Felicitas Flores, la crack de 7 años del semillero de Estudiantes que asombra al país | 0221
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Felicitas Flores, la crack de 7 años del semillero de Estudiantes que asombra al país

Jugó siempre con varones hasta que llegó al Pincha. Se define como enganche y su sueño es ser futbolista profesional. Sus videos explotaron en las redes.

“Hoy se entrena en casa”, dice Feli. Tiene la indumentaria completa de Estudiantes, lleva las medias altas, le superan la rodilla. Le arrojan la pelota y empieza. La pisa, la muestra, la levanta, la controla con ambas piernas, de un lado al otro en pocos metros. Hace jueguitos, tira lujos. El video de menos de un minuto donde la mini jugadora hace gala del dominio de la redonda explotó en las redes sociales y en casi 72 horas superó las 350.000 reproducciones.

Felicitas Flores vive en Plátanos, tiene 7 años y hace uno que llegó a la Escuela de Fútbol Femenino del Pincha. Pero la familia de “Pipo” o “la Mágica” -como la apodan- no puede determinar el momento en el que arrancó a patear. “Juega desde que nació”, dice a 0221.com.ar Maximiliano, su papá, todavía sorprendido por la repercusión de las imágenes.

Hasta el 2019, siempre hizo fútbol solo con varones. No sufrió la discriminación como Martina Raspo, la nena de 9 años a la que no dejaban jugar con chicos, pero gracias a su lucha pudo fichar y participar por los puntos en la Liga de Fútbol Infantil de San Francisco, Córdoba.

Otro video. Feli con 2 años en La Masía de Hudson. No supera el metro de altura y corre atrás de la pelota. La filmación se corta, pero el papá cuenta que le pega con derecha y después con la zurda. Ese día acompañó a la escuelita a Federico, su hermano mayor. “Se llevan casi 3 años y el hermano va a fútbol desde los 4. Entonces ella siempre andaba en las canchas. Íbamos a los clubes y ella se ponía a patear”, sigue Maxi.

Nunca pasó desapercibida en los potreros. Siempre se hablaba de sus condiciones. Y así arrancó en Pueblo Nuevo, un club de Hudson que disputa la Liga Evita de Berazategui. “Al principio era una lucha, los comentarios de que son todos varones y la iban a lastimar”, revela Maxi. Pero a diferencia de muchas futbolistas del semiprofesionalismo que debieron soportar prejuicios por seguir su pasión, la familia de Feli siempre la acompañó. “¿Va a jugar con las zapatillitas? No, le compramos botines. Y le compramos botines. Después su pelota”.

El ritual de los domingos de la familia Flores está atravesado por el deporte. Partidos del más grande, partidos de la chiquita. Respiran fútbol, forma parte de su ADN. De hecho, Maxi jugó en Racing y en Quilmes, mientras que uno de sus hermanos llegó a Primera División y también disputó el Federal. El fenómeno que generó “la Mágica” para ellos es normal. Ya viene con su vida”.

A los 5 la nena pasó a Arrieta, un club cercano a la estación de Ezpeleta que está en la Liga Quilmeña. Acompañó a Fede, la vieron patear y la invitaron a jugar. Estuvo dos años en ese equipo y luego desembarcó en La Plata. También en Unión Pueblo Nuevo, otro club de Hudson donde disputó solo tres partidos porque se decretó el aislamiento por la pandemia de coronavirus. 

DE PLÁTANOS A CITY BELL

Después de ser la única nena en todos los clubes y campeonatos que jugaba, la familia le buscó una escuelita para que hiciera fútbol con otras chicas, pero manteniendo la Liga. “Si le decíamos que no jugaba más los domingos era un tema. Se pudría todo”, reconoce el padre entre risas.

Y eligieron la de Estudiantes de La Plata, que puso primera en abril de 2018 con las clases de la entrenadora y manager de la disciplina, Bettina Stagñares y Roxana Vallejos, exjugadora del Pincha y actual DT de Rosario Central. En 2019 empezó “Pipo” y fue inmediata la química con Gabriela Ramírez, la exfutbolista albirroja y a cargo de las clases que ponen el foco en la enseñanza y la recreación. “A Feli le han tocado días de ir a las clases y se pega a mí o directamente no hace la consigna. Yo la dejo ser, como a todas las más chiquititas”, deja en claro Gabriela en diálogo con 0221.com.ar. Su grupo está conformado por entre seis y ocho nenas, un desafío en cada práctica. “Ellas trabajan de otra manera, tienen que disfrutarlo como un juego. Me han sorprendido de tal manera que las veo y no puedo creer porque es como si nacieran con eso”, subraya.

