martes 31 de marzo de 2026

Presentan en La Plata "Cadáver exquisito", una estremecedora novela sobre canibalismo

Será el próximo miércoles 11 en el marco del ciclo "La novela de las nueve", que se realiza en el bar Bukowski. 0221.com.ar habló con la autora, galardonada con el Premio Clarín Novela 2017, de la distopía que recorre el mundo con uno de los temas más tabú.

Cadáver Exquisito (Alfaguara 2017), la novela de la escritora y licenciada en Artes Agustina Bazterrica, nos arroja a un mundo descarnado y radicalmente distinto. Un mundo donde los animales ya no pueden ingerirse porque están infectados por un virus, y donde la demanda de carne termina haciendo que los productos de consumo pasen a ser, ni más ni menos, que los humanos. Canibalismo, uno de los tabúes más fuertes de la humanidad, es el tema central de este libro que saltó a la fama por ganar el premio Clarín Novela y que ya se tradujo a decenas de idiomas. 

En el marco del ciclo "La novela de las nueve" organizado por el escritor José Supera, el próximo miércoles 11 de marzo la autora visitará La Plata, específicamente el bar Bukowski (ubicado en calle 59 entre 6 y 7), donde presentará su libro y conversará con los y las lectoras, en un diálogo con la periodista Sandra Di Luca. Será a partir de las 20, con una entrada de $150 que incluye una consumición. 

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0221.com.ar habló con Bazterrica previo a su arribo a La Plata y repasó algunos de los temas que caracterizan la novela, su proceso creativo, el vegetarianismo y los tabúes sobre el lenguaje. 

¿Cómo fue tu proceso creativo y por qué elegiste enfocarte en un tema tan polémico como el canibalismo?

El libro se lo dediqué a mi hermano Gonzalo Bazterrica. Él es chef, y tiene en Capital Federal un restaurante de comida orgánica que se llama Ocho Once Maison du Chef. Cocina muy rico y sano, porque es un estudioso de la alimentación consciente. De hecho es una de las pocas personas que conozco que tiene una huerta hidropónica en el balcón de su restaurante: una huerta vertical que se cultiva con agua, no tierra, y con eso se evitan los bichos, las enfermedades de las plantas, y se puede hacer de manera urbana. En las investigaciones que hice sobre alimentación empecé a cambiar gradualmente lo que comía. Y en ese proceso dejé de comer carne. Ahí fue cuando se me corrió un velo, porque empecé a ver al pedazo de bife como un cadáver, y en general nosotros naturalizamos esto, en ningún momento nos hacemos la pregunta de de dónde salió o cómo se produjo ese pedazo de bife. 

A los vegetarianos en Argentina, por lo general, nos hacen bullying. No es nada dramático, pero a través de chistes (que esconden verdad), o en asados donde se comen tu comida, o te traen cosas de jamón y queso cuando pedís vegetariano. No está la cultura de las distintas opciones. No digo erradicar la carne, no soy fanática, creo que el fanatismo es otra forma de violencia. Pero sí empezar a tener más opciones, y no meterse con alguien que en el fondo no te está haciendo nada por no comer carne. Creo que no comer carne en este momento de la historia es hasta un acto político y de rebelión, porque te estás rebelando contra un gran sistema capitalista y la industria de la carne, con todo lo que eso implica. 

Cuando se me corrió este velo, puntualmente estaba caminando hacia un taller literario al que asistía en ese momento y pasé por una carnicería -por la que ya había pasado millones de veces- y vi... que había cadáveres. Hay cadáveres, no puedo creer que haya seres que los mataron para esto. Y dije bueno, si comemos carne de vaca, carne y pollo, en China una vez por año comen perros... podríamos perfectamente comernos de manera literal los unos a los otros. Ahí surgió este primer germen, y después necesitaba una historia para contar. Y eso lo fui elaborando a medida que fui investigando. 

¿Cómo fue ese proceso?

Estuve más o menos seis meses investigando, leyendo. Pero no leí distopías, sino por ejemplo una tesis autoral del colombiano Adolfo Chaparro, "Pensar caníbal". También leí un libro de una profesora argentina que da clases en la UBA, en la facultad de Filosofía y Letras donde estudié la carrera de Arte, Mónica Cragnolini. Se llama "Extraños animales", y habla de los derechos de los animales pensados desde la filosofía. 

