miércoles 01 de abril de 2026

Especialistas alertan sobre irregularidades en los lomos de burro de la región

Aseguran que en muchos casos están mal colocados y van en contra de la Ley Nacional de Tránsito. Como solución a esta problemática, propusieron una reestructuración vial para que los conductores reduzcan la velocidad como minirotondas y ahogadores.

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El pasado 27 de febrero, el deportista olímpico Braian Toledo sufrió un accidente fatal luego de perder el control de su moto tras impactar contra un lomo de burro que, según los testigos, no estaba señalizado. A raíz de esta trágica noticia, los especialistas de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) regional La Plata pusieron bajo la lupa los reductores de velocidad que fueron colocados en distintos puntos de la ciudad.

En ese sentido, el subdirector del Centro de Investigaciones Viales de la Facultad platense (LEMaC), Julián Rivera, explicó que estas estructuras solo deberían existir en contadas excepciones e indicó que lo ideal sería encarar una restructuración vial integral, para ordenar esta situación y con un concepto moderno debería tener un punto final la existencia de estos reductores.

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 “En nuestra ciudad se advierten varias irregularidades en este sentido, por ejemplo, no tiene lógica los reductores en una esquina con semáforos. Además, muchas veces se encuentran pintados de color amarillo y esto iría en contra de la Ley Nacional de Tránsito que señala que ese color no debería emplearse sobre estructuras perpendiculares a la traza, el único color posible es el blanco”, señaló Rivera.

En cuanto a las dimensiones de los lomos de burro, el ingeniero remarcó que no hay ninguna ley o reglamentación vigente a nivel nacional que haga mención al tamaño, con lo cual “cada comuna hace lo que le parece o crea conveniente en esta materia, por lo que el automovilista muchas veces no sabe con qué se va a encontrar cuando atraviesa este armazón”.

“Lo que pasa muchas veces es que ante una queja vecinal por alta velocidad, lo primero que se coloca son estos reductores, con los años se colocan semáforos y en algunos casos tras un lapso de tiempo puentes peatonales, por ejemplo. Todo esto da lugar a una mezcla de mecanismos para ordenar el tránsito que generan más confusión y peligro. O se promueven más bicisendas, que están muy bien, pero que según como se materialicen, es posible que no vayan de la mano con la colocación de lomos de burro, altamente peligrosos para el ciclista. Esto está demostrando que no habría un norte en este tema”, destacó.

Y agregó: “Entiendo que debería haber una restructuración vial completa y el plan integral debería finalizar sin lomos de burro en ningún punto de la ciudad, salvo contadísimas excepciones”.

Como una de las posibles soluciones, el especialista propuso una restructuración vial para tener en cuenta otras alternativas para disminuir la velocidad, como chicanas, minirotondas y ahogadores, que se han implementado en diversos sectores de la ciudad y que bien instrumentados pueden dar resultados satisfactorios.

Para finalizar, Rivera señaló que los lomos de burro aceleran, en el sector donde se ubican, la rotura del pavimento ya que el golpe del vehículo luego del traspaso del reductor, es nocivo para el pavimento. “También puede impedir el escurrimiento de agua, que cuando se estanca deteriora el pavimento", sostuvo.

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