Según agrega, las futbolistas de la edad de Felicitas son esponjas que absorben todo lo que le enseñan. Juegan en libertad, se descubren, crean, disfrutan. Hasta entienden más rápido que las más grandes. “Yo no vivencié esa etapa en el fútbol, empecé de grande, a mis 21 años y la disfruté. Feli ya a los 4 años estaba en una cancha y viviendo lo que es un fútbol. Los videos que vemos son creaciones de ella, es jugar, divertirse, es vivenciar lo que es una pelota, poder dominarla y que salga de ella misma… Imaginate el futuro que tiene”.

La cuarentena cambió la rutina de la familia Flores. Cada martes y jueves, después del colegio, el almuerzo y un rato de descanso, iba con su mamá, su papá y el hermano al Country de City Bell. Media hora por autopista. A veces Feli y Fede llegaban dormidos. “El trabajo que se toman ellos, de venir desde donde viven, es un viajecito. Viene con el hermano y yo lo sumo. Para ellos no hay diferencias. Esta inclusión que se arrancó es lo mejor que podrían haber hecho”, continúa Gaby, que colgó los botines a principios de marzo pasado.

También afirma que las familias de las nenas acompañan, que “no son conflictivas”, lo cual es fundamental en este momento de formación. No faltó la vez en la que hubo comentarios fuera de lugar de gente que se quedó a ver una clase y ella los frenó de una: “Cuando llegan a ese punto ya no lo permito. Dejala ser, dejala crear. Ella después va a saber resolver de cual o tal manera la situación de juego. Voy con buena onda y lo entienden”.

En el Country Feli conoció a gran parte del plantel de Primera y de Reserva: la adoran. Fue a ver los partidos ante Lanús y Boca. Y en el encuentro con las xeneizes salió a la cancha de la mano de Micaela Sandoval, la capitana de Estudiantes.

CÓDIGOS DE POTRERO

“Juega con el hermano, siempre. Se pelean. El hermano la ponía al arco y la mataba a pelotazos. Se fue curtiendo”, cuenta Maxi. Lo mismo en las canchas peladas, solo de tierra y piedras donde desplegó su juego. 

Al ser la 10 habilidosa, siempre ligó patadas. Pero pese a los terrenos y los golpes, nunca lloró. “Una vez que fue a jugar un nene le pegó y le dijo al árbitro como que ella estaba simulando, le gritó: ‘Sos una nena’. Y ella nada, lo miró desde el piso. Siguió el partido y le metió una patada... El nene se puso a llorar, ella se acercó, lo palmeó y le dijo: ‘Dale, levantate’. Se hace respetar”.

Los fines de semana se levanta y lo primero que pregunta es si hay partido o se lamenta las veces que se suspenden por lluvia. Es fan de Messi, tiene camisetas de varios clubes argentinos -la del Pincha también- e internacionales, pero no quiere revelar de cuál es hincha. “Mira fútbol y es increíble lo que entiende. Ella te dice cuando es offside, cuando no, cuando es falta”, destaca su papá.

Feli empezó a seguir el fútbol femenino con más atención desde el Mundial de Francia del año pasado. Tampoco se perdió un partido de los que televisaron del Torneo Rexona, con el que se dio inicio a la semiprofesionalización de la disciplina.

“Hace unos días fue el cumpleaños de Estefanía Banini, le mandó un mensaje y le contestó. Sigue a varias jugadoras, más que a nada de la Selección. Después a las de Estudiantes, a Luna Irigoyen, las mellis Bonnot y Julieta Lema. Feli dice que es enganche, pero juega medio de 9, entonces la tiene a Juli, la goleadora”, dice Maxi. Y remarca: “Las futbolistas son más solidarias, hay más códigos, es algo que no está podrido”.

IGUALAR OPORTUNIDADES

En las redes sociales del Pincha ya habían subido otro video de Feli entrenando en el patio de su casa. Tuvo más de 11.000 visualizaciones. Pero el último fue un boom total. Entre los mensajes que remarcaban sus condiciones se contaron el del ex futbolista Sebastián Domínguez y Mariana Larroquette, la crack de UAI Urquiza. La figura de la Selección Argentina se comunicó con el papá de “la Mágica” y subió una historia a Instagram sobre la nena.