Y también leí ficción, un libro de la brasilera contemporánea Ana Paula Maia, "De ganados y de hombres". Después a Robinson Crusoe de Daniel Defoe, un clásico, que trabaja en canibalismo. Y vi muchas películas, documentales, leí muchísimos instructivos de cómo se faenan los animales, de las maquinarias también. 

Mucha gente que leyó el libro redujo su consumo de carne. ¿Buscabas ese efecto? ¿Qué te hace sentir? 

No busqué ningún efecto porque cuando escribo no pienso en el lector. Escribo lo que a mí me interpela y trato en cada línea de escribir lo mejor que pueda en ese momento. Y me parece que funciona haberlo escrito de esa manera. Obviamente cuando un libro se lee de manera masiva tenés críticas positivas, negativas, y eso sí está pensado porque me interesa que el lector sea un lector activo.

Por eso en el libro se trabaja con los silencios, con lo que no se dice. Es parte de la creación de una matrix. Cuando vos creás una matrix, por ejemplo la matrix del patriarcado, hay palabras que no se dicen, por ejemplo feminicidio. Eso cambió hace muy poco. Al no decir ciertas cosas permitís que sucedan, no las prohibís. Entonces me parecía importante eso. 

Me pone muy feliz obviamente todo lo que está pasando con el libro, pero no sé si el efecto de dejar de comer carne es algo momentáneo o no... Y tampoco aspiro a que dejen de comer carne. Me importa que el libro les haya interpelado, generado algo. También hubo gente que lo leyó y después se comió un asado, pero se preguntó otras cosas. La literatura para mí abre mundos, cambia esencialmente a las personas. Si el libro moviliza, genera cuestionamientos, hace que la gente sea un poco más solidaria... ya está. 

Lo mejor que me está pasando con este libro es que lo están dando en escuela, y he tenido la posibilidad de ir a hablar a varias. Y tener a adolescentes que te digan "tu libro es el primer libro que leí entero y disfruté", es alucinante. Los trabajos que hacen, las preguntas que me han hecho, los cuestionamientos que se hacen a ellos mismos. Y mi admiración total a las profesoras por el laburo que hacen con los adolescentes. Ir a hablar es mi granito de colaboración.

¿Lo considerás un libro militante?

No. Para mí si un libro tiene alguna línea panfletaria, moralista, o que quiere mandar un mensaje puntual... no es el tipo de literatura que quiero escribir. Por supuesto hubo gente que lo leyó como un libro panfletario, pero a la mayoría lo que le pasa es que se cuestionan cosas. Y yo lo que les digo a los chicos y chicas cuando voy a las escuelas es eso: tienen que cuestionar todo, inclusive lo que estoy diciendo en este momento. Porque la matrix, de la manera en que está armada, este capitalismo salvaje en el que estamos viviendo, hace que naturalices el horror. Entonces hay que cuestionar todo. ¿Por qué tomamos leche? ¿Por qué leche de vaca y no de rata, o de cualquier otro mamífero? Nadie se pregunta eso, bueno, empecemos. Después si deciden tomar la leche todo bien, pero empecemos a cuestionar los mandatos.

En Cadáver Exquisito se puede empatizar, odiar y hasta decepcionarse con los protagonistas. Son humanos, no se los "monstruiza"... 

Es lo que decía Hannah Arendt en "La banalización del mal". Podés ver a los nazis como demonios, pero en realidad si los demonizás es peor, hay que entender la condición humana: no fueron ellos solos, actuaron con la complicidad de los ciudadanos alemanes y de otros países que permitieron que eso suceda. El ejemplo que siempre pongo es la trata de personas: es el tercer negocio más rentable del mundo. ¿Y por qué lo es? Porque hay todo un sistema que lo permite y todos, todas y todes somos cómplices de eso, a pesar de que ahora se está empezando a resquebrajar el patriarcado. 

Lo que dice el patriarcado es que los hombres pueden ir y violar sistemáticamente a una persona en cautiverio, porque de una u otra manera el sistema lo permite. Si demonizás a la gente, en realidad la estás ubicando en un lugar casi fantástico, y es peor. Yo tengo un pensamiento si se quiere espiritual... No creo en las iglesias, en las religiones, me parece totalmente una institución de opresión, pero sí creo en las energías. Creo que estamos todos conectados, los humanos y los seres del planeta, y que venimos acá a aprender. Estamos en constante proceso evolutivo, y bueno, el nazi estaba en un proceso evolutivo bajo, llamémoslo, pero siempre hay luz. Somos todos desprendimientos de algo universal, entonces no creo que haya alguien 100% malo o 100% bueno. Creo que esa bipolaridad lo único que genera es no hacerse cargo de que todos somos responsables.  Lo que está bueno, o al menos lo que intenté trabajar con la novela, es esto de ser solidarios, de ponernos en el lugar del otro. 

