las y los bioquímicos que lo realizan cuentan con un Equipo de Protección Personal (EPP), que consta de un camisolín descartable, un barbijo de alta seguridad N95, antiparas y cofia.

Se pueden procesar de a 20 o 30 muestras, para optimizar tiempo y recursos. “Una vez que se hace el primer procesamiento, la muestra se puede trabajar tranquilamente porque lo que se hace es la activación”, explica. En esta primera etapa, se extraen ácidos nucleicos y dura alrededor de dos horas. Luego se prepara el equipo de PCR -que fue cedido- y eso demora dos horas más.

Toro y su equipo no ven directamente al virus: para eso se precisa un microscopio electrónico como el que tiene el Malbrán, que logró fotografiar el tipo de coronavirus que circula en Argentina. Pero son quienes registran su presencia. “Yo siempre digo es cuestión de fe, porque no lo vemos al virus, pero hace una reacción si lo detecta. La técnica de PCR lo que hace es buscar el genoma del virus, el ácido nucleico, el ARN en este caso, y lo que hace es amplificar y después se puede detectar. Se busca como un lugar específico del virus para decir bueno, acá está presente, es el coronavirus y es éste coronavirus y no otro”, detalla.

Los resultados después se cargan al Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentina (SISA), donde vuelcan la información todos los laboratorios que hacen diagnóstico de este virus. Según la especialista, lo que se recomienda es que no pasen más de 48 o 72 horas entre que se toma la muestra y se la procesa. “Nosotros lo hacemos en el mismo día o al día siguiente, dependiendo de la cantidad de muestras. Esto no solo es importante para el médico y el paciente que pidió el resultado, sino también para las autoridades sanitarias. Ahí sale el informe de la cantidad de casos de todos los días del Ministerio de Salud de Nación”, apunta.

No es un trabajo aislado. La comunicación entre colegas de otros hospitales es fundamental y en el caso de las y los profesionales del LSP están en permanente contacto con especialistas del Hospital Rossi, San Juan de Dios, de El Cruce de Florencio Varela y del Instituto Biológico.

“Siempre remarcamos la importancia de lo que es el diagnóstico en estos momentos, porque ante la emergencia a veces se dice que cualquier persona que tenga un equipo de PCR puede hacer un diagnóstico. El tema de recibir la muestra, el contacto con los médicos, poder asesorarlos en la toma de muestras, estamos continuamente en contacto. Esto es fundamental, porque a veces es poder hacer el seguimiento de los pacientes, asesorar, ayudar”, enfatiza.

“NO SOMOS HÉROES”

Rosana Toro va de un laboratorio a otro. Del hospital de Gonnet a la facultad. Son días de poco descanso, de estar a las corridas y con mucho estrés. Pero no reniega de eso: “Uno hace lo que le gusta y a verdad es que es un placer en este momento colaborando y habiendo formado a un grupo de profesionales, que están respondiendo excelente, pero sí, estoy a tiempo completo. Yo siempre digo, los que trabajan son los bioquímicos más jóvenes, nosotros estamos coordinando, así que la tranquilidad de tener profesionales que se han sumado en este momento tanto en el laboratorio de la facultad como en los hospitales, que están trabajando muy bien para prepararnos para estos momentos, que me parecen que van a ser los más complicados”.

Su rutina claramente cambió. Cuenta que su marido “se hizo cargo de la casa” y que pese que sus tres hijas ya no viven con ellos, la apoyan plenamente. El operativo para la vuelta a su hogar después de la larga jornada laboral es como en cualquier otro lado y deja su calzado en un trapo especial. En el laboratorio el protocolo implica dejar la “ropa de calle” y guardar los objetos personales, ponerse un ambo, pasarle alcohol al teléfono celular y, sin dudas, lavarse bien las manos. Luego se colocan el equipo necesario según la tarea.

“Mis hijas son grandes e independientes, pero sí tengo compañeros que tienen hijos más chicos, trabajando un montón y a veces dejan de lado cuestiones familiares importantes y eso sí genera angustia. A veces uno se pregunta por qué no estoy eligiendo qué serie ver. No tenemos tiempo, estamos continuamente no solo trabajando sino organizando, pensando cómo seguir adelante con algunas cuestiones pero requiere mucha tranquilidad mental, mucho apoyo de la familia y que te guste mucho lo que hacés, eso es fundamental. Sentir la responsabilidad de hacerlo con pasión, ¿no?”, reflexiona.

A su vez, dice que el miedo varía según cada profesional, pero asegura que al principio toda la situación se vivió con mucha incertidumbre. En ese sentido, Toro remarca: “Es un virus nuevo, no sabemos cómo se va a comportar en la sociedad y algunas personas se han angustiado mucho en los hospitales, que a pesar que uno dice que estamos para esto, pero también hay miedo, es lógico. Es complicado poder tener un grupo de contención y poder charlarlo. En los hospitales también se han organizado grupos de reflexión, pero en general todos los que estamos en salud estamos preparados para esto, saliendo adelante, pero sí creo que es fundamental pensar que todos podemos angustiarnos y tener miedo”.

Más allá de los términos bélicos que suelen usarse para describir el trabajo del personal de salud en la pandemia, señala que quienes están en “la primera línea” son los médicos y médicas por atender a las y los pacientes. Es el momento de mayor peligro de transmisión del virus, más allá de que cuenten con el equipo de protección. Y deja en claro lo que cree: “Nosotros consideramos que es el trabajo diario, ¿no? No somos héroes, somos trabajadores de la salud, a veces con más riesgos, a veces con menos, tenemos que tomar mayor precaución, nos encantan los aplausos, todo, pero tenemos los mismos problemas de salarios que tienen todos los otros trabajadores”.

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