La formación temprana de las jugadoras es fundamental para el avance el fútbol femenino. Juli Lema le mandó un mensaje diciéndole que arrancó a los 16 y ya fue convocada a la Sub 20. Feli también llama la atención por lo chiquita, por la formación que tiene. Pero porque viene jugando nomás. A las nenas les gusta jugar al fútbol y estamos todas las familias en lo mismo. Tratamos de sumar y apoyar, queremos lo mejor para nuestras hijas”, sostiene Maxi.

La gambeta de Feli se conoce en un contexto de plena conquista de derechos, de reparación y valoración de las pioneras del fútbol, históricamente invisibilizadas. De la mano del movimiento feminista se luchó y concretó el primer torneo semiprofesional. Aún queda mucho por hacer: los sueldos están muy lejos de los números que ganan los varones; no todos los clubes cuentan con las condiciones necesarias para el desarrollo de la disciplina y en muchos casos no pueden usar el estadio, en el que sí juegan los hombres. La participación en igualdad de condiciones en las categorías infantiles es otro de los puntos fuertes. Porque, como dice la canción, “el fútbol va a ser de todes o no va a ser”.

“Es igualar oportunidades. Todas y todos tienen que tenerlas, sin distinción de género. Pelear y no bajar los brazos, en este colectivo se están logrando muchísimas cosas. También con el apoyo de los padres y madres, porque antes hasta se negaban que jugaran. Me ha pasado que he discutido mucho tiempo con mi mamá o porque no querían que jugaran. Hoy a las familias ni les preocupa. A Feli la dejan ser”, cierra Gabriela.

Después de tardes otoñales con desafíos de tiro al travesaño, de pases con su hermano, de tips para levantar la pelota, llegaron los primeros días gélidos de invierno. Extraña las clases en City Bell y en Unión Pueblo Nuevo. Maxi habla por teléfono y de fondo se escucha que patean la redonda. De pronto se escucha una vocecita, tímida. Dice que está contenta por la repercusión de su video, que lo que más le gusta es gambetear. Y repite lo que unas semanas atrás dijo para otra publicación del Pincha: que por ahora quiere ser futbolista profesional.

 

Felicitas Flores, la crack de 7 años del semillero de Estudiantes que asombra al país
Fútbol femenino

Felicitas Flores, la crack de 7 años del semillero de Estudiantes que asombra al país

Jugó siempre con varones hasta que llegó al Pincha. Se define como enganche y su sueño es ser futbolista profesional. Sus videos explotaron en las redes.

26 de junio de 2020

“Hoy se entrena en casa”, dice Feli. Tiene la indumentaria completa de Estudiantes, lleva las medias altas, le superan la rodilla. Le arrojan la pelota y empieza. La pisa, la muestra, la levanta, la controla con ambas piernas, de un lado al otro en pocos metros. Hace jueguitos, tira lujos. El video de menos de un minuto donde la mini jugadora hace gala del dominio de la redonda explotó en las redes sociales y en casi 72 horas superó las 350.000 reproducciones.

Felicitas Flores vive en Plátanos, tiene 7 años y hace uno que llegó a la Escuela de Fútbol Femenino del Pincha. Pero la familia de “Pipo” o “la Mágica” -como la apodan- no puede determinar el momento en el que arrancó a patear. “Juega desde que nació”, dice a 0221.com.ar Maximiliano, su papá, todavía sorprendido por la repercusión de las imágenes.

Hasta el 2019, siempre hizo fútbol solo con varones. No sufrió la discriminación como Martina Raspo, la nena de 9 años a la que no dejaban jugar con chicos, pero gracias a su lucha pudo fichar y participar por los puntos en la Liga de Fútbol Infantil de San Francisco, Córdoba.

Otro video. Feli con 2 años en La Masía de Hudson. No supera el metro de altura y corre atrás de la pelota. La filmación se corta, pero el papá cuenta que le pega con derecha y después con la zurda. Ese día acompañó a la escuelita a Federico, su hermano mayor. “Se llevan casi 3 años y el hermano va a fútbol desde los 4. Entonces ella siempre andaba en las canchas. Íbamos a los clubes y ella se ponía a patear”, sigue Maxi.

Nunca pasó desapercibida en los potreros. Siempre se hablaba de sus condiciones. Y así arrancó en Pueblo Nuevo, un club de Hudson que disputa la Liga Evita de Berazategui. “Al principio era una lucha, los comentarios de que son todos varones y la iban a lastimar”, revela Maxi. Pero a diferencia de muchas futbolistas del semiprofesionalismo que debieron soportar prejuicios por seguir su pasión, la familia de Feli siempre la acompañó. “¿Va a jugar con las zapatillitas? No, le compramos botines. Y le compramos botines. Después su pelota”.