Elegiste como protagonista a uno de los carnívoros... ¿tiene que ver con eso?

Así es. Hay algo en la escritura que para mí es intuitivo, aunque hay cosas que procesé después de escribir la novela. Es intuitivo, y la intuición conjuga un montón de refelxiones, algunas hasta inconscientes, y cuando me senté a escribir con el primer personaje (uno de los "comibles") dije no, esto no funciona. Y la segunda vez que me senté apareció Marcos -el proganista- al toque. La primera hoja de la novela salió prácticamente como está hoy. 

Aunque no se menciona Argentina, una podría pensar que transcurre aquí.  ¿Qué elementos "argento" tomaste para crear el personaje y el ambiente?

En la novela no nombro a Argentina y lo hago adrede, porque si bien un argentino o latinoamericano lo lee e infiere que sucedió acá, puede haber sido en Chile o Uruguay, porque el protagonista toma mate y está en un campo. Pero lo que intenté hacer al no nombrar Argentina fue darle esta cualidad universal. 

Y además el canibalismo es un tema tabú para todo aquel que sea humano, nadie quiere otro humano se lo coma. Por eso creo que las películas de zombies tienen tanto éxito: los temas tabú generan rechazo y también una atracción enorme. Me parecía que quería hacer algo más general, aunque también quise darle el toque argentino, local, porque nací acá, mi historia se creó acá y acá somos hipercarnívoros. 

Hablás de tabú. En el libro la palabra "canibalismo" no existe y tampoco existe el concepto de que lo que se está comiendo son humanos...

En las construcciones de las matrix, el lenguaje también es cómplice. Un ejemplo: en el lenguaje español hay 101 sinónimos para la palabra puta y no hay una palabra que hable de un hombre que tiene sexo con muchas mujeres. Y eso tiene que ver con el patriarcado. El lenguaje puede revelar realidades, pero el lenguaje oficial oculta. Y además el lenguaje nos constituye la identidad, no es lo mismo decir "bife" que "pedazo de carne" que "pedazo de animal muerto en matadero". Cada una de esas palabras indican una manera de mirar el mundo.

En "1984" de George Orwell hay un control sobre el lenguaje, los libros directamente se queman. En "El cuento de la criada" de Margaret Atwood las mujeres no pueden leer libros. Porque leer libros abre nuevas perspectivas de la realidad. Por eso me parecía importante trabajar con el lenguaje en la novela, los protagonistas están viendo cómo dicen las cosas, qué y cómo lo dicen. Y el narrador es un narrador en tercera persona focalizado en el protagonista, el narrador nunca jamás nombra al protagonista, y eso fue algo que en algunas traducciones trajo discusiones. Igual, terminaron respetando mi decisión.

 

¿Cómo evaluás el universo de la literatura donde hay cada vez más mujeres escritoras y reconocidas, que a su vez asumen una postura feminista? ¿Es parte del resquejebramiento del patriarcado?

Absolutamente. Me parece que los escritores a lo largo de la historia van como captando con antenas lo que va pasando en la época donde viven. Y en este momento, creo que uno de los temas urgentes es no sé si a derribar, pero a transformar el patriarcado en algo más luminoso... A mí como feminista no me interesa que venga un matriarcado, por ejemplo. No me interesa oprimir a los hombres sino la equidad. Tampoco me interesa la igualdad, creo en la diversidad. Entonces creo que muchas mujeres argentinas estamos enunciando cuestiones. Cuestiones que nos interpelan, que nos molestan, que queremos que cambien.

Y se trasciende la perspectiva de "literatura femenina"... como si la escritura de los varones fuese universal, y la nuestra una otredad...

Son cosas que hay que ir transformando. Nunca se vio una mesa de escritores pelados, ¿no? es ridículo. También es ridículo una mesa de "escritura femenina" hecha por mujeres. A mí no me importa el género de quien escribe, para nada, me importa que la obra me genera algo. Me encantaría que algún día lleguemos a esa instancia, donde no nos importe el género de la persona que está escribiendo. Por ahora no estamos en esa instancia, entonces es valioso seguir reconociendo a las mujeres. Hay que seguir fomentando la equidad, porque todavía no la tenemos.

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