martes 07 de abril de 2026

El Plan B que pocos consideran para afrontar la pandemia del coronovirus

Los especialistas siguen trabajando para encontrar una vacuna que cure el COVID-19. Sin embargo, el tiempo sigue pasando y algunos ya piensan en otras opciones para hacerle al virus.

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Mientras el coronavirus sigue avanzando en distintas partes del mundo, los científicos buscan dar con la forma curar a los pacientes contagiados. 

Más allá del trabajo de los especialistas, el hallazgo de una vacuna segura, eficiente y duradera que pueda inhibir los efectos del COVID-19, aún no existe y también genera una gran incertidumbre entorno a lo que podría suceder en caso de que se encontrara el antídoto. Ante este panorama, se originan distintas ideas. 

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“Este maldito virus continuará hasta que infecte a todos los que sea posible. Seguramente no disminuirá la velocidad hasta que llegue al 60 o al 70% de la población, el número que crearía inmunidad colectiva y detendría la propagación del virus", aseguró Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas y académico de la Universidad de Minnesota. El reconocido profesional afirmó que si para el inicio del calor veraniego el virus mostrara signos de contracción, esto sólo podría estar indicando que se trata de un virus estacional, tal como el de la gripe.

Otros especialistas se encargan de prever que quizás nunca se desarrolle una vacuna. Así, quizás haya que comenzar a creer en la hipótesis, tal como plantean populares periódicos italianos, de que se tendrá que “aprender a vivir” con el coronavirus “sino para siempre, durante mucho tiempo”. “Muchos expertos consideran seriamente la posibilidad de que la solución no llegue. O lo más probable es que llegue, pero no tan rápido como cabría esperar”, sostiene una publicación del diario Corriere della Sera.

Múltiples reportes alrededor del planeta, desde los Estados Unidos a China, aseguran que al menos una de las 101 vacunas que están actualmente siendo analizadas y bajo ensayos en todo el mundo podría estar para agosto y en 18 meses bajo producción. Sin embargo, estas previsiones despiertan reparos. 

Sergio Abrignani, uno de los inmunólogos más reconocidos de Milán señala: “En el mundo normal lleva entre cinco y 10 años llegar a una farmacia con una vacuna. En mi experiencia, a pesar de los atajos necesarios, será difícil tener una vacuna antes de dos años si queremos estar seguros de dos cosas fundamentales: que sea segura y que dé una respuesta inmune protectora y durarera”. Y añade: “Cuando escucho de una vacuna lista para septiembre, es ciencia ficción para mí”.

Sumado a ello, jamás se desarrolló una vacuna contra un coronavirus. Tal el caso del SARS, cuyos ensayos fueron abandonados por un simple motivo: la enfermedad desapareció. La noticia es buena y es compartida por varios expertos desde Israel a Italia y otras naciones. Como el actual Sars-CoV-2 comparte el 80 por ciento de la carga genética del SARS quizás su fuerza de contagio disminuya hasta su desaparición como su antecesor. Un científico israelí cree que tras 70 días, el virus reduce su agresividad. Serían novedades alentadoras, aunque por el momento no confirmadas.

Así mismo, en caso de que se encuentre la vacuna el interrogante estará planteado en cómo se dará la producción a una escala nunca antes imaginada ni implementada para un medicamento. 

Ante este panorama es que muchos, y especialmente en los países más afectados por la pandemia, ya piensan en un Plan B. Según detalla el mencionado periódico italiano, “si la vacuna no se encuentra rápidamente, es muy probable que Sars-CoV-2 nos acompañe durante muchos años y tengamos que vivir con una enfermedad que no se puede eliminar”. 

Frente a esto, algunos eligen ser optimistas y sostienen que quizás con el COVID-19 ocurra lo mismo que con el VIH y pueda ser llevada con antivirales convirtiéndola en una enfermedad crónica. Por el momento, se deberá depositar la confianza en aquellos tratamientos que mayor efectividad están mostrando, como la transfusión de plasma convaleciente, el remdesivir o incluso la cloroquina.

 

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