El ritual de los domingos de la familia Flores está atravesado por el deporte. Partidos del más grande, partidos de la chiquita. Respiran fútbol, forma parte de su ADN. De hecho, Maxi jugó en Racing y en Quilmes, mientras que uno de sus hermanos llegó a Primera División y también disputó el Federal. El fenómeno que generó “la Mágica” para ellos es normal. Ya viene con su vida”.

A los 5 la nena pasó a Arrieta, un club cercano a la estación de Ezpeleta que está en la Liga Quilmeña. Acompañó a Fede, la vieron patear y la invitaron a jugar. Estuvo dos años en ese equipo y luego desembarcó en La Plata. También en Unión Pueblo Nuevo, otro club de Hudson donde disputó solo tres partidos porque se decretó el aislamiento por la pandemia de coronavirus. 

DE PLÁTANOS A CITY BELL

Después de ser la única nena en todos los clubes y campeonatos que jugaba, la familia le buscó una escuelita para que hiciera fútbol con otras chicas, pero manteniendo la Liga. “Si le decíamos que no jugaba más los domingos era un tema. Se pudría todo”, reconoce el padre entre risas.

Y eligieron la de Estudiantes de La Plata, que puso primera en abril de 2018 con las clases de la entrenadora y manager de la disciplina, Bettina Stagñares y Roxana Vallejos, exjugadora del Pincha y actual DT de Rosario Central. En 2019 empezó “Pipo” y fue inmediata la química con Gabriela Ramírez, la exfutbolista albirroja y a cargo de las clases que ponen el foco en la enseñanza y la recreación. “A Feli le han tocado días de ir a las clases y se pega a mí o directamente no hace la consigna. Yo la dejo ser, como a todas las más chiquititas”, deja en claro Gabriela en diálogo con 0221.com.ar. Su grupo está conformado por entre seis y ocho nenas, un desafío en cada práctica. “Ellas trabajan de otra manera, tienen que disfrutarlo como un juego. Me han sorprendido de tal manera que las veo y no puedo creer porque es como si nacieran con eso”, subraya.

Según agrega, las futbolistas de la edad de Felicitas son esponjas que absorben todo lo que le enseñan. Juegan en libertad, se descubren, crean, disfrutan. Hasta entienden más rápido que las más grandes. “Yo no vivencié esa etapa en el fútbol, empecé de grande, a mis 21 años y la disfruté. Feli ya a los 4 años estaba en una cancha y viviendo lo que es un fútbol. Los videos que vemos son creaciones de ella, es jugar, divertirse, es vivenciar lo que es una pelota, poder dominarla y que salga de ella misma… Imaginate el futuro que tiene”.

La cuarentena cambió la rutina de la familia Flores. Cada martes y jueves, después del colegio, el almuerzo y un rato de descanso, iba con su mamá, su papá y el hermano al Country de City Bell. Media hora por autopista. A veces Feli y Fede llegaban dormidos. “El trabajo que se toman ellos, de venir desde donde viven, es un viajecito. Viene con el hermano y yo lo sumo. Para ellos no hay diferencias. Esta inclusión que se arrancó es lo mejor que podrían haber hecho”, continúa Gaby, que colgó los botines a principios de marzo pasado.

También afirma que las familias de las nenas acompañan, que “no son conflictivas”, lo cual es fundamental en este momento de formación. No faltó la vez en la que hubo comentarios fuera de lugar de gente que se quedó a ver una clase y ella los frenó de una: “Cuando llegan a ese punto ya no lo permito. Dejala ser, dejala crear. Ella después va a saber resolver de cual o tal manera la situación de juego. Voy con buena onda y lo entienden”.

En el Country Feli conoció a gran parte del plantel de Primera y de Reserva: la adoran. Fue a ver los partidos ante Lanús y Boca. Y en el encuentro con las xeneizes salió a la cancha de la mano de Micaela Sandoval, la capitana de Estudiantes.

CÓDIGOS DE POTRERO

“Juega con el hermano, siempre. Se pelean. El hermano la ponía al arco y la mataba a pelotazos. Se fue curtiendo”, cuenta Maxi. Lo mismo en las canchas peladas, solo de tierra y piedras donde desplegó su juego. 

Al ser la 10 habilidosa, siempre ligó patadas. Pero pese a los terrenos y los golpes, nunca lloró. “Una vez que fue a jugar un nene le pegó y le dijo al árbitro como que ella estaba simulando, le gritó: ‘Sos una nena’. Y ella nada, lo miró desde el piso. Siguió el partido y le metió una patada... El nene se puso a llorar, ella se acercó, lo palmeó y le dijo: ‘Dale, levantate’. Se hace respetar”.

Los fines de semana se levanta y lo primero que pregunta es si hay partido o se lamenta las veces que se suspenden por lluvia. Es fan de Messi, tiene camisetas de varios clubes argentinos -la del Pincha también- e internacionales, pero no quiere revelar de cuál es hincha. “Mira fútbol y es increíble lo que entiende. Ella te dice cuando es offside, cuando no, cuando es falta”, destaca su papá.

Feli empezó a seguir el fútbol femenino con más atención desde el Mundial de Francia del año pasado. Tampoco se perdió un partido de los que televisaron del Torneo Rexona, con el que se dio inicio a la semiprofesionalización de la disciplina.

“Hace unos días fue el cumpleaños de Estefanía Banini, le mandó un mensaje y le contestó. Sigue a varias jugadoras, más que a nada de la Selección. Después a las de Estudiantes, a Luna Irigoyen, las mellis Bonnot y Julieta Lema. Feli dice que es enganche, pero juega medio de 9, entonces la tiene a Juli, la goleadora”, dice Maxi. Y remarca: “Las futbolistas son más solidarias, hay más códigos, es algo que no está podrido”.

IGUALAR OPORTUNIDADES

En las redes sociales del Pincha ya habían subido otro video de Feli entrenando en el patio de su casa. Tuvo más de 11.000 visualizaciones. Pero el último fue un boom total. Entre los mensajes que remarcaban sus condiciones se contaron el del ex futbolista Sebastián Domínguez y Mariana Larroquette, la crack de UAI Urquiza. La figura de la Selección Argentina se comunicó con el papá de “la Mágica” y subió una historia a Instagram sobre la nena.

La formación temprana de las jugadoras es fundamental para el avance el fútbol femenino. Juli Lema le mandó un mensaje diciéndole que arrancó a los 16 y ya fue convocada a la Sub 20. Feli también llama la atención por lo chiquita, por la formación que tiene. Pero porque viene jugando nomás. A las nenas les gusta jugar al fútbol y estamos todas las familias en lo mismo. Tratamos de sumar y apoyar, queremos lo mejor para nuestras hijas”, sostiene Maxi.

La gambeta de Feli se conoce en un contexto de plena conquista de derechos, de reparación y valoración de las pioneras del fútbol, históricamente invisibilizadas. De la mano del movimiento feminista se luchó y concretó el primer torneo semiprofesional. Aún queda mucho por hacer: los sueldos están muy lejos de los números que ganan los varones; no todos los clubes cuentan con las condiciones necesarias para el desarrollo de la disciplina y en muchos casos no pueden usar el estadio, en el que sí juegan los hombres. La participación en igualdad de condiciones en las categorías infantiles es otro de los puntos fuertes. Porque, como dice la canción, “el fútbol va a ser de todes o no va a ser”.

“Es igualar oportunidades. Todas y todos tienen que tenerlas, sin distinción de género. Pelear y no bajar los brazos, en este colectivo se están logrando muchísimas cosas. También con el apoyo de los padres y madres, porque antes hasta se negaban que jugaran. Me ha pasado que he discutido mucho tiempo con mi mamá o porque no querían que jugaran. Hoy a las familias ni les preocupa. A Feli la dejan ser”, cierra Gabriela.

Después de tardes otoñales con desafíos de tiro al travesaño, de pases con su hermano, de tips para levantar la pelota, llegaron los primeros días gélidos de invierno. Extraña las clases en City Bell y en Unión Pueblo Nuevo. Maxi habla por teléfono y de fondo se escucha que patean la redonda. De pronto se escucha una vocecita, tímida. Dice que está contenta por la repercusión de su video, que lo que más le gusta es gambetear. Y repite lo que unas semanas atrás dijo para otra publicación del Pincha: que por ahora quiere ser futbolista profesional.

 

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Jugó siempre con varones hasta que llegó al Pincha. Se define como enganche y su sueño es ser futbolista profesional. Sus videos explotaron en las